A la caída de la fruta madura. Por Julio César Gálvez.

A la caída de la fruta madura.

Por: Julio César Gálvez.
Sección: Una isla perdida en el mar.

La visita del Papa Benedicto XVI a Cuba comparte espacio en la prensa mundial junto a la recién finalizada Cumbre de las Américas, celebrada en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, los serios problemas económicos que atraviesa Europa, y los expresos políticos desterrados a España que se encuentran en la calle. Lo que dijo, lo que hizo y hasta lo que supuestamente aconteció durante su estadía en la isla y nadie presenció, es motivo de comentarios diversos.
Lo cierto es que los medios informativos tienen comida para varias jornadas más con estos acontecimientos.
Una intensa y extensa represión contra todo lo que pudiera oler o suponer empañaría la idílica visión de una isla feliz y tranquila estancia en la isla al Sumo Pontífice, fue el preámbulo donde fueron a dar con su osamenta a un rincón de un estrecho, oscuro y maloliente calabozo cientos de disidentes y opositores cubanos.
Catorce años atrás, 1998, se produjo la primera visita de un Papa a Cuba. Juan Pablo II tuvo esa prioridad. Anhelos e ilusiones despertó en sus palabras “ Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba ”
Más temprano que tarde todo se olvidó y el socialismo tropical cubano dio tres vueltas más de tuerca para aumentar la desidia, el hambre y la represión sobre toda la isla.
Esta nueva visita papal deja la certeza y la comprobación – para todos aquellos que aún no se acaban de convencer – de la alianza secreta entre los máximos dirigentes de la Iglesia Católica Cubana y la cúpula de la nomenclatura militar que desgobierna en Cuba, sus eternos enemigos comunistas. Ambos en busca de intereses muy particulares y de afianzarse en la cima del poder.
El pueblo, curioso y obligado, pero muy lejos de profesar una fe católica real y verdadera, — solo el 10 por ciento de la población cubana profesa la religión católica — acudió y prestó oídos sordos a las homilías de Benedicto XVI, quien ni siquiera fue capaz de tener dos palabras para los presos políticos que aún permanecen en las mazmorras castristas, los hombres y mujeres apaleados y golpeados en plena vía pública por disentir del discurso oficial o tan solo un minuto para escuchar a las dignas Damas de Blanco. ¿ Se le olvidó ? ¿ No tuvo tiempo ? Es lamentable. No pudo tener ni siquiera un minuto, más si pudo disponer de más de media hora para estrecharle la mano y escuchar lo que el Diablo tuvo a bien contarle.
Tras su partida, más golpes, más represión, más hambre contra todos en la isla. Y el espacio brindado, por supuesto, siempre con el consentimiento del régimen, a muchos oportunistas y arribistas de ambas orillas – católicos y ateos – de impartir conferencias, charlas y discursos de reconciliación, paz y futuros negocios, olvidando más de medio siglo de una feroz dictadura totalitaria que han conducido al desastre y la destrucción de todo un pueblo y un país.
¡ Nada, padecen de mala memoria ¡ Pero la realidad es que están todos mezclados como el café y a la espera de la caída de la fruta madura.

Julio César Gálvez.

2 respuestas a “A la caída de la fruta madura. Por Julio César Gálvez.”

  1. Eso de la mala memoria de los cubanos es una forma piadosa de decir falta de seriedad, por no hablar de falta de vergüenza.

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  2. ¿Falta de memoria? falta de vergüenza es la palabra correcta. Creamos en ello o no, la ley de la atracción funciona. A más de lo mismo, tendrán más de lo mismo. De ahí que la situación permanezca irreversible.

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