Día de Los Reyes Magos.

DÍA DE REYES.

Las carencias obligaron muy pronto a mi madre y a mi abuela a confesarme que los Reyes Magos no existían. El castrismo prohibió bastante temprano la idea de esos Reyes capitalistas que repartían juguetes a diestra y siniestra. No lo hicieron de un tajo, porque todavía recuerdo que en una ocasión mi abuela me llevó a una tienda donde había un hombre disfrazado de rey mago, y puedo recordar vagamente la vidriera de Flogart, y algunas otras vidrieras, la de La Época; aunque todo eso lo tengo bastante borroso. Total, que de buenas a primeras, el sistema para adquirir juguetes cambió radicalmente, se acabaron los Reyes Magos, y los tres barbudos se disolvieron en uno sólo. Otra ilusión muerta.

Mamá empezó a pasar noches haciendo cola para un teléfono público. La cola para poder conseguir una llamada desde aquel aparato negro triplicaba la vuelta a la manzana. El teléfono se hallaba situado bajo las arcadas frente al Parque Habana, en la calle Muralla, junto a mi escuela primaria (hoy Fondo de Bienes Culturales, después mudaron mi escuela para la calle San Ignacio). Tampoco era fácil comunicar con el Centro desde donde se repartían los turnos que daban el derecho a comprar los juguetes del Día de Reyes, había que discar y discar, una y otra vez. A mi madre se le hinchaba el dedo de tanto meterlo en el disco descascarado. Tenía el derecho a veinte intentos, si en esos veinte intentos no lo conseguía debía volver al final de la cola, coger otro turno, dormir noches y madrugadas para que no le quitaran el puesto. A veces pagaba al de atrás de ella para que la dejara llamar hasta cincuenta veces. Todo eso sucedía tres meses antes o más, no recuerdo bien, al Día de Reyes, durante el castrismo, claro, y mientras hubo Día de Reyes.

Las madres debían dar el apellido del niño. A mí siempre me tocaba el último día, por lo de la V de Valdés, y entonces había que navegar con suerte para que en ese último día nos concedieran uno de los primeros números. Lo que nunca fue el caso. En consecuencia, año tras año, las opciones a las que pude acceder, eran las mismas, o casi…

Sólo teníamos derecho a tres juguetes por niño. El básico, el no básico, y el dirigido. El básico era el juguete más importante y caro, el no básico era el de menor importancia y menos caro, el dirigido era el impuesto por el gobierno, el que había que comprar obligatoriamente, y por supuesto, el más barato. Yo soñaba con una bicicleta y con patines, esos eran juguetes básicos, preferencialmente para varones. A las niñas nos tocaban juguetes “de niñas”, muñecas, juegos de tocadores, cocinitas, en ese orden… Cuando nos llegaba el turno de compra a mi madre y a mi ya sólo quedaban muñecas de las más baratuchas, juegos de tocadores plásticos (un espejo, un peine y un cepillo), y una cocinita de lata. Para el no básico sólo podía elegir entre el juego de parchís o el dominó, rara vez alcanzaba el de ajedrez. Y en el dirigido siempre escogía lo mismo: un juego de yaquis.

Aclaro que sólo se podía comprar en una tienda indicada por el gobierno. A nosotros nos dieron La Ferretería La Mina, junto a la casa, pero como era un lugar perdido en La Habana Vieja, los peores juguetes llegaban a esa tienda.

Una vez me tocó una muñeca española, de las que mandó el dictador Franco, para congraciarse con Castro. En otra ocasión mi madre compró el derecho a un juguete básico a la madre de Los Muchos, que no tenía dinero para gastárselo en juguetes, o se lo cambiaba por comida. En esa época debía elegir entre desayunar con leche condensada o tener una bicicleta. Por fin la tuve, me costó no sé cuántos, infinidad de desayunos, porque mi madre sacrificó la cuota de latas de leches condensada de varios meses para que la madre de Los Muchos le diera el derecho al juguete básico de uno de sus hijos. Así logré hacerme de la bicicleta, era azul y blanca, y todavía hoy sueño con ella. Con esa bicicleta recorrí La Habana Vieja completa. Incluso cuando me perdía la gente me localizaba por la bicicleta azul y blanca. Mi madre preguntaba de calle en calle: “¿No han visto a una chiquita menudita ella montada en una bicicleta blanca y azul?” Lo mismo hacían mi abuela y mi tía, cada una por su lado. Las respuestas eran siempre las mismas: “Pasó por aquí como una salación en dirección a Egido”. Egido era mi límite.

La bicicleta me fue quedando chiquita, y se fue poniendo mohosa, herrumbrosa, y entonces la heredó Pepito Landa Lora. Su padre la volvió a pintar y a engrasar. Y mi madre volvió a sacrificar otras cuotas de comida para que yo tuviera los patines. Tuve aquellos patines rusos (¿o eran chinos?) que pesaban una enormidad, y cuando se les fastidió la caja de bolas, Cheo me construyó una chivichana, y luego una carriola, cuando la chivichana se partió en dos.

Maritza Landa Lora y yo cogimos vicio de parchís y de yaquis, con los yaquis éramos unas expertas. Armamos competencias de barrio donde nadie podía ganarnos porque tirábamos la pelota altísimo y hacíamos unas figuras y maniobras estelares con las manos, parecíamos más bien malabaristas.

De más está contarles –muchos de ustedes habrán pasado por lo mismo- que los cambalaches y el mercado negro de juguetes se acentuó a unos niveles grotescos. Entonces cambiaron el sistema por unos bombos o tómbolas a los que había que asistir masivamente, y los papelitos dando vueltas dentro de aquel aparato, eran repartidos al azar. Aunque el azar también se negociaba. A nosotros nos tocó el bombo o tómbola de la iglesia del Parque Cristo, pero ese día mi madre se había hecho Testigo de Jehová y no quería renunciar al teque de la que la había reclutado en eso, por ir a lo del maldito bombo. A mí me dio una especie de perreta, porque se trataba de mis últimos Reyes, o sea ya con catorce años nadie tenía más derecho a los juguetes. Y mi madre sacó el palo de trapear y me hizo ver las estrellas y los luceros del universo. La Testigo de Jehová ni se inmutó, por eso no creo en ellos ni en ninguno. Hasta que a mi madre se le pasaron los tragos y dejó de ser testigo de Jehová para pertenecer a otra secta, creo que la de Adventista del Séptimo Día; ella cambiaba de religión en dependencia de cómo le dieran los tragos mezclados con el Meprobamato. Total, que para mis últimos Reyes me tocaron los peores juguetes, que ya de por sí todos eran malos, porque para la época ya apenas llegaban juguetes de España ni de ninguna parte del mundo: Un juego de tocador, un dominó, y una muñequita plástica negra, que mi madre sentó en el sofá, o sea, la puso de adorno, y la que yo encontraba horrenda hasta que fui encariñándome con ella.

Después se acabaron los Juguetes del 6 de enero, también el concepto de Reyes Magos se había extinguido desde hacía ratón y queso; lo sustituyeron por dos eventos: los Planes de la Calle, aquellas recholatas festivas e ideológicas entre pioneros comunistas, y por el Día de los Niños, el 6 de julio, lo que lo aproximaba al día escogido por Castro para el Asalto al Cuartel Moncada, un 26 de julio, fecha intocable en la Cuba de los Castro.

En Francia no se celebra el Día de Reyes, pero yo siempre, además de los regalos que mi hija ha recibido le Jour de Noël, le dejo un regalo junto al árbol, que no lo quitamos hasta el día 7 de enero. Ella creyó en Père Noël y en los Reyes Magos hasta que ya no hubo más remedio, porque advirtió de que Père Noël tenía los mismos pies que su padre. Así fue como lo descubrió. A las doce de la noche, Ricardo siempre aparentaba que tenía una llamada urgente, o que debía salir a buscar algo en particular. Se disfrazaba detrás de la puerta, y entraba transformado en Père Noël. Pero en una ocasión, la última, ya la niña tenía 10 años, se le olvidó cambiarse los zapatos, y ella señalaba para los pies de Père Noël, entonces empezó a preguntar por su padre y a mirarnos, y todos nos empezamos a reír carcajadas… incluso ella, puesto que ya en la escuela sus otros amiguitos le habían adelantado algo de que Pêre Noël eran los padres…

Aquella muñequita negra de mis últimos Reyes se quedó en Cuba, pero hace muy pocos años, mi amiga Enaida Unzueta, me dio la sorpresa de regalarme una igualita. Ella también había tenido la misma. Y seguro que muchos de ustedes también.

¡Feliz Día de los Reyes Magos, y que merezcan y reciban muchos regalos!

Zoé Valdés.

Muñequita negra
Ricardo como Père Noël, Luna, y Javier de Castromori, cuando vivíamos en Beautreillis, el Hotel Particulier-Solar de El Todo Cotidiano
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19 Replies to “Día de Los Reyes Magos.”

  1. Gracias por compartir. No pudo celebrar el Dia De Los Reyes en Ohio pues no existian. En Ohio, era un dia comun y corriente aunque tenia los Reyes en espiritu. Fue en Venezuela que logre conectar con esa fiesta que es verdaderamente de nosotros los cubanos/ latinos [incluyendo aquellos de sangre] . Roberto Carlos. PD: Gracias por este articulo maravilloso.

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  2. Querida Zoe: De nuevo la magia de tu escrito,me lleva de la mano por la Habana.Recuerdo la Epoca,Flogart,todas las tiendas. Bellas por el Dia de Reyes.
    Hermoso articulo.Al leerlo: monte en bicicleta contigo, y en patines. Oli mi Habana de nuevo.Senti la brisa fresca de los Eneros sognados.
    Te entregas,sencilla y verdadera.Nos llevas de la sonrisa al estupor.Se nos aguan los ojos,sentimos contigo.
    Yo tuve tambien una mugnequita negra. Exacta a la que tienes.La compre,porque,un dia pasando por una tienda,Creo que el TenCent de 23,cerca de mi casa.Le vi los ojos tan lindos. Y yo ya mayor,me la compre y la puse en mi cuarto.Despues como tu y como todos,la perdi,la deje.Pero aun hoy tengo en mi mente,aquellos ojos: asombrados e inocentes.Como los ojos de todos los nignos!!!.
    Feliz Dia de Reyes.Y Gracias por el Post. Es como un regalo.Gracias!!!!.

    Gracias Zoe.

    Luisa Mesa

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  3. Ay Zoe que lindo relato! Como se disfrutaban los Reyes Magos, no sabia eso de la llamada para coger turno, que horror! En Cuba ese dia la pasabamos divino, en mi cuadra habian muchos muchachos y nos poniamos de acuerdo para pedir patines por ejemplo y ese dia por la mañana de todas ess casas que eran humildes, ahi no habia nadie adinerado, saliamos todos con nuestros patines, yo era malisima montandolos, hasta los mas pobres recibian regalitos, porque habia para todos los bolsillos en la Calzada del Cerro! Me gusta la muñequita negra, me encanta! Feliz dia de los Reyes Magos para ti y para Luna que seguro recibe todavia algun regalito, para toda mi familia del blog:Feliz dia de Reyes!!!!!

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  4. En su escrito sobre el Día de Reyes, en su blog, Iván menciona por arribita lo de los tres juguetes por la libreta. Él y su hermana no recuerdan detalles de aquellos años, pero sí que nunca pudieron tener los juguetes que les gustaban. A nosotros nos tocaba comprar en La Casa Mimbre, una gran ferretería que había al doblar de la casa, en Monte entre Romay y San Joaquín, Cerro.

    Iván tenía delirio de guaguitas, vivíamos en un segundo piso y por los balaustres del balcón le gustaba mirar las guaguas cuando pasaban. Pero lo que más le gustaba era la guaguita de las monjitas del asilo de Santovenia, y si pasaba cuando mi mamá o yo estábamos en el balcón gritábamos “Iván, la guaguita de las monjitas” y venía corriendo, pero, claro, cuando llegaba, ya había pasado.

    El surtido de juguetes era bastante limitado, sólo una vez en la vidriera pusieron una guaguita, pero cuando me tocó comprar, ya no había, porque era de los básicos y de ésos había pocos, alcanzaba para los primeros números.

    Una época horrible, igual que la de los zapatos ortopédicos. Cuando conseguías el turno en la peletería, el pie del niño tenía una medida y cuando te avisaban para irlo a recoger, ya le había crecido. Sin contar lo feo que eran aquellas botas, de piel negra y dura. Con mal sabor de boca recuerdo los ‘kikos’ plásticos y los años en que las medias desaparecieron y si no sabías tejerlas a crochet, con hilo de coser, tenías que encargarlas. Cuando se las quitabas al niño, en la piel le quedaba incrustadas las marcas de los tejidos. Para que no se desbembaran, se les ponía un elástico, muchas veces quitados a un blumer viejo, porque elástico tampoco había.

    Y que me dices de las ‘íntimas’, Zoé? No sé si llegaste a usar aquéllas que eran de nailon y tenían dentro unos pedacitos de papel sanitario. Como mi hija Tamila padecía de coriza, yo le sacaba esos pedacitos de papel, para que los llevara a la escuela, como si fueran kleenex. Hasta un día, que alguien en la escuela la vio limpiándose la nariz y le dijo que eso era de las ‘íntimas’ y no quiso llevarlo más.

    Otra etapa surrealista fue la de los turnos por teléfono para poder ir comer a un restaurante o una pizzería. Unas ideas descabelladas en un país donde no todo el mundo tenía teléfono en su casa y había que ir a los teléfonos públicos. Esos planes ‘rinrin’ surgieron cuando el ministro de comercio interior era Manolo Luzardo.

    A Luzardo lo conocí de niña, porque era un viejo comunista, igual que mi familia materna. Pero cuando lo pude conocer mejor fue cuando en agosto de 1959, comencé a trabajar como mecanógrafa en el comité nacional del PSP. Luzardo era el tesorero, y fue quien determinó mi salario: 46 pesos mensuales, trabajando sin horario de lunes a domingo. Me dijo que a mi edad, 17 años, con esa cantidad era suficiente. Bueno, en realidad, entre 1959-60, con 46 pesos uno se podía comprar muchas cosas y de buena calidad en El Encanto, Fin de Siglo, Ultra…

    Flogar quedaba y todavía queda en Galiano y San Rafael y hasta mi salida de Cuba, en 2003, vendía en pesos cubanos, como Roseland, en Águila y Neptuno. La Época, en Galiano y Neptuno, ahora es una tienda recaudadora de divisas.

    “Inolvidable” también las colas para sacar un turno para comprar comida por nochebuena, fin de año o el día de las madres, en restaurantes del Vedado como El Cochinito, El Conejito o Siete Mares. Yo prefería hacer la cola en los ‘centros elaboradores de alimentos’ de la Víbora. La oferta no era mejor, pero sí más barata y no tenía que coger guagua, que siempre han estado de truco en La Habana.

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  5. Una belleza de artículo. Informativo (desconocia esos detalles de la odisea por los juguetes) y tan tierno…
    Gracias.

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  6. Recreando mis recuerdos del Día de los Reyes Magos; se perfila en mí, toda la falacia y crueldad de los hermanitos de Biran.Manipular y destruir las ilusiones infantiles en un crimen; pero…”Nadie escuchaba”???!!!
    …Gracias Zoé y saludos a todos!!

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  7. Querida Zoe, muy emocionante el post, me hizo recordar mi niñez. Por cierto, después de la locura de las llamadas por teléfono para coger turno, que se convertía en un negocio para el que supuestamente anotaba las llamadas y que se colapsaban las líneas telefónicas, vino la “brillante idea” de hacer sorteo. Ponían la mesa en medio de la calle y el Presidente, Vigilancia… etc. del Comité cantaban los apellidos del jefe de núcleo (como si fuera un bingo). Pobres de aquellos que fueran “gusanos”, era muy probable que su apellido fuera apartado del sorteo.
    En cuanto a loe patines que pesaban una tonelada y que luego se usaban para hacer chivichanas y carriolas, me parece que eran chinos si mal no recuerdo.

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  8. Emocionante este artículo. Histórico. No recuerdo, sin embargo, la etapa del teléfono. Me imagino entonces que, tal vez, este sistema sólo sería implementado en Ciudad de La Habana. Porque en Cienfuegos, que yo recuerde, sólo existía el famoso bombo, que lo manejaban los bodegueros de la bodega a la que correspondía cada núcleo familiar.
    El tema de los juguetes según el género ponía a mi madre loca de remate; porque a mí nunca me gustaron las muñecas. Pero era una orden, ¡y ya está! La única muñeca que me gustó todavía mi madre la conserva envuelta en papel celofán en una de sus gavetas. Apenas la usé, pero me gustaba, no sé por qué. Y hoy me has hecho desear tenerla conmigo, Zoé. Mandaré por ella (si es que no le exigen Carta Blanca, claro) y le compraré ropa de invierno para cuando finalmente lleguemos a la Antártida.
    Hermoso tu regalo de hoy: El recuerdo. Como dice nuestra querida Luisa Mesa, pura magia. Gracias.

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  9. He necesitado releer este post.Está claro que muchos lo necesitábamos.
    Gracias Zoé, y gracias a todos por sus comentarios, que también he vuelto a leer!!!Le zumba el mago, el gorrión y la nostalgia!!!♥

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  10. Nos robaron la ninez, pugilateando turnos y dias de compra. Yo nunca fui muy juguetera, desde los nueve anos se los cedia a mi hermano que le gustan hasta hoy con la misma pasion de antano pero lo triste era que lo llevaba a las vidrieras a escoger. El paseo se llamaba “vamos a ver los juguetes” y el sonaba con los seis que queria y casi siempre nos tocaba comprar el cuarto o quinto dia y volviamos todas las noches y iban desapareciendo sus preferidos y los iba sustituyendo hasta que al fin se conformaba con lo que quedaba y yo me cogia una suiza de dirigido.
    Gracias por tu articulo. Es un buen regalo de Reyes . Lo hemos disfrutado mucho.

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  11. Que yo recuerde, Zoe, las llamadas para coger turno para comprar juguetes fue un año solamente, que colapsaron todas las líneas. Fue una etapa horrible y a quien se le ocurrió eso un gran HP. Lo otro era una especie de sorteo que siempre a mí y a mi hermana nos tocaba los últimos días. Hable sobre eso en un artículo que puse en Facebook que lo nombre: “El básico, el no básico y el dirigido”, que era como lo llamaban. Como digo, tuvimos una niñez donde nos robaron la infancia. Doy gracias a Dios que mi hijo ha tenido una infancia plena, soñadora y pura, como merece ser.

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  12. Iliana, lo de las llamadas ocurrió durante varios años seguido, según me confirma una tía mía. No he leído tu artículo, pero lo leeré, yo no entro siempre en Facebook, mi blog y mis comentarios entran automáticamente, pero lo leeré. Lo de Los Reyes, y lo de los juguetes Básico, No Básico y Dirigido, lo he escrito antes en mis novelas, y en artículos que me han pedido en el pasado sobre el tema para la prensa española. Es un tema común en los cubanos, desgraciadamente. Gracias a todos.

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  13. Hola Zoe, por primera vez leo su blog y ya me ha cautivado. Ya anteriormente habia leido sus articulos, siempre con ese toque de cubania genial. Tambien yo deje mi munequita negra. Yo tambien odiaba a mi munequita, porque no era igual a las otras y porque decian que era igualita a mi, pero con el tiempo aprendi a amarla. Suerte.

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