Exposición Cementerios del mundo, en Père-Lachaise.

Me fascina visitar cementerios. A Père-Lachaise vuelvo con frecuencia, allí está enterrada mi madre. En estos momentos hay una exposición interesantísima de Cementerios del mundo. Aquí les dejo algunos videos, de la tumba de la escritora Colette, de Allan Kardec, y de la de mi madre. Volveré con videos de otras tumbas, monumentos hermosísimos.

15 respuestas para “Exposición Cementerios del mundo, en Père-Lachaise.”

  1. Querida Zoe: Siempre es el regreso a Oya. A mi tambien me gusta mucho visitar los cementarios.Es como un reencuentro con algo que no vivimos y al llegar nos parece todo tan conocido.Ademas nos da la oportunidad de retar la imaginacion al pensar que tambien ellos nos miran y saben que estamos. Esa es la retroalimentacion que se recibe al visitar la tumba de nuestros familiares,y por que no la de otros tambien a los que nunca conocimos.es un lugar de paz,si se van en son de paz,es una lugar para llenarse de buenas energias si entramos con buena energia y mucho respeto. Y al final no es mas que el comienzo de un mundo que sabemos que esta pero que nos es desconocido.Hasta un dia.
    Lindo trabajo,lo recibo con un respeto muy grande.

    Gracias Zoe.

    Luisa Mesa

  2. Eso si me duele yo nunca le he podido poner flores a la tumaba de mi madre, ni a su funeral me dejaron ir, pues la visa demoraba minimo 30 dias, y despues quieren que pidamos transicion pacifica.

  3. Qué casualidad, Zoé, a mí también me encanta visitar los cementerios. De niña me iba caminando hasta el cementerio de mi ciudad, a buscar los mejores y más jugosos mangos de la zona (con toda razón decía el Maestro que “no hay fruto como el del camposanto”). Sin embargo, luego de saltar el tapiado (no se me olvidaban los mangos, claro) no había forma de evitar recorrer aquel sosegado lugar. Lo recorría y luego me iba con mis mangos a cuesta.
    Dicen que la historia de los pueblos se resume en sus cementerios. Y es cierto. Pero más allá de eso, especialmente a mí, lo que los cementerios me producen es una gran sensación de esperanza; porque, claro, mientras podamos leer los epitafios significa que aún hay esperanzas. ¿O no?
    Más adelante me quedaría con esa manía (no la de robar mangos, ¿eh?) de recorrer los cementerios de las ciudades que visitaba. Cuando me fui a la Habana, por ejemplo, uno de mis primeros recorridos de guajira espantada fue a la Necrópolis de Colón. Y luego se me hizo un hábito, al punto de que mis compañeros de estudio comenzaron a mofarse de mi hobby dominguero. Y es que la mayoría de los guajiros reclutados en Ciudad Libertad prefería espantarse la cola del coppelia a disfrutar, como yo, de un aguadísimo frozen de 23 y 12 mientras me detenía a observar la ceremonia que seguían los devotos de Amelia La Milagrosa. Todo un espectáculo para mí, a pesar que nunca profesé creencia alguna. Desde luego, sin ánimos de ofender y mucho menos de que me tomen por chovinista, no existe en Cuba más bella necrópolis que la de Tomás Acea, en mi Cienfuegos querido. ¡Ni mejores mangos, claro!
    El cementerio jardín más extenso de todo el Caribe. Su réplica del Partenón de Atenas lo distingue por encima de todo. Imponente, todo un lujo.

  4. Como las piramides egipcias, los cementerios son nuestro intento de dejar una marca duradera en este planeta, una prueba de nuestro gusto, de nuestra abilidad.
    Es una forma de permanecer vigentes, relacionados a los seres queridos que dejamos atras, es una manera de brindarles un momento de paz, recapacitacion y meditacion cada vez que encuentren el tiempo que decidan merecemos, aunque no podamos opinar, ni producir.
    Los cementerios son museos que como naciones, demuestran sus clases sociales y sus prioridades….muchas veces desconectadas con las necesidades de los vivos.

  5. ZOE
    NO PUEDES NEGAR QUE ERES POETA
    EN ESOTERISMO SE DICE QUE LOS
    ESCORPIOS SE LIMPIAN EN CEMENTERIO
    ENTONCES LOS TAURO POR POLARIDAD
    ALCANZAN ESA LIMPIEZA

  6. Pere Lachaise es uno de mis preferidos.
    Encuentro siempre fascinantes los cementerios….
    Y si, uno nota que Allan Kardec esta alli, uno de los padres del espiritismo moderno.

  7. Desde muy chiquita yo acostumbraba a ir al cementerio con mi tia, pues habia muerto con solo 22 años un primo hermano mio, y yo era quien acompañaba a mi tia, recuerdo que ella echaba el agua a la boveda y yo le pasaba la mano con una toallita, auqnue habia un señor al que se le pagaba mensualmente, y mantenia la boveda limpiecita, yo tenia 7 u 8 años y no se me olvida, es mas cuando le he hablado a dos primos que me quedan en Cuba, siempre les digo vayan por el cementerio, vean como esta la tumba de Olivio, dejenme saber como esta todo, pero me dicen que todo esta bien, no se si es por consolarme o porque de verdad todo se ha mantenido bien, ay que tristeza! Por suerte el resto de mis seres queridos los tengo enterrados aqui, donde puedo ir cuando quiero, les pongo sus flores y les hablo…….

  8. Siento atracciòn por los cementerios… por el silencio de los muertos… en un tiempo coleccionè epitafios…algunos, fascinantes… me encantaba el cementerio de Colòn…tuve un novio que me iniciò en el turismo mortuorio. Creo que este año podrè realizar mi sueño: Parìs y Pére Lachaise al pie de la tumba de Isadora Duncan… -si me viera el Infante!-… Montparnasse y al pie de mmi Rayuela…
    Gracias Zoè…

  9. Los cementerios son un lugar de paz, de tranquilidad para quien les visita, ahí se alojan los restos de nuestra historia, nuestra cultura… ¡Que bien que Zoe escriba de ello! Trajo a mi mente imágenes y recuerdos lamentables, entre otros de añoranza.
    Las ultimas que tengo de la Necrópolis de Colón y ya hace mucho, son de destrucción deterioro y abandono. Ni los muertos y sus restos en su última morada han escapado del desastre del Castrismo. La estatalización de la propiedad para el despojo de obras de arte, el saqueo de tumbas y hasta el vaciado y tirado de restos óseos sin consentimiento alguno de familiares era algo común. Todo el que marcho de Cuba además de perder muchas cosas, perdió sus muertos y el panteón familiar por disposición del Castrismo. La corrupción, la venta ilegal de tumbas en las corruptas oficinas del cementerio y la Administración de la Habana Metropolitana también se sumaron al desastre.
    Otorgar, regalar panteones por meritos revolucionarios a familias y amistades de los mangantes en el poder se hizo un estilo para la nueva clase que creó la Revolución. Hasta para los muertos de verdugos y seguidores, para familias castristas ha establecido privilegios la dictadura. Para los de a pie, para el pueblo la imposibilidad de reparar el tenía o construirlo, allí también termino la propiedad privada. Para los nuevos muertos las fosas comunes, mal hechas, mal atendidas, llenos sus espacios laterales el centro se llenaba de ataúdes unos sobre otros que por su peso aplastaban el que tenian debajo, para la exhumación había extraer casi todos los ataúdes del agua putrefacta que llenaba la fosa, miles de cucarachas, moscas, en fin una tortura ver aquello el mal olor insoportable y allí los restos de seres queridos. Muchas de aquellas fosas comunes se limitaban a un hueco en el techo para tirar las osamentas. Las quejas y protestas inútiles, como todo en Cuba.
    Piezas y obras, tumbas talladas en mármol de carrara, panteones de hermosos vitrales, aproximadamente 70 000 objetos museables y más de 20 000 conjuntos monumentarios en 560 000 M2 permanecian deteriorados, inundados, con tapas rajadas y sin atención y mantenimiento, 2000000 de fallecidos expuestos a la desatención de sus restos como si en estado de guerra se estuviera. Ni agua para llenar los búcaros de flores o limpiar las tumbas, la higiene pésima.
    Esos son mis últimos recuerdos indescriptibles por mucho que pueda decir del Cementerio de Colon aun considerado por muchos especialistas como el tercero en el mundo por su majestuosidad y belleza…
    Me pregunto ante esto y todo ¿Descansan en paz nuestros muertos?

  10. Mis saludos para Gloria, y para Allan Kardec.
    Père- Lachaise es la ciudad de los muertos.
    Quien ignora a los muertos, es un bárbaro salvaje.
    Los vivos, están con los muertos.

  11. Siempre me gustó caminar por los cementerios de las ciudades que visito o en las que he vivido. El último en el que he estado paseando un par de mañanas deliciosas fue en el de Montparnasse.
    Gracias por ‘hacerse eco’ de los que nos sentimos bien en el apabullante silencio que nos permite oír desde muy adentro, desde muy allá…

  12. No me gustan los cementerios. De niña evitaba mirarlos siempre con la impresión de ver cosas. Ahora tambien los evito, no me siento bien en ellos.

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