En la casa de Bonnard, en Deauville. Ingrid Rydbeck. (2da parte).

«Él caminaba delante de nosotras para mostrarnos el camino y subió una escalera estrecha. Nosotras lo seguimos cargadas de nuestra cámara fotográfica, de nuestras lámparas y servilletas. Entramos en una pieza donde algunos muebles estaban como esparcidos, y que aparentemente debía ser el comedor de la casa. Dos puertas se hallaban abiertas de par en par, un balcón daba sobre el puerto y el mar. En el centro del recinto se hallaba una mesa bretona repleta de materiales de pintura: una pequeña paleta, una caja de colores de acuarela y algunos tubos de aguafuerte sobre un periódico. Las paredes estaban tapizadas de papel con motivos de ramajes, de muy buen gusto para ser una casa alquilada. Encima de una de las paredes, dos telas comenzadas, cogidas con chinchas. Enfrente dos aguafuertes -paisajes- y a cada lado de éstas, algunos grabados japoneses sobrios.

-Es muy divertido frente al dibujo de esos papeles con sus sombras y sus efectos en relieve, comparar la concepción occidental con esa del Oriente caracterizada por las superficies desnudas y decorativas…. Todavía no nos hemos instalado definitivamente-, continúa excusándose y echó una mirada alrededor de sí-. Nos hemos mudado de una casa vecina hace un mes… y mi mujer está enferma.

-¿Es aquí que usted trabaja, Monsieur Bonnard?

-Sí, la vista es hermosa, ¿no es cierto? Pero deberían ver el mar cuando subre la marea, entonces las casas y los barcos se reflejan en el mar… Fue Boudin quien llamó mi atención sobre Deauville. Él estaba seguro de que no había ningún otro sitio en Francia donde el cielo fuese tan bello y cambiante… Confieso que tiene razón. Sólo es a la larga que uno llega a comprender que se trata de un paisaje. Después de dos años únicamente, me parece conocer esta región y comienzo a poder hacer algo.

-¿Sale usted para pintar, Señor, no es cierto?

-No, casi nunca. No es posible. Los efectos de la luz cambian demasiado rápido. Hago pequeños croquis y anoto los colores; pero pinto en la casa.

De súbito percibo que no hay caballete en el estudio.

-¿Es así de posible que usted cuelgue sus telas en la pared con chinchas para pintar?

-Sí. Me molesta que mi tela esté clavada en un cuadro. No puedo saber nunca antes las dimensiones que adoptaré.

-¿Los ramajes del papel no se le imponen demasiado? -Pregunto asombrada.

-Para nada. Si el papel fuera de un sólo color, ese fuera ciertamente el caso, pero así, los colores se neutralizan. No me gustan las grandes instalaciones para pintar. Eso me intimida.»

Trad. ZV. (Continuará…)

Es absolutamente maravilloso leer a los pintores de esa época, y sobre todo las preguntas de los periodistas, sencillas, serenas. Ahora es tan diferente, ahora la mayoría de los periodistas cree saber más que el artista.

2 respuestas a “En la casa de Bonnard, en Deauville. Ingrid Rydbeck. (2da parte).”

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