Imaginarias de un velero sumergido. Armando Valdés-Zamora.

Armando Valdés-Zamora (La Habana, 1964) Doctor por la Universidad de la Sorbonna con una tésis sobre José Lezama Lima. Licenciado en Filología en 1987 por la Universidad Central de Santa Clara, Cuba. Autor del poemario Libertad del silencio y de la novela Las vacaciones de Hegel, finalista del premio a la mejor primera novela publicada en Francia en el 2003. Ha escrito numerosos artículos y ensayos sobre la literatura cubana. Trabaja como Profesor Adjunto en la Universidad de París XII en la Escuela Superior de Gestión de París.

La editorial Verbum, España, publicó su poemario Imaginarias de un velero sumergido (Madrid, 2010).

El autor ha tenido la gentileza de permitirme publicar algunos de sus poemas:

Exilio

a Beatriz

Hay una calle de adoquines en lugar del horizonte y una muchacha que juega con un aro sobre el agua viene hasta el farol a preguntar su nombre.

Hay un campo de trigo, dos caminos sobre la hierba de un bosque de pinos y un castillo que ocupa a lo lejos el espacio del velero en la baía.

Los labios con perfume de naranja y un caracol rodando acallan por momentos la música del piano en un café del puerto.

(Las teclas del piano imitan el zigzag de un cangrejo sobre los acantilados el día en que me fui. Las teclas imitan mi naturaleza abandonada).

En vez del sol la nieve. A la espalda mojada por los peces la cubre ahora un paraguas desplegado.

-La imaginación lo ha ido cambiando todo, dice, y bebe otro sorbo de jugo de naranja.

La Beatriz de Dante en las noches desterradas de Ravena. La tierra dividida en dos en la acuarela de Klee. La esfera de Pascal y las melancolías de Cranach y de Durero. El mapamundi de Ptolomeo y de Adrisi. El ascenso por la escalera de la torre de  Montaigne, la sombra ausente de los libros en la circuferencia de su biblioteca. La ira del orgullo de Nietzsche contra los dioses y su desesperación por los ángeles crueles de Lou Andreas Salomé.

-La imaginación lo ha ido cambiando todo, hasta lo imposible, afirma. Lo imposible que ahora parto en dos al abrir esta naranja azul que no puede ser la tierra.

El grabado del velero y los dos peces se extiende en lugar del horizonte, del castillo, del bosque y los senderos, de la muchacha vestida de negro que regresa a jugar con el aro cada vez que atravieso una frontera.

-Todo lo ha ido cambiando la imaginación, insiste.

Y sobre la calle de adoquines flota el grabado del velero como otra naturaleza recobrada.

Rapsodia y dibujo.

Para Ania

Ha venido a mirarnos con la lentitud de lo desconocido. Nada podemos hacer y esa es la mayor ausencia. Los ojos y la máscara oscura recuerdan el espejo que olvidamos en alguna parte de esta ciudad desconocida. Como si no esperáramos. La duda y nuevamente el riesgo de avanzar. Mucho antes de esta sorpresa. Como si no perdonaras los restos de mi piel dejada cada tarde en los talones húmedos. Para huir. Para no despedirnos. Para que nadie sepa quién sonríe en la pared cuando mi madre abre la puerta. Porque también al mar debemos callarnos. Aunque el sueño sea el segmento del cangrejo que después quemaremos en los acantilados. O en el sueño. El mar hincándonos los ojos y la espalda mojada. Comenzar cuando no dejas de creer en las alas del humo. Nadie tiene que saber cómo has llegado. O quién llegó primero. Sólo tu color verde. Ondeando. Sólo que ya tú tampoco puedes. La luz en la garganta, la madrugada y aquel vino atroz bebido entre los charcos. El color verde en el futuro de una postal donde prometemos ser siempre los mismos. Algo estuvo ardiendo una vez en aquella ciudad sin conocernos. Dos árboles muertos y el mismo páramo para volar escondida. algo como morder el sol sin conocernos. algo tuvo que morir por separado. La asfixia de seguir en silencio junto a las gotas de agua que cayeron sobre el hacha. Acostado en cubierta. Mirando con horror otro desfiladero. Ni un pájaro golpeado por marines. Ni el sudor de la bestia en la montaña. Nuestro animal inconforme y de agua. A punto de seguir hacia las nubes. O mi voz y tu mano en la calma de encontrar la salida antes de tocar ebrios los andenes. Nuestro animal saltando desde el tren por toda La Habana a pesar del miedo, la primera vez y tanta isla.

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6 Replies to “Imaginarias de un velero sumergido. Armando Valdés-Zamora.”

  1. Conosco un poco a Armando y ahorra discrubro su trabajo, talentuoso … Viajamos con las palabras leyendole, una obra poetica y cargada de emocion y sentido … Alex

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  2. Cuanto tiempo sin leer nada tuyo (desde aquellos tiempos remotos de la Universidad)!!!! Espero poder verte pronto aqui en Miami.
    Increiblemente despues de tanto tiempo reconoci tu letra cuando la vi en la dedicatoria a Zoe y Ricardo.

    Felicidades !

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