Los caracoles de Celia Sánchez. Por Esteban Fernández.

LOS CARACOLES DE CELIA SÁNCHEZ

El grave error de Celia Sánchez fue amar a una hiena. ¿Qué tipo de atracción pudo sentir esa mujer por un asesino? Quizás sintió una mezcla del amor absoluto de una madre, la pasión de mujer la cual conlleva al deseo sexual y la sumisión que se ve en la lealtad de un perro por su amo.

¿Qué fue Celia para Fidel Castro? Al principio de la contienda cuando estaban en la Sierra, ella fue una mujer enamorada de él, fiel y servicial.  A Fidel no le quedaba más remedio que conformarse con aquella mujer flaca, desgarbada y sin muchos atractivos ante la ausencia de algo mejor en aquellos momentos.

Pero poco a poco, Celia se convirtió en imprescindible para Castro. Quizás LA ÚNICA persona insustituible para el monstruo. Era secretaria, enfermera, protectora, santera, administradora de la fortuna, pero sobre todo,  Celia personificó su amuleto de buena suerte. Tanto fue así, que el tirano se sintió desamparado y propenso a todo tipo de errores y fracasos tras su muerte.

Al implantarse la tiranía en nuestra nación, Celia recibe una de las mejores mansiones de La Habana. La famosa «casa de Celia» no era más que una de las principales guaridas del recién estrenado dictador. Desde luego, robada a su verdadero dueño. Por lo tanto, ese palacete estaba dedicado a recibir las esporádicas visitas de Fidel Castro.

Celia Sánchez era una especie de sombra, flaca y fea, detrás de Castro.  Nunca fue más cierta la frase de «el hombre con el bacalao a cuestas» que en la relación de Castro con Celia.

Durante los primeros años de la dictadura era común que Celia entrara de sopetón en  la cocina de cualquiera de los mejores restaurantes de La Habana y saliera con  20 o 25 pollos fritos; los pagaba (en esa época todavía pagaban) y se los llevara a la hambrienta bestia.

Si cinco tipos iban a una entrevista con Castro, primero Celia los recibía, libreta y pluma en mano, para chequearlos.  Apuntaba detalles en la libreta como: «Cheíto es el flaco con camisa azul, Pepito está vestido de miliciano, y Pancho es el gordo con una boina negra». Le entregaba las notas a Fidel y entonces éste se podía dar el lujo de recibir a los visitantes diciéndoles efusivamente: «¿Qué tal Pancho?, ¿Cómo estás Pepe?, y ¿Qué te trae por aquí, Cheíto?»… Y los visitantes se quedaban fríos de que Castro «los reconociera» y admirados de la increíble memoria del farsante tirano.

¿Ustedes vieron la película «El Godfather» donde el jefe mafioso, Vito Corleone, recibía a la gente y les concedía favores y prebendas? Bueno, pues Celia se convirtió en una especie de Godmother de la mafia castrista. Montones de cubanos le hacían tertulias para que ella les resolviera «problemas de poca monta». Celia solucionaba un embrollo que alguien tuviera con la Reforma Urbana, o unos recién casados que querían un apartamento para poder mudarse, u otro que lo habían separado injustamente de su trabajo. Era la encargada de repartir «migajas de pan».

En ningún momento resolvía, ni quería resolver, nada que fuera a incomodar al “amo”. No era que ella pudiera salvar del paredón a nadie ni nada parecido. Sólo se ocupaba de boberías y cosas sin mayor importancia, siempre tratando de no perjudicar su enfermiza relación con el monstruo.

Tras su entierro, a Castro, que hasta ese instante había estado victorioso, «le cayó carcoma»: vejez, enfermedades ocultas, temblequeo en las manos, derrotas en Granada, se le formó el lío de la Embajada del Perú, el éxodo por el Mariel,  vino la quiebra del comunismo, el derrumbe del  muro de Berlín, hubo miles de balseros escapando de la Isla, ocurrió el fusilamiento de su mejor soldado, Ochoa, vinieron los fracasos de las zafras, los ciclones, y todo fue un desastre total.

Claro que todas esas cosas no tenían nada que ver con la ausencia de Celia, pero Fidel Castro, por una rara superstición, todavía vive convencido de lo contrario. No puede concebir que todos los problemas sean producto de la casualidad después que Celia dejó de «tirarle los caracoles». Lo cierto es que él ha pasado, a la velocidad de un cohete, de «guerrillero heroico» a ser un desastre, fracasado y enfermo dinosaurio.

(Amabilidad del autor).

13 respuestas a “Los caracoles de Celia Sánchez. Por Esteban Fernández.”

  1. Yo le estoy muy agradecida, Doctor. Que puedo hacer por Ud.? – Mira, Celia, toda mi familia esta en Miami y yo lo que quiero es juntarme con ellos.

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  2. Jose Canosa. Medico. Presentese el Miercoles en el muelle(tal) a (tal hora) en el buque de la Cruz Roja dirigido hacia Miami.

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  3. Gran HP la cabrona mala cubana de Celia, desde la Sierra Maestra sabia de todas las mara~as de esos comunistas, opto por sumarse a la destruccion de nuestra patria, BIEN muerta esta, TODA UNA GRAN DESCARADA.

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  4. Siempre hay gente que se presta a servir de tal forma a los peores elementos imaginables, y no necesariamente por oportunismo. Hay gente que disfruta el papel de perrito faldero, qué goza la servidumbre. Puede tratarse, cómo en este caso, de una suerte de amor enfermizo, amor por un monstruo.

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  5. Oscar Canosa, era su padre un preso político fugado? o huía porque como conspirador contra el régimen su arresto seria inmediato?
    Si se trató de agilizar una salida, fué, como dice Estebita, un gesto inconsecuente. Cabe preguntar también, qué le agradecía la comunista a su querido padre?

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  6. La fealdad física de Celia era lo de menos, lo peor era que para andar con quien andaba tenía que tener negra el alma. Gracias, L10

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  7. Moramai, por lo menos en aquella época, y sobre todo en Cuba, la tipa no estaba en nada. Un esqueleto con ropa. Parece una maestrica de escuela primaria, o una bibliotecaria.

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  8. Meses después de la crisis de los misiles CUBANA y cuando el presidente podía ya jactarse de haber salido airoso de su confrontación con Moscú, un día dijo, según su viuda: «Bueno, si alguien va a matarme, este sería el momento para hacerlo». Según el testimonio grabado de Jacqueline, poco antes de que fuera asesinado en Dallas, Kennedy había empezado a planificar su campaña para la reelección en 1964, y tenía pensada una visita a la Unión Soviética, sin precedentes. ….DESCAPOTABLE CON VISTAS.

    OTRA SIMILAR DE ESOS AÑOS, PERO EN LA CHARADA YANKI…

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  9. En el Escambray se decía que a Celia la conocían por la «cantimplora» de la comandancia del M26/7 (Por lo del cuento de -Pásame la cantimplora-.

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