Little Havana. Memorial Park. Leandro Eduardo Campa.

Mi amiga Enaida Unzueta me regaló este poemario de Leandro Eduardo Campa, a ella se lo recomendó un amigo muy querido, lo dejé para leerlo a inicios del 2010, porque tengo por costumbre empezar el año leyendo poesía, y por suerte -Ena jamás se equivoca, y el amigo tampoco-: el libro es de una belleza insuperable, duro, sencillo, mallarmeano en el sentido de que las palabras son lanzadas como dados, como dardos, y con un sentido muy preciso, el de emocionarnos.

Los dejo con las palabras de Benigno Dou, que hace una breve presentación del contenido:

«Porque nadie conoce mejor la vida que los muertos, Eduardo Campa, como Edgar Lee Masters en Spoon River Anthology, tuvo que convertir la Pequeña Habana en un cementerio -en un quicio desolado, cubierto por el polvo de recuerdos y atardeceres- para darle voz duradera a los personajes que la animan.

Mirtha B. Miraflores, la arrogante; Mr. Dinero, el creador -en medio de la miseria- de riquezas; Maritza, la loca de las gaviotas; Reina, la de los besos sin tax; Wichinchi; Papiro, Pedro Soplete; y el mismo Eduardo Campa, el poeta, nos cuentan sus historias de amor y desesperanza, de bondad y avaricia, mientras una patrulla de la policía pasa veloz por la carretera donde una vez estuvo su mítico barrio miamense. Y al contarlas, con aliento de cal, adquieren vida inmortal en el panteón irreverente, pero definitivo de la poesía.»

Benigno Dou.

Tres poemas del libro:


VI


Yo, Eddy Campa,

que amé a Mirtha B. Moraflores

hasta el delirio.

Yo, que la esperaba

en el quicio de los atardeceres

desde las cinco de la mañana

para, tres horas después, verla

salir de su apartamento

-y ella siempre detrás

del marido

para hacerme pensar que él no le interesaba

mucho-

heme aquí, ahora,

revolviéndome en este sarcófago

de despecho (si al menos estuviera acolchonado),

recordando las noches

en que ella, Mirtha, se paraba

en la ventana de su dormitorio para verme

escribir sobre mis rodillas,

sumido en el más sublime de los sufrimientos;

entonces,

todo era motivo para la lírica

y hasta la inmundicia se tornaba poesía.

Déjame decirte, oh Mirtha mía,

que nunca te dije

que te amaba

para salvar este poema.

No permitas que estos versos se humedezcan:

haz que conserven el calor

de los que te dejaba el cristal

delantero de tu Chevy Camaro.

Las tumbas en Memorial Park

no tienen limpiaparabrisas.


XI


A Maritza, la loca, le gustaban las gaviotas

que, precedidas de un viento familiar, solían

posarse en el terreno de pelota del Parque Martí,

cuando todavía ningún niño jugaba.


Ella vivía pendiente de ese viento

que le proveía, en un instante de dicha,

sosiego a su razón perdida donde abismos

debieron unirse en la piedad.


Hija mía, niña que corrías

tras los pájaros del parque sin cerca,

dada en adopción a los ricos de Coral.


Madre de vuelo profundo, hazme sentir

cuando mi hija me llame desde el jardín

donde juega rodeada de rejas y sueños fabricados.


XVI


¡Qué norteamericana la luna sobre el mar!


Cascadas de luz en la orilla redonda

comparten su intimidad con las aguas:

el más puro de mis sentimientos subastado.


Ha vuelto a elevarse el fulgor

de la fuente del parque que pronto apagarán;

la fuente con quien sentí las cosas primordiales.


Si el nombre Reina no remitiera a la belleza,

desistiría de mi Fe en la Humanidad.


Pero, ¿dónde está el cochero que canta

y le dice palabras dulces a los caballos?


Me gustaría ver a mi amigo Eddy Campa, el poeta:

no conozco otro más sabio en materia de nudos.


En la ribera de mi memoria,

el mar que me consuela adormece las olas.

También en los camposantos florecen los almendros.


Foto de cubierta: Pedro Portal. Editorial: Dylemma Colección.

  • Tuve que marcar las separaciones con plicas y asteriscos porque los espacios no se marcaban de forma natural.

8 respuestas para “Little Havana. Memorial Park. Leandro Eduardo Campa.”

  1. Gracias por recordar a Leandro Eduardo Campa.

  2. Desgarradores y bellísimos poemas. Buscare el cuaderno

  3. Gracias por traer a su blog a este excellente poeta que no conocía. Buscando información sobre él en el internet encontré sus poemas «‘De Calle Estrella y otros poemas (1975–1979).»»
    Poemas que muestran el desgarre silencioso y cotidiano de una Cuba que se ha perdido en la nada.

    Este es el site http://cubistamagazine.com/a2/020403.html

  4. Aprender del dolor y llegar a expresarlo con imágenes evocadoras y redondas (como perlas) es una bendición que muy pocos alcanzan. Este hombre hizo un hermoso collar.

  5. Gracias Zoé!!! Por publicar estos poemas.. Muy acertado empezar el año leyendo poesía. Lamentable la perdida de Eddy Campa, » poeta sabio en materia de nudos » sus poemas nos acompañan.
    PP

  6. Es bueno saber que alguien como Campa nos espera…….ser amada desde el quicio,
    ese poeta prieto de la 8.

  7. Gracias por publicar estos poemas aquí y gracias también por regalarme en París tu Anatomía de la Mirada, que me ha permitido comenzar mi año como lector leyendo tu poesía. Estoy como encantado.

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