Fragmento de encuentro amoroso en Cuerpos Divinos de Guillermo Cabrera Infante.

«PRIMERA PARTE

Fit as a fiddle que es todo lo opuesto a listo para la fiesta. Fit as a fiddle que es vivo como un violín y no violento como una viola. Fit as a fiddle and ready for love, riddle for love que es vole, volé (ve olé), randy for love and feet as two fiddlesmusicales, y se hizo el destino un desatino porque el hado organiza más mal que la suerte, que se ordena mejor que una frase, Fit as a pit. Iba cantando en buen tiempo y no solo, sino con Raudol al lado, cantando ahora a la rubia cuando la miré todavía sin haberla visto, mi órgano sin registro tocando sonatas Würlitzer antes de comenzar la función, organ in the pit, piano en el pozo, en el foso con toda esa luz de tiza arriba, al lado, al frente, violenta sin hacerse violeta por lo menos en horas.

Fue entonces que la vi sin haberla mirado, sin realmente haberla mirado, sin mirarla apenas y vi que era rubia, rubia de veras aunque parecía pequeña, pero aun sin medirla sabía que estaba hecha a mi medida. ¿Qué buscaba ella? No a mí, ciertamente, porque tenía un papel, un papelito, como un billete suave, en la mano y miraba a cada puerta, cada fachada, cada frontis de ese edificio, y me ofrecí a salvarla de su extravío, esa niña en el bosque de concreto buscando tal vez el absoluto relativo a los dos.

Hay momentos en la vida -yo lo sé- en que el alma está vacía, el corazón desolado y todos esos clichés no sirven para demostrar ese estado de ánimo que una canción americana define como I’m ready for love: listo para el amor sería la traducción pero apenas sirve para mostrar cuándo uno tiene el espíritu y el cuerpo (no hay que olvidar el cuerpo) abiertos al amor. Yo conozco ese estado particular y sé que el que busca encuentra. Así, no me extrañó haberla encontrado ni el amor que ella despertó en mí: más me extraña lo fácil que pude no haberla encontrado o lo fácil que fue el encuentro.

Creo que yo la vi primero. Puede ser que Raudol me diera un codazo, advirtiéndome. Salíamos de merendar y de hacer un dúo de donjuanes de pacotilla en la cafetería que está debajo del cine La Rampa. Cogimos por el pasillo que sube y entra al cine y sale a la calle 23 y por el desvío (¿por qué no salimos directamente a la calle?) atravesando el pasadizo lleno de fotos de estrellas de cine y frío de aire acondicionado y tufo a cine, que es uno de los olores (junto al vaho de gasolina, el hedor del carbón de piedra ardiendo y el perfume de la tinta de imprenta) que más me gustan, esa maniobra casual puede llamarse destino. No recuerdo más que sus ojos mirándome extrañada, burlona siempre, sin siquiera oír mi piropo, preguntándome algo, dándome cuenta yo de que buscaba alguna cosa que nunca había perdido, pidiéndome una dirección. Se la di, la hallé y se la di. ¿Se sonrió o fue una mueca de burla o me agradeció realmente que buscara, que casi creara los números de la calle para ella? Por poco no lo sé jamás.»

Guillermo Cabrera Infante. Fragmento de Cuerpos Divinos. Continúa en El Cultural de El Mundo.

9 respuestas para “Fragmento de encuentro amoroso en Cuerpos Divinos de Guillermo Cabrera Infante.”

  1. Leí ese texto. Leí el libro. Supongo que GCI se refiere a Miriam. Qué prosa la de Guillermo! Y muy apropiado, Zoé, para el día de hoy.

  2. WOW!
    Adoro todo ese jugar alrededor de lo que se cuenta.

    Cepp

  3. Genial para todos los gustos, el primer parrafo me queda grande, pero intuyo que es demasiada la maestria. Giros idiomaticos de la calle adobados con buen gusto, refinados en el contexto. Esa rubiecita se eternizo en la pluma del Maestro.

  4. Divino el maestro GCI:
    “esa maniobra casual puede llamarse destino”
    Gracias Zoé y ¡Felicidades a Miriam, La Musa!

  5. Bueno, las obras completas del Maestro will seal the deal.
    Don Guillermo Cabrera Infante and Miriam Gómez, for the ages!
    Gracias.

  6. O desatino… JosEvelio… 😉