La voz inevitable. Ángel Cuadra. (Premio Emilia Bernal, 2010).

 

LA VOZ INEVITABLE

 

Amigos,

Les digo que quisiera

No haber escrito estos poemas.

Porque,

después de tanta muerte

-muerte diaria de celdas, de angustia, de impotencia-,

Es de esperar que diera el canto de la vida,

Que promete y levanta.

Y no he podido,

Amigos.

Dejé las rejas atrás

-hace minutos o siglos… no distingo-,

y aún me cuelgan pedazos de cadenas

que arrastro por las calles.

Las calles por las que amé hace años,

que transité con libros, con premura,

con luchas y con sueños:

todo lo que al regreso he ido a recobrar

y sólo encuentro tedio.

Me hecho la promesa de callar,

y no he podido, amigos.

Estos son los poemas de la otra verdad,

que alguien la recoge y la padece.

Y no he podido, amigos,

encarcelarla en el silencio.

INTROITO

 

Los señores del odio,

los nuevos gerifaltes,

oligarcas de estreno,

ordenadores del escarnio,

albaceas ahora de ancestrales venganzas;

ustedes que en los oídos de los pueblos

estallan los obuses de sus “justicias sociales”;

ustedes, microfónicos mentidores,

autoapoderados de los pobres,

autoelegidos capitanes proletarios;

ustedes, encubiertos mesías,

hipócritamente encolerizados;

ustedes, ofrecedores de futuros panales;

ustedes, técnicos del engaño;

ustedes, técnicos del insulto;

ustedes, técnicos de la muerte…

ustedes nos enseñaron este idioma que traigo.

UNA NOCHE, CUBA 1963

 

Bajo la noche de aguas ancestrales

se extiende la ciudad.

Trópico de altos peces

y piel de sol.

Escenario de eléctricas agujas,

la Isla es el testimonio que arde y crece.

Cuba, aquí entre banderas,

estremecida de himnos y de escamas.

A Maquillaje gris, a polvo denso,

la ciudad tiene un rostro formidable.

En el día irrumpieron los desfiles

de cañón en reposo y bala atenta.

Hombres de frentes graves

con mirada geométrica, marchaban.

Caminaba la risa de los niños

Como trigo meciéndose entre filas.

Todo era animación de sindicatos,

oleadas de carteles y sones de consignas.

Palomas blancas, con la Paz, al viento.

La multitud subiendo por la espiral del himno.

Ahora, en la noche, la alegría tiene

oficiales contornos.

Con carteles de júbilo

la ciudad se atavía.

El pez oscuro de la isla tiene

escamas encendidas.

Cuelgan palabras por los edificios:

Paz. Futuro. Trabajo.

Las fábricas sacaron a la acera

grandes pizarras con sus estadísticas.

Muchachas sin cosméticos custodian las vidrieras,

mientras el rifle les eclipsa el seno.

Los “compañeros” organizadores

Llevan los extranjeros por el mapa,

Con un orden perfecto

de visitas y aplausos.

¡Paz! ¡Futuro! ¡Trabajo!

La ciudad ríe boca arriba

con corteza de luz.

Crece la madrugada.

La quietud ancla su velamen.

El viento de los trópicos arrastra

palabras muertas y papeles juntos.

Un visitante lúgubre desciende

Sobre el cemento y el asfalto mudos,

y en la mazmorra sórdida

contra un muro de espanto,

como si un túnel de odio vomitase

su lava oculta,

Un joven cae fusilado y puro,

y muere en su rincón la Libertad.

LÁMINA (de un libro en francés)

La pérdida del reino que estaba para mí.

Rubén Darío.

“Une petite ville de France”.

No importa el nombre.

Es un pueblo cualquiera que se asoma en un punto

para decir que existe aún la vida

y la paz transcendente

y esa dulzura que desciende sin prisa, sin sonido,

en un lugar del mundo

donde se puede todavía decir:

-Mira allá el cielo abierto,

vamos allí a la iglesia acogedora,

hoy los árboles son verdes,

ha llovido,

las campanas tocaron a su tiempo,

hay un espacio para amar la tarde desnuda;

ven, que los siglos caen para el hombre

y la vida se enciende como un fósforo azul…-

Déjame hundirme, ¡ah, petite ville de France!,

entre tu cuerpo innominado,

y ser ese pedazo de tiempo que transcurre sobre un puente,

y el mediodía lento, demudado,

o la tarde con aves,

el techo gris que cubre dos voces que se aman

o dos cuerpos eternos en el lenguaje inmemorial,

o la acera que devora una lágrima

o algún grito de humo que arrastra su fantasma

y da al instante una plasticidad unmóvil.

Sigue la vida, existe…

¡Ah, petite ville de France!,

Pudiste pasarme inadvertida

Bajo mi paso ardiendo sobre mapas gigantes:

“la pérdida del reino que estaba para mí”.

El Sena por beber

y París inmediato, tocado aí

como cintura o seno o piel exacta…

Y más aún:

el mundo, el ser, la vida, el turno mío,

mi hora… el punto de la luz!

Se me va resbalando de las manos;

huye, arrastra la frente,

se borra la acuarela imponderable:

verdes, blancos, opacos, rojos casi,

nada… colores de humo… nada.

Aquí en la cárcel

los ángeles caídos,

la mueca gris del malo triunfando su muerciélago,

la gota lenta, espesa.

Entre manchones sórdidos

mueve la vida su derrumbe,

su despacioso aceite.

Y tú, de pronto, petite ville de France,

(habla con voz de miel tu lámina),

que te hubiera ignorado mi planta

tu hojita imperceptible volada en mi carrera,

te levantas,

y eres esa paz trascendente,

ese punto importante

en donde las campanas

y las calles,

los pequeños asuntos,

la carne desnuda del tiempo

y el misterio recóndito del polvo de tus puentes,

con su fósforo azul iluminan la vida.

«Ángel Cuadra nació en La Habana, Cuba. Se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad de La Habana y en el Seminario de Artes Dramáticas del Teatro Universitario en La Habana y en el Seminario de Artes Dramáticas del Teatro Universitario. Fue uno de los fundadores del Grupo Literario Renuevo, en 1957. Y ejerció la profesión de Abogado durante once años, hasta 1967.

Opositor también de la dictadura de Fulgencio Batista, antes de 1959, fue detenido en 1967 por actividades políticas subversivas contra la dictadura castrocomunista, y sancionado a quince años de prisión. En octubre de 1980 el PEN Club de Suecia lo nombró «miembro de honor» del mismo. En marzo de 1981 Amnistía Internacional lo seleccionó como ‘el prisionero de conciencia del mes’ en el mundo.

Emigrado a Estados Unidos en 1985, obtuvo una maestría en Estudios Hispánicos en la Universidad Internacional de la Florida, donde es actualmente profesor adjunto en el Departamento de Lenguas Modernas. Es, además, profesor del Seminario de Teatro Prometeo, del Miami-Dade Community College. Y desde hace algunos años escribe una columna semanal en el Diario Las Américas.

Ha publicado los libros de poesía ‘Peldaño’ (Cuba, 1959), ‘Impromptus’ (E.U., 1977), ‘Tiempo del hombre’ (España, 1977), ‘Poemas en correspondencia’ (E.U., 1979), ‘Esa tristeza que nos inunda’ (Selección, España, 1985), ‘Fantasía para el viernes’ (E.U., 1985), ‘Las señales y los sueños’ (Teruel, España, 1988), ‘Réquiem violento por Jan Palach’ (E. U.., 1989). Y el ensayo ‘Escritores en Cuba Socialista’ (E. U., 1986).

Ha ganado, entre otros, los premios de poesía ‘Rubén Martínez Villena’ (Universidad de La Habana, 1954), ‘Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos de Nueva York’ (1958), ‘Premio Presidencial del PEN Club de Los Ángeles’ (E.U., 1986), ‘Premio Amantes de Teruel’ (Teruel, España, primer hispanoamericano en obtenerlo) y ‘Premio de Poesía José María Heredia’ de la Asociación de Críticos y Comentaristas de Arte (ACCA, E.U., 1993), por su libro ‘La voz inevitable, que ahora se publica.

Sus poemas han sido traducidos al ruso, al alemán, al sueco, al inglés, y al francés (añadido mío).

‘La voz inevitable’ es el resultado de las experiencias tenidas por el autor en su participación en la lucha política frente al régimen dictatorial y despótico en que desembocó la revolución cubana. Los poemas que integran este libro de sobrecogedor testimonio son -como diría su autor- la otra crónica de la historia de su país, en la etapa que le tocó vivir y participar. Son la versión de la realidad de este largo proceso de totalitarismo y convulsión por el que ha atravesado Cuba, vista y descrita desde una perspectiva distinta a aquella desde donde la presentan ante el mundo los escritores oficiales de la dictadura gobernante.

De esta suerte, el libro constituye un reto ante los ojos y la opinión del mundo, a los que el autor convoca a observar y ponderar lo que califica, en buena lid, como ‘la otra verdad’.

El poeta sabe y asevera que la poesía de tal contenido es un canto epocal: describe lo transitorio. Sólo lo salvan su honestidad y su calidad literaria. En ‘La voz inevitable’ están presentes esas dos cosas.

Para salvar aún más en el tiempo el testimonio en que el libro consiste, el autor lo finaliza con dos alegorías, con lo cual eslabona lo acontecido en su país en un momento histórico, con la constante que se repite en cualquier espacio y cualquier tiempo donde el hombre deja la huella de bien y de mal a su paso por la vida.

Con este formidable recado, la voz del poeta se hace ‘inevitable’.

(Palabras tomadas de la contraportada). Ediciones Universal,1994.

4 respuestas para “La voz inevitable. Ángel Cuadra. (Premio Emilia Bernal, 2010).”

  1. Sì… testimonio poètico… rezuma honestidad… «un hombre cae fusilado y puro»… Angel Cuadra, me tristezas… Gracias, Zoè… que el dìa te vaya como quieras…

  2. Ahora me interezo mucho mas por esta personalidad .

  3. Se me adelanto moramai con la cita del verso «Un joven cae fusilado y puro», al que cierra una poderosa imagen de la Cuba cautiva, » y muere en un rincon la Libertad». Ha sido una fiesta deleitarse con esta breve antologia de ese gran poeta y luchador contra el totalitarismo castrofascista.Resaltan imagenes que valen por ensayos, entre otras, «Hombres de frentes graves/ con mirada geometrica, marchaban» y enseguida visualizamos a aquellos bloques macizos de soldados y milicianos desfilando como tuercas frente al despota usurpador, operetas que ordenaba ejecutar numerosas veces al ano, para deleitar su siempre insatisfecha egolatria, hasta que se desinflo la vaca rusa, con tantas garrapatas pegadas a su eslava ubre,sobre todo la mas chupadora, la barbada. Felicidades al laureado autor de tan esplendidos poemas y a Zoe por difundirlos, que honrar honra, como expreso nuestro Apostol.

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