Balseros en Dry Tortugas (3 de 3 posts). Por Julio C. Zangroniz.

El grupo de refugiados, sentado en bancos bajo una enorme caseta de madera sobre el muelle, guardaba un silencio respetuoso. Quizá estaban impresionados por el hecho de que un «mero ciudadano» podía hablar de forma acalorada con representantes de la ley sin que éstos le molieran a palos, como hubiera ocurrido en Cuba.

Aunque quizá ninguno de los refugiados podía entender el intercambio, que naturalmente tuvo lugar en inglés, no cabía duda de que había una verdadera confrontación en progreso. «A Ud. lo trataron muy mal,» se quejó al periodista uno de los refugiados poco después. A decir verdad, el corresponsal creía que él iba a terminar arrestado y, quizá, enviado a pasar la noche encadenado en una de las mazmorras de Fort Jefferson, una instalación cuya construcción comenzó en 1840 y que sirvió de prisión durante la Guerra Civil de Estados Unidos, entre 1861 y 1865.

Pero esta vez, la ley estaba de parte del corresponsal y, felizmente, los agentes de la ley lo reconocieron, por lo que le permitieron quedarse «mientras que te mantengas callado y no interfieras con el procesamiento del grupo,» según expresó uno de los agentes.

El periodista prometió cumplir con esas exigencias. Lo tuvo que hacer no una, no dos, sino TRES veces, ya que uno de los empecinados «guardianes de la ley» repetía sus amenazas una y otra vez, como si fuera incapaz de recordar lo que había dicho momentos antes.

En breve, se hizo evidente por qué los agentes de la ley no querían realizar sus deberes en presencia de una persona «fuera del sistema» que entendiese a cabalidad todas las conversaciones, tanto en español como en inglés.

Un ejemplo: el agente que se identificó como «el traductor oficial» espetó, en su primer comentario hacia los refugiados: «Démen sus papeles.» En español correcto, no se pide «papeles» cuando lo que se busca son «documentos de identidad.» Otro ejemplo: momentos más tarde, uno de los refugiados sacó de un bolsillo una licencia internacional de conducir, aparentemente expedida por el gobierno de Cuba y preguntó: «¿Es que esto sirve para manejar aquí en los Estados Unidos?» El traductor oficial, algo abruptamente, le respondió: «Aquí en Dry Tortugas no se puede manejar, porque aquí no hay vehículos de motor.»

El periodista, cortésmente, le aclaró al traductor: «Perdóneme, señor, pero eso no es lo que ese hombre le preguntó. El quiere saber si su licencia es válida para manejar EN EL RESTO de los Estados Unidos, no aquí en Dry Tortugas.» La respuesta del traductor al periodista, en inglés, se limitó a: «No me di cuenta de eso.» Pero no le dijo nada más al refugiado con la licencia internacional.

Posteriormente, otro agente de la ley, un hombre alto y espigado, con cabellos castaño claro, llegó portando una caja de botellas de plástico llenas de agua, forrada en plástico, y la tiró bruscamente al piso. La caja resbaló por casi un metro de distancia sobre la superficie de madera, hasta que se detuvo cerca de los pies de tanto el periodista como de uno de los refugiados. Ambos estaban descalzos y pudieron haber recibido magulladuras serias, quizá hasta una fractura, en el incidente. El agente completó su acto maleducado casi gritando, en inglés: «¡Esto no es una maldita zona de picnic, así que cualquier basura que dejen aquí la van a tener que limpiar ustedes!» Y enseguida dio una media vuelta y se alejó del lugar, todavía echando pestes que nadie pudo escuchar.

El periodista le sugirió al «traductor» oficial: «Ud. va a tener que repetir todo eso en español, porque probablemente aquí nadie entendió nada de lo que ese hombre dijo.» Pero una vez más, el traductor se hizo el de la vista gorda y no tradujo nada. Simplemente emitió un semi-callado «¡Hmmmm!» Momentos más tarde, uno de los refugiados le murmuró al periodista, en referencia al agente que había traído la caja de agua: «Los manerismos de ese tipo eran bien fácil de entender. Parecía que nosotros estábamos allí con tal de molestarle, que sólo éramos un problema con el cual él tenía que lidiar. Es bien evidente que no nos quería ni ver, que le estábamos complicando el día. No nos trató como las víctimas que éramos. Eso no es justo.»

Eventualmente, uno de los miembros de los «agentes de la ley» convenció a una representante del Servicio Nacional de Parques, una mujer rubia de apellido Pepper, a que le instara al periodista, una vez más, que abandonara la escena de los hechos.

La agente Pepper se acercó al «intruso» y le rogó: «Por favor, señor, ¿podría hablar con Ud. en privado?» El periodista accedió a ello y la agente Pepper prosiguió: «Necesitamos poder procesar a estas personas lo más rápido posible, sin interferencias de ninguna clase.¿ Podría Ud. darnos la oportunidad de hacerlo? ¡Más tarde, usted puede volver y hacer todas las preguntas que Ud. quiera!»

El periodista, al verse tratado por primera vez con consideración, respeto y cortesía por un agente de la ley, manifestó su acuerdo con la solicitud y regresó a su campamento. Alrededor de una hora más tarde, el periodista tomó sus avíos de pesca y regresó al muelle donde habían estado «procesando» a los refugiados. Ya ellos no estaban allí, pero el periodista se sentó a unos 25-30 metros del navío que eventualmente se llevaría a los refugiados cubanos a Cayo Hueso.

Mientras esperaba, arreglando sus anzuelos, pitas y carnada, un joven agente del parque cuyo apellido es Parker, pasó con dos de los 13 refugiados, que ya vestían trajes blancos y los tres se dirigieron al bote. Uno de ellos era Pedro, el «capitán» del bote de los refugiados. Cuando se acercaron lo suficiente como para reconocer al periodista, los dos alzaron sus brazos derechos en señal de «adiós.» El periodista les gritó: «¡Suerte!» a medida que ellos y el agente Parker se dirigían al bote y desaparecían en las entrañas del navío.

Fue la última vez que el periodista pudo ver a alguno de los 13 refugiados. Nunca se le otorgó la prometida oportunidad de «volver y hacer todas las preguntas que Ud. quiera,» como le había asegurado la agente Pepper. ¿Se habrá olvidado ella por accidente o…. fue a propósito?

El periodista no volvió a ver a la agente Pepper hasta que él estaba a punto de abandonar la isla al día siguiente.

Pero la noche anterior, después de partir de la zona del muelle, alrededor de las 10 PM, el periodista regresó una vez más a su campamento y terminó de cocinar la cena que había empezado a procesar más de dos horas antes. Desde su campamento escuchó cuando el barco de una agencia oficial de la Florida echó a andar sus motores, a eso de las 10:25 PM. Cinco minutos después, el navío partía de las Dry Tortugas, supuestamente rumbo a Cayo Hueso.

Posteriormente, el periodista independiente hizo varios esfuerzos por interesar a varios medios de prensa en publicar los detalles y fotos del suceso.

Primero, se dirigió a un periódico local de Cayo Hueso, al que le ofreció un relato detallado de la historia y las fotos exclusivas de la llegada de los refugiados, así como la lista de nombres y otros detalles, pero lamentablemente, no había nadie en la redacción del periódico, porque era domingo y el periodista tenía que partir rumbo a tierra firme.

Varios días más tarde, esfuerzos similares con The Miami Herald, en el mismo centro de Miami, también fracasaron. Inicialmente, el editor local con el cual el periodista independiente se puso en contacto telefónico, mientras le hablaba desde la misma sala de recepción del matutino, observó: «Eso pasó la semana pasada (en realidad, sólo tres o cuatro días antes). Eso ya no es noticia.» El visitante le insistió que aunque la historia tuvo lugar varios días antes, ninguno de los detalles había salido a la palestra pública, en foro alguno, por lo que la lista de los 13 individuos quería decir que por lo menos 13 familias en Cuba TODAVÍA ignoraban si sus familiares habían sobrevivido la travesía, y que por lo tanto el periódico tenía el DEBER de suministrarle esa información a la comunidad donde circula, a la que supuestamente «sirve.» Por lo tanto, todavía ERA noticia. Además, el periodista tenía en su poder fotos EXCLUSIVAS del suceso. Fotos que NADIE MÁS en todo el mundo tenía en su poder en esos momentos. Ese último detalle parece que hizo mella sobre el orgullo profesional del editor del Miami Herald, que acordó examinar las fotos «una vez que termine con varias cosas que tengo entre manos en estos momentos.» El periodista independiente le aseguró al editor que podría esperar por él «por lo menos por media hora.»

Mucho antes, al llegar al edificio del Herald, el corresponsal había llamado por teléfono a una de las columnistas del la edición del periódico en español y le había dejado un mensaje en su contestadora electrónica.

Pero más de una hora más tarde, temeroso de que le fueran a multar por estar indebidamente estacionado, en una zona donde no hay provisiones para los visitantes, el periodista decidió marcharse. Nadie en el Miami Herald tuvo la cortesía de devolverle la llamada.

Otro esfuerzo similar, para hacerle llegar la historia de los cubanos refugiados en Dry Tortugas a la comunidad hispanoparlante, fue con el canal de noticias de Univisión. Resultó en otro fracaso, a pesar de hacerle una explicación en español a un productor de noticias –algo que fue casi un RUEGO. El representante de Univisión se limitó a copiar el correo electrónico del periodista independiente, así como el teléfono del hogar privado donde el periodista aguardaba el momento para partir en su viaje de regreso y prometió devolver la llamada «después que yo discuta el asunto con mi supervisor.» Una vez más, el periodista le informó que solamente podría esperar alrededor de media hora.

Pero después de una hora y media, sin obtener resultado alguno, el periodista se montó en su vehículo y empezó lo que sería un viaje a casa de dos días.

Este relato, por tanto, es la primera exposición pública que tiene esta historia, así como las fotos que lo acompañan. Vea más fotos en la galería 12Cubanrefugees.

Los 13 cubanos refugiados del 2 de marzo ya están a salvo, seguros, en la tierra de los libres y el hogar de los bravos.

Que Dios bendiga a América.

Julio C. Zangroniz.

 

5 respuestas para “Balseros en Dry Tortugas (3 de 3 posts). Por Julio C. Zangroniz.”

  1. Muchas gracias, Julio por tan intenso testimonio y sobre todo, por reportar lo que la prensa prefiere ver enterrado. Muchas gracias a Zoe por publicarlo aquí, para que se conozca ampliamente la tragedia que significa lanzarse al mar para cruzar el estrecho de la Florida, aventura que no todos logran sobrevivir.

  2. Gracias por estar en ese momento tan inolvidable y poder dejarnos huellas en fotos de no se tanta felicidad y a la vez tristeza, si porque atrás estábamos dejando a nuestras familia que solo dios sabia cuanto tiempo estariamos distanciado. Asi que gracias señor Julio por todo ,gracias.

  3. Pues yo soy una de los 13 valceros k llegaron al país de la libertad.y si no hubiera sido por el señor serbio ..aún no hu ieramos sabido k hubiese sucedido con nosotros .pues no había k entender el idioma para darse cuenta k un guardia también inmigrante latino.estaba muy molesto con nuestra llegada.y si logro contenerse fue gracias a la intervención del periodista .gracias serbio de corazón en nombre de los 13

  4. Hola muchas gracias por tu gran trabajo por favor yo ando loca localizando a mi primo que se fue en una lancha, lo que nadie sabe que día fue que se fue sé que llego una hace poco pero no sabes si llego con vida, quiera saber si usted me pudiera ayudar por favor toda la familia estamos preocupados, muchas gracias, por su ayuda de antemano, mi primo se llama Michel Noa Carballo.