Guillermo Cabrera Infante: El vencedor. Por Jean-François Fogel.

Guillermo Cabrera Infante: El vencedor.

Por Jean-François Fogel.

De todas las hazañas literarias cumplidas por Guillermo Cabrera Infante la mayor, para mí, es su advertencia al principio de Tres tristes tigres. Dice: “El libro está en cubano. Es decir, escrito en los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba y la escritura no es más que un intento de atrapar la voz humana al vuelo, como aquel que dice. Las distintas formas del cubano se funden o creo que se funden en un solo lenguaje literario.”

Estas cincuenta y seis palabras definen, con total lucidez, una obra literaria, la visión de su obra por un escritor y por fin la esencia del territorio urbano conquistado en su destierro por un maestro de la jerga de los habaneros. No podemos equivocarnos: existe en la capital cubana un cargo oficial de “Historiador de la ciudad”. Pero no importa el nombre del burócrata que lo asumió durante décadas, renovando calles y edificios para complacer a los turistas. Es Guillermo Cabrera Infante quien ocupa y ocupará para siempre el cargo de historiador, cronista, poeta y meta-artista de la vida nocturna habanera. Renuevo por completo La Habana en sus libros, entregando a los lectores la joya de las Antillas tal como debe ser, siempre, es decir con una sensualidad íntima que supera por completo cualquier recorrido real entre las ruinas de los edificios domésticos y la vulgaridad de los edificios nuevos entregados a los militares que es la ciudad real.

Pertenezco a la muchedumbre de lectores que empezaron su visita de la capital cubana por la escalera de la casa marcada Zulueta 408. No es una reconstrucción hábil, o una mentira para armar un homenaje a un maestro. Mi descubrimiento empezó por la primera página de La Habana para un Infante difunto con Guillermo todavía niño subiendo por primera vez una escalera. Tengo todavía el libro con la fotografía de Jesse Fernández en la tapa de la edición de Seix Barral. Se ve al viejo fotógrafo, sentado frente al hotel de Inglaterra. Lleva un sombrero, una guayabera y no vive en La Habana sino, lo que descubrí en seguida, vive en los libros de Cabrera Infante. Un hilo secreto lo vincula con otro fotógrafo del hotel Nacional que aparece en Tres Tristes Tigres y que se anima en un cabaret que hace pensar a otro libro en el proceso sin fin de la nostalgia de las Habanidades (neologismo de La ninfa inconstante).

Hay escritores que escriben siempre el mismo libro. Guillermo Cabrera Infante escribe siempre la misma ciudad. Una ciudad que intenta renovar un oficial “historiador de la ciudad” pero que para para sus lectores es ya una metrópolis intacta, hasta intocable pues no hay manera de erradicar el sueño de la vida soñada en una ciudad soñada por el invencible caudal de recuerdos de un exiliado. Una ciudad no es un asunto de barrios, de casas, de calles sino las emociones del recorrido de un barrio, las conversaciones que se encienden en una casa, la huida de la lluvia en las calles. La emoción, al descubrir la edición póstuma de Cuerpos divinos era aquella presencia de la marcha nocturna en La Habana, la visión de la ciudad desde un taxi (una “máquina de alquiler” para decirlo en cubano). Décadas después de su exilio a Inglaterra, el autor seguía moviéndose a todas horas en su ciudad.

Estos movimientos son importantes, pues las calles de La Habana, a mi parecer, muestran una tensión erótica, un deseo y un anhelo del deseo que no se ven en otras ciudades. Tiene que ver con el calor, la humedad, los olores de la brisa del mar y también el humor y la desesperación de los habaneros. Mas allá de sus bromas, de sus chistes se adivina en ellos una tristeza enorme que no tiene otro remedio que el cariño del momento, concepto que se extiende desde el “palo” furtivo hasta el amor enloquecido.

Sería una broma explicar como aquella tensión erótica y amorosa se expresa con palabras: existen los libros de Guillermo Cabrera Infante para esto y no se pueden citar sino leer con la sensación de encontrarse frente a un artista de un talento deslumbrante. Sus diálogos, entre personajes que no dicen nada sino dejan entender algo nunca expresado y muy presente, constituyen su sello personal, imposible de imitar. Al contrario, las parodias (Martí, Carpentier, Cabrera, Piñera, etc.) de Tres triste tigres demuestran que él sabe entrar en la máquina de las frases ajenas y apoderarse de ellas. Habría sido posible utilizar este talento sin límites pero, desde el principio, su creación tenía un límite: se trataba de apoderarse de La Habana, nada más y nada menos.

Claro que al involucrarse en la polémica política tenía con sus herramientas de escritor un capital excepcional. Fue el médico con las recetas más precisas en el momento de describir el “castroenteritis” de los cubanos. Sus escritos que llevan la ira de un vencido y el orgullo de un vencedor. Vencido por su condena al exilio, vencedor por superar su competencia en la isla. A largo plazo (ya vivimos dentro de este plazo) Guillermo Cabrera Infante es el vencedor. Es el dueño de una metrópolis cuyos responsables, que le echaron afuera hasta el fin de su vida, no tienen perspectivas de quedarse en la historia como más que personas atrincheradas de manera temporal en un poder sin vergüenza.

Vale la pena recordar la manera coloquial, según este maestro del idioma cubano, en que los cubanos reaccionaron, con una sola frase, de negación de la sorpresa, al enterarse de la huida del dictador Fulgencio Batista en las primeras horas del año 1959: “Ya tu sabes…” Ya sabemos: Guillermo Cabrera Infante se queda en La Habana para siempre.

Jean-François Fogel.

Escritor, periodista. Francia.

Ars Magazine ofrece el artículo de Jean-François Fogel como regalo a los lectores de este blog.

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5 Replies to “Guillermo Cabrera Infante: El vencedor. Por Jean-François Fogel.”

  1. …”en tiempos de oprobio y boberias.”
    Jorge Luis Borges
    –Conversaciones de biblioteca” fenomenal articulo sobre el maestro Guillermo Cabrera del cineasta per excellence Orlando Jimenez Leal en Ars Magazine, edición especial, primavera 2011.
    Zoé Valdés, editora.
    Gracias al equipo.

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  2. Las imagenes habaneras del maestro GCI vindican la luz de una ciudad tragada por el agujero negro de esos siniestros y acreditados albaniles, como los describen unos alemanes, en el arte nuevo de diseminar ruinas malolientes. Desconozco si nuestro genial escritor y otros de semejante talla para asumir literiamente la riqueza verbal de la ciudad perdida, donde Zoe tambien se mueve como un delfin en el agua, hayan plasmado una frase que escuche durante muchisimos anos. “Cuando la Habana era la Habana” ,deciamos siempre que aludiamos a todo lo que fue desapareciendo y carcomiendose con el arribo de esa infernal pandemia castrofascista.

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