Oriana Fallaci: La naturalidad de la entereza.

Ayer escribí en Zoé en el metro un post sobre mi querida Oriana Fallaci a la que vuelvo a leer. Los dejo, además, con un fragmento de Oriana Fallaci se entrevista a sí misma. El apocalipsis, publicado por La Esfera de los Libros.

Acerca de la correspondencia que recibía:

«¿Ninguna que le insulte?

Hasta hoy, sólo estas dos. Como ve, no llevan remitente porque en el noventa y nueve por ciento de los casos los que me insultan no lo ponen. Ni siquiera firman. ¡Cobardes! Una de estas dos me insulta indirectamente, por poderes. Es decir contándome que no consigue hacer leer La Fuerza de la Razón a sus colegas y a sus estudiantes de la Universidad de Verona. Al parecer se niegan a leerlo diciendo que la fascista soy yo. Bah, si en la Universidad de Verona hay gente así, poco podemos esperar de las nuevas generaciones. En cualquier caso las demás cartas me consuelan…

Léame otra.

Ahora mismo. Esta es la firma de Virgilio: un reflexivo chaval de diecisiete años de Castelfiorentino, estudiante de cuarto de Instituto y autor de un bonito tema sobre La Fuerza de la Razón. La ha escrito a mano, con cuidada caligrafía, y me gusta tanto que quisiera léersela entera. Pero es muy larga, tiene siete páginas, por eso me limitaré a las dos primeras. Dice así. ‘Apreciada señora, gracias por llamar al pan pan y al vino vino. Gracias por ser tan valiente. Es muy incómodo tener las ideas que usted tiene. Incluso para nosotros los jóvenes, ¿sabe? Ojo al que se atreva a abandonar la recta vía de lo Politically Correct, es decir de la reverencia que los bienpensantes tienen hacia los hijos de Alá. Ojo si te atreves a observar que en los países musulmanes no pueden construirse iglesias, y que a los cristianos y a los budistas y a los hebreos es decir a los perros-infieles los matan sin problema alguno. Ojo si sostienes que el Islam es alérgico a nuestros valores y en particular al concepto de libertad. Como mínimo te llaman racista. Para intentar establecer el principio del Bien y del Mal, para intentar comprender qué es la ética y la moral, hace tiempo se hizo un debate en clase. Yo puse el ejemplo de los talibanes que mataban a las mujeres por llevar la uñas pintadas, y los bienpensantes se ofendieron a muerte. Uno me gritó indignado la regla fundamental: no se puede expresar juicios sobre los comportamientos, las costumbres y las religiones de los demás. Otro me reprochó gritando: «¡No olvidemos que los cristianos hicieron las Cruzadas!». De hecho, en ese momento, me enfadé yo porque estoy hasta el gorro de ver presentar a los Cruzados como siniestros asesinos y al Feroz Saladino como un caballero con frac. Estoy hasta el gorro de ver justificar con las Cruzadas los abusos, la prepotencia, los degüellos y las decapitaciones. Además, ¿quién comenzó las Cruzadas? ¿Quién tomó primero el Santo Sepulcro? ¿Quien invadió la mitad de Europa con la medialuna y conquistó medio mundo a golpe de cimitarra? ¿Quién actúa como el dueño en nuestra propia casa? ¿También la Historia es opinable? Parece que sí. Ayer por la noche, cenando, los amigos de mi familia dijeron que en 1945 Francia y Alemania no fueron liberados por los americanos sino por la URSS y a mí casi me comen vivo por haber dicho que Stalin era igual que Hitler’. Oh, es una carta verdaderamente interesante la de Virgilio. Pero lo más interesante de su misiva es la historia de los buñuelos al marsala.

¿La historia de los buñuelos al marsala?

Sí, porque ofrece un fragmento significativo de la presunta integración con la que se intenta hacer creer que existe un Islam bien distinto del Islam del terrorismo. Un Islam benigno, puesto al día, moderado, y por lo tanto dispuesto a comprender nuestra cultura y a respetar nuestra libertad. El caso es que Virgilio tiene una hermanita que va a la primaria y una abuela que hace los buñuelos de arroz al estilo de la Toscana. Es decir con una cucharada de marsala en la masa. Un día la hermanita se llevó los buñuelos a clase, los ofreció a sus compañeros y entre sus compañeros de clase hay un niño musulmán. Al niño musulmán le gustaron mucho, y aquel día llegó a su casa gritando de alegría: «Mamá, ¿me puedes hacer buñuelos de arroz al marsala? Los he comido esta mañana en la escuela y…» Cielos abríos.

Al día siguiente el padre del niño se presentó a la directora con el Corán en la mano. Le dijo que haber ofrecido los buñuelos con licor a su hijo había sido un ultraje a Alá, y tras haber pedido que se disculpase le dijo que no dejase llevar esa inmunda comida a la escuela. Cosa por la que Virgilio me cuenta que en los parvularios ya no se pone el Belén, que en las aulas se quita del muro el crucifijo y que de los comedores estudiantiles se ha abolido el cerdo. Y después se plantea la pregunta fatal: «¿Quién tiene que integrarse, ellos o nosotros?».»

9 respuestas para “Oriana Fallaci: La naturalidad de la entereza.”

  1. Corro a comprar el libro.
    Gracias.

  2. I need a drink!

  3. Me fascina Oriana Fallaci. Me seduce esa recalcitrante lealtad a si misma, ese valor para expresar lo que la mayoría solo susurra en los círculos íntimos.

  4. La veia de lejos, en NYC, y nunca se me borrara su imagen, de espaldas y con el humo del cigarrill0 haciendo volutas cuando se iba del cafe con un periodico en la mano…..

  5. Oriana !!, que Dios la tenga en su gloria, dondequiera que esté.

  6. A MI ESTA ESCRITORA ME IMPACTO
    COMO ME IMPACTAS TU ZOE VALDES.

  7. Zoe:
    Gracias por mantener viva la memoria de la leona Oriana. Tengo todos sus libros no solo ordenados en mi biblioteca, pero tambien mi corazon. Desde «Penelope en la guerra», «Nada y asi sea» y «Carta a un niño que no llego a nacer» en los 70, «Entrevista con la historia» en los 80 hasta sus ultimos «La rabia y el orgullo» (lo tengo autografiado-¡que tesoro!) y «La fuerza de la razon». Estos ultimos dos son lectura imprecindible. Mientras mi vida evolucionaba, siemrpe encontraba en los textos de Oriana una lectura adecuada para ese momento. Acabo de descubir hace poco que vivia a tres cuadras de mi casa en NY y nunca tuve el placer de verla. ¡Como me hubiese gustado!

  8. Amo a Oriana Fallaci. Aún desde el más allá sigue sin cesar apuntando a la verdad.