Lucas Cranach y su tiempo.

LUCAS CRANACH Y SU TIEMPO.

Ayer dediqué unas cuantas horas a ver la Expo Lucas Cranach y su tiempo en el Museo del Jardín de Luxemburgo, se trata de la obra de Lucas Cranach El Viejo.

Hizo un día estupendo, el cielo de París por fin se abrió en un azul límpido, salió el sol; y aunque hacía frío, como ya se aproxima la primavera, los árboles han comenzado a echar ramas de un verde tierno y a florecer. No saben cómo disfruto del paso de las estaciones en este país, con sus cambios de colores, las mutaciones de los resplandores y las sombras en las piedras. En Cuba todo era a pleno sol, y no precisamente con Alain Delon y Maurice Ronet al lado de una, recordando aquel filme de René Clement, sino más bien ese sol devorador, constante, que lo abrasa y lo entinta todo, y lo escupe luego, renegrido, en noches donde el vapor y el pavor consumen.

Me fui a esta expo de Lucas Cranach para enjuagarme la mirada de tanta tontería vista por internet, y sobre todo y precisamente ante tanta foto mediocre sobre esa isla que ni retratada con un lente mágico se salva. ¡Qué isla tan fea, por favor! Fue la isla más hermosa que ojos humanos han visto en tiempos de Cristóbal Colón, y luego se hizo cada vez más bella, hasta que llegaron los hermanos Chacumbeles y acabaron con ella, y para acabar de rematarla desembarcaron los fotógrafos mediocres europeos, qué lejos están de Walker Evans, aquellos que retratan la miseria con ánimos de asegurarse de que hay gente más jodidos que ellos. Mujeres renegridas de churre, despeinadas, despellejadas (que no desnudas) con un trapeador en la mano, sobre un decorado descascarillado, herrumbroso, cuánto esperpento; todo es basura, descaro barato (que el descaro también puede tener su elegancia), todo parece archiusado, viejo, muerto, empezando por que cada persona es como una verruga encima de una ñáñara seca, apergaminada… ¡Hay que huir! Me dije.

Decidí entonces correr a lavarme las pupilas con Lucas Cranach, y lo conseguí. Recomiendo a todos los que puedan asistir a esta magnífica muestra en el museo ubicado en uno de los jardines más bellos del mundo, con estanque, teatro, y unos árboles arrulladores, más hermosos que las palmas reales (ahí sí tengo que darle la razón a Juan Abreu, lo siento) que corran rápidamente a deleitarse con esta muestra.

Además de la obra de Cranach, los patrocinadores y organizadores nos ofrecen el inmenso regalo de unos grabados fabulosos de Albrecht Dürer, y entonces podemos apreciar las diferencias entre La Melancolía retratada por ambos artistas: Dürer concebía la melancolía de manera más esquiva, amargada, apechugada en sí misma, Cranach la veía más votiva, plena de significados poéticos, ampliada hacia una percepción vasta y sosegada.

No voy a contarles cuadro a cuadro, porque no quiero revelarles la emoción que yo sentí frente a estas obras, puedo decirles que entre mis preferidas está La Justicia, representada por esa majestuosa muchacha desnuda, cubierta apenas con un velo delicadísimo y transparente, la espada en una mano, la balanza en la otra, observen la línea equilibrada entre el mango de la espada y el finísimo sostén de la balanza que pudiera parecer, en un trompe l’oeil, un piercing que atraviesa de lado a lado el pubis de la joven; suban con la mirada hasta el cuello enjoyado, el rubí y la perla que caen entre los senos separados, en ángulo ondulante con el ombligo, la sonrisa tímida, la mirada perdida, sin embargo fija en el punto que sugiere el equilibrio, la justeza, la verdad.

Después observen ese otro cuadro, titulado La Ninfa de la Fuente, otra joven núbil, desnuda, cubierta de un velo similar, enjoyada igualmente, en una posición muy sensual, mirada libidinosa, labios pequeños entreabiertos, y ese brazo que descansa y acaricia la lutecia (blancura láctea) del muslo.

No quisiera dejar de mencionar el Rostro de Virgen de Dürer, sumamente adelantado para aquella época, con expresiones que podríamos contemplar en cualquier parte del mundo hoy en día, pero de un antiguo color verdoso, bañado de una pátina sellada, y la desconfianza propia de las vírgenes acumulada siglo a siglo, afincada en la caída de los párpados.

Luego vendrán los atrevidos Lucas Cranach, esos diálogos entre Adán y Eva, la manzana, la serpiente, el árbol, el sacrificio de Sainte-Catherine, y el traje abultado en sus partes genitales del verdugo, los juegos de manos entre jóvenes y viejos amantes, y maridos celosos. No hallarán falso candor, ni escondrijos del deseo. Todo es deseo abultado, atrevimiento ampuloso, y esa mezcla magistral de la planicie del color gótico con el esplendor cóncavo del renacimiento. Todo es deseo, más que placer.

Belleza, todo belleza, a pulso, pura. Lucas Cranach es uno de mis pintores predilectos, hace años quise entrar en uno de sus cuadros, lo intentamos Ricardo y yo a través de una foto, después con la portada de Una novelista en el Museo del Louvre, y más tarde lanzándome petrificada sobre un afiche que reproducía uno de sus cuadros en el metro de Londres. Unos afiches que los islamistas quisieron quitar porque –según sus oscuros y podridos cerebros- el velo sobre la desnudez de la adolescente fue considerado un acto de vejación contra el compañerito profeta.

Pues les digo que la cola para Lucas Cranach y su época en el Museo del Jardín de Luxemburgo es bastante larga y gruesa (es lo malo, aconsejo ir a la hora de almuerzo), por lo demás, con su obra expuesta por todo París en afiches gigantescos, el mundo se ha salvado, otra vez, de la ignominia y de la fealdad de los fanatismos. ¡Belleza, belleza, arte, arte!

Zoé Valdés.

10 respuestas para “Lucas Cranach y su tiempo.”

  1. Lujuria serena. Mucho más interesante que la obvia.

  2. PARIS, SIEMPRE PARIS!!!!!

  3. Querida Zoe: El articulo DIVINO!!!. Perfecto para un fin de semana. Bellos los cuadros y las miradas y los desnudos velados.Seda fina,unica,trasparente,perfecta;cubriendo cuerpos,que parecen virgenes,y a su vez invitan al convite sexual.Gracias por este articulo y por ser nuestros ojos,en esos lugares que en mi caso ya no podemos visitar.

    Gracias Zoe.

    Luisa Mesa

  4. Querida Zoé, quitarán esta maravillosa muestra, pero veré otras, y por seguro los jardines. Al fin conoceré a París a principios de Junio, si Dios lo permite. Hay que seguir lavándose los ojos. Gracias por tu magnífica descripción de estas obras.

  5. La incipiente primavera en Paris, Cranach el Viejo, Albert Dürer y la pluma de Zoé Valdés,
    imágenes que ayudan. Gracias.

    …»Pero para ser fiel a la vida, el deslumbramiento ocurrió en París, como toda historia que se respete.» *

    * Traficantes de Belleza, Zoé Valdés.
    4ta. edición,
    Pagina 90, septiembre de 1998 Editorial Planeta.

  6. Lucas Cranach en el Museo del Jardín de Luxemburgo! Qué envidia de la sana! Sé que hemos estado allí en tu pensamiento.

  7. Excelent Zoé, en esa época todavía se sueña. Y me quedo con la copla de tu trabajo, me accesaré a ella. ¡Gracias!

  8. Eso, hasta cuando está; y tiene bonus de viaje la muestra, porque además puede que el grupo de la obra fuera itinerante.

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