Guillermo Cabrera Infante: De un gran amor, y de las bajas pasiones.

GUILLERMO CABRERA INFANTE: DE UN GRAN AMOR, Y DE LAS BAJAS PASIONES.

A Miriam Gómez, en su cumpleaños.

No existe placer más luminoso que penetrar la obra del escritor que uno ama y desandar en sus andares; volver a la obra de Guillermo Cabrera Infante provoca invariablemente sentimientos complejos: una alegría honda que entristece, un deseo infinito de refrescarnos y enriquecernos en el abrevadero de su memoria, y en su manantial, las palabras y su rejuego, ambiguo en el sonido, y certeras en su contenido,  nos inoculan un deseo presuroso de haber estado allí, de haber sido una de sus ninfas, o de haber sido él, enamorado de Ella y de aquellas muchas mujeres, a las que siempre trató con suma elegancia, como un lord –diría mi madre-, y como un maestro persuasivo de la sensualidad.

Leerlo y releerlo provoca una tristeza que nos alegra, porque de su prosa –aún siendo tan cubana y cultivada- brota, sin complejos ni rodeos, una sabia melancolía, y de ella aprendemos de la vida y de su escritura, y con su deje popular nos reímos, como si al escribir estuviera traduciéndonos o interpretando, a su manera habanera, un pasaje de un filme de Buster Keaton.

Toda la obra de Guillermo Cabrera Infante emana amor: por las mujeres, por La Habana, por Ella. Ella es Miriam Gómez, quien más que compartir con el protagonista, que es un retrato autobiográfico del autor, se convierte en brevísimas frases en el centro de gravedad de Cuerpos Divinos, la reciente novela, publicada por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores. La trama, los personajes, la historia, cada una de estas vertientes hacen referencia directa o velada a la que aún en los momentos en que se ausenta de la historia particular del personaje es cuando más visible se encuentra en sus confluencias poéticas, eróticas y dramáticas, esto sucede a través de las evocaciones que se hacen de Ella, la amante deseada, la mujer amada, la  renunciante esperada, ansiada y perdida, la hallada para la vida y para la obra, inscrita en la eternidad.

Algunos personajes de otras obras rezuman esplendor, como era de esperar, con sus nombres y apellidos o con los seudónimos ingeniosos a que nos tiene acostumbrados el novelista. Y luego surgen los nuevos, la mayoría mujeres; porque en un mundo tan masculino, el autor sólo tiene ojos, cuerpo y respeto, para esas damas, tan distintas entre ellas, tan sublimes y dichosas, de aquella ciudad que me perdí por delito –no de haber bailado el chachachá- sino de haber nacido tan tarde, por culpa del odio que engendró el castrismo contra todo lo verdadero, lo bello, contra la cultura, y contra la naturaleza del arte, contra la vida, contra la libertad.

Lo que más lastima de las novelas de Guillermo, para aquellos lectores que nacimos después del 59, o en el mismo año, es que La Habana que fue, la que cuenta, la ciudad más maravillosa del mundo, ya se ha perdido para siempre, y recuperarla físicamente en un futuro demorará años y en algunos casos sería imposible. Lo que más ternura provoca es la fascinación infinita de Cabrera Infante y su magnífica perseverancia en querer recuperarla, piedra a piedra, noche a noche, pasión a pasión, beso a beso, melodía a melodía… Pocos escritores cuentan de manera tan carnal, tan posesa, tan libre, la ciudad que han amado como han amado a la mujer de su vida. De igual modo, pocos son los que se sinceran y se muestran tan sumamente frágiles ante el amor, frente al deseo y la suavidad de las carnes tibias de las ninfas inconstantes, que hacen de quien las ama, el hombre más constante, y no por gusto febril.

De este modo, el autor nos confirma, desde el inicio, que:

Todos los personajes son reales.

Sus nombres son los de la vida real. La historia

ocurrió de veras.

Así, sólo el libro –esas páginas blancas

impresas con letras negras, la pasta del lomo,

la cubierta abigarrada-,

sólo el libro es ficticio.”

Generoso gesto y giro literario para engancharnos con la lectura de un recorrido interminable, porque Cuerpos Divinos continúa, o resulta la continuación, de cualquier otra novela, o libro, de Cabrera Infante, en su propia independencia. Durante años estuve imaginando cómo sería este libro del que tanto se había hablado, incluso había sido esbozado en conversaciones o conferencias, y en entrevistas, por el propio escritor, intuía que sería inmenso, pero como escribió él mismo, de una de las primeras muchachas con la que nos topamos en el texto, esta novela posee:”una belleza exuberante que hacía al vestido lo que hace la vegetación tropical de la isla al paisaje, que lo desborda”. Sugerentes diálogos con referencias a lecturas inolvidables, anécdotas de una Habana intrusa de tan culta, exótica de tan exquisita, descripciones elegantes, provechosas, jacarandosas, escenas eróticas sublimes, instantes de amor esenciales para comprender la psicología y la tesis que reafirma la novela: Todo fue amor, hasta que sobrevino la traición.

Porque si Cuerpos Divinos es una de las más bellas novelas de amor que se hayan escrito jamás, en ella la traición surge como la bestia solícita que necesariamente debe enfrentar el héroe para finalmente convertirse, o ser convertido, muy a su pesar, en insólito antihéroe.

Esta es también la historia de la gran traición, de todas las traiciones cometidas a partir, digamos, en que apareció Fidel Castro en el panorama, tal vez, es muy probable, que desde mucho antes. Aquí se habla de una traición amasada, alimentada, desde décadas, concentrada en la mejor época de la historia del desarrollo de los cubanos. Traicionan todos; traicionan las mujeres, traicionan los hombres, entre ellos, entre ellas, entre amantes, entre amigos, traiciona la historia, la vida, la época, y el Enorme e Infame Mal termina descabezando todo cuanto se tropieza, aunque no consigue derribar al rival mayor: el amor. Es la razón por la que el final sella con una conjunción de frases muy personales, íntimas, en un claro  mensaje que el autor quiso que los lectores recibieran como herencia de un pasado perdido à tout jamais, pero al mismo tiempo, es una suerte de pacto duradero, profundo, infinito, entre Ella y él: “Ellos, él y ella, se volvieron a juntar y ya no se separaron más y viajaron mucho y conocieron países extraños.” Así fue en la vida real.

Momentos extraordinarios, irrepetibles, que sólo pudo haber escrito Guillermo Cabrera Infante y nadie más, abarcan los que cuenta sus diversos encuentros con Ernest Hemingway, los que conoce, se enamora, y ama y se separa de Ella, así como los momentos históricos que marcaron políticamente al escritor, las reyertas entre el Directorio y el Movimiento 26 de Julio, los odios y traiciones entre éstos y los comunistas, la fría relación con su esposa, porque al encontrarse con todas esas mujeres que fueron sus amantes, y con Ella, él era un hombre casado, que le dio dos hijas, pero también le dio una cuñada, o sea, la hermana de la mujer, Silvina, a la que creo reconocer, y con la que vivió intensas aventuras de calentazón, como se puede leer, a pocos metros de la esposa misma. Silvina también es un personaje excepcional, se nota que el escritor quiso cuidar lo mejor de ella, describiéndola como una heroína, no sólo política, además, como una amazona del placer oculto.

Silvina, sentada a mi lado, me rozó la cara con sus labios, luego me besó en los míos, suave, casi imperceptiblemente, en un beso tierno y nuevo. La puerta del cuarto estaba abierta y acertó a pasar mi abuela, que lo veía todo, y sabía todo en la casa.” En la casa donde vivía con sus padres, con su abuela, con su mujer, con sus hijas.

Además de una ciudad elegante, dispuesta siempre al delirio, hallaremos también la ciudad de la penumbra, por demás atractiva y peligrosa, la de los clubes nocturnos, oscuros, el Turf, el Atelier (yo alcancé algo de sus últimos residuos), el tufo de los cines, las posadas, las calles interminables del Vedado bajo la resolana o bajo el acariciador sereno; pero la melodía que deambula entre las venas de la escritura es la del jazz, y la del bolero, armoniosos en su extraño beso, y el zumbido gozoso del crash de viejos discos que fueron los temas de las grandes películas americanas que el crítico de cine de Carteles apreció como arma de resistencia, y el creciente y cada vez más incesante miedo a las persecuciones y a las bombas urbanas.

Otro instante supremo es cuando aparece Norka, la modelo, mujer de Korda, en una parada de guagua, y él la confunde con una sueca, pero todo queda aclarado gracias al fotógrafo Jesse Fernández, acompañante fiel y amigo de la revista Carteles y de todas sus novelas. De Carteles, la inspiración, hasta Lunes de Revolución, la insubordinación, depuración, depuración del talento, pero también la depuración política; del paraíso al infierno.

Desde Lydia Cabrera, pasando por Ernest Hemingway, Jesse Fernández, Alicia Alonso, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Wifredo Lam (cuya aparición resulta desternillante), Miguel Angel Quevedo, Branly, Adriano Espinoza o Spinoza, José Hernández Pepe el Loco, Olga Andreu, Titón, Alberto Mora, Reynaldo Ballinas, y un sinnúmero de personajes reales, absolutamente casi todos los personajes del mundo cultural y político habanero, hasta Ava Gadner, y en otro plano, William Morgan, “un americano curioso”, que fue conocido y querido por toda Cuba como el guerrillero Bill, Camilo Cienfuegos, Carlos Franqui, e infinidad de personas que pasan con todo el peso de sus presencias reales y noveladas, y que conforman una visión soberbia de la isla, que pudo haber llegado a ser un paraíso, y se transformó, desde muy temprano, en infierno.

El título de la novela, Cuerpos Divinos, es desentrañado en su significado por una de las ninfas, más acomodada que adivina y que inconstante, quien afirma, apenas cínica, que no somos cuerpos divinos, en medio de una de las situaciones, en apariencia, más banal de la trama amorosa y amistosa. La grandeza de Guillermo Cabrera Infante renace nuevamente en ese empeño sin igual, de brindar una respuesta a esta muchacha, suficientes años más tarde como para que ya su cuerpo sea probablemente mucho menos divino que cuando ella declaró lo contrario,  a través de una gran novela que responde al summun de la duda de la humanidad, del deseo y el talento como potenciales divinos.

Zoé Valdés.

Cuerpos Divinos, Guillermo Cabrera Infante. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 556 páginas.

Video de Ricardo Vega, de una de nuestras visitas, quien conversa con Guillermo es una servidora, y se refiere a Luna, hija de Ricardo y mía.

34 respuestas a “Guillermo Cabrera Infante: De un gran amor, y de las bajas pasiones.”

  1. Cuerpos , divinos evocados magistralmente .Nos-otros vivimos del recuerdo .Gracias divina Zoe .

    un genio

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  2. La Habana de Cabrera Infante no fue la nuestra que, también nací en 1959. La Cuba de Cabrera Infante y toda la gente que la vivió y que ahora desde el exilio la añoran tanto, no fue la que vivimos nosotros. Al menos yo, no vivo con nostalgia. No siento nostalgia por una asquerosa pañoleta de pionero que tuve que ponerme, ni por el racionamiento de siempre, ni por la falta de agua, los apagones, la represión, el temor siempre como una sombra, la incertidumbre, el hambre…en fin, Esa no fue, no solo mi Habana, tampoco mi Cuba, la Cuba de los sueños de quienes vivieron en ella.

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  3. Que clara estas Iliana Curra , me encanta tu enfoque , claro y sin espacios para la duda .Te abrazo , yo tambien conoci las ergastulas , por eso te entiendo .Gracias mil.

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  4. Este comentario no es para que lo publiques, sino para que arregles algo: es Wifredo Lam, no Wilfredo.
    Yo antes tambien cometia ese error.

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  5. En este blog se han publicado, escritos por mí, más de veinte sobre Wifredo Lam, seguramente la l se me fue sin querer. Conozco y soy amiga de la familia Lam, incluso he publicado mis fotos con el pintor, así que las correciones, en este caso, las agradezco, pero es como ver la aguja en el pajar, aunque cada vez me acostumbro más al tema. Un ejemplo:

    «Esa película, su guión, me llevaron a conocer dos ciudades muy distintas, Nueva York, que adoro, y Caracas, que no me gustó nada, tal vez no me alcanzó el mes que estuve allí para entenderla. Cuando llegué a Nueva York, después de once años de no ver a mis hermanos ni a mi padre, me reuní con ellos, y mi hermano Gustavo Valdés me llevó enseguida a ver La Jungla de Wifredo Lam y un Jackson Pollock, delante de esos cuadros me sentí tan feliz de vivir y de saber apreciar el buen arte, que no pedí nada más que estar allí unos minutos.»

    https://zoevaldes.net/2008/10/13/recuerdos/

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  6. «El elogio oportuno fomenta el merito», escribio nuestro Apostol Jose Marti, muy emotivo , ilustre y empatico ese texto sobre nuestro gran escritor, que lego para la posteridad el alegre y limpido resplandor de una ciudad, que como dijo un afamado poeta, hoy no es ni la sombra de lo que en aquella epoca fue.

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  7. Fetiche de sus manos… cuànta sensualidad en sus dedos-reptadores, dedos-mandragòras… manos adventicias… me tiene pavana con la punta de sus dedos…
    Miriam Gòmez, una mujer especial… si dudas…

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  8. acabo de «googlear» rostros de Miriam… sì… es especial… su rostro es un paisaje entre melancolìa y contentamiento… me gusta la tristeza en la mirada de Miriam… y esa boca dibujando historias!…

    disculpen la digresiòn… si quien lo sabe me lee… quiero dejar constancia que tambièn son sus manos objeto de mis irrealidades…ta…

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  9. He leído varias veces tu descripción, Zoé; no porque no la entienda, sino porque se queda una atrapada, la verdad. ¡Genial! Monumental aperitivo antes del jugosísimo plato fuerte que debe ser ese libro. O viceversa.
    Dedos divinos para describir a «Cuerpos Divinos».
    Felicitaciones, y gracias. Muchas gracias.

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  10. GRACIAS ZOE YA ESTOY ANSIOSA
    POR LEER CUERPOS DIVINOS
    ESA FUE LA HABANA DONDE VIVI
    INIGULABLE E INOLVIDABLE

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  11. Ileana Curra, hace anos yo no comprendia cuando hablaba con cubanos que no anoraban a Cuba, que hablaban de Centro Habana, de la Plaza de la Revolucion, de Playa, del hospital Almejeiras? Yo me insultaba, como es posible?, pero ya he comprendido que no tuvieron la oportunidad de vivir esa Habana, esa Cuba de antes, esa de la que habla Cabrera Infante, la Perla de las Antillas!! Es un crimen lo que ha hecho esta gentuza, son Malditos, Ileana lamento que no hayas podido conocer la verdadera Cuba, yo siento mucha nostalgia, pero esa misma nostalgia me ayuda a vivir dia a dia, a veces cuando llueve, digo: huele a tierra mojada de Cuba! o a veces como a las 3 de la tarde digo: hay la misma tranquilidad que habia en mi cuadra todos los dias a esa hora, lo unico que la interrumpia era el carro del afilador de tijeras! son tantos los gratos recuerdos, tantos! Bueno saludos Ileana!

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  12. …..Se me entregaba toda entera…por frases asi ya vale la novela. Que tiene que ver mucho con tu…..»Te di la vida entera»…..senti algo en la sencillez y el desparpajo de las confesiones que las emparienta en el tono. Me gusta mucho GCI y tu articulo. Es una novela bien leida, sentida y analizada tambien, disfrutada, mucho. Era su destino ser escritor y ese mismo destino lo ha convertido en el dueno de La llave. Es el mago que posee el misterio develado: Su habana.
    Ah, en China los nombres no tienen falta de ortogrfia.

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  13. “No existe placer más luminoso que penetrar” a una Ninfa… sería mejor decir.»

    No…luminoso es poder penetrar en ese ninfetto inmortal… hundirse para flotar en sus letras y escuchar por fin un susurro inverso… Acude! Acude ahora!…

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  14. Excelente, Zoe Valdes. Se disfruta en medio de un dia lluvioso en West New York, NJ que nos va a acompanyar la Marcha por las Damas de Blanco. Casi no vivi esa Habana pero como a Ileana Curra le sucede, La Habana que vivi me deja un amargo sabor en la boca, un dolor. Vi el desmontaje de La Habana.Ese crimen de lesa humanidad, de lesa ciudad.

    Ah, ni piense en los que estan tan preocupados con una L, con un borron y otras minucias. Ahora mismo tengo que escribir sin acentos pero se sabe que hasta nuestro idioma esta exiliado; tiene que vivir, a veces asi, pues no hay tiempo para incorporar acentos.

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  15. Hola, Zoé:
    Antes que nada, felicitarte por tu extraordinaria obra… Soy cubana residente en Puerto Rico desde los siete años y profesora en la Universidad de Puerto Rico. Actualmente investigo para un libro sobre exilio y narrativa, particularmente en la obra de Cabrera Infante y Arenas, y pienso viajar a Londres en julio. Me interesaría muchísimo ponerme en contacto con Miriam Gómez, y no sé si puedes darme su correo para solicitarle una entrevista. Agradecida de antemano,
    Yolanda Izquierdo.

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  16. Gracias, Zoé, gracias. Estoy terminando «Cuerpos Divinos» y es tan emocionante leer tu artículo, disfrutar el video de Ricardo Vega y sorprendente el enlace a cubaencuentro como leer el propio libro. Me ha emocionado ver el rostro, su mirada, de Guillermo Cabrera Infante.

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