Cumpleaños con cake.

Cumpleaños de Mary 2

Son las dos únicas fotos que tenemos los tres hermanos juntos de niños. Se las pedí prestada a mi hermana cuando estuve recientemente en New Jersey. No recuerdo nada de la foto, ni del momento; sólo que era el cumpleaños de Mary, lo que resulta evidente. Raro, porque tengo una memoria de elefante para estos detalles.

En esa época escaseaban ya los refrescos, los caramelos, los dulces, las galleticas, y por supuesto, los cakes. Pero mis hermanos vivían en los altos del Ten Cent de Monte, es probable que el cake hubiera venido de allí: Mi hermana sopla las velas, mi hermano palmotea el «feliz cumpleaños», mis primos andan cada uno con su pensamiento en lo suyo. Yo no estoy en ninguna parte, o sí, estoy como cosida a mi sombra, soy el parche de la foto. Siempre sucedió así con las fotos de mi infancia.

Cuando mis hermanos y yo volvimos a ver la foto, hace apenas unas semanas, lo primero que comentamos fue acerca del cake. ¡Qué clase de cake, caballeroooo! Pero si se dan cuenta, lo único que hay en la mesa es el cake. Lo que revela que, en verdad, a quien se homenajeaba era al cake, dado que seguramente había sido una proeza conseguirlo. Apreciamos alrededor de la tarta de cumpleaños como una cierta veneración, un estado de vehemencia, muy sutil, que sólo podemos apreciar los que sabemos cuánto sufrían nuestros padres a la hora de resolver los ingredientes para festejar los aniversarios de sus hijos.

Yo nunca tuve fiesta de cumpleaños. Vivía en un cuarto y no había espacio. A mi madre y a mi abuela no les gustaba fastidiar a los vecinos con esa bulla de muchachera malcriada, añadían. Sin embargo, el cake nunca faltó, tronara o relampagueara, siempre hubo cake y bata limpia y almidonada. Mami desandaba la ciudad a la búsqueda y captura de un cake. Mi padre, en muchas ocasiones, me mandaba su regalo: un cake.

Memorable era cuando hundía mis dientes en la panetela, y el merengue se quedaba encallado en la punta de mi nariz, y un bigote blanco y espeso coronaba mi boca. El filito de mermelada de guayaba se derretía en mi lengua, y yo mordía a trocitos para que la cuña no se me acabara.

Esta es una foto linda. Sin embargo, apenas la observamos con detenimiento, invariablemente que la muestro a alguien el comentario siguiente no resulta muy diferente del anterior: «¡¿Y cómo consiguieron ese cake?!» «¡Pero, ¿todavía hacían esos cakes en aquella época?!». Dije «apenas la observamos», porque yo misma ni siquiera sentí interés por los rostros de los demás niños. La carita de mi hermana tan feliz, y la inocencia de mi hermano, frente al trozo rectangular de panetela enmerengada, resultó más atrayente que el resto. Nadie repara en los niños, ni siquiera en la cumpleañera, el cake devino el centro de atención.

Yo, ahí, ya estoy fuera del tiempo, ya yo era una vieja. Mi padre, en pocos meses, caería preso. Ninguno de los tres podíamos saber en qué andaba mi padre, descontento con el sistema, indeciso, preocupado por su familia. Por el momento, había traído ese cake para el cumpleaños de Mary. Y ahí estábamos, desconociendo que cada uno de nosotros era una vida, una boca que alimentar, un sueño transformado en una pesadilla.

¿Por donde se encontraba mi mente en ese instante? Es probable que estuviera esperando el momento oportuno para escaparme de la foto, coger mi chivichana y lanzarme loma abajo, por la calle Muralla, empujada por la patada en la espalda de Andresito Landa Lora.

Cumpleaños de Mary

Para los que no me han reconocido: soy la del cerquillito, a la izquierda de ustedes, que mira a cámara, junto a la señora que carga al niño y la negrita, en segunda fila.

12 respuestas para “Cumpleaños con cake.”

  1. Cualquier tiempo pasado fue…
    Me has hecho acordarme de esos cakes.
    Linda remembranza.

  2. Jah!, que comico…Zoe dijo : «a quien se homenajeaba era al cake»
    Muy bonito post…creo que todos los que te leemos aqui, tenemos similares recuerdos de un cake homenajeado, por aquellos años.
    Entonces hay que decir: ¡Happy Birthday Cake!
    o como deciamos en Cuba…¡Japi verde Kei!……o ¡Japi beibi Quei!
    Un saludo,
    RP

  3. El merengue es soltar así la chivichana por las curvas de la memoria.

  4. Tanto, tantísimo que se perdió, empezando por ese tesoro tan poco apreciado, la normalidad…¡a cambio de tanta mierda, mentira y perversidad!

  5. Siguiendo tus instruciones di con tu cara y te reconoci en una bofetada, quien hubiera adivinado que esa flaquita iba a ser una novelista reconocida mundialmente, traducida a cuantos idiomas? se que al menos ingles, frances, portugues, rumano, aleman, checo, esloveno, y algunos mas.
    Espero que este vignette sera parte de un libro de memorias para entender mejor la formacion de alguien que admiro como escritora y ser humano, aunque parece que cada vez que dejo un comentario te estoy imponiendo otro writing assignment.

  6. Sobre el tema del cake, mi modesta opinion, avalada por los 54 años que ostento, es que pese al frenazo del 59, el pais era tan rico y estaba tan bien montado que por inercia eso duro hasta el 68, cuando vino la Ofensiva revolucionaria. Habia tantas buenas dulcerias en Cuba, que siguieron produciendo cakes asi, y buenos dulces, a pesar de haber sido nacionalizadas en 1961, porque el personal estaba bien adiestrado y se respetaron las recetas del capitalismo.
    El proceso de empobrecimiento general ha sido gradual, no fue de golpe; por eso ese cake hoy nos asombra.
    Es como los mismos carnavales: hasta el 66 se celebraron los de La Habana con tremenda calidad en las carrozas y las comparsas, y eleccion de la estrella y sus luceros.
    El acabose verdadero empezo en el 67, se agudizo en el 68, y la debacle total vino con el periodo especial en el 90.
    Un gran barco no se para de subito, tarda algun tiemo en detenerse completamente despues del frenazo.

  7. Excusas, es tiempo, no «tiemo».

  8. SE VEIA EN ESA CARITA UN MUNDO
    DE PROFUNDIDAD.

  9. Creo observar una expresión enigmática en el hermoso rostro de esa niña que mira la cámara, en segunda fila, al lado de la señora que carga el niño. Tristeza, indiferencia, azoramiento? No sabría decirlo. En una situación así, mi cara, no tan bonita y que tendría sólo un año y medio más que la de esa niña en ese momento, mostraría quizá una expression parecida aunque por motivo distintos. Es que nunca me gustaron los dulces. De ningún tipo, nada a base de azúcar, y ello incluye obviamente a los “cakes”, como les dicen en Estados Unidos y también en Cuba, aunque en la simpática fonética de la isla lo pronuncien “quei”. Todavía hoy es un sacrificio para mí, en bodas y en cumpleaños, cuando llega la hora de tener que comer aunque sea unos bocados de la “torta”, como se lo llama en mi país. A mí mismo, cada noviembre, me la hacían de chocolate en la “panatela” y en la cobertura, con dulce de leche en el medio (crème caramel en Europa).

    Pero volviendo a la autora, a su país, en mis recientes tiempos en la isla he visto, muy de tanto en tanto, a cubanos por la calle –literalmente, porque casi no caminan en las veredas– con esos cakes en las manos, haciendo malabarismos para no caerse ni ellos ni su precioso tesoro dulce. En La Habana nos preguntábamos de qué estarían hechas esas níveas coberturas, cuando eran blancas, si de merengue de clara de huevo o de crema “chantilly”, como llamamos en mi país a la crema fresca batida con azúcar. Porque en la Cuba de estos días, aún en las tiendas de recaudación de divisas y para los que podíamos pagarlos, faltan contínuamente los huevos y los lácteos, aunque lo que más falta en ese Paraíso del Caribe, en realidad, es el dinero para adquirir los ingredientes de ese cake obligado que encienda de alegría los rostros de miles de niños cubanos que cumplen un año más.

  10. Hablando de cakes -keis-, fijense si el kei es una figura importante en el subconciente y en el imaginario colectivo cubano que hay una frase antologica del habla popular que dice:»¿Que vola con mi kei?»,o «¿Que vola con tu kei?», o algo asi.
    Una anecdota: en 1993, pleno periodo especial, yo era el secretario ejecutivo del Grupo Arte y Arquitectura del Colegio de Arq. e Ing. de Cuba, y compramos un kei en la bolsa negra para un homenaje que le hicimos a Florencio Gelabert, y yo tuve que llevar el kei en la parrilla de mi bicicleta china omnipresente en esos años, y se me cayo al piso, por supuesto que boca abajo, por una de esas leyes inexorables de la vida; lo recogi, lo limpiamos lo mas que pudimos, y por supuesto que nos lo comimos.

  11. yo tambien tengo una foto asi de mi cumpleano en 1971, y pense lo mismo. gracias por este post