Mis aventuras en Shakespeare & Company, George Withman In Memoriam.

George Withman, Ricardo Vega, y yo, en Shakespeare & Company

George Withman falleció el año pasado a los 98 años, trabajó prácticamente hasta el último suspiro. No sólo fue un gran poeta de la generación beatnik además fue un librero reconocidísimo por el amor a los libros, a los autores, y a los lectores. Me dio consejos extraordinarios de lectura y gracias a él conocí a Lawrence Durrell durante una de sus conferencias en la librería y a Alba de Céspedes en su casa del 4 quai de Bourbon en la Île Saint-Louis, además le debo el haberme hospedado tres días en el piso encima de la librería, en los años ochenta, durante una de mis angustiosas y furibundas escapadas.

Uno de mis primeros trabajos periodísticos lo dediqué a Shakespeare & Company, la mítica librería parisina, donde Sylvia Beach, su dueña original y editora, publicó la edición original del Ulysse de James Joyce y también recibió a un desorientado Ernest Hemingway, más hambriento y pobre que un forro de catre.

También muy desorientada, pobre y triste recalé yo una tarde helada en esa librería, llevaba la cabeza rasée de un lado y el pelo largo del otro, me pintaba los labios y las uñas de negro, y me vestía con unos abrigos inmensos comprados por unos pocos francos en el Mercado de las Pulgas de la Porte de Clignancourt o en los Guerrisolds donde los árabes vendían ropa de muerto. Sylvia Beach ya no estaba, y tampoco Anaïs Nin.

Me dio la bienvenida afablemente el gran George Withman, con su melena revuelta de poeta, confundiéndome con una inglesa. «No soy inglesa, soy cubana, aunque tengo de irlandesa», y su risa franca se abrió, entonces confesó su interés por la poesía de Nicolás Guillén, y pronunció Camagüey sin la diéresis como si paladeara un delicioso manjar. Nunca había estado en Cuba, prefería soñarla, me dijo, sin más, y yo entendí.

Yo no tenía un céntimo, él lo intuyó y me permitió que leyera los libros recostada en los viejos camastros que había colocado en los recovecos del laberíntico y estrecho recinto para jóvenes como yo, e incluso más jóvenes. Yo contaba 23 años.

Esa tarde me hizo un té en su destartalada pero limpia cocinita, me brindó uno de los lechos no tan desvencijado en el pisito de arriba donde dormían gordiflones y perezosos gatos y me puso una novela de Alba de Céspedes en la mano. Una foto de ella con un conejo entre los brazos colgaba de uno de los tabiques contra los que se sostenían antiguos y polvorientos libreros.

George Withman fue un gran librero, un inmenso poeta, un inolvidable amigo, Desde esa librería envié libros regalados a varios amigos: escritores y escritoras. Algunos, conociendo la importancia del lugar me lo han agradecido, otros todavía no se han ni siquiera enterado y jamás han hecho referencia al obsequio. No importa, aunque espero que lo hayan sabido guardar. Una de las particularidades de la librería es que en aquella época -no sé si todavía hoy- cada libro llevaba impreso el cuño con el logo, que era la carita de William Shakespeare silueteado en tinta negra, que simulaba un gato negro enroscado en un tejado.

Creo que fue allí donde me gradué de lectora, y de escritora.

Zoé Valdés.

Un recorrido por las librerías más bonitas del mundo. Por Virginia Collera. (Menciona a Shakespeare & Company).

Aunque siempre recordaré La Moderna Poesía, en la calle Obispo, y La Polilla, de la calle Reina, no tanto por los libros, que en mi época no eran de la calidad requerida o añorada, sino por la amabilidad de sus libreros, y por su historia.

14 respuestas para “Mis aventuras en Shakespeare & Company, George Withman In Memoriam.”

  1. Los grandes se reconocen.
    George Withman reconoció en la joven cubana el talento en ciernes. Quedan libreros como él? Quiero pensar que si, que aún los hay. Como que todavia hay escritores agradecidos…
    Shakespeare and Co., (no hay que decir Paris, se sobrentiende) mítica libreria como su dueña Sylvia Beach. No conocia la historia de George Withman,, he aprendido algo importante.
    Gracias por la delicia de leerte querida Zoé.

  2. Gracias por compartir ese pedacito de tu historia con nosotros, eso se agradece.
    Abrazo.
    Gino.

  3. El valor de esta experiencia es incalculable, eres afortunada Zoe!

  4. ¡Ser transportado en el tiempo hasta el París de los años 20 del pasado siglo, como en la película de Woody Allen! ¡Que maravilla!

    Saludos, Jacobo

  5. Es siempre enriquecedor mantener una linda amistad con el librero preferido sobretodo si tiene vida vivida para que te cuente las vivencias. Muy bonito este relato de tu experiencia con el SR librero, ( en mayuscula por la importancia). gracias Zoe

  6. Me encanta la fascinación de tus palabras y el amor que pones en escribirlas. No todos podemos llevar al papel las emociones que nos embargan por dentro. Te prometo buscar entre las múltiples cosas que traje de Cuba la historia de como surgió La Cultural, a la que después se anexó La Moderna Poesía. El hombre que la hizo florecer y exportar libros de textos, a la Argentina incluso, era español y lo apodaban POTE. Esto forma parte de un libro inédito titulado » Crónicas de una memoria cautiva » Gracias por toda tu. Julio César Gálvez.

  7. El Amor a los Libros, es Certero.

  8. El Amor a los Libros=el Amor a la Gente.

  9. No hay porque despreciar un e-Book. Escriban con Amor para la Gente, y todo andara bien.

  10. Un relato encantador. Para un amante de la lectura no hay mejor guía que un auténtico librero. Y si es poeta, mejor.
    Gracias, Zoé.

  11. Lindo relato, sin duda un sitio magico. Gracias por compartirlo.

  12. Con los libreros los lectores tenemos una afinidad especial, una complicidad: El amor por los libros. Tu escrito es precioso. Gracias.

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