En la casa de Pierre Bonnard, en Deauville. Ingrid Rydbeck. (3ra parte).

«Las dos telas en la pared representan interiores; una es una mujer sentada a una mesa con una canasta de frutas en primer plano. Esa pintura recuerda un poco La canasta de frutas que hemos visto en las Exposiciones Francesas en Göteborg y en Estocolmo. Es una tela cálida de un amarillo resplandeciente muy característico de las últimas producciones de Bonnard; la otra tela es bastante grande; es una mujer en una bañadera.

-Es la última vez que intentaré un motivo tan difícil. No puedo expresar lo que quiero. Hace ahora seis meses que trabajo en esta tela y todavía me quedan varios meses de trabajo.

Le recuerdo que él había expuesto en la galería Bernheim-Jeune una gran pintura con el mismo motivo, hace ya algunos años.

-Sí, pero era algo completamente diferente. Era una tela pintada en una gama de colores un poco fríos, y yo conseguí mi objetivo mucho más fácilmente. En esta tela el agua parece siempre sucia; no consigo salirme de ahí.

Bien que bastante poco convencida de la realidad de las últimas palabras de Bonnard, puedo de alguna manera realizar la clase de trabajo y la paciencia que representa la tonalidad de cada una de sus composiciones, en apariencia tan espontáneas.

Los dos paisajes en aguafuerte sobre la pared enfrente atraen ahora mi atención.

-No son aguafuertes como lo comprendemos habitualmente -dice Bonnard-. Son acuarelas con mucho blanco. La técnica de la acuarela me irrita; se busca que aparezca el papel blanco para que el efecto de la luz sea apagada. Es ilógico para mí. Por otra parte, trabajo tan lentamente que necesito emplear materiales con los cuales pueda continuamente aportar cambios, agregar alguna cosa nueva -Ríe-. A decir verdad, tengo dificultades con la pintura.

Mirando sus paisajes claros, delante de los cuales sentimos la atmósfera del mar y del aire salino, y considerando sus palabras de hace un rato, le señalo lo siguiente;

-¿Usted debe tener una extraordinaria memoria de los colores y de los valores, Monsieur?

-No, para nada -.Toma un cartón que se encuentra  en una esquina de la pieza y que estaba lleno de pequeños croquis rápidos de paisajes. Esas hojas de álbum estaban cubiertas de notas sobre los colores, de cruces y de puntos.

-Hago esos bocetos afuera, desde que encuentro un efecto de luz, un paisaje o una atmósfera que me atrapan -Comienza a hablar con ardor y entusiasmo de los cambios de aspecto del mar y de la luz. Como el cielo se ponía algunas veces de un azul espléndido, más azul que en otras partes, pero también muy seguido cubierto de nubes nacaradas. Cada minuto todo cambia. Mientras sacaba su álbum, la luz y la atmósfera son ya otra cosa completamente distinta.

-Se trata de anotar lo más rápido posible lo que le ha impactado. Si enseguida tiene un simple color como punto de partida, podemos componer toda una pintura alrededor. El color tiene una lógica tan exacta como la forma. No hay que de dejarla, antes de haber conseguido dar la primera impresión…»

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(Continuará…)

3 respuestas para “En la casa de Pierre Bonnard, en Deauville. Ingrid Rydbeck. (3ra parte).”

  1. ESOS SON LOS COLORES QUE VEN LOS CHAMANES.

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