Wislawa Szymborska, sonrisa y agonía en la poesía. Por Javier Rodríguez Marcos.

Muere una de las  maestras. La había leído antes de que ganara el Nobel, traducida por una amiga polaca, en Cuba. Muere una grande. Que en paz descanse.

El País le hace un homenaje muy merecido.

NADA DOS VECES.

Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin expenencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

 

De «Llamando al Yeti» 1957 .     Versión de Gerardo Beltrán.

5 respuestas para “Wislawa Szymborska, sonrisa y agonía en la poesía. Por Javier Rodríguez Marcos.”

  1. Cuando se lee «Nada dos veces» de Wislawa Szymborska; reconozco que por no conocer a la poeta estoy siempre en deuda contigo, y la ignorancia es casi fiesta, gracias Zoé.

  2. Entrañable… Posibilidades… Bajo una pequeña estrella… Despedida de un paisaje… este verso inmenso para ser leìdo, para ser oìdo, para ser tocado… «…No me acuses, alma, de poseerte pocas veces…»

    Cada vez que muere un poeta… morimos un poco màs… Nada dos veces…

  3. Recuerdo un poema suyo desde el punto de vista de un gato a quien se le murió el dueño. Precioso.
    Paz en su tumba.

  4. Qué triste noticia, Zoé. Admiraba a esa mujer. Por mucho, y por más. Casualmente, para fin de año me había abocado a la lectura de El instante, de José Abreu, y tal vez porque a una amiga (polaca y también octogenaria) le llamó la atención el título del libro que andaba yo leyendo, decidió regalarme el poemario Instante, de la Szymborska. Y nada, si bien había leído muy poco de esta escritora, hacía tiempo que la admiraba por su exquisito y constante ejercicio del humor y la ironía. Una Maestra. Y más.

    Con su poemario «Instante» me quedé con la sensación de que no alcanza todo el vocabulario para expresar lo que genera cada poema suyo, cada palabra, cada imagen, cada salto. Una sensación bastante rara en mí, tratándose de que mi apreciación hacia la poesía es bastante elemental; tan elemental como que se restringe a ese “me gusta – no me gusta” tan trillado entre los profanos de la métrica.

    Qué decir, una escritora excepcional. Pura lírica. Sabiduría pura. Modestia infinita. Hoy, a través de la hija de mi querida amiga polaca, he sabido que su madre y la escritora mantuvieron una hermosa correspondencia. ¡Y en español! Sin palabras.

    Descanse en paz.

    (Este poema suyo me desgarra):

    UTOPÍA

    Una isla donde todo se aclara.

    Ahí se pisa la tierra firme
    de las pruebas.

    Hay un solo camino, el de la llegada.

    Los arbustos encorvados se pliegan bajo el peso
    de las respuestas.

    Ahí crece el árbol de la Hipótesis Adecuada
    con las ramas desenredadas desde siempre.

    El árbol de la Comprensión, deslumbrante, recto,
    junto al manantial que susurra: “Es así.”

    Más se interna en el bosque, más se abre
    el Valle de la Obviedad.

    Si surge una duda, la desvanece el viento.

    El eco, sin que nadie se lo pida, toma la palabra
    con ganas,
    y aclara los misterios del mundo.

    A la derecha, una cueva donde hay sentido.

    A la izquierda, el Lago de la Profunda Convicción.

    La verdad se desprende del fondo y ya flota en la
    superficie.

    La Seguridad Intocable domina el Valle.

    Desde su cumbre se contempla la esencia de las cosas.

    A pesar de tantos atractivos, la isla está despoblada,
    y las pequeñas huellas de los pies, reconocibles
    en la orilla,
    se dirigen todas, sin excepción, al mar.

    Como si sólo se hubieran ido desde allí
    para volver a sumergirse, sin remedio,
    en una vida inconcebible.