Derechos humanos en América Latina. Por Julio César Gálvez.

Derechos Humanos en América Latina.
Antecedentes históricos. Por: Julio César Gálvez.
Sección: Una isla perdida en el mar.

Cuando ya han transcurrido meses de la celebración del 63 aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el cumplimiento de la misma en América Latina varía mucho de un país a otro. Colombia, con la presencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia — FARC –, desde hace más de 60 años en la vida política de la nación, y años más tarde las Fuerzas Paramilitares, ambas con sus secuestros, desapariciones, ejecuciones sumarias y la tortura contra civiles y militares, amparadas en el narcotráfico, han alcanzado proporciones epidémicas. En Perú, donde cientos de personas continúan en las cárceles acusados de actividades subversivas por pertenecer al grupo terrorista Sendero Luminoso. Honduras, donde un golpe de Estado derrocó a Manuel Zelaya por inconstitucional, lo que provocó disturbios, heridos y muertos durante las protestas. Nicaragua, donde Daniel Ortega está acusado de fraude electoral para reelegirse, después de modificar la constitución violando lo establecido en la misma. Guatemala, donde la esposa del presidente Alvaro Colom se divorció, en un rejuego político para tratar de perpetuar a la familia en el poder. México, donde los periodistas son asesinados por denunciar el narcotráfico y el aumento de la violencia contra las mujeres. Bolivia donde Evo Morales arremete contra los indígenas que lo apoyaron para asumir la presidencia. Correa en Ecuador coartando la libertad de prensa. Venezuela, camino del retroceso, gracias a las políticas impuestas por Hugo Chávez, sed violan los derechos elementales de sus ciudadanos. No son los únicos.
En otros, la brutalidad policial, las condiciones inhumanas en las cárceles, y las violaciones a los derechos económicos, sociales y culturales es cosa diaria. Si hay una violación común, hoy en día, en la mayor parte de los países de América Latina, es la impunidad, la falta de castigo — y a menudo de investigación — sobre aquellos que son responsables por cometer los abusos más viles y horrendos que puedan imaginarse contra los derechos humanos.
Cuba, quizá sea el único país del continente americano, y hasta del mundo, donde se violan, de forma sistemática y encubierta, todos los derechos humanos en su conjunto desde hace más de 50 años. Baste señalar el aumento de la represión, las golpizas y las detenciones contra pacíficos disidentes durante los últimos meses. En estos momentos, y a pocos días de la tan controvertida visita del Papa Benedicto XVI a la isla, se desconoce el paradero de varios opositores detenidos y desaparecidos desde el pasado 20 de marzo, por tratar de realizar una marcha demandando libertad de expresión y democracia.
Pero todo esto tiene su antecedente histórico, si se parte de la base que América Latina esta unida “ por un pasado de dominio colonial, lengua, historia y tradiciones comunes ”. A lo que hay que agregar la tozudes de las neuronas de gobernantes en gran parte también.
La conquista española entre 1492 y 1650 exterminó a más del 70 por ciento de unos 70 millones de habitantes que existían en la región cuando Cristóbal Colón piso tierra firme en La Española, hoy República Dominicana. España, como imperio colonial sometió con dureza y esclavizó a los originarios de sus nuevos dominios en América para hacerlos trabajar despiadadamente en busca de oro y riquezas, de los que despojarles para enviar a la Madre Patria. Llegó a ser el más poderoso y extenso imperio de todos los tiempos, pero terminó en total bancarrota y derrotado militarmente en 1898 ante Estados Unidos – acción que nunca han perdonado — con la perdida de Puerto Rico y Filipinas y la independencia de Cuba, donde empleó “ hasta el último hombre y la última peseta ” Como dicen popularmente, “ Más se perdió en Cuba ”
La Revolución Haitiana — precursora y paradigmática –, que se independizó de Francia en 1804, que condujera a la primera república negra del mundo, donde solo 12 mil de los 300 mil habitantes con que contaba eran blancos libres, y que de hecho, sería la primera verdadera revolución independentista de América Latina, siguió el ejemplo, después traicionado de la Revolución Francesa, de quien tomó los postulados de las corrientes del pensamiento liberal en los campos filosóficos y políticos: Libertad, Igualdad, Fraternidad.
El proceso de independencia de América Latina, que costó cientos de miles de vida, detonó y se encarriló luego de que España fuera invadida por Francia en 1808 y se promulgara la Constitución de Cádiz de 1812, — de la que celebramos su Bicentenario — que contribuyó a instaurar en la península un orden más igualitario, una economía más liberal, un organismo judicial uniforme, en los que se abolieron los gremios, y desamortizó la propiedad de la iglesia, pero lamentablemente no lograron modificar de fondo la cultura política española, ni arraigar por tanto las costumbres democráticas.
Hidalgo, San Martín, Sucre, Bolívar, Martí. Son héroes, países y procesos distintos, pero todos con un mismo fin: la independencia del poder colonial de España y la libertad de sus pueblos. Fueron ardientes defensores de la dignidad y los derechos en igualdad de los seres humanos mucho antes de que existiera un documento que lo respaldara.
América Latina ha tenido revoluciones inconclusas; países que lograron emanciparse de un colonialismo formal pero que luego sufrieron distintos tipos de injerencia extranjera. De la dependencia del imperio de España durante la colonia, pasó a la subordinación de Gran Bretaña en el siglo XIX, a la presión de Estados Unidos en el pasado siglo XX y a la nueva etapa de influencia de China y Rusia en el presente siglo XXI.
El discurso oficial habla de unidad en América Latina, pero eso es pura retórica. América Latina está desunida por ser la zona de mayor disparidad en el mundo en materia de ingresos económicos entre ricos y pobres, una de las causas de violaciones de los Derechos Humanos.
Unos 205 millones de personas son pobres y 79 millones son indigentes, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, más sin embargo es una de las regiones mayores productoras de materias primas esenciales para los países industrializados y que mejor ha podido resistir el fuerte impacto de la crisis financiera actual.
La hermandad latinoamericana no está presente en la coherencia de los discursos de sus gobernantes. Hay división, ausencia de un proyecto común; izquierdas y derechas intransigentes e intolerantes, visiones distintas y adulteradas sobre lo que es independencia y soberanía nacional. Crisis de valores éticos y morales de sus políticos. Todo lo cual implica serias violaciones de los derechos más elementales de los ciudadanos de estos países.
Las rencillas entre naciones tienen componentes personales: el caudillismo. Ese mal endémico heredado de la etapa colonial de mentes calenturientas y obcecadas, donde la prepotente y autosuficiente figura patriarcal es eterna en el mando, desde donde arrasan con todo lo establecido y convierten a su antojo las instituciones y la democracia en provecho personal; manipulan a los pueblos para cambiar las constituciones y beneficiarse para seguir ostentando el poder.
Las divisiones y discusiones entre Chile, Perú y Bolivia, permanecen intactas desde la Guerra del Pacífico, llevada a cabo entre 1879 y 1883. Bolivia le reclama a Chile la salida al mar. Muchos de los países sudamericanos tienen interpuestas demandas y reclamaciones ante la Corte Penal Internacional a los que se suman Nicaragua y Costa Rica por situaciones limítrofes.
América Latina está dividida: de, un lado los gobiernos conservadores afines a la política de Washington, como Colombia y hasta el presente el Perú, del otro lado la izquierda autoritaria, intransigente y populista de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo, quienes siguen los dictados de una filosofía desfasada aplicada por Fidel Castro, quien ha convertido a Cuba en un Estado policial represivo, atrasado tecnológicamente y dependiente en lo económico del exterior, mientras en medio, una socialdemocracia a la europea, con Brasil y Chile como estandartes.
Atrás quedó la noche del 10 de diciembre de 1948, en París, donde 48 de los 56 delegados presentes aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin duda uno de los documentos más trascendentales en la Historia de la Humanidad. La historia lo recoge, aunque se hable poco de ello, Arabia Saudita y la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, quien se jactaba de la defensa de la democracia, se abstuvieron de aprobar la Declaración, mientras todos los países de América presentes en la votación, entre ellos Haití, emitieron su fallo favorable.
Hoy vivimos en un mundo más democrático y plural, donde los derechos humanos deben ser respetados como un acto de justicia e igualdad entre los hombres.
Por eso para los latinoamericanos siempre deben estar presentes las palabras del Benemérito de las Américas, el mexicano Benito Juárez, cuando sentenció: “El respeto al derecho ajeno es la paz ”.

Una respuesta para “Derechos humanos en América Latina. Por Julio César Gálvez.”

  1. Perdon,pero el caso de Cuba es unico,como es posible que tu te prestes a darle un mitin de repudio al que esta luchando por darte un poco de comida,libertad,derechos que perdiste o sea tu estas en la misma situacion que al que estas repudiando,a mi me crio una tia y en el ano ochenta,la predidenta del CDR llego a casa para decirle a mi tia que si participabamos en el mitin y desgraciadamente dio con la peor de mi familia,mi tia le respondio:Aqui nadie hace acto de repudio y mirelos ahi tranquilos,aqui el que haga mitin de repudio se va con usted a vivir a su casa,usted manda en el comite pero la que manda aqui soy yo.