El propósito de la visita papal. Por Thomas Wensky.

El Nuevo Herald.

1.- Si quieren ayudar al pueblo de Cuba, que no legitimicen con su presencia al gobierno de Castro.

2.- Es una minoría muy pequeña de cubanos de Miami la que lo acompaña a Cuba.

3.- Esos cambios políticos que él reconoce que quieren los cubanos del exilio y la gran mayoría en Cuba, con la presencia del papa y la actuación del cardenal Ortega que esta  semana colmó la copa ordenando a los verdugos a sacar a las víctimas del templo, solo ayuda a la tiranía.

4.- Es bueno que cite a Chepe (por cierto, un economista marxista), pero ¿por qué no citar directamente a Saladrigas? Si todo es el mismo negocio.

5.- Como bien dice, la vírgen de la Caridad es es el símbolo de los cubanos y de su libertad, el Cardenal de su iglesia en Cuba la ha puesto al servicio de los verdugos de pueblo.

6.- Tiene razón, la visita de Juan II marcó un antes y un despues en la iglesia  cubana, pero no en el sufrido pueblo de Cuba, la iglesia paso  a ser parte del castrismo.

7.- ¿No sabe él que con esta toma de posición también compromete a la iglesia de Miami?

Gracias a Miriam Gómez.

2 respuestas para “El propósito de la visita papal. Por Thomas Wensky.”

  1. El Arzobispo Wenski es un insolente y un atrevido, aunque bastante zorro, que pretende entender y saber más del problema de Cuba que los propios cubanos, sobre todo los del exilio. Es un insulto que tal sujeto haya sido puesto al frente de la Iglesia Católica en la capital del exilio cubano, y persiste la sospecha de que eso fue hecho a propósito para neutralizar o contrarrestar a «esa gente,» o sea, a los exiliados. Pero, desgraciadamente, los cubanos católicos del sur de la Florida no se le han plantado a Wenski ni a la Iglesia Católica debidamente, o sea, no se han hecho respetar–un cuento bastante viejo. Lástima.

  2. Y con respecto a la «peregrinación» (turismo religioso) a Cuba, impulsada y patrocinada por Wenski, recuerden que lo mismo fue intentado cuando la primera visita papal, pero hubo que cancelarlo debido a las protestas y presiones del exilio en aquel momento. La iglesia se quedó con las ganas y probablemente con el deseo de una suerte de desquite, y ahora lo ha conseguido. Es cierto que son pocos los cubanos que se han prestado al asunto (alrededor de 300), pero lo que verdaderamente importa es el «logro» de imponerse y burlarse de lo que quiere el exilio digno y comprometido con la libertad de Cuba.