Eusebio Leal Spengler.

EUSEBIO LEAL SPENGLER.

Conocí a Eusebio Leal Spengler en el año 1979, a través del escritor cubano Manuel Pereira, quien en la actualidad vive en México. Ellos eran muy amigos y yo iniciaba una relación profundamente amorosa con Pereira que duró siete años.

Eusebio Leal Spengler, el apellido de su padre colocado al final, antes el de su madre, con quien se crió, en ausencia de su padre, según tengo entendido, me pareció un hombre muy simpático, siempre andaba corriendo de un lado a otro de la ciudad, paraba poco en su oficina, y cuando llegaba iba saludando invariable y particularmente desde el vigilante hasta al anciano hijo del presidente Zayas, las guardianas del museo, desgranando simpatía, pero dando órdenes muy precisas que había que cumplir de inmediato.

En la época en que lo frecuenté algunas secretarias llegaban y se iban con toda rapidez porque no soportaban su ritmo o él no aguantaba la lentitud de ellas, hasta que se quedó con una llamada Diana; su brazo derecho, o eso hacía entrever, era otra funcionaria llamada Rayda Mara, había también un investigador o historiador (no recuerdo el nombre) cuyo rostro denotaba su origen chino, y un equipo de arquitectos entre los que se encontraba una chilena, el amor de la vida de Silvio Rodríguez en la época, y dos cubanos, un hombre y una mujer; el arquitecto cubano se quedaría algunos años más tarde en Italia, hoy vive en Miami.

Durante la época en que conocí a Eusebio Leal cambió de esposa en cuatro ocasiones, la primera, la madre de sus dos hijos Vivian y Javier, la segunda, Margarita, graduada en Historia del Arte si mal no recuerdo, madre de su hijo Carlos Manuel, después Yamile Mansor, abogada, con la que no tuvo hijos, y Beatriz, una joven estudiante, a la que apenas conocí, porque ya en aquella época nos veíamos poco, que lo dejó para casarse con uno de esos cubanos exiliados que en Cuba se decía, por debajo del tapete, que se trataba de un prófugo de la justicia norteamericana y otros opinaban que viajaba a Cuba con la esperanza de invertir dinero en aquella isla. Un Carlos Saladrigas avant la lettre.

Eusebio Leal, sin el Spengler, apellido al que él no recurría nunca o casi nunca, en aquella época era un hombre enardecido luchando por el poder de la ciudad. No dudo un instante que su amor por La Habana Vieja fuera verdadero. Antes de llegar al salón que hacía de su oficina decidió conservar un espacioso salón donde se encontraba la oficina de quien fuera su antecesor Emilio Roig de Leuschering, allí iba su viuda a diario para hacer cualquier tarea que se le indicara. La recuerdo como una mujer elegante y silenciosa.

Leal no era militante del Partido Comunista, y se debatía arduamente por ser aceptado en sus filas, su pasado católico se lo impedía. Tampoco era graduado universitario (estudiaba en el Curso para Trabajadores) ni contaba con publicaciones para heredar el puesto que había alcanzado –como él mismo decía- debido a su amistad y fidelidad con el antiguo historiador y su afectada devoción hacia una gran cantidad de personas, ancianas ya, de la antigua y altísima burguesía cubana a quienes visitaba, y que veneraba devotamente, o al menos eso parecía. Una de ellas, Dulce María Loynaz. La amistad con estas personas, Sara Soler, la esposa del herrero Soler, y con una gran cantidad de ancianas a las que visitaba a diario, le abrió las puertas y la confianza de una casta marginada y vapuleada por el comunismo. Pero al mismo tiempo Leal pretendía el poder, el poder por encima de quien más lo vetaba, el alcalde de La Habana, Oscar Fernández Mell. Entre ellos no se podían ver, pero Leal siempre fue una persona muy astuta y supo colársele a Fernández Mell brindándole actos y conciertos musicales y poniéndolo en el pedestal que el otro exigía. Leal supo ser el intermediario entre esa casta marginalizada y los comunistas de poca clase y fineza.

Poco a poco y durante los años ochenta Leal se fue convirtiendo en el “duende” de La Habana, así lo llamaban todos, incluidos los vecinos de los solares aledaños a sus predios, de quienes se hizo amigos y a quienes atendía con tesón. Él mismo vivía en una magnífica casa pintada por dentro de blanco y azul, el exterior de piedra de taille, con persianas y plantas que su madre, la buena y silenciosa Silvia, cuidaba con pasión.

Vi la transformación de Eusebio Leal, pero no le di importancia, en aquella época muchos se comportaban como él lo hacía. Finalmente consiguió su afiliación al PCC, lo reconocieron como historiador –algo que le costó un gran esfuerzo, debido a la gran cantidad de enemigos que tenía, aunque consiguió poco a poco ser apoyado por Haydée Santamaría y por Alfredo Guevara, así como por René Rodríguez, entre otros-. Eusebio Leal siempre se mantenía en un nerviosismo extremo, en un corre p’aquí y arranca p’allá, que daba la sensación de que estaba en aquel momento haciendo su propia revolución. Una revolución a favor de los vecinos de La Habana Vieja. A algunos les prometió villas y castillos que no cumplió.

Excavó La Habana Vieja, alrededor del Museo de la Ciudad, su cuartel, y de la Oficina del Historiador, encontró como tesoro esencial una botellería antigua de lo que fueron los vinos y las cervezas que se tomaron los españoles, y empezó a crear su propia leyenda. Esa leyenda empezó con las conferencias que llevaron como título Andar La Habana. Cada miércoles, al inicio, y luego cada sábado, Eusebio Leal recorría La Habana Vieja contándola desde su exaltado verbo de historiador callejero, inventando leyendas, transformándolas hasta el delirio. Lo cierto es que tuvo un éxito enorme, porque los habaneros venían desde todas partes de la ciudad para reunirse con él en el fórum empedrado del Parque de los Enamorados a oír lo que a través del verbo –a veces cursi- de Leal le contaba cada piedra de su antigua ciudad. Su popularidad alcanzó niveles increíblemente peligrosos, porque en Cuba se puede ser de todo, menos más popular que los Castro, y su popularidad era su espada de Damocles, la que tuvo que empezar a dirigir –la popularidad, desde luego- a favor de los Castro. No faltaba entonces el guiño final de cada intervención al identificar todo lo que él hacía como una obra de la revolución, incluso si la revolución no le daba un centavo por ello, o si lo despreciaba, hasta ese momento, ni contaba con su obra para llevar a cabo el trabajo de investigación y de restauración de La Habana.

Yo fui una de las que no se perdió una sola de sus conferencias. En aquella época estudiaba Filología en la Universidad de La Habana, leía enormemente y había vivido toda mi vida entre las piedras de la Ciudad Intramuros, primero en la calle Muralla, después en Empedrado, y más tarde en Mercaderes.

Eusebio Leal se dio cuenta al instante que yo conocía la ciudad como muy pocos. En una de las conversaciones en La Bodeguita del Medio mencioné que tendría que hacer mi trabajo de servicio social universitario, y él mismo me propuso que lo hiciera en el Museo. Para mí fue de una gran alegría, primero porque me evitaba coger guaguas y alejarme de mi entorno, y segundo porque uno de los sitios que más amaba de la ciudad era el Museo. En una ocasión me tocó dar una visita dirigida, que terminó mal, porque el policía de la Plaza de la Catedral, creyendo que yo estaba molestando a los extranjeros, me montó en un patrullero, esposada, y en la Primera Unidad pasé momentos bastante angustiosos. Leal llegó allí, un poco tarde, no solo para remedar el error además para reprender al policía que era un pobre guajiro de Oriente que nada sabía de la Catedral ni de turistas –según la excusa que me dieron. Era la época en que empezaban a llegar los primeros turistas europeos a la isla. Después escribí tres crónicas sobre las conferencias de Leal que se publicaron en Granma a través de él. Más tarde trabajé durante meses en los dos últimos Diarios de Carlos Manuel de Céspedes, antes de morir en San Lorenzo. Yo hacía la transcripción paleográfica de los Diarios a máquina con una lámpara lupa (la foto de mi avatar es de esa época, me la hizo Sonia Pérez) y Zayas, el hijo del presidente, ordenaba aquellos documentos con sus referencias onomásticas e históricas, el glosario lo hice yo más tarde. Después Rayda Mara se apoderaría de aquel trabajo como suyo, o el mismo Leal se lo entregó para que ella se lo adjudicara, desconozco cómo se produjo el hecho posterior.

Leal tenía una gran facilidad de palabras, y la sigue teniendo, para la oratoria, una oratoria rimbombante, pero no así para la escritura. En varias ocasiones él escribía y otros reestructuraban sus textos. Su verdadero trabajo estaba en la acción: no se consideraba en aquella época un verdadero intelectual, sino más bien un investigador de la historia. Era un hombre con una sonrisa forzada cuando el momento lo requería, casi siempre, o con una verdadera sonrisa cuando no estaba centrado en su verdadero objetivo: el poder. Podía ser muy amable, e igualmente muy altanero y rudo.

Sentía según afirmaba una gran admiración por Fidel Castro, e intentaba llevarse de maravillas también con Raúl. Creo que la admiración por el primero era más bien actuada e hipócrita, pero supo de alguna manera metérselo en el bolsillo con sus extravagancias. Una de ellas fue sentarlo en el trono del rey en una de las salas de Museo, otra pedirle permiso para poder casarse en terceras nupcias, dado que para un militante sucedía lo mismo que para un católico, ese cambio tan frecuente de esposa se veía muy mal; para colmo, al parecer, Castro I tenía un gran aprecio por Margarita, la esposa a la que él dejaba en aquel momento por Yamile.

Así, haciéndose el gracioso indispensable y comprometiéndose cada vez más, se fue convirtiendo en uno de los hombres de confianza del régimen, hasta cierto punto, además de un recaudador de divisas de armas tomar. En Francia algunos personajes de la política lo llamaron El Pedigüeño (Le Mendiant), porque siempre estaba pidiendo dinero para esto y para lo otro, y farolas para la ciudad, y con sus mítines históricos al parecer conseguía dormir al más pinto. En una ocasión contó delante de mí que se había hecho de unas cuantas plumas antiguas y que con ellas iba abriéndose paso por el mundo. Le regaló una de esas plumas a Kadafi diciéndole que era un regalo que le entregaba de parte de Fidel Castro. Estuvo invitado por el Rey de España en varias oportunidades, y creo que hasta obtuvo una audiencia privada.

Al final, muchos años después, cuando yo apenas lo veía, nos encontrábamos por azar en algunas reuniones en casa de extranjeros o embajadas, él por su lado representando lo que representaba, y yo invitada por los diplomáticos, algunos ya conocían cómo yo pensaba en relación al castrismo. Recuerdo una en particular: aquel día Leal había estado atacando fuertemente en la Asamblea del Poder Popular las antenas parabólicas artesanales vendidas en el mercado negro, las había calificado de ilegales, y que instalarlas eran verdaderos actos de corrupción, etc, lo que se había visto en la televisión cubana. Al saludarnos esa tarde, me le acerqué y le dije que yo tenía una, y que no entendía por qué él se había metido a denunciar lo de las antenas; sonrió y le preguntó a Ricardo Vega, ya entonces mi esposo, si podía conseguirle una a él, para su casa.

No sé cuánto habrá ascendido Eusebio Leal Spengler en la confianza del nuevo tirano, pero lo que sí se nota que tiene mucho más poder del que él mismo hubiera podido imaginar, que alcanzó un puesto muy útil a la dictadura y que tal vez aspire a muchísimo más. Pero dudo que Leal pueda conseguir el poder absoluto, una vez desaparecidos los Castro I y II.

La pieza para mover y darle relevancia internacional a Mariela Castro, que es a la que están queriendo aupar como posible sucesora, puede que sea Eusebio Leal, que es quien posee unas conexiones para nada desdeñables, sobre todo en el mundo de la iglesia católica, y que sabe colarse en cualquier tipo de círculo, de hecho ya se ha colado, sobre todo en esos círculos de la alta clase política y burguesa que se hace llamar de izquierdas, y también en la de derechas, en resumen, los círculos del poder político, y de las curias vaticanas. Allí habrá llegado con el apoyo del que fuera embajador, Raúl Roa Kourí, entre otros. Su amistad con Carlos Manuel de Céspedes y con Jaime Ortega y Alamino también lo pudo haber convertido en un correveidile entre el poder y la iglesia.

El mismo Alfredo Guevara se asombraba entonces de las habilidades de Leal Spengler, cuando todavía no había ni empezado a ser aceptado. De todo, de lo más mínimo hacía un combate medieval, una batalla en la que iba armado como un gladiador, y de cada combate, sacaba una gloria personal, pero no le quedaba más remedio que poner esa gloria personal a favor del castrismo.

Los Diarios de Carlos Manuel de Céspedes, tardaron en publicarse, Castro I se negaba a ello, argumentando que de hacerlo se correría el riesgo de que las luchas intestinas que Céspedes señalaba en ellos podían ser comparadas e interpretadas por las que él mismo vivía en ese momento contra otros dirigentes, pero en realidad, a mi juicio lo que le molestaba era que en aquellos diarios apareció, por azar, esa frase tremenda de Céspedes: “La historia dictará su fallo”. Lo que lo convertía a él en muy poco original con aquella frase suya del Moncada, o tal vez le molestaba que habiendo existido esa frase escrita tan poéticamente y muy anteriormente por un cubano y nada menos que por el Padre de la Patria, en un momento histórico que a él le hubiera convenido mejor, hubiera tenido que ir a copiársela a un tal Adolf Hitler. Leal se las apañó para convencerlo de lo contrario y por fin fueron editados los diarios en Colombia por primera vez –años más tarde en Cuba-, con un prólogo de Leal con el que se quedó endeudado de la pluma y el talento de algunos que trabajamos en la sombra. Después de haberme acabado la vista con esos Diarios, mi nombre apareció apenas en letras muy pequeñas en los agradecimientos, entre el nombre de el pobre Zayas, al que yo veía cada noche, escondido en la esquina entre Tejadillo y Villegas, contemplar la estatua de su padre, mientras existió el Parque Zayas. Los demás en primera lugar, claro está. Y eso, en la edición colombiana, no sé si en la cubana me habrán puesto o borrado.

Sí, Leal es un hombre de mucho cuidado, pero también es un hombre muy débil, porque el poder al que tanto aspira, o los representantes desde hace más de medio siglo de ese poder, le saben muchos secretos. Algunas de esas intimidades ya no tendrán valor ni actualidad, porque forman parte de la vida de un hombre viejo, que no tomó la pistola que guardaba en su escritorio para suicidarse a la edad en que murió Martí como tantas veces pronosticó que haría, pero sí le saben otras debilidades de mayor peso que forman parte de la historia de su ascensión política y familiar, como escalador en esa soga podrida y frágil del poder, que en un país totalitario y castrista, un día se podría enrollar inesperadamente alrededor de su cuello. No sería el primero, ni el último.

Zoé Valdés.

Nota: Por ninguno de los trabajos fui remunerada. Eusebio Leal imprimió una litografía numerada, de un poema mío dedicado a Carlos Manuel de Céspedes, con un dibujo de un pintor del Taller de Grabados de la Plaza de la Catedral, lo que consideré una atención a mi trabajo.

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23 Replies to “Eusebio Leal Spengler.”

  1. El poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente.

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  2. Muy buenos tus apuntes acerca de Eusebio. Tienes razón en todo. Yo lo conocí poco antes que tú. Allá por el 1967, cuando andaba vestido con un pantalón de kaki, una camisa de mezclilla azul de miliciano y unos kikos plásticos, aquellos zapatos que eran un horno para los pies, que se fabricaban en Cuba. En esa época todavía era el asistente de Emilio Roig y sancajeaba la JUCEI, antecesora del Poder Popular, en busca de apoyo para cuando Emilio muriera. Efectivamente, jamás contó con el beneplácito de Oscar Fernández Mel, a la sazón presidente de la citada JUCEI capitalina, equivalente al alcalde de la ciudad.
    Dices mucha verdad acerca de su ” Título Universitario ” A base de muela le han oto0rgado sus Honoris Causa en varias universidades del mundo, incluso existe una tarja al costado del Museo de la Ciudad — Palacio de los Capitanes Generales –, donde señala que Garibaldi estuvo en La Habana, lo cual no es cierto. Las autoridades coloniales españolas andaban a la caza del Condottieri, quien no se atrevió a desembarcar en La Habana en su viaje de tránsito hacia Estados Unidos.
    No se puede negar que Eusebio Leal es un gran empresario y hombre de chispa, que le saca provecho a la menor oportunidad, como ocurrió con su nombramiento como Historiador de la Ciudad de la Habana. No puedo precisar bien si fue en 1978 o 1979. Estaba de visita en Cuba una delegación del gobierno español, en ese entonces presidido por Adolfo Suárez y el propio Fidel Castro, ” el hombre que más sabe en el mundo de todo “, le servía de guía de turismo a la citada delegación. Llegaron al parque Carlos Manuel de Céspedes, el que se encuentra frente al Palacio de los Capitanes Generales y empezó a explicar detalles del edificio, pero llegó un momento en que se quedó en el aire y no supo que responder a una pregunta acerca de las campanas que se encuentran a la entrada del inmueble en plena calle, se viró para el médico Fernández Mell, todavía presidente de la JUCEI, quien se quedó en una pieza, pues sabía menos que Fidel del asunto. Entonces Fidel preguntó por Eusebio y Fernádez Mell le respondió que no había ido a trabajar ese día. Ni corto ni perezoso el ” dueño de la finca “, incisivo le preguntó de nuevo ¿ seguro ? Mell se quedó callado y Fidel mandó a dos hombres de su escolta a la oficina del Historiador en busca de Eusebio Leal, a quien llevaron a la carrera al lado del ” mandamás cubano ” Este miró de reojo y amenazante a Fernández Mell, le echó el brazo por encima a Leal y con su acostumbrada prepotencia les dijo a los visitantes: Pregunten todo lo que quieran conocer y saber sobre la Habana, Eusebio es el Historiador de la Habana y se la conoce al dedillo ”
    Al poco tiempo Eusebio Leal Spengler fue nombrado Historiador de la Ciudad y publicado en la Gaceta Oficial de la República de Cuba. Fernández Mell designado embajador en Gran Bretaña, y Colorín Colorado, este cuento se ha acabado.
    Nota: En esos momentos yo cubría para el periódico Trabajadores la sección de deportes y ocasionalmente algo de la Habana Vieja. Me mandaron al recorrido pues no era una noticia de importancia. No estaba previsto que ” el dueño de la finca acudiera al mismo, pero aterrizó sin paracaídas ni avisar. Nadie se pudo mover y yo fui testigo presencial de los hechos. Mucha salud y suerte. Seguimos en contacto.

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  3. A los veinte años y ya en las grandes ligas intelectuales. Que a difierencia de las del baseball la juventud no es precisamente un asset.
    Extraordinario, meticuloso artículo. Me impresionó lo detallado y lo que se vislumbra entre líneas.
    La anécdota cuando sentó al detestable en el trono del rey lo dice todo.
    Nos debes, querida Zoé, más sobre tus recuerdos de aquellas “ancianas de la antigua y altísima burgesía cubana” y sobre el hijo del Presidente Zayas. Sólo tú puedes ilustrar esos personajes.
    Peligroso M. Leal, pero débil y si el “Raulismo Light” se impone, no obstante sus dotes de trepador y aparente “fidelidad” lo tirarán al frente de la güagüa, como decimos vulgarmente en Ct.
    Gracias.

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  4. ..”donde la juventud no es un asset”…
    Voy al intentar conseguir el “Diario de Carlos Manuel de Céspedes”. Lectura indispensable.
    …”La fidelidad para Marcela * era la complicidad…”
    Zoé Valdés. Sangre Azul.
    Grandes Novelistas. Emecé Editores, S. A. Buenos Aires, 1996.
    *nota mia: Marcela es un personaje de la premiada novela. Pero podria ser Leal, el vecino de enfrente, yo misma…” he ahí el poder de la narrativa.

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  5. disculpen, no quiero cometer una ” Oscar Canosada”..(.enviar comentarios en serie con tal de regodearme al verlos publicados)
    FM

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  6. En todas sus vidas anteriores el duende fue maricón, y no consiguió subir al olimpo. En ésta supo hacerlo mucho mejor. E incluso se aprovechó del castrismo. Incauto quien piense lo contrario.

    PD: Tremenda memoria, Zoé. Después que palme le puedes hacer su novela: El Inquieto Fisgón o El Coyote de la Villa.

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  7. ME GUSTO EL ARTICULO,PORQUE RELATA LAS PERIPECIAS HECHAS,POR ESA RATA INMUNDA,DE LA NADA AL TRONO,FIEL SECUAS DE LOS CASTROS,DE LO CONTRARIO,NO SERIA NADIE.ME RECUERDAS ALGUIEN,QUE QUISAS CONOCISTE Y DIALOGATES, POR TU PROFESION INTELECTUAL. HOY TE VOY A CONTAR DE ESTE PERSONAJE,(TAMBIEN DE LAS “LETRAS ROJAS Y FILO EN LA LENGUA”.)EN UNA OCASION,FUI INVITADO(NO ME GUSTO MUCHO LA IDEA,ACEPTE SOLO,PARA CONOCER QUIENES ERAN LOS HUESPEDES?)UNA CASA DE “TURISTSA DIPLOMATICOS” EN SANTAMARIA LOMA.,ES LA CASONA GRANDE DE COLOR BLANCO QUE SE VE DESDE EL HOTEL SANTAMARIA,MIRANDO DESDE LA PLAYA HACIA VIA BLANCA.(SEGUN SUPE DESPUES ESA CASA FUE DE UN FAMOSO ESCRITOS CUBANO,RADICADO EN MEXICO?,NO SE QUIEN FUE).SUCEDIO QUE DENTRO DE LA CASONA,HABIAN,CINCO ITALIANOS,TRES FRANCESES,SEIS CRIOLLITAS CUBANAS,ENTRE ELLAS MI PRIMA MIRITA(FUE BAILARINA EN TROPICANA),LA CAUSATE DE MI PRESENCIA EN AQUEL FESTIN.UNO DE LOS DIPLOMATICOS FRANCESES Y YO CREAMOS UNA CONVERSACION ACERCA DE LA CULTURA CUBANA,ME PREGUNTO(EL HABLABA EL SPANISH,CON ESE SONIDO GUTURAL QUE TIENEN LOS FRANCESES), CONOCES A “CARLOS REFAEL RODRIGUES”?,LE RESPONDI,SI POR LOS MEDIOS,ES UN “FUNCIONARIO,QUE NO FUNCIONA(MI AMIGA AMANTE DE ABRAHANTES QUE VIVIA EN EL FOCSA,ME CONTABA QUE ABRAHANTES PARA ACOSTARSE CON ELLA TOMABA UNAS PASTILLAS ALEMANAS LLAMADAS C-30,QUE SE LAS RECOMENDO CARLOS RAFAEL RODRIGUES)Y QUE SEGUN EL POLIBURO,ERA INTELECTUAL,ME CONTO QUE EL DIA ANTERIOR, SE ENTREVISTO CON EL, ME DIJO” (CON SU ACENTO) ES UNA VIVORA,COMO USTEDES LOS CUBANOS LO SOPORTAN?,LE RESPONDI QUE EN CUBA NADA ES REAL,TODO ES FICCION,ME DIJO QUE EL “RABO VERDE” ASI LO LLAMABAN ALGUNOS EN SUS CONVERSACIONES,LO HABIA RECIBODO EN CAMISA SIN CORBATA Y SIN ZAPATOS EN SU OFICINA,SE QUEJO EL FRANCES DICIENDOME,QUE INTELECTUAL ES ESE,QUE NO SE CONPORTA COMO TAL,LE RESPONDI,ESTAS EN LA JUNGLA,DONDE DOMINAN LOS TYRANOSAURIOS ROJO,NO TIENES DERECHO A REPLICA.TE CUENTO ESTO PORQUE SIEMPRE HE QUERIDO SABER ,EN REALIDAD QUIEN FUE,O SI EN VERDAD FUE ESCRITOR?.GRACIAS ELIO ESQUIVEL.

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  8. ZOE,ME RECORDE AHORA,DE QUIEN ME DIJERON ERA EL PROPIETARIO DE LA CASONA EN SANTA MARIA LOMA,DONDE ME INVITARON A LA DIPLOFIESTA, SEGUN EL COMENTARIO,FUE DE QUIEN ESCRIBIO LA NOVELA “EL DERECHO DE NACER”, ES VERDAD ESO?.ELIO ESQUIVEL.

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  9. Exquisita y muy seria descripción del personaje. ¡Y de primera mano! Gracias por compartirla, Zoé.

    Hacia finales de los ochenta, debido a una asignatura en mi programa de estudios (Apreciación a las Artes Visuales) asistí a una conferencia que E.L acostumbrara a impartir a estudiantes de varias disciplinas. El caso es que, para una guajira como yo, significaba toda una aventura poder ver y escuchar a un personaje público como él. Y fui entusiasmada, por supuesto. Sin embargo… salí del museo con la misma impresión que, vía televisión, ya me había formado de él: demasiado, demasiado, demasiado histriónico.

    Recuerdo que una de las cosas que más me impresionó fue que el señor lucía un impecable y “lujoso” traje gris satinado, pero que, pese al calor que ya conocemos, no se le veía no digamos una gota de sudor, no, nadita de eso, ¡ni brillo tenía en la frente el señor! Incluso, salimos del museo haciendo bromas con que tal vez tenía enchufado un aire acondicionado debajo de aquel traje. Cosas, cositas del maquillaje que proporciona el poder.

    Gracias, Zoé.

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  10. El Psicopata en jefe lo odia, lo desprecia, en una de las Asambleas del Poder Popular Nacional , que el Cdte en Jefe Estalinista , monitoreaba por los ochenta, se le ocurrio a ese retorico cotorron citar a Dios y se lo comieron con papa. Esbirros de provincias y municipios lo despreciaron y yo los escuche, y soy testigo. La ventaja que el nombrado Homofico en Jefe le ha sacado a los culos de escritores,periodistas, intelectuales , historiadores, cardenales, eminencias extranjeras, no tiene nombre. Premio Nobel para El Chantajista en Jefe.

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  11. Querida Frida, sentaba a todos y a todas en el “trono”. Soy una de ellas. Era uno de sus numeritos. Eusebio solo es astuto, un cantante de oido pero con un repertorio muy bien escogido y mejor montado. Va de la guaracha al bolero, es una vitrola que sabe la preferencia del dueno de los cinco centavos. Nada mas . El resto ya lo hizo Zoe. Lo encuero y el es un delito en si mismo.

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  12. Gracias por todo lo que nos cuentas, ayudas a comprender y a hacerse una visión más completa de Eusebio Leal.

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  13. Mi padre… que lo conociò… siempre le escuchè decir que era un oportunista y plagiador… No me crean…

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  14. Muy cierta esta historia acerca de Leal. Por supuesto la escritora no continuó luego en Cuba y por eso es posible que no conozca cómo la cualidad de empresario capitalista del susodicho personaje logró una extraordinaria cifra en la recaudación de divisas, tan solo dentro del “Casco Histórico” superior a la del resto de las empresas estatales de comercialización en divisas. Eso que pudiera reconocerse como un triunfo del gestor, fue precisamente lo que hizo que desde “arriba” le cortaran las alas. Leal, que administraba sus recaudaciones, invertía, comercializaba en el mercado interior y en el exterior, fue obligado a depositar las ganancias en el Banco Central y solicitar a éste la divisa que necesitara, inclusive para la compra de un simple sobre de cartas.
    El escalador se detuvo y comenzó a resbalar hacia abajo por inercia, sus negocios comenzaron a sentir el abandono del pequeño amo, y luego no se volvió a recuperar aquel mini imperio que regaba con bríos ese señor. Es dudoso que Eusebio Leal logre ascender ahora con la actual dinastía, ni luego cuando se establezca una nueva SUciedad en Cuba.
    Saludos a la autora y que siga refulgiendo su pluma.

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  15. El tipo es un bicharraco y hasta ahora le ha salido bien la jugada, pero como a todos los que se quieren pasar de listos, se le caerá el tinglado más tarde o más temprano.

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  16. Opino poco, ocasionalmente, pero tengo dudas respecto a una “eminente” comentarista, escritora, novelista, especialista en artes audiovisuales, filologia, fonoaudiología, politología y otras “ias” que también conoció al Leal Eusebio, yo como argentino residente en Buenos Aires como esta Dra. Viendo como se está poniendo la situación en este país y sabiendo que la misma tenía un lindo quilombo con migraciones me gustaría por solidaridad y curiosidad saber por fin en que quedó su situación migratoria o si aún sigue siendo una indocumentada, no vaya a ser que ahora los K se empecinen más y la retornen a su lugar de origen a no ser que ella sea militante de los jóvenes rebeldes o del Partido Comunista, ahí sería impune, es muy dudoso su accionar.

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  17. D. Montanari:
    Primero: Soy Lic. en Logopedia. Nada más.
    Segundo: ¡Gracias por su solidaridad! Le digo, ya que alega vivir en Bs. As., cualquier duda que tenga usted respecto de mi situación migratoria, diríjase al juzgado número dos en lo contencioso administrativo. Ahí tal vez le den alguna respuesta. A mí no me la han dado, y, hasta tanto no me la den, ni Cristina ni nadie podrá hacer nada en mi contra.
    Saludos.

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  18. Vengo llegando de unas conferencias en Habana Vieja sobre el modelo de restauración de Habana Vieja que dirige la Oficina del Historiador. Nos entrevistamos con Eusebio Leal también. Debo reconocer que quedé muy impresionado. Lo que ahí está ocurriendo con los edificios patrimoniales pocas ciudades lo pueden ofrecer. Cuento aparte es la forma cómo se mueve y llega a su actual cargo el historiador. Esa no es mi historia. En cien o doscientos años más lo que agradecerán nuestros descendientes es poder ver y tocar el patrimonio arquitectónico que hoy día se rescata. En ese momento no se si interese mucho saber lo cuan trepador puede haber sido el promotor de esas obras de restauración. Saludos desde Chile.

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