Los rituales cubanos de fin de año.

He leído en un artículo publicado por EFE y en otro por AFP, donde se citan y comentan los rituales del Réveillon de la Saint Sylvestre en cada país, que hasta en materia de imaginación e inventiva el cubano se ha empobrecido enormemente. Da vergüenza leer la cantidad de rituales hermosísimos de otros países, y al lado el de los cubanos, tan miserable que no puedo entender el enorgullecimiento de las personas que informaron a EFE de semejante ridículo, yo mejor me hubiera callado, o habría dado una explicación histórica del tema. Lo de tirar agua sucia para la calle es algo verdaderamente asqueroso, de gente cochina y sin consideración. Sin embargo, no se puede negar que el ritual de lanzar palanganas o cubos de agua hacia la calle, a las doce de la noche del 31 de diciembre, siempre existió en la isla, pero era uno más entre otros muchos.

En los años noventa, a mediados, fue ganando en popularidad un ritual no por simpático menos lamentable, sin embargo tenía mucho de invocación mágica y de simbología onírica, hasta surrealista, sin temor a menospreciar o herir al surrealismo. Una persona tomaba una maleta vacía y salía para la calle a darle la vuelta a la manzana, justo a las doce de la noche, a esa maleta se iban agarrando los demás vecinos del barrio, hasta que el supuesto viajero con su maleta a rastras, arrastraba él a su vez a toda una comparsa de gente detrás, silenciosa y concentrada en un solo deseo: que el ritual de la maleta permitiera que en un futuro pudieran cada uno de ellos viajar a cualquier parte, con preferencia a Estados Unidos, largarse de una maldita vez. Aquel que cumpliera ese ritual, a las doce de la noche del 31 de diciembre, tendría mayores posibilidades de salir de Cuba. Ni se sabe la cantidad de veces que salí con la maleta a la calle, ante las fruncidas miradas de los noctámbulos del Comité, pero con una cola callada aferrada a las esquinas de mi maleta, a mi ropa, y así de suite, uno detras de otro.

Todavía era una época oscura para las celebraciones navideñas, algunas de mis experiencias y las de mi madre, durante años y décadas de prohibiciones de esos festejos, los he narrado a través de la literatura en mis libros de cuentos, publicados y traducidos, incluído el ritual de la maleta, el del arbolito de navidad colocado a escondidas de todos, que había que quitar cuando llegaba una visita, y volverlo a poner cuando se iba, sin luces, para no afocar, etc…

Otro ritual era el de los despojos de mi abuela, de origen irlandés, que había mezclado lo de meiga  y druida celta con la santería. Mi abuela se iba a los mercados a forrajear yerbabuena y todo tipo de yerbas, y del mercado de los animales en Monte y Romay traía una paloma blanca. Limpiaba la casa con la paloma blanca y nos despojaba de todos los males a nosotros, pasándonos la paloma blanca por todo el cuerpo y dándonos chuchazos con el matojo de yerbas, mientras se fumaba un tabaco, y hacía una barrera con el humo, entre el mal que nos quitaba de encima y el bien que nos inoculaba con sus limpiezas. La paloma la soltaba a volar a la penumbra de la calle Muralla, apenas iluminada por los antiguos faroles, apedreados y llenos de telarañas. Los yerbajos los echaba en una palangana llena hasta la mitad de un agua limpia y perfumada con unas gotas de vetiber del antiguo Guerlain que le quedaba de antes del Año Fatídico. El agua de esa palangana con sus yerbas iban a dar al medio de la calle en el minuto preciso que hacía de las doce de la noche la hora iniciática hacia el porvenir para los niños de aquel cuarto del Solar del Reverbero, pero aquella agua era transparente, sólo contenía las impurezas del alma de un grupo de niños del barrio, y de nuestra familia. Al rato mi abuela bajaba con una escoba y otro cubo de agua cargado desde el garage del parque Habana, barría y limpiaba el pedazo de calle frente Muralla 160 entre Cuba y San Ignacio.

El otro ritual, aquel que sólo alcancé hasta la edad de siete años, fue el de la sidra y las uvas, que junto con aquellos últimos turrones que le mandó de regalo el dictador Franco a su galleguito del alma que no le podían tocar ni con el pétalo de una rosa, el pichón de dictador en la época que era Fidel Castro, fueron la delicia de aquella trágica Nochebuena, cuando el hijo de nuestra vecina, rebelde de la Sierra Maestra, se descerrajó un tiro en la sien, vestido con el uniforme militar, a pocos pasos de nuestro cuartucho. Los primeros que vimos el cadáver fuimos mi primo y yo, que salimos despepitados a abrir la puerta y salir al pasillo, a fisgonear, ante el estampido del balazo. Nunca olvidaré el rostro reventado, la sangre esparciéndose velozmente encima de las losas sevillanas, y el grito de dolor de su madre arrodillada ante el cuerpo sin vida de su hijo. Lo conté en un cuento de navidad que me pídió El Semanal de El País, hace años.

Para el Día de Reyes, les tengo preparado otro cuento, que escribí, por la misma época, y que publiqué, como el anterior, en mi libro Traficantes de belleza. Pero les puedo asegurar que el ritual cubano de fin de año, al menos hasta que yo me fui, y así ha seguido ocurriendo en el exilio, lo que he podido comprobar con varias personas, es mucho más rico que el del cubo de agua apestosa tirado por el balcón. Podríamos hablar del ritual de la manzana roja ofrendada a Changó, para que el año se inicie en paz, y el de la ropa roja interior, o el de vestirse con una prenda punzó, o enteramente de punzó, para atraer la buena suerte y las buenas energías. Y seguramente habrá otros más que yo desconozco, pero puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que la imaginación del cubano de una época, y la de los cubanos del exilio, gozaba y goza de una fertilidad envidiable en materia de rituales de fin de año, o de rituales, tout court.

Pregunten a su alrededor y obtendrán variadas respuestas, sólo hay que preguntar aquí y allá, y no quedarse en una sola versión. Cuba tenía la virtud y la desgracia de tener un ritual para cada ocasión, al parecer hasta con eso han acabado. O se hizo del aburrimiento y de la desidia el único ritual posible.

Zoé Valdés.

11 respuestas para “Los rituales cubanos de fin de año.”

  1. No encuentro el articulo pero imagino que se tratar de lo que escribio Yoanni. Lo que es triste que la miseria en Cuba ha llegado a tal altura, que ni tan siquiera se puedan dar el lujo de botar agua limpia y tengan que «reciclarla» hasta ese extremo. Tal vez por eso es que la inmundicia no acaba de irse de la Isla si tienen que dar la bienvenida a un nuevo ano con agua llena de porqueria.
    Muy interesante lo que cuentas de las maletas. Nuncan lo habia oido. En mi tiempo de ninez, nadie queria irse de Cuba. Pero la cazuela de agua limpa, todavia la tiro hoy en dia y olvidate de no comer las uvas…Sagrado

  2. Me has sacado una sonrisa temprano en la manana, si, los rituales de Cuba los recuerdo, sobre todo el de find de ano, ese dia tempranito se baldeaba la casa a puro cubo de agua y despues a las doce ya teniamos preparado el Cuba de agua con colonia l800 y la tirabamos, siempre mirando que la vecina de a tres puertas no estuviera tirando tiros, porque cogia unas borracheras de marca mayor y le daba por ahi, aparte de eso comiamos las 12 uvas y la famosa sidra, pero lo lo de las maletas, el bloomer amarillo, etc, etc. no lo sabiamos o no lo haciamos, pero yo creo que nadie, porque en El Cerro nunca vi a nadie con una maleta dando vueltas, eso si el dia lro. nos estrenabamos alguna ropa…..memories…..Feliz Ano Nuevo para TODOS!!

  3. Que bien, la Cuba que no conocí- extraña y fascinante- Mientras mis abuelos vivieron se tiraba agua a la calle a las doce aca en Miami, después la costumbre se desvaneció en mi familia- Gracias por compartir esos recuerdos con nosotros y por hacerlo de una manera que me parece estar ahí compartiendo tu infancia y la de otros chicos cubanos.

  4. Otro artículo de colección.
    Gracias.

  5. yo ni me acordaba del famoso cubo de agua. Lo que si he visto mucho con amistades latinas de otros paises, es la tradicion de la maleta. Ellas dicen que es para que se les den viajes. Lo gracioso es que ninguna de las que corrio la maleta en el 2010 se fue de viaje en el 2011. Asi que esas supersticiones son relativas, cada quien hace lo que crea. Lo de la uva si continua la tradicion. Y lo de la ropa interior no se que significa, si tenia que ser amarilla o roja, tendre que buscarlo en la web.

  6. Yo personalmente aun de cara al Vaticano a las 12 de la noche tengo mi cubo de agua limpia y la boto en el balcon porque para la calle calle no se puede, enciendo toda la casa para que entre la luz y lo positivo, y le pongo sus cositas lindas al viejo Lazaro y a todos mis santicos le enciendo sus velitas y si como no tengo quien me de un gajazo me lo doy yo misma , luego me pongo mi panty rojo o algo rojo nuevo como se usa aqui y pa’ lante luz y progreso sia carà

  7. Yo hice lo de la maleta en Diciembre y en enero me gané la «pira»… asi que lo de la maleta si que funciona!

  8. en otros lugares se hace lo d la maleta y aki en miami para no perder la costumbre se hace tbn,el cubo d agua no falta jejeje,las lentejas del dia primero,q no es mas q un motivo para seguir la fiesta

  9. Aqui en Venezuela se realiza el de la maleta, la ropa interior amarilla, la cena con las uvas, el brindis con vino, ron o cualquier otra bebida, todavía se hace de forma abierta sin ningún tipo de sobresalto pero, estamos alertas, gracias Zoé por mantenernos al día con tantas y variadisimas informaciones y artículos extraordinarios . Un abrazote de ¡Feliz año 2012 !

  10. Siempre se asen como algo simpatico, cultural, misterioso, y supersticioso.

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