Recuerdos de Payá en París.

Esa noche nos dimos cita en la sede del periódico Le Nouvel Observateur para conocer al líder del Proyecto Varela y Premio Sajarov. Oswaldo Payá Sardiñas llegó puntual acompañado de la periodista Catherine David y del activista Laurent Müller, quienes moderaron la mesa y participaron con preguntas y comentarios tras la conferencia del invitado. Traducía Jacobo Machover.

Recuerdo a Oswaldo Payá Sardiñas como un hombre sereno. Entró en la sala donde lo esperaban periodistas de otros medios, aparte de los de Le Nouvel Obs, y entre el público algunos de los nuevos filósofos socialistas, como el joven Raphaël Enthoven, y de otras tendencias políticas. Yo me senté junto al ex Cónsul venezolano Nelson Castellano-Hernández. Asistieron varios latinoamericanos.

Payá comenzó por hacer un recuento de la historia más reciente de Cuba, y de su disidencia, explicó el Proyecto Varela minuciosamente, y a partir de ahí, empezó la batería de preguntas por parte de los periodistas y del público.

Lo que más me impresionó, de manera positiva, era que no hablaba como hablan la mayoría de los cubanos hoy en día. Hablaba de manera pausada, sabía enfatizar en los puntos y temas que quería que le entendieran bien, de modo sencillo, desprovisto de arrogancia, aunque muy seguro y dominando cada terreno del intercambio, incluso si, por momentos, puso en el tablero algunas dudas. Lo que fue un gesto audaz de su parte. Se notaba que era un hombre cultivado, educado, decente.

Esa noche, a juicio de varios de nosotros, yo incluida, se equivocó en algunos aspectos, en más de una ocasión. Recuerdo que habló de la situación en las cárceles cubanas, evitando tocar el tema de la tortura. Esa fue una de mis preguntas, ¿por qué razón los cubanos de la isla evitaban siempre denunciar la tortura física? Creo que me hizo entender que podía ser por pudor, pero que recordara, subrayó, que él regresaba a Cuba donde lo esperaba su familia. Entendí.

Después tuvo algunos desaciertos, sobre todo cuando Nelson Castellano-Hernández le preguntó su opinión ante las manifestaciones de aquel mes de abril en Venezuela, el joven estudiante asesinado en las revueltas, la represión por parte del chavismo. Payá admitió que estaba en contra de la violencia, que esas manifestaciones del pueblo podían llegar a ser muy violentas y dar pie para que el gobierno se aprovechara todavía más. Recuerdo que estábamos hablando en una época en la que todavía no se sabía lo que sucedería en Venezuela, y antes de que ocurriera la Primavera Negra del 2003. Su respuesta me desconcertó y se lo hice notar.

El intercambio fue largo (no todo lo que hubiéramos querido), aunque preciso, y también lleno de dudas por parte de muchos de los que nos encontrábamos en el público. Sin embargo, Payá contestó a todas las preguntas, de la manera más clara que pudo, aunque no colmó, ni aclaró todas las lagunas. Pero lo que fue innegable es que dejó la impresión de que con él se podía discutir, que aceptaba críticas, que defendía sus criterios con razón y fe, y sabía escuchar los de los otros.

Conmigo tuvo una deferencia, se detuvo unos minutos a intercambiar impresiones, antes de despedirse. Hice diversas críticas, de manera breve, las oyó y me dijo que agradecía mis puntos de vista, que sentía un gran respeto por mí; me sentí halagada. Creo que ha sido de los pocos disidentes que supo mantener todo el tiempo un tono internacional apropiado, a gran nivel, y respetuoso porque oía y respondía a todos por igual.

No estuve de acuerdo cuando a su regreso los activistas cercanos a él lo fueron a esperar al aeropuerto, y se lo hice llegar a través de un mensaje personal. Nunca supe si realmente le llegó. Fue a través de un cubano exiliado en Madrid, se lo trasmití en aquella actividad que se hizo precisamente en Madrid, en febrero del 2003, a raíz de la Primavera Negra, donde fui invitada. Payá hizo una intervención telefónica desde La Habana explicando los acontecimientos políticos que acontecían con gran intensidad en Cuba, en medio de la guerra de Irak. Varios escritores e intelectuales nos reunimos para apoyar a los opositores detenidos y encarcelados, recuerdo a Rosa Montero, a Eduardo Manet, a Carlos Alberto Montaner y a Gina Montaner, entre otros intelectuales y artistas españoles.

En aquella llamada telefónica, su voz sonó firme, pero percibí una gran tristeza al reconocer que un gran número de activistas del MCL habían sido detenidos.

Más tarde, junto a Jorge Semprún, participé en otra actividad (Noches de la Libertad) en Strasbourg, en apoyo a los presos políticos de la Primavera Negra. Donde estrenaron un documental titulado La Primavera de Cuba (2da parte aquí), de los chilenos Pablo González y Carlos Rodríguez, en el que Payá además presentaba a Gloria Amaya, madre de los Sigler Amaya, y ella contaba cómo la habían golpeado los esbirros castristas al tratar de impedir de que se llevaran a sus hijos presos. Allí también hubo una comunicación teléfonica con él.

Vuelvo a aquella noche en París, cuando conocí a Payá personalmente, pese a que el tiempo fue demasiado corto para que pudiéramos intercambiar más criterios, tuve la impresión –como ya escribí en La Ficción Fidel– que si bien podía estar equivocado en algunos aspectos (o tal vez para él yo era la equivocada), con aquel hombre había que contar en el futuro de una Cuba justa, libre y democrática.

Zoé Valdés.

Primera parte del documental La Primavera de Cuba. Ricardo Vega aportará el video de la intervención de Oswaldo Payá en Le Nouvel Obs próximanente.

Hoy a las 12 y 30 daremos una misa en la Capilla de la Milagrosa, en la rue du Bac, iglesia que frecuento desde hace tiempo, y a la que suelen ir algunos cubanos, a nombre de Oswaldo Payá Sardiñas, Harold Cepero Escalante, y Mireya Lussón, también fallecida recientemente a causa de una enfermedad, madre de la ex presa política, Iliana Curra.

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2 Replies to “Recuerdos de Payá en París.”

  1. Que en Paz Descansen las Almas de todos Ellos y que Dios los tenga en la Gloria y a su lado .Mi mas sentido pesame igual a Iiana Curra no sabia por su mama .!
    Saludos Zoé

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  2. Bello texto. Oswaldo era un intelectual de altísimo nivel. El mundo aún no acaba de percatarse de cuán escandaloso ha sido su cobarde asesinato.

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