Un fragmento de mi texto para el libro Fellinicittà, dedicado al Rinoceronte de E la nave va, mi columna de El Economista.
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Un fragmento de mi texto para el libro Fellinicittà, dedicado al Rinoceronte de E la nave va, mi columna de El Economista.
Como GCI, transmites su amor al cine en este articulo.
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Sin tratar de explicar lo inexplicable, sí se puede tener una opinión, a través de una óptica personal, sobre las preguntas y posibles respuestas que despiertan en el espectador el magín felliniano. Por eso voy a atreverme a opinar, lo que esa imagen final me sugiere y lo que remueve en lo profundo de mi ser cuando la veo.
El rinoceronte, para mí, apunta esotéricamente al ‘unicornio’, que simboliza la ‘fuerza espiritual presta al combate’. Puede ir más allá del contexto surrealista y testimoniar ‘la entereza para encarar lo inevitable’: la ‘soledad’, el ‘desamparo’, el dolor de la ‘pérdida’ en relación a la muerte de la ‘gran voz’ (otra alusión al gran arte, la gran inspiración) que ya no se volverá a escuchar. Este rinoceronte se representa en la escena como ‘enfermo’, quizá denota la ‘melancolía’ de un alma que está en la antesala del final de su propia existencia y busca el modo de ‘reunir aliento’ para exhalar su último suspiro con poética dignidad. Alude también al ‘combate naval’ donde el ‘prusiano’ se queda a solas con el rinoceronte en la barca. Lo percibo como un reclamo intuitivo que me hace pensar que el rinoceronte (que está de espaldas al prusiano) ha perdido su ‘furia animal’ para encarnar una ‘indiferencia’ casi humana hacia el militar, una especie de ‘desprecio’ por lo absurdo de la ‘encomienda’ que le dan a un hombre ‘importante’, que deja de serlo para el animal ‘humanizado’ como en las antiguas fábulas y es quien toma el protagonismo ante el paisaje mismo.
La escena evoca, invoca, incita y transmuta, a diferentes niveles de profundidad, sobre la madurez del director y logra un propósito muy definido: llenar al espectador de conjeturas, preguntas y simbolismos como clave para todo tipo de escrutinio imaginativo. Es Fellini en estado puro, jugando personalmente con el espectador, involucrándolo en un mundo paralelo donde cualquier especulación es posible y plausible; Fellini provocador, irónico y agudo.
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Bello texto, pleno de todas las resonancias.
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QUE MARAVILLA DE TEXTO
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