Kachita. Una versión de la Carmen de Prosper Mérimée. (IV parte). Adaptación Zoé Valdés.

Partes I, II, y III.

SECUENCIA 34.- INT. NOCHE. LA HABANA. RESIDENCIA DEL EMBAJADOR EUROPEO.

Kachita baila con desparpajo un guaguancó en una tarima alrededor de la piscina de la residencia. Su cuerpo se mueve como impulsado por espíritus, puro deseo. Los invitados extranjeros la siguen libidinosos con los ojos. Algunos hombres se suben al escenario, se acercan a ella, le murmuran al oído, la acompañan en el baile meneándose detrás de ella. Mattheus observa desde lejos, pasea nervioso de un lado a otro, la mandíbula apretada, visiblemente inquieto. A punto de ir al patio, y de liarse a bofetadas con los asediadores de Kachita. Pausa de la música, un oficial ‘seguroso’, se nota por que va vestido de sahariana, se aproxima a ella con una copa de champán y le pega su bigote ensalivado en el cuello. Kachita lo deja hacer, y enseguida le entrega el doble de un fajo de documentos liados con una cinta mugrienta y envuelto en una chaqueta que un extranjero le ha pasado a ella con disimulo. Kachita esconde debajo de su falda el fajo de documentos original.

Mattheus corre a su puesto en la portería para despedirla. Afuera el auto espera a Kachita. Kachita pasa rápidamente junto a Mattheus, habla entre dientes, en señal de que no deseaba que la viesen hablar con él.

KACHITA:

-Si tú eres duro de verdad, ven a restregarte conmigo en La Bajeza, siempre voy allí o al Periquitón, tú ya sabes. Chao, papo rico.

Ligera como una gacela entra al coche con sus amigas.

CORTE.

SECUENCIA 35.- INT. EXT. NOCHE. FB. LA BAJEZA. LA HABANA.

Mattheus, hace su entrada en La Bajeza, discoteca semi clandestina, en la zona del puerto. Al letrero de La Bajeza se le ha caído de lado el ‘La’. Mattheus viste su mejor ropa, y acaricia su rostro recién afeitado. Se acerca a la barra, saluda a un cliente, y al dueño del recinto, el mismo dueño de El Periquitón, el ex boxeador Black Hole.

MATTHEUS:

-Buenas noches, padrinos.

CLIENTE:

-Si tú lo dices, ahijado, que son buenas, pues en ese caso…

(está medio borracho)

BLACK HOLE:

-¿Qué se cuenta, ‘Míster Toni Montana’?

MATTHEUS:

-No juegues con los muertos, ya quisiera yo por un día de fiesta haber sido el Toni Montana.

Kachita lo observa desde lejos. Le pone hielo al nuevo tatuaje de Cecilia encima de un seno, una copia de la Virgen de la Caridad del Cobre. Kachita pasa el trozo de hielo envuelto en una servilleta a Concha, se mete una línea de cocaína cortada con un billete de cien dólares, se para, y va directo a donde se halla Mattheus. Le toma de la mano y lo saca a la calle.

KACHITA:

-¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos? ¿A dónde vamos a repellarnos?

MATTHEUS:

-No, sé, has sido tú quien me ha invitado… Fíjate, vena’o, creo que te debo algo de cuando estuve en el tanque. El pan me lo jamé, estaba sabroso, fresquito. No te puedes imaginar lo que vale un trozo de pan fresco en la cárcel. El pasaporte y el billete de avión me lo quitó tu cúmbila, el social a quien contactaste en prisión. El dinero, los doscientos fulas, aquí están, enrolladitos tal como los metiste dentro del pan. Tómalos.

Kachita los coge, se ríe, los guarda en el entreseno.

KACHITA:

-Chino, qué bueno que has guardado el dinero, porque estoy sin fondos, en la fuácata, pero no importa. Quien guarda pan p’a mayo… Anda, papito, vamos a comérnoslo todo. Como si tú invitaras.

Lo toma un brazo y se lo coloca encima de los hombros a la vez que lo estrecha por la cintura, metiendo su mano cariñosamente en el bolsillo trasero del pantalón. Caminan, encuentran una tienda nocturna situada junto a un garaje.

CORTE.

SECUENCIA 36.- EXT. INT. NOCHE. FB. TIENDA “RÁPIDO”. LA HABANA.

Entran en la tienda Rápido. Compran frutas, pan, salchichas, dos botellas de ron. Lo guardan en cartuchos.

MATTHEUS:

-Caballero, qué verguenza, cualquiera diría que nos vamos en una balsa. ¡Qué hambre hace en esta salación de isla!

Kachita lo mira, hace como que le da un manotazo, ríe con una maravillosa risa de maldad y putería.

KACHITA:

-Chico, desalmidónate. Oye, qué estira’o tú eres. (Se dirige a la tendera) Quiero raspadura, dame mucha raspadura, y chocolate,  yemas y turrón, ¿tienes turrón del bueno, tú?

DEPENDIENTA:

(divirtiéndose con las malacrianzas de Kachita)

-A ver, tremendona, que me vas a dejar la tienda pelá. ‘Táte’ tranquila. Ave María, si parece una jiribilla.

Pagan y salen a la calle. Recorren parte de La Habana Vieja, hasta la calle Empedrado.

CORTE.

SEC. 37.- INT. NOCHE. FB. CASA DE VECINDAD LLAMADA SOLAR EN LA CALLE

EMPEDRADO.

El solar tiene en el patio central una fuente seca con una estatua del Dios Neptuno, todo por dentro está apuntalado con palos de madera, a punto de derrumbarse. Se nota la extrema pobreza. Les da la bienvenida una anciana.

DOÑA IGNACIA:

-Aquí tiene, mi ‘ñiña’ Kachita, bendito sea tu vientre, mi ‘yija’.

Le entrega la llave de la habitación número 8. Kachita arrastra a Mattheus por la mano hacia el cuarto. Andan por un pasillo exterior que conduce a las habitaciones. Kachita pone un disco en el equipo de música, un guaguancó, y se pone a bailar para Mattheus. Ríe como posesa por una fuerza sobrenatural. Sus pupilas fijas en las de Mattheus. Consigue provocarlo.

KACHITA:

-Yo pago mis deudas, te juro que pago mis deudas, y tú tendrás lo mejor de mí. Ven, mulato, dáme tu raspadura.

Chupa un trozo de raspadura. Acaricia el pecho y las tetillas de Mattheus-José con la otra punta de la raspadura, la golosina como si fuera su lengua ella se la pasa hasta el ombligo. Caen en la cama, ella toma un chocolate, le pone un trozo de su boca en la de él. Ella encima del hombre, hunde las manos en un pote de miel, embarra sus senos, embarra las entrepiernas de José.

MATTHEUS:

-No seas mala, baila de nuevo, p’a mí solo, p’a tu papi.

Kachita se retira, sale al balcón, Mattheus la observa coronada por la luz de la luna.

CORTE.

SEC. 38. INT. DÍA. FB. SOLAR EN LA CALLE EMPEDRADO. LA HABANA.

El sol entra por las persianas y despierta a Mattheus, quien se despereza rozagante, satisfecho. El suelo está lleno de envolturas de golosinas, boronillas de raspadura.

MATTHEUS:

(finge que bromea)

-¡Ay, qué feliz me siento, caray! (consulta la hora en el reloj) Ñooo, tengo que irme volando a marcar la tarjeta en la unidad.

KACHITA:

-¡Qué clase de castigo más idiota! Porque, ¿te castigaron, verdad?

MATTHEUS:

-Sí, hasta me quitaron el arma.

KACHITA:

-No vayas n’á, tú. ¿P’a qué tú quieres ir hoy? Yo puedo arreglar el asunto, a mí en este país me escuchan los de arriba… (haciéndose la importante)

MATTHEUS:

-¿Cómo que p’a qué quiero ir? No es que quiera es que tengo. Si no voy me parten las canillas. ¿Qué quieres decir?

KACHITA:

-Pues lo que oíste, corazón de melón, que p’a qué quieres volver allí. Tú eres un duro. Esos no tienen derecho a humillarte de esa forma. Y tú y yo, a partir de ahora estamos jurados, empatados ¿de acuerdo? Tú y yo podemos virar el mundo al revés si nos lo proponemos…

MATTHEUS:

-‘Okey, honey’, ¿cuándo nos volveremos a ver?

KACHITA:

-Cuando seas menos energúmeno.

Empieza a vestirse haciéndose la ñoña.

KACHITA:

-Sabes, me da la corazoná como que te quiero un poco. Pero, te advierto, chino, no te me vayas a tirar desde el trampolín de las ilusiones para estrellarte en la piscina del desengaño. Esa cosquillita que me sube y que baja no puede durar; perro y lobo no hacen pareja por mucho tiempo. Ve llevando carta, que sepas que has encontrado al diablo, que no es ni negro, ni tuerto, ni cojo; como dice el dicho: Voy vestida de lana pero no soy un cordero.

MATTHEUS:

-Por la boca mueren el pez, y Oscar Wilde.

KACHITA:

-‘Bye’, cielo. Acuérdate que cuando uno desea muy fuerte algo, lo mejor es olvidarlo.

Se marcha.

Mattheus queda indeciso en la cama, luego corre a la ventana. La llama, pero ella sigue andando sin siquiera darse la vuelta.

CORTE.

SEC. 39.- EXT. DÍA. FB. CALLES DE LA HABANA VIEJA.

Mattheus, recorre ansioso por los mismos sitios por los que paseó con Kachita. Entra en la tienda Rápido, junto al garaje. Parado delante de la dependienta.

MATTHEUS:

-No sé si me recuerda…

DEPENDIENTA:

-¿Por qué no iba a acordarme de ti? Fuiste el último hombre que vino con la Guaricandilla.

MATTHEUS:

-¿Sabe de ella? Es que estuve de viaje…

DEPENDIENTA:

-Sí, sí, sí, cómo no, igual que los demás, (esta frase entre dientes) estuvo de viaje y le perdió la pista. No, para que usted vea, no ha vuelto por acá. Ella va y viene. Igual se fue a Cienfuegos, ella viaja constantemente a provincia.

La mujer gesticula exageradamente.

CORTE.

SEC. 40.- INT. NOCHE. FB. EL PERIQUITÓN EN LA HABANA.

Mattheus entra y desde que lo ven los asiduos le evitan. Black Hole quiere escabullirse, pero él le detiene por la manga de la camisa.

BLACK HOLE:

-Asere, yo no sé n’á, soy la momia de Tutankamen, tengo cosía la boca con alambre de púa. No sé, a lo mejor anda zancajeando por Cienfuegos… ¡Esa es un vena’o, muy astuta!

CORTE.

SEC. 41.- EXT. NOCHE. FB. PATIO EN LA CASA DE EMPEDRADO. LA HABANA.

Mattheus toca con los nudillos la desvencijada puerta de Ignacia. La anciana abre soñolienta, se restriega las legañas.

IGNACIA:

-Anda en una gestión por Cienfuegos, si mal no recuerdo…

MATTHEUS:

-Mi vieja, ¿usted no me está engañando, verdad?

IGNACIA:

-Presumido, ¿con los años que tengo voy a decir mentiras?

Ignacia se encoge de hombros y le tranca la puerta en las narices.

CORTE.

SEC. 42.- EXT. NOCHE. FB. PLAZA DE ARMAS, TEMPLETE Y MESÓN DE LA FLOTA. LA HABANA.

Mattheus, vestido de civil, como vigilante de la zona muy visitada por turistas y contrabandistas. Black Hole aparece.

BLACK HOLE:

-Veo que has trabajado en serio, te has ganado de nuevo la confianza de Los Dragones.

MATTHEUS:

-No sé si he mejorado, el peligro es mayor, lo de las Brigadas Especiales no es cuento. Lo más suave es espiar a los diplomáticos. Ya después, en el turno nocturno hay más acción, contrabandistas, delincuentes que asaltan a los turistas, disidentes…

BLACK HOLE:

-Ya sé, hombre, ya sé, lo de siempre ¿Noticias de la Guaricandilla?

MATTHEUS:

-Nada de nada. Se la tragó la tierra.

BLACK HOLE:

-¿Te gustaría tenerlas?

MATTHEUS:

-Oye, compadre, eso es como preguntarle a un ciego que si quiere ver. La llevo tatuada en la mente.

BLACK HOLE:

-Eso está querido, cuadra’o ya, pronto tendrás noticias suyas.

Black Hole baja hacia el puerto. Mattheus continúa con su paseo de guardia.

En medio de la oscuridad de la calle distingue la silueta de una mujer caminando apresurada.

MATTHEUS:

-¡Alto! ¿A dónde se cree que va tan arrebatá! Tiene que enseñarme lo que lleva en el bolso.

KACHITA:

-¡Anda! No te me hagas el malo que tú no aplastas ni a una cucaracha.

MATTHEUS:

-¿Qué haces aquí?

KACHITA:

-Me he metido en los negocios, a lo grande. A lo exagera’o. Pensando en ti vine a verte, pero hablemos poco y claro, ¿quieres ganar un puñado de dólares? Dentro de un rato verás por aquí a gente con paquetes enormes. Tú déjales pasar, no te metas con ellos.

MATTHEUS:

-¡No, qué va, monada, que ya me metiste en tremenda candanga! Debo registrarles, y si traen algo comprometedor tendré que impedirles el paso, son las órdenes. No olvides que ahí mismo está la Marina de Guerra.

KACHITA:

-¿Órdenes? ¡Qué poco te importaban en la calle de Empedrado! Allí, las únicas órdenes que acatabas eran las mías, ¿no, chino?

MATTHEUS:

-Por aquello vale la pena olvidarse de todas las tareas a cumplir. Pero, te advierto, los dólares de esta gente no los quiero.

KACHITA:

-Okey, papo, y si no quieres el dinero, ¿te diría algo ir otra vez a comer conmigo a casa de Ignacia?

MATTHEUS:

-No, no puede ser. Estoy complicado.

KACHITA:

-Tú te lo pierdes, papa. Dentro de una hora van a pasar dos coches de amigos míos cargados de tabaco, y de coca, tú sabes. Júrame que los dejarás en paz, y serás recompensado como tú…

MATTHEUS:

-¿Cómo yo quiera, de verdad?

KACHITA:

-Te lo juro que mañana nos vemos en casa de Ignacia. Yo soy una salá, pero no miento.

Ella corre a avisar a sus compinches, se pierde por la calle de Los Oficios.

Al rato aparecen los coches. Del auto salen varios hombres, entre ellos Black Hole, cargados de mercancía prohibida. desde cajones con ropas de tiendas en dólares, hasta paquetes de droga, Kachita es la vigía del lado opuesto a Mattheus. La mercancía es escondida en la que pequeña calle detrás del Templete, dentro de un almacén abandonado.

CORTE.

SEC. 43.- INT. DÍA. FB. CASA DE IGNACIA EN LA CALLE EMPEDRADO. LA HABANA.

Mattheus, acude a casa de Ignacia. En el patio están dándole un bembé a Changó. Dentro de uno de los cuartos, abiertos, se observa un gran altar de la santería, rodeado de las ofrendas: La prenda mayor, merengues rojos, amarillos y blancos, naranjas, piñas, panetelas enmerengadas, plátanos, mandarinas, todo esto encima de bandejas y copas. Dentro tocan los tambores y se escuchan los cantos yorubas, mujeres y hombres de punta en blanco bailan al compás, con ritmo respetuoso. De vez en cuando alguien monta Elegguá, Changó, y Oschún. Mattheus se detiene y sigue el ritmo suave con un discreto movimiento de su cuerpo. Ignacia le ofrece un trago de ron.

IGNACIA:

-La niña no ha venido ‘entoavía’, beba despacio. No se puede sonsacar al muerto, vea… Mírela, ahí llega esa condená.

Kachita aparece vestida de rojo de cabeza a pies, es el color de Changó. No más entra y se pone a menear los hombros y las caderas, saluda a los amigos, y luego se para frente a Mattheus. Ignacia se les aproxima.

SANTERO:

-Qué bolá, ahijada, ¿qué se cuenta? Ven a saludar al santo.

(se saludan tocándose con los hombros, él la arrastra hacia el interior donde se halla el altar)

KACHITA:

-Aquí, padrino, suave, fresca, y bajita de sal.

(Kachita se acuesta en el piso frente al altar, besa la estera de los caracoles, extrae veinte dólares de su entreseno y los pone en la jícara, bailando de frente al santo, sale de espaldas hacia el patio)

-Mis respetos.

IGNACIA:

-Toma, la llave. Y me dejas el cuarto ordenado, que la última vez aquello parecía un chiquero de puercos.

KACHITA:

-No, mamita, no hará falta llave. Sólo voy a hablar claro con éste, y para eso no hace falta llave, y menos cama. Ven, nené, vamos al comedor. Entran en una habitación amplia, ella cierra la puerta, y el ruido amaina.

MATTHEUS:

-¿Por qué le dijiste que “no queremos” un cuarto, tú contaste conmigo acaso?

KACHITA:

-No me gusta la gente que se hace de rogar, la primera vez que nos vimos me hiciste un gran favor sin saber si ganarías algo, y como te prometí, pues fui muy generosa contigo. Lo de ayer fue puro negocio, no niego que estuviste muy a tono, negociaste conmigo como si  yo fuera una mercancía y no lo soy. Y para que lo vayas sabiendo, ya no me gustas. Te cité aquí única y exclusivamente para darte tu parte en el botín, y nada más.

Introduce su mano en la bolsa roja bordada en lentejuelas y saca un fajo de dólares enrollados que extiende a Mattheus.

MATTHEUS:

-Chica, ¿tú eres sorda o sonsa? Te dije que no me interesa el dinero. Te quiero a ti.

KACHITA:

-¿Cómo me quiere el señor, en salsa o a la parrilla? Mira, no jodas, y encárnate en otra. No te mandes más anónimos. Ya conmigo tuviste suficiente. ¿Quién te crees que eres?

MATTHEUS:

-¿Eh, qué te pasa, Kachucha? No te me alteres que aquí el único que puede enfermarse de los nervios soy yo. Y yo seré lo que tú quieres, pero tú eres una puta… (la palabra se le traba en los labios)

Kachita le da una bofetada, tira el dinero al suelo delante de los pies de Mattheus y se marcha. Mattheus coge el fajo de billetes, y hace la mímica de gritarle la palabra ‘puta’ a Kachita a sus espaldas, pero sólo la mímica, la voz no sale de sus labios.

KACHITA:

(regresa y se le encara)

-Y si eres machito y tienes los pantalones bien puestos pégame, pégame, que se te va a caer la mano, dale, que te tumbo el alma de una escupí’a.

Mattheus hace ademán de golpearla pero se contiene. Ella corre hacia la calle. El se dispone a salir también e Ignacia se le cruza adrede en el camino. El toque de santo está en su apogeo.

IGNACIA:

-Aunque no hayas utilizado el cuarto me tienes que pagar. No te me hagas el vivo, ¿o tú crees que yo como tajá de aire y fritura de viento? Mira, cuántos bellacos tengo que alimentar, sin contar a los santos, que cada día piden más sacrificios. Oye, que en esta isla uno nace con una cruz atravesá en salvas sean las partes… (esto lo dice bajito)

Mattheus tira del fajo un billete de a veinte y se lo entrega a la anciana.

IGNACIA:

-Puedes venir cuando te cante la gana, siempre serás bienvenido. Ay, Mattheus, (le guiña un ojo) sí, chico, yo me entero de todo, tu verdadero nombre es José, pero allá en Miami ´de donde te mandaron- te decían Mattheus. Nunca me han pagado de modo tan generoso un cuarto. Tú y yo vamos a entendernos.

CORTE.

12 respuestas para “Kachita. Una versión de la Carmen de Prosper Mérimée. (IV parte). Adaptación Zoé Valdés.”

  1. Esta fantastica! tremendo punto Kachita! como dirian en el Cerro «es la chevere del barrio» ay me encanto lo de «guaricandilla» y «sala» hacia rato que no oia eso, tremendo recorrido por la Habana Vieja! Saludos!!

  2. Tu y yo conocemos bien ese patio de la Calle Empedrado. Con la fuente y todo…

  3. Quierida Zoe: Kachita cada dia metiendose en mas problemas,ese caracter de ella,me encanta!!!.Ignacia divina,toda en control de sus santos y de la gente.
    El Altar bello,me vi en el lugar,senti el sonido de los tambores,los olores y el sudor.Hermosa la toma!!!.
    Gracias por darnos cada dia una razon mas para despertar.

    Gracias Zoe.

    Luisa Mesa

  4. Sigue la trama. Muy buena, aunque confieso que me habría gustado saber qué hacía Kachita por Cienfuegos. Más adelante, tal vez. Gracias.

  5. ¡Tremenda la Kachita!

  6. «Kachita los coje, se ríe, los guarda en el entreseno»

    Kachita, coger es con G, je,je,je

    Excelente adaptación, Zoé.

  7. Es un personaje emblemático, y bien logrado.

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