En la casa de Bonnard, en Deauville. Ingrid Rydbeck. (4ta parte).

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… «De súbito nuestro anfitrión regresa de sus pensamientos sobre la pintura. ‘Olvidé completamente de ofrecerles algo…’ dijo, desapareciendo por la escalera. Algunos minutos más tarde volvió con un recipiente repleto de cerezas y de melocotones en una mano y en la otra una botella de Banyuls en una bandejita, tres vasos y una caja de ‘dulcecitos mantequillosos’.

Colocó la bandeja encima de la mesa y la composición da la impresión de una naturaleza muerta a la manera de Bonnard. Un bonito y pequeño perrito, un Basset carmelitas aparece por la puerta entreabierta, atrae la atención de las invitadas y se acerca de ellas con la esperanza de que le den algunas golosinas cuando ellas lo deseen. ‘Supongo que le sirve a usted de modelo’.

-Es demasiado joven, y demasiado vivo todavía, pero antes de éste tuve otros Bassets carmelitas… Esos son los que usted vio en mis cuadros.

-¿También tiene usted gatos, Monsieur? -Reflexiono en todos los interiores pintados por Bonnard en los cuales figuran los gatos.

-No, no poseo ninguno, felizmente; pero mis vecinos siempre tienen, allá donde yo vaya…

Nos sirve el vino, nos ofrece cerezas y melocotones y el perrito recibe su parte en galleticas.

A pesar de las nubes sombrías y de la lluvia afuera, la atmósfera se tornó como si estuviéramos en las terrazas calientes de los cafés del Midi… Ilusión causada sobre todo por el Banyuls, vino un poco parecido al Porto. Le comenté mi impresión a nuestro anfitrión.

-¡¿No es cierto?! Viví mucho tiempo en el Midi, pero ahora no me apetece quedarme allá al borde de la playa; hay demasiada gente y las casas son feas. Con frecuencia habito Le Canet que está situado en el interior del país, en las montañas y allí desde donde pueda también verse el mar. Es muy bello allá. Pero la luz de aquí posee un interés mucho más grande para mí.

Monsieur Bonnard  coloca su vaso para dejarse fotografiar por Mme André, consciente de la inmobilidad que este arte reclama.

-Muchas veces hice posar -dijo- Con anterioridad he pintado retratos, incluso por encargos. Era, por otra parte, divertido cuando tenía un modelo que me interesaba… Pero lo contrario también puede suceder a menudo, por ejemplo, uno de esos últimos retratos que hice era el de una dama que no me inspiraba de ninguna manera. Ella insistía conmigo desde hacía años. Había inventado mil escapatorias… que me sentía fatigado, enfermo, o que me iría de viaje. Nada que hacer. Entonces intenté un último recurso. Prometí hacer su retrato, a condición de que ella no dijera una palabra durante todo el período del trabajo. ¡Imagínense, ella consintió!…  y yo estuve obligado de ejecutar. Algunas veces estuvo a punto de olvidar nuestro contrato y murmuraba algunas palabras… Pero enseguida se callaba, consciente de lo que arriesgaba.»

Monsieur Bonnard sonríe, satisfecho de volver  a pensar en eso…

-¿Y el retrato fue bueno?

-Hum, no sé. Hace tiempo que no lo he vuelto a ver.

-Su arte es muy admirado en Suecia -dije yo-. Hay numerosos lienzos de usted en nuestros museos y en casa de los colleccionistas.

-Y sin embargo, en una cierta época hice cosas muy banales -dijo, moviendo la cabeza con un aire descontento.»

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(Continuará…)

2 respuestas para “En la casa de Bonnard, en Deauville. Ingrid Rydbeck. (4ta parte).”

  1. Delicioso sumergirse en la vida de Bonnard a traves de esta entrevista. Gracias Chevalier, espero la proxima entrega.

  2. Me encanta esta serie! Gracias mamuca!

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