Norma Niurka por Myriam Acevedo.

Sobre la Norma, sobrina  que no está más, quiero expresar lo que ella significa y ha significado para mí, yo, Myriam, su tía.

 

  Un hilo fuerte y sutil me ha unido a Norma en una complicidad única.

  Nos identificábamos en todo y cualquier cosa; en la extrañeza de paisajes inusitados, en descubrir las frescuras de nuestro corazón, en saber que nuestro corazón no es un aposento de paso.

  Norma, yo sabía que el goce de éste y otros mundos se te ofrecían en una fiesta íntima de colores, olores y sensaciones sin fin.

   El verso se te daba por añadidura y nos deleitábamos a conjugar los verbos en su infinita coloración.

  Me convidaste siempre a un diálogo ininterrumpido.

  Nos divertíamos a ignorar el año de nuestro nacimiento. Tu edad y la mía no se reconocían en ningún proyecto de vida, y reíamos como locas tratando de jugarle una mala pasada a la ineluctable “mordida del tiempo”, como dices en tus versos y la risa estallaba cuando, inmersas en un tumulto de voces que no perdonan te enfrentabas a la pregunta inquisidora: chica perdona la indiscreción ¿pero qué edad tu tienes? y ella o yo: ¿en qué sentido?

  ¡Pobres de los que ignoran que la edad es un estado de ánimo!

  Un lazo de amor te unía a la familia y te empeñabas en indagar sobre nuestras raíces hasta el último descendiente de la cadena familiar.

  Me diste a conocer la pequeña isla de Cayo Hueso y sentadas con dos amigas en la Mesón de Pepe dimos vida, tomando el delicioso mojito, a la invención surrealista de un cadáver exquisito escrito a dos manos.

  Escribo, yo, Myriam:

   Una fuerza de raíz dulce y amarga me solícita sin vuelta atrás en este tráfico que va de un

    hermoso cayo, a noventa millas de una Isla perdida en ese mar cambiante e ininterrumpible que

   de amigos yo sé muchos en esta tarde, que iluminando , se diluye en el trajín del día y que

    irremediablemente se nos va…y yo no quiero.

  Escribe Norma:

    Quiero venderlo todo e irme al sur del agua y el cielo y las gaviotas, y a la paz inventada de los

     necesitados. 

     Más allá del sur no existe nada y yo sí quiero.

De vuelta a Miami, Norma se hace dueña de mi percurso en esa pequeña isla me describe en ese mi andar, como dice ella, todo mío y me dedica su poema “Atardecer en Cayo Hueso”

  Rezan así los primeros versos:

   “Ella caminaba entre cabezas desconocidas, de bronce y pedestal,

     en un jardín de gente ajena a su tiempo y espacio,

     tal vez héroes,

     específicamente de Las Bahamas, que llegaron aquí una tarde lejana,

     juntos y unidos para siempre en la historia.

     Nombre por nombre grabado en la piedra,

     ella leía sin entender nada la breve escaramuza conchera de finales de siglo,

     pero su corazón era un pozo inmenso de inquietudes más concretas:

     ansiaba otro jardín en flor que la esperara en una tarde ardiente como ésta, alegra como ésta, sin

     tiempo como ésta.”

   En el último fragmento, ante el crepúsculo prodigioso que se diluye en el inmenso mar:

    “Ella llega al ajetreo de Casa Pepe todavía un poco alelada,

      pie de pluma en tierra extraña,

      y vió a las tres amigas que esperaban sentadas en la barra tomando mojitos y cuchicheando.

      Cuando, de repente, la música sonó. Clave, bongó y teclado, ritmo en el aire tranquilo de la

      tarde conchera, gente bailando mal el cha-cha-cha, cuerpo a cuerpo salado y sudado, y un

      bésame mucho al oído de la amada.

      Y ella allí de cuerpo entero, con la cabeza dándole vueltas. Sus ojos brillaron, sus pies

       resbalaron, sus manos se juntaron la boca se mojó en una sonrisa infantil desprevenida y en el

       Mesón de Pepe se le iluminó su vida de 24 horas, sus últimos minutos al borde del abismo, que

       la llevan de esta costa afilada americana a las suaves arenas de esa tierra en la memoria,

       cercana en la medida de noventa millas, esa isla de ensueño, agria por dentro, dulce por fuera”

Norma Niurka Acevedo                                                                              19 de agosto 2000

Gracias Norma por tu entrañable homenaje.

Cinco días antes del día señalado, 25 de diciembre , hablé con Norma por teléfono.

  Me preguntó solícita que como estaba, que tenía tanto, tanto pero tanto que contarme, su viaje a Santo Domingo, el resultado del tratamiento, pero que se sentía muy débil y que  lo haría cuando se sintiera mejor.

   Me despedí de ella con el amor de siempre, no sin antes: prométeme que me sabrás ahí y siempre contigo.

  Sería la última vez que oiría su voz.

  ¿Es posible concebir un mundo sin Norma?

   Sin mi amada sobrina.

  Pero no quiero pensar a Norma como la que no está más, sino la que recorre y ha recorrido mi vida a lo largo y a lo ancho.

  Dicen que el pasado es indestructible, no decae, que retorna siempre.

  Yo me oigo que le digo: Norma, ¿ tu qué piensas?

 Los textos a continuación son extraídos de mi libro inédito(memorias) “No es así pero es verdad”

…Mi hermano Alberto y yo, aún niños, nos vimos convertidos de la noche a la mañana en tío y tía. ¡Qué orgullo, qué emoción!

Eran ya tres mis sobrinas que veía crecer junto conmigo, tres cándidas flores que mi madre vestía con primorosas batas de encaje guipur y terciopelo.

De Norma se entendió siempre y seguramente que sería artista como su tía Myriam.

La niña pintaba, escribía, diseñaba imágenes surrealistas con un trazo que hacía pensarle un futuro en la pintura. Y pintora no fue, porque a los seis años compuso sus primeras poesías que guardé por años viajando de un país a otro y que seguramente duermen en algún baúl que dejé por el camino. Sí, un cartapacio de papeles con todos sus poemas que tenían seis años de vida.

Un día su padre, nuestro hermano, llegó a la casa de Súarez y sacando unas páginas del bolsillo empezó a leer: “La luna es muy clara”,  y “Los árboles en Cuba” y así interpretaba a su hija a través de estos versos prodigiosos. La voz emocionada de Emilito hablaba por su hija, nuestra sobrina, que esto no es posible, no se puede creer, ¿Quién le ha metido en la cabeza a esta niña esa luna, esa casa, este árbol, ese paisaje, este charco de sangre que fluye en su pequeña mano y nos ofrece tanta complicidad unida en palabras y en frases que ella se había inventado:

El charco me causó mucha tristeza.

Y aunque en tu vida no derrames tanta sangre

aplícate este verso, que en tu carne

sufrirás los excesos de tristeza.

 

¿ Góngora, Lezama, Oscar Hurtado, guiaron su mano incierta?

¿ Cómo podía una tristeza en demasía formar parte de su breve vida de seis años?

¿ Te regalaron un hilo de oro?

¿ Dónde ha ido a pescar ese charco de sangre que le dio un pesar tan profundo?

¿ Fuiste a dormir y te soñaste un poema?

¿ Cómo saber aplicarse un verso y predecir la desaventura que le tocaría vivir después?

¿ Alguien vino de noche y te sopló en el oído?

¿ Cómo sabía que el dolor se desmonta?

¿ Qué sabía de la sangre y de la carne?

¿ Quién era esta hija de Emilito y Berta y sobrina de nosotros que nos llamaba tíos, y que sabía tanto de tantas cosas?

Mi hermana Cuca tiene un órgano. El 1982 me vio huésped en su casa por tres meses.

Yo, que sé de memoria este poema, lo hice un poco mío poniéndolo en música.

Una hora antes de partir para Italia llamé a Norma por teléfono y acompañándome al órgano le canté los versos que ella sabía suyos.  El medio caliente del teléfono no bastó. ¡Lástima que no hubo tiempo para nada más!

Fue ella, Norma que me inspiró esta carta al llegar a Roma:

Circonvallazione Gianicolense

es mi dirección en Italia

Circonvallazione Gianicolense

es un nombre complicado.

Dudo que tú vengas de visita,

si acaso iras a Saskatchewan.

¿ Saskatchewan es un río o una ciudad?

Si río, ¿grande o pequeño?

Si ciudad, ¿por qué un nombre

tan enrevesado?

Norma querida, felicidades tanto te deseo de todo y más en el nuevo año que se impone, que de merecer tanto y mucho habrás, y que tu ansia y deseo de encontrar la persona más que justa no se haga esperar y en evidencia se presente como el canto del gallo en pleno día. Te escribo metiendo en líneas lo que en mente primero me asedia en este lenguaje inusual, que escribir en esta forma se me pega por encanto que tú leerás desenvuelta lo que divertida te estoy escribiendo, ya que escrito será cuando llegue a tus manos y lo presente para mí en este instante será futuro para ti que en varias lunas recibir ésta tendrás, y el momento presente para ti entonces será ya pasado para mí, que me enredo en el tiempo formal, y salir de este trajín es menester ya que pasadopresentefuturo es un único y sólo tiempo, como río que corre y se deja correr.

A la una de la mañana te escribo. No, a las dos, que no duermo y te escribo y es ya Nochebuena, y mañana, no, hoy mismo cuando el día se haga luz en mi carne, retornaré a pensar a todo y a todos y al sentido de este día que a grande fiesta se anuncia porque en Suarez en mi casa, allá en La Habana… ¿ No te acuerdas? se fiestaba; y recuerdo ya de niña el ruido que producían las nueces al morderse. Que maravilla el crrrac que producía la mordida. Los dientes se adueñaban de las circunvoluciones del fruto desgranándolo lentamente, con fruición.  Y la cerveza dorada de barril que corría en la garganta, y mis hermanos y amigos, y mi madre en la cocina preparando las delicias de la noche.

 Y volviendo a tantas cosas que en mi mente se revuelven, yo me pienso hoy y siempre como un pequeño eslabón de una cadena importante, porque importante es la esencia que compone cada poro de esta figura que es mía y es de otros e infinitos reclamando una conciencia mía toda que a la hora de una acción se haga presencia presente y grande como una casa que de acciones creativas inventadas día a día es deber hacerse cargo y continuar continuando sin detenerse y aún más: añadir a lo añadido, componerse y su contrario inventando otras palabras que se ajusten al momento, y así haciendo poder burlar la costumbre de las cosas y reir a carcajadas cuando de reir se trata dejando un poco el misterio abrirse paso en tu mente.

Querida Norma, no te toco con las manos, pero con el pensamiento sí.

…Identikit de Norma Niurka

De nombre

Norma Niurka

Acevedo de apellido

Estatura: igual a sí misma

Color del pelo

emblemáticamente suyo

Color de los ojos

de un verde luminoso como ella

Para ella la familia es un punto de partida

Su ortografía es límpida como su alma

Trata de hablar con propiedad

en momentos impropios

Y ve en cada despertar

una nueva Epifanía

Se pregunta con insistencia dónde está la semilla del plátano

La conmueve King Kong

De un año a esta parte ha notado con preocupación

que le han crecido los pies

Y se pregunta con tristeza

si esto es señal de madurez.

  …Me caen en las manos los versos de Norma, y no puedo  contener mi ansia de intervenir en su poesía; me enamoraron a tal punto sus versos que, y lo confieso, una pulsión egoísta me llevó a intervenir, a introducirme en su quehacer poético. Todo para  poder contar otras cosas que me interesaba plasmar.

He aquí “nuestro” poema.

                     DÉJAME ENTRAR EN TU POEMA

No sabiendo quién es quién en esta empresa poética lo dejo

                        intuir con divina propiedad.

Norma, tú que te sientas en la acera

a ver la mañana que se eterniza y destilando

en la médula de tus huesos.

Tú, que te sientas en la acera a ver pasar el bobo del pueblo

Tú que quieres ir a la luna y saberla receptora.

Déjame entrar en tu poema.

déjame entrar en tu poema

quiero aprender a vivir como en peligro de muerte.

Déjame entrar en tu poema y preguntar a los cuatro  vientos

y a los siete mares

preguntar a voz en cuello

quién hizo todo lo que yo no hice.

Déjame entrar en tu poema

es menester que declare mis olvidos

y preguntar en qué mano fue a parar -Roma ladrona-

mi preciada Mont Blanc

dejada al descuido -Oh, Apolo, en un ensayo de la Orestiada-

reclamo justicia, Minerva

y adónde fue a carenar

mi preciado paraguas tigrado

una tarde de lluvia milanesa

y en qué ángulo de Cuba o del mundo

se encontrará mi bella sortija:

dos diamantes, cinco rubíes en clave de sol,

otorgada –herencia de familia-

en fe de un amor para siempre.

Como dices tú cada vez que te enamoras.

¿ Existirá un caserón que contiene mis objetos perdidos?

Pásame la calle y número si está en tu poder

es de rigor el sueño.

Déjame entrar en tu poema

quiero olvidar que olvido

déjame entrar en tu poema

porque sé de la nostalgia sobre la casa

y de la nostalgia que viene de lejos

la nostalgia del verde esmeralda

la nostalgia de aquella risa loca en tango sentimental

la nostalgia de esa “estrella

que va mojando sus puntas

en otra estrella enemiga.”

La nostalgia de aquel mar azul como nunca…

Déjame entrar en tu poema

quiero esperar como tú

por alguien que regrese del infierno

por esas tardes tuyas que has vivido

en la calle transversal de los domingos

por los días de innumerables aciertos.

Déjame entrar en tu poema

por los cuerpos que nunca llegaron a abrazarse

por cuanto te quiero

golondrinas de un solo verano

por las calles adoquinadas de La Habana

por el mítico cañonazo de las nueve

“la araña del tiempo es fría e insobornable.”

Déjame entrar en tu poema

por esa larga y verde isla que está ahí

no quiero olvidar que olvido.

Déjame entrar en tu poema.

¿Es la poesía un ejercicio del alma?

Déjame entrar en tu poema

quiero esperar por alguien

que espera por mí.

Déjame entrar en tu poema

porque quiero como tú,

dejar de morirme a cada rato.

Foto de Myriam Acevedo

Myriam Acevedo.

Entrevista de Tania Quintero con Myriam Acevedo en Penúltimos días.

Foto de Norma Niurka, por Pedro Portal, tomada de El Nuevo Herald. 

3 respuestas para “Norma Niurka por Myriam Acevedo.”

  1. Que en paz descanse Norma Niurka.

  2. NORMA NIURKA
    SERA RECORDADA SIEMPRE
    POR TODA LA CLASE ARTISTICA
    DESCANSE EN PAZ.

  3. gracias por esto. gracias gracias gracias