Crossroads. Por Charlie Bravo.

Cuando en la Florida dice a llover, es algo que uno tiene que tomarse muy en serio. Llueve con ganas. No como en Miami, o como en Hialeah, donde la lluvia huele a cemento. Llueve con un olor a pantano indescifrable, y si uno cierra los ojos puede ver en la oscuridad el brillo de los ojos de los cocodrilos.

La otra noche fue una noche así.

Estaba en el medio de un cruce de caminos perdido en el Everglade, con aquel negro Leroy que conocí en el Bananas Café de Coconut Grove. Lo conocí después de tocar con una banda que actuaba allí, con una guitarra prestada. El tipo estaba en una mesa cerca de mi puesto, y casi podía pisar el cable de la guitarra, seguían el y su mujer el ritmo de la música con movimientos de la cabeza, casi imperceptible con esa gracia típica de los negros que bailan sin moverse.

Cuando terminó el set, se me acercó y estuvimos hablando. Su hermano, me dijo, había sido un buen guitarrista de blues. Murió en una pelea por una mujer, casi parece ser que ese es el destino de tantos guitarristas de blues. Me invitó a ver una banda medio siniestra en un lugar llamado Tobacco Road, en Miami.

Nada mal.

Allí no toqué, pero disfruté enormemente de una de las más explosivas presentaciones de blues, género que en este Miami de la salsa y el merengue, de la música del boom boom y el tiki tiki escasea tanto.

El guitarrista me pareció un tipo místico. O misterioso. No lo sé.

Ya en el parqueo, apoyados sobre mi viejo Dodge del 82, “El Caimán”, mientras conversábamos sin que la conversación fuera a ningún lugar en particular, se ofreció a llevarme a ver una ceremonia de Crossroads: un guitarrista ofrecería su alma al diablo a cambio de ejercer la magia a través de su instrumento.

“Muy bien”, le dije, pero más me interesa que me la hagan a mí.

“Le ofrezco a Legbá mi alma a cambio de que se lleve de una puta vez a los Castros de regreso a los mismísimos infiernos”

“¿Y como pagarás?” me preguntó, y antes de que yo pudiera responder me dijo “silencio, eso se lo dirás a Ma’ Mamba”.

“¿Y quién es Ma’ Mamba?” quise saber…»

Me respondió que ella cuidaba de las llaves de Legbá, y que si me arriesgaba a todo pues él me llevaba al cruce de caminos. “No tengo guitarra” dije “acabo de llegar a Miami y no tengo nada, ni dinero con qué pagar”.

Me dijo de inmediato que no me preocupara por la guitarra, y que no hacía falta dinero, que trajera una botella de aguardiente de caña, y una buena cantidad de velas. Ojo, que muchas de esas velas tienen que ser negras.

Nada más fácil que conseguir todo eso en Miami.

Fuí a su casa de Overtown, un distrito mayoritariamente negro, nos montamos en su camioneta vieja, su mujer iba acurrucada entre nosotros, y tomamos carretera como si fueramos para Tampa, a lo largo del Alligator Alley. Luego de contarme lo del asesinato de un cobrador de peaje en esa carretera y de pasar una cabina de cobro vacía, se desvió por lo que parecía un camino vecinal, como de entrada a una finca.

El trayecto daba la idea de que no acabaría nunca. Y en lo único que pensaba yo era si no había sido un ingenuo que ahora iba a ser asaltado y despojado de todo. ¿De todo? Me pregunté, si no tengo nada, nada de nada. Ya más tranquilo, casi me iba durmiendo cuando llegamos a un cruce, bajo la luz de la luna. Ma’ Mamba estaba allí, sentada debajo de un árbol, como si no hubiera cocodrilos por aquella zona. Recordé que Lynyrd Skynyrd había caído en un avión sobre los Everglades. Y que algunos de los habitantes del pantano habían disparado sobre los sobrevivientes, según se contaba.

Ma’ Mamba me pidió las velas.

Como buena bruja, tenía un mocho de tabaco entre las encías desdentadas.

Me hizo desnudar.

Fue derritiendo un poco de las velas y preguntándome para quién eran, para ustedes, para mi hija, dije. Me puso un sombrero de guano, como de espantapájaros, y me pintó el pecho, la espalda, el estómago, y la planta de los pies con una mezcla de fango y carbón. Para la cara reservó una mezcla de fango y sangre de no sé qué animal, y ni quise saber.

“Ya casi estamos” dijo.

“No sé” dije.

El negro Leroy trajo de la cama de su camioneta destartalada una guitarra más destartalada aun. Me dijo “Afínala”. Lo hice. Y para mi sorpresa le vació casi todo el aguardiente dentro.

Tomó un largo trago, Ma’ Mamba también. Ni a mí ni a la mujer de Leroy nos dieron.
Ma’ Mamba comenzó a invocar a Legbá mientras me daba con un latiguillo por todo el cuerpo. Legbá finalmente la montó y con una voz masculina con un acento indescifrable me preguntó qué quería.

“I am selling my soul, Legbá” dije.

“For how much?” preguntó a través de Ma’ Mamba.

“I don’t want any money for it, Legbá, I want you to have it if you take the Castros with you, to burn in hell” dije.

“And what would I like to take your soul? What would you do for me?” preguntó.

A lo que respondí “I will live in eternal poverty playing for food and drinks wherever you want me to play for you”.

Ya la cera de las velas que tenía sobre los hombros y en las manos me estaba quemando de manera insoportable.

“Shake the fire off” ordenó Legbá. Dejé caer las velas. Cayeron en fango húmedo y casi todas se apagaron.

“Play that old guitar for me”. Me lancé en una frase que me sorprendió mucho, nunca la había hecho. Mis dedos aunque entumecidos tenían vida propia. Menos mal, dije, no se me han caído. En ese instante Ma’ Mamba – Legbá recogió la vela encendida y la lanzó en el hueco de la guitarra, forzándola con su mano huesuda entre las cuerdas y la madera, con rabia. El aguardiente se encendió, y lancé la guitarra con todas mis fuerzas al agua. Me quité el sombrero, lo lancé al suelo y me paré encima de mi ropa.

Ma’ Mamba volvió en sí. Leroy y su mujer contemplaban la escena como si fuera algo que vivieran todos los días. “Done deal” dijo Leroy. “Vámonos”. Me vestí con la ropa llena de fango, subí a la camioneta y al amanecer llegamos a Overtown. Soñé con Ma’ Mamba, y me pregunté si no había sido más que un sueño. Estaba lleno de fango y con ampollas en los hombros, todo real, me dije. Hasta hoy, Legbá no me ha llevado ni a mí, ni a los Castros, quizás esto prueba que el Diablo es el mismísimo Castro, o viceversa.

Lo que hace uno por el blues.

Charlie Bravo.

19 respuestas para “Crossroads. Por Charlie Bravo.”

  1. Este cuento corto estaria listo para publicarlo en «The New Yorker».
    Mientras tanto tenemos la suerte de que Zoé atrae y publica joyas como esta.
    Gracias al Sr. Charlie Bravo por el hechizo.
    Saludos a los dos.

  2. Excelente escrito! Bravo Charlie.

  3. Hoy se cumplen 20 años de los saqueos en la ciudad de Los Angeles, después de que el veredicto sobre el caso de Rodney King no fuera del agrado de cierto sector de la ciudadania.
    Muchos de los centros culturales, cafés y bares (asi como supermercados, tiendas de reparaciones de electrodomesticos, zapaterias, barberias, etc) donde los Blues se podian escuchar tranquilamente fueron destruidos. Esa zona de Crenshaw Blvd nunca ha vuelto a ser lo que era.
    No solamente en Miami no hay blues…(en la memoria colectiva de los Angelinos la destrucción de una comunidad por sus propios miembros es una advertencia a lo que puede suceder, en cualquier momento si la turba descontrolada es azuzada por los politicos de barrio)

  4. Me ha encantado este relato y si Charlie lo autoriza, lo voy a reproducir en mi blog, en el mes de junio. Sólo necesitaría que me sugiera una foto o un video.

  5. Charlie me encanto, Bravo eres de meterte en Overtown!,jeje, solo por una causa como la de hacer algo por tal de mandar a los Castro al infierno. Charlie pienso que por eso a Miami le falta «alma», porque le falta el blues, por eso la encuentro fria y desalmada.Solo en Tobbaco Rd. puedo revivir mis tiempos cuando me metia en los zotanos de East Providence, que se repletaban con toda la gente de Brown Univ.en los 70’s!, Grate tale!

  6. Que exquisitez narrativa, fluida, sorprendente.. Es que los malos tambien utilizan los mismos dioses. Dicen las ex nueras de la ex escondida primera dama cubana que esta es una acreditada brujera que tambien incursiona la magia negra.

  7. CHARLIE MARAVILLOSO
    GRACIAS ZOE

  8. Què alucinante Charlie!… lo he leìdo varias veces… con la boca abierta… fue real?…
    Tambièn me gusta el blues… el jazz… esos sonidos negros, lleno de betunes y gemidos… siempre digo que debo tener un negro en mi alma… siento absoluta debilidad por Billie Holiday… absoluta.

    La primera vez, que vi a unos seres moviendo la cabeza al compàs de una descarga fue en El Sòtano, con Emiliano Salvador… eran negros, parecìan norteamericanos… me llamò la atenciòn porque en aquel espacio tan pequeño fumaban tabaco… un dìa probè menear mi cabeza al ritmo y sì, se siente distinto… es distinto el compàs en el cuerpo… “Play that old guitar for me”… hermosa frase…

    Ofrecer el alma al diablo a cambio de ejercer la magia a travès de la guitarra… serìa capaz?… fuiste capaz!… fascinante!… Bravo, Charlie… còmo he disfrutado el relato…

  9. Maestro acabaste conmigo, algo parecido pasa en el film del mismo nombre, mientras esto sea un relato va todo bien , maestro cuidadoooooo no se nos meta en candela y que diosito lo proteja

  10. Gracias a todos los comentaristas y lectores de este blog, y muy especialmente a Zoe por publicar estos relatos, algunos viejos, otros nuevos, y este, viejisimo.
    Tambien muchas gracias a todos los que me han escrito. Sin lectores no hay literatura.

  11. Muy bueno. Te felicito.

  12. Esta bueno, gracias por este resfrescante en este Miami tropical.

  13. Chalie Bravo..permiteme sugerirle que haga un libro de cuentos cortos…me fascino esta lectura..hay talento..la disfrute. Que se repita!…bye

    Cuban American

  14. Fascinante relato, la mano de Dios es oculta y misteriosa, lo que pediste se dara. Gracias por el post Zoe.

  15. ¡Bárbaro, Charlie!

    El blues, man… Sí, por el blues estuve a punto de quedarme en Memphis, Tennessee, aunque allí el peligro era mucho mayor que entre cocodrilos.

  16. Barbaro, JAJAJA, ta’bueno lo del viajecito a Overtown, Wow, la realidad, Oh YES, JAJA,
    Tobacco Road, buenisimo, historico lugar, mucho «levitations» JAJAJA

  17. De nuevo gracias a todos.

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