De los solares habaneros III: La auténtica aristocracia solariega.

DE LOS SOLARES HABANEROS III: LA AUTÉNTICA ARISTOCRACIA SOLARIEGA.

La mayoría de los solares habaneros, como ustedes saben, habían sido antiguos palacetes o residencias de españoles, criollos de alcurnia, de aquellos representantes de la llamada sacarocracia; cuando regresaron a España o sus descendientes se mudaron a los nuevos barrios del Vedado, que fue a donde se trasladaron en un movimiento de riqueza social relevante, la mayoría de la clase media y de la clase media baja ocuparon esos palacetes, convertidos en solares y casas de huéspedes. El solar donde yo vivía era una vieja casona colonial, con el patio central clausurado y puesto al servicio de un almacén estatal (a partir del año 1959, donde se decía que se guardaban armas).

El inmueble tenía solamente dos pisos, con la cuartería correspondiente, los baños colectivos, y la azotea, mi lugar predilecto, donde me encerraba en la jaula de las palomas, a jugar a las postalitas (tapas de usadas cajas de fósforos), de las que ya poseía un paco de este tamaño que le daba envidia a todos los niños del barrio. Con lo otro que le di mucha envidia a la chiquillería de mi barrio fue con mi carriola de palo, y la chivichana, también de palo, construida con las ruedas de aquellos horrendos patines alemanes o rusos que pesaban un quintal en cada pie. Además yo usaba botas ortopédicas. Las puertas eran de madera, carcomida por el tiempo, pero las familias habían instalado ganchos para mantenerla entreabierta y que el fresco pasara a través de una cortina fina de tela que se colgaba de un clavo a otro para que los chismosos no se dieran banquete.

Enfrente del solar donde yo vivía, llamado El Solar del Reverbero, aunque hubo otro con idéntico nombre, se encontraba una imprenta. Allí también me refugiaba a observar cómo aquellos rollos de papeles gigantescos eran transformados en libros, en periódicos, en afiches. Allí trabajaba Agustín Iturbide, el padre de una amiga mía, que nos hacía unos libretones gruesos rayados que me encantaban, para la escuela, y me regalaba los plomitos con las letras a relieve. Mi tesoro era aquel nailon repleto de barras de plomitos. Embadurnándolos en betún de zapato los colocaba en las páginas en blanco e inventé un idioma al que llamé Ñifá, y que era un derivado de aquella jerigonza del Chitú Chivas Chia, Chila, Chies Chicu Chie Chila, pero en lugar de usar el Chi como entrada de sílaba, usaba el Ñifá. Lo que se convirtió en el barrio en un código para pasarnos secretos entre los pandilleros. Y así hablábamos también con Los Muchos, que eran los hermanos del edificio de al lado de la imprenta: una familia de doce varones, y una hembra medio raquítica que hacía el número trece, a la que llamaban Mamota. A mí me llamaban Mamita, Niña, Tú, Pestillo, Soga, Azogue (estos últimos con el objetivo de burlarse de mi nombre). Ese idioma inventado fue una pequeña revelación en el barrio, a mí me pareció transcendental, pero no pasó de soltarle la mano a mi madre unas cuantas veces en aquellos gaznatones voladores que hicieron de mí la zorra que fui. Bofetones van, bofetones vienen, dejé de ser contestona para mascullar revirones de ojos con la niña de los ojos, que me enderezaban con jalones de orejas.

A mi colección de plomos de imprenta empecé a añadir los tornillos que botaban de la ferretería La Mina, y las piedras que me iba encontrando en el camino. Siempre he sido una gran recogedora de piedras. No puedo evitar pisar una piedra y dejarla botada. Por eso a veces, como Virginia Woolf llevo los bolsillos llenos de cambolos. Claro, me la pasaba respondiendo con pedradas a las pedradas de los varones. En mi cabeza llevo varias huellas de los blancos de aquellos tirapiedras fabricados con los gajos de las matas. Con las piernas que he recogido en toda mi vida hubiera podido mandar a construir otro solar.

En aquel solar vivían músicos negros que lo mismo bajaban un tremendo piano clásico que metían p’a guaguancó en latas de luz brillante. Eran personas de una excelente educación, y cuando en Cuba se perdieron los tenedores en las ferreterías (sólo vendían cucharas), la madre de Julia, Blanca Rosa (la negra de la que hablo en mi novela Café Nostalgia a la que la bauticé como Nieves), que se vestía con unos vestiditos entallados en la cintura, y tenía el talle largo y combado, y las nalgas de pico, y una tabla de pecho preciosa, toda huesuda, los dedos finos de pianista, le regaló a mi abuela unos tenedores lujosísimos del tiempo de ñañañáseré, decía mi abuela contentísima, toda temblorosa ante los brillantes cubiertos. Blanca Rosa fue la que me enseñó a coger los huesitos del pollo, del ala, y tirar ella por un lado, yo por el otro, y a la que se quedara con la parte más larga del huesito se le cumpliría el deseo que había pedido. Blanca Rosa era prieta tizón, pero de rasgos finos, descendía directamente de aquellos esclavos que probablemente fueron reyes en su África natal. No conocí a un blanco que pasara indiferente frente a Blanca Rosa, todos los blancos estaban puestos babea’os para aquella imponente mujer con un cuello que ya quisieran muchos cisnes. Ella sonreía ante los piropos, la mayoría muy finos, otros groseros, pero ella invariablemente sonreía de manera educada y poniendo una distancia cálida e inclusive agradecida. La casa se le llenaba de discípulos que iban a estudiar piano y aunque ella intentó que yo deviniera una excelsa pianista lo único que consiguió fue que cuando sus hijos se ponían a batuquear las latas de queroseno yo me pusiera a menear el fambeco y a chancletear con mis chancletas de palo de la ferretería La Mina, que tenían una tira negra de goma, que me brotaba un verdugón en los pies que luego se convirtió en marca indeleble, y que mi madre me retratara con un piano de mentira en un estudio fotográfico, ataviada con las joyas que mi padre me regaló (enviadas a través de mi tía Gladys) y que una enfermera ladrona me robó en un baño de un hospital en uno de mis primeros ataques de asma.

De la calle Muralla, la calle de los polacos, emanaba un perfume a anís y a telar, de los telares y tiendas de telas polacas, o sea de los almacenes judíos. En la esquina de Inquisidor estaba el Puesto de chinos, y la Heladería El Anón, situada entre los chinos y los judíos.

Cuando veo una película sobre los primeros años del nazismo, no puedo evitar comparar aquellas colas de personas marginalizadas por el horror, con las colas de nosotros, con cubos en las manos, esperando para recoger agua en la pila del garaje subterráneo del Parque Habana. A las seis mi madre y yo salíamos con los cubos, mi abuela con las cazuelas, y el barrio se apelotonaba en una especie de trenza china lezamiana que le daba la vuelta al parque tres veces para poder almacenar el agua que no llegaba a las casas. En esa cola veíamos al maestro Godínez, al que todos llamábamos Doctor Godínez, un gordo mulato pecoso, de cachetes mofletudos, dientes botados, absolutamente miope, que había sido propietario de una escuelita privada de barrio en la calle Obrapía –si mal no recuerdo-. El castrismo le quitó la escuela, se la cerró, y él empezó a dar clases de sexto grado en mi primaria República Democrática de Viet-Nam. Fue el mejor profesor que he tenido en mi vida. Luego, el segundo mejor profesor fue el director del Concentrado Carlos Manuel de Céspedes, en la calle Acosta, donde terminé mi sexto grado. También era un negro prieto, muy delgado, de pómulos prominentes, dientes blanquísimos, bastante amanerado, cuyo nombre y apellido era Andrés Puga o Pugás. Vivía en la calle Salud, cerca de la mueblería que había pertenecido a mi padre, divorciado desde los dos meses de mi nacimiento de mi madre; pero se desplazaba cada día hasta La Habana Vieja para trabajar en la enseñanza escolar, su orgullo era ser maestro.

Otros vecinos, amigos de Godínez y de Puga, maestros que habían trabajado en colegios privados, maestras que habían estudiado en la Escuela Normal, y que nos repasaban a mí y a los demás niños del solar, habían preparado a muchísimos médicos y profesionales importantes de Cuba. Por allí pasaban los doctores de las antiguas Clínicas, agradecidos, a llevarles algún regalo de cumpleaños o Navideño. Yo nací en una de esas Clínicas, la Clínica Reina, con el doctor Ganganelli, gracias a que mi madre, una simple camarera, había ahorrado y pagado puntualmente esa clínica, y también la de las Católicas Cubanas, con su salario de dependienta.

Esas personas, inolvidables para mí, constituyen la verdadera aristocracia de los solares habaneros, a su enseñanza me referí tímidamente en mi primera novela Sangre Azul. Todos aquellos que vivían en esos solares habían podido estudiar y superarse antes del Año Fatídico: 1959. Lo hicieron lo mismo en colegios privados que en los públicos, incluso estudiaron y se graduaron en la Universidad.

Miriam Gómez me señala lo siguiente por email:

“Guillermo cuenta en La Habana para un Infante Difunto la vida de lo que era considerado el peor solar de La Habana, el solar de Zulueta 408, muchos de sus amigos también vivían en solares y al igual que Guillermo fueron al instituto, pudieron estudiar inglés por la noche, en escuelas gratuitas y se hicieron médicos, dentistas, y lo que quisieron. Guillermo fue al Colegio de Periodistas, y esto sin ser esclavos de ningún gobernante. La diferencia estriba en que, el peor solar de la Cuba Republicana era un hotel de primera comparándolo a lo que se vive en un solar en la Cuba hoy y en la que te toco vivir a ti, que tuviste la mala suerte de nacer después de esa monstruosidad.

Yo también viví en un solar, fue y es un tiempo maravilloso en mi recuerdo, pues en mi solar vivía un músico de la orquesta de Jorrín y su niño, un negrito precioso y muy bien educado, era de mi grupo y nos enseñaba a bailar y oíamos el último cha cha chá, antes de que se estrenara al público.

Me gustó mucho tu narración y me da la medida de la suerte que he tenido al nacer y vivir en mi CUBA REPUBLICANA.

Un beso. Miriam ».

Yo puedo decir que alcancé a convivir con aquellas personas que para mí era reyes y reinas de la buena educación, amables, generosos, jaraneros, y trabajadores.

Luego llegó la tralla mala, la morralla castrense, la retama de guayacol, y debo decir que los negros y mulatos eran los que menos. También había mucha blanquita sucia pendenciera haciéndose pasar por la Reina de Saba y puñados de blancos descarados y guaposos, los aseres y los moninas de la nueva clase, que vivían del cuento, y que inundaron los solares para hacer creer que toda la vida habían sido de familia humilde, o sea pobres. Colosal mentira. Pero no olvidemos que con el castrismo el deporte nacional empezó a ser la doble moral, y el doble lenguaje. Y “pobres” es la condición máxima para ejercer el segundo deporte nacional: el de la mendicidad internacional.

Zoé Valdés.

Fotos:

Cumpleaños de Pepito. Pepito sopla la vela entre sus hermanos Andresito y Maritza. En el extremo derecho (de ustedes) mi primo y yo. Las Coca-Colas eran de adorno.
Cumpleaños de Pepito (el mismo). Las Coca-Colas eran de adorno.
Otro cumpleaños de Pepito. Yo estoy con el pelo a lo macho entre Esther y creo que se llamaba Beneranda. Mamita detrás de su hermanito, al lado derecho de Pepito. Mi primo detrás de Pepito.
Yo de pianista, con un piano mudo, gracias a Blanca Rosa, pero sobre todo a mi madre.

33 respuestas para “De los solares habaneros III: La auténtica aristocracia solariega.”

  1. !!!Zoé son un gran regalo tus entrañables recuerdos!!!
    Especialmente ese piano mudo; entre reyes y reinas…muchas gracias.
    Ejemplar lección a los «grandes escribas», que crecieron «entre porcelanas plásticas»y una mala memoria lamentable.!!!!Bendiciones a todos!!!!
    un abrazo grande-eve.

  2. Gran honestidad y gran coraje, Zoe.
    Tu fuerza.

  3. Cautivante serie.
    Tantos recuerdos me trae, de mi pubertad en La Habana, los maestros inolvidables…
    Gracias por darnos tanto.

  4. Muy bien escrito, que nostalgia de una epoca que no volvera. Recordar a los amigos de siempre, la familia extendida y las cosas buenas de la vida. En mi caso me recuerdo de muchas cosas por ejemplo: patinar en el parque frente a palacio, bajar por el prado hasta el castillo, de ida y vuelta.

    Zoe muy oportunos tus recuerdos y como estamos epoca de navidad, es justo recordar o revivir los buenos momentos de la historía particur de cada uno.

    Además de paso recordar(les) que Cuba antes del naufragio era una sociedad infinitamente superior a la construida (destrozada) por estos comunistas de mierda.

  5. TE ADMIRO TANTO
    SABES VIVIR INTENSAMENTE

  6. Los solares no fueron un privilegio solo de la Habana, en Cuba existieron muchos y famosos, de ellos salieron grandes figuras de todo tipo…Muy buena la descripcion de sus vivencias personales, aun siendo los solares lugares de contradiciones extremas, mostraban vida incipiente, tendencias y orgullos, la busqueda por la prosperidad nunca desaparecio de sus habitantes de todas las gamas y pintorescas actitudes, sin embargo hoy la vida para los cubanos es peor y mas llena de desesperanzas que los pequenos solares de antano….Cuba es un gran solar que ha perdido su techo y su dignidad…..Recomiendo leer en Diario de Cuba, las respuestas a una entrevista a Yoani Sanchez, aquellos con raciocinio y dignidad limpia pueden evaluar el contenido de las respuestas….Quiero el brillo de dos Estrellas para el futuro de nuestra Cuba Soberana, que ninguna estrella empane el brillo de la otra…..Carlos Perez

  7. Gracias Zoe, el verdadero regalo eres tu; eres un tesoro.

  8. Zoe’ tiene un desarrollo frontal impresionante.

  9. Los mas superdotados tiene el lobulo prefrontal mas desarrollado pero circumvolutivo, o sea, que abulta menos alante pero se extiende mas hacia atras(Jose Marti, Fidel Castro).

  10. La verdadera realidad de la Cuba republicana ha sido distorsionada, tergiversada, menospreciada y escamoteada con toda idea y malicia por el castrismo, que SIEMPRE ha vivido de la mentira, y no puede existir sin ella. Es como el aire que respira. Sobra decir que casi todo el mundo libre ha aceptado esas mentiras, por las razones que sean, y las ha mantenido en pie por medio siglo. Y la farsa sigue.

  11. Estimada Zoe quiero darte las gracias por estos tres cuentos autobiograficos en ellos se siente se huele el olor de Cuba me han gustado las tres partes las he leido con gran interes que tengas junto a tus familiares una buenas y magnificas navidades llenas de amor y prosperidad

  12. Y por cierto, nena, tienes un aire de diva en ese piano que ni la Manfugás.

  13. El Dr. Oscar Elias Biscet tiene la frente amplia y limpida.

  14. Me encanto, las bofetadas me dolieron mucho, pero era asi como se criaba, Gracias a Dios mi mama era mas dialectica o yo menos travieso. ME paraliza, no puede uno leer esto sin compararlo con nuestra propia vida. Cuando pienso en esa niñez solo pienso en tanta gente buena de mi guajiro barrio que no ha salido de alli nunca en su vida, ni siquiera a La Habana y mucho menos visto el mar.

  15. Memoria y corazón admirables. Típicas las fotos. Gracias por esta nueva entrega.

  16. En mi opinion, el mejor anecdotario que ha salido de tu pluma, Zoe’.

  17. UHHHUUUY, viro y lanzo la piedra, y el negrito cabezaeclavo cayo fulminado. – Lila, que paso con esa morena que se aparecio en mi consulta? Le di 5 pesos.

  18. – Oye, Lila, han visto al Guarro y la manejadora montados en una moto con un tipo. (Mira Oscarito toma un poquito de esto que esta bueno) – Ah, por eso es que llegan a la casa y se rinden!

  19. Marianao, que bonito eres!

  20. Querida Zoe: La foto con el piano: Dulce,nostalgica.BELLA!!!.
    Toda la serie sobre El Solar,maravillosa,gracias por darnos un pedacito mas de tu vida y de tus recuerdos.

    Gracias Zoe.

    Luisa Mesa

  21. Me ha gustado mucho su narracion de los solares. Aunque usted define bien quien es usted en las fotografias, en la del piano usted tiene una expresion que hoy en dia aun la mantiene y es desde la parte superior de su labio hasta la parte de las cejas, pues me he fijado en otras fotos suya, mas joven que ahora y mayor que las que aqui muestra y es igual la expresion, hay personas que de ninnio no mantienen esa expresion y la van perdiendo a medida que van llegando a la adultez.
    Me ha traido muchos recuerdos esto del solar porque aunque no vivi nunca en ninguno, si tuve muchos amigos que si vivian, cuando eramos ninnios, yo soy de buenavista y hace un tiempo, ahora no me acuerdo, comente sobre los solares donde vivian mis amigos a los cuales, a personas que vienen del barrio le pregunto por ellos, algunos se mudaron de alla, otros murieron y otros se marcharon para la yuma. Parece que habia varios solares del Reverbero, a una cuadras de mi casa habia uno que se llamaba asi, a dos cuadras otro que se llamaba Medio Metro y otro que no recuerdo ahora el nombre, en todos tenia amigos, pero realmente alli vivian personas humildes, vivia un sastre, musicos, albanniles, trabajadores de la construccion en general y otros de dependientes en bodega. Pero esas cosas como otras muchas mas y experiencias vividas yo las llevo como que son las que me identifican como ser, como mi yo, son las que en esta existencia me definen como un ente viviente distinto al otro, son cualidades, experiencias o caracteristicas que con ayuda del nombre me clasifican . Espero haber podido explicarme lo que realmente quiero decir. Verdaderamente lo digo, blogs hay mucho, pero este especificamente hay momentos que me sorprende y me refresca la memoria , me estimula la nostalgia y me da mucha alegria, sino miren ultimamente, los musicals, La Rumba, los que le cantaron a las Christmas, en fin, para mi suer joyas, no me cansare de darle las gracias, por estos momentos.

  22. Zoé, querida, tu proverbial generosidad nos ha hecho el MEJOR REGALO DE NAVIDAD QUE SE PUEDA RECIBIR: MEMORIA Y DIGNIDAD. ¡GRACIAS!!!

  23. Que maravilla! gracias por mantener vivo siempre el recuerdo de Nuestra Cuba, de aquella que fue, yo me pasaba el dia con la jerigonza, me encantaba y asi de vieja a veces me pongo a bobear con eso, felicitaciones Zoe por todos esos recuerdos, me encantaron las fotos del cumpleaños y la tuya de pianista. Saludos!!

  24. Un ensueño esa foto junto al piano. Corrijo una parte de mi comentario anterior. De típica nada: sólo tú serías capaz de sacarle acordes a un piano mudo. Como de hecho lo hiciste. Y lo haces.
    Gracias.

  25. Gracias por tus recuerdos que nos llevan a los tiempos pasados. Te admiro.

  26. Escribiendo este tipo de cronicas eres insuperable.

  27. Zoe,

    Me alegro mucho que hayas usado las declaraciones como un punto de partida y no como tema porque te han salido tres posts espectaculares.

    De paso me aclaraste una duda que tenia: si los hechos en la mansion de las estatuas de la nada cotidiana eran autobiograficos. Asumo que no.

    Yo naci a mediados de los 80s y me toco vivir en un ambiente muchisimo mas bajo: Alamar. No dudo que en tu solar hubieran buenas personas, pero te aseguro que de mi barrio, de tres edificios juntos de 20 apartamentos cada uno, puedo contar los que valian la pena con los dedos de una mano y seguro me sobran dedos. Y como bien dices, es mas un problema de tralla castrista que de raza necesariamente.

  28. Zoé, excelente el tríptico ¨De los solares habaneros¨. Gracias por tu regalo Navideño. ¿Qué sorpresa nos tienes preparada para el Día de Reyes¨?

  29. Me ha encantado la foto del piano, con esa pose y esa mirada. La bata, como la que entonces se le ponía a las niñas a esa edad, y las botas, me imagino que eran ortopédicas. Como las que usaron mis hijos: de piel negra, duras, feas…

  30. Zoe: Bravo, Genial, Magnifique. Muchos recuerdos de la infancia y adolecencia en la Isla afloran, me tralsladaste a aquellos años [que ya no volveran] en que a pesar de todo fuimos niños.
    Gracias Mil y con el mayor Respeto y APRECIO : LLegue este ABRAZO en la DISTANCIA.
    MERRY CHRISTMAS

  31. Me encantó la crónica. Y la foto del pianito es de antología; tienes la misma expresión de ahora en la cara. Impresionante!

  32. Zoe’:Perdoneme por dirigirme a ud con tanta frescura y confianza pero es la manera que me inspira, por supuesto, con respeto.
    No se por que a pesar de conocer su obra hoy fue que me dio por visitar su blog.
    He comenzado a leer De los solares habanerosIII y lo he disfrutado tanto que nolo imagina.
    Ud no me trajo recuerdos, yo vivo en ellos, me trajo la frescura de expresion exquisitamente sencilla y certera de lo maravillosa,rica y pintoresca que era la vida en nuestra isla,al menos en La Habana.
    No voy a agobiarla con las clasicas quejas de añoranza a nuestra isla. Para mi el destierro es un dolor tan profundo y lacerante como el de hemorroides pero es lo que me toco.
    Yo se que ud esta inmersa en tema de mucha mas importancia y que quiza no le atraigan o no pueda abordar otros pero me he preguntado mil veces como seria un libro parido por su intelecto que narre sin ambages sin cosmetico alguno la vida de un balsero, por ejemplo, del año94,que vivio en la base naval de Guantanamo sin ser terrorista hasta el dia de hoy que trabaja en una compañia de supermercados norteamericana y ha comenzado a envejecer en E.U . Quiza el tema no parezca interesante pero lo es.
    En fin Sra. Valdes ha sido un placer y a partir de ahora seguira siendolo el visitar su blog.
    Paz, salud y suerte le deseo con todo mi corazon.

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