‘Cuando el mundo se afeita la tristeza’, exilio y nostalgia. Por José Abreu Felippe.

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Una respuesta a “‘Cuando el mundo se afeita la tristeza’, exilio y nostalgia. Por José Abreu Felippe.”

  1. «En el poema titulado ‘La noche’, Cazorla escribe: ‘De noche la muerte es más muerte que al amanecer’. Para agregar a continuación: “Es cuando lloran las almohadas que duermen solas, cuando el mundo se afeita la tristeza, y un niño da a luz a la madre que le pertenece”…En ‘De Mi locura’ se aprende esto: ‘No hay locura más locura que la que se aferra a la soledad, ni hay soledad más solitaria que la que define la palabra exilio’».

    Tristes y a la vez bellísimas palabras.

    La nostalgia tiene siempre, como el exilio, diferentes graduaciones. Cuando la nostalgia obedece al exilio pero este es voluntario, no obligatorio, por ejemplo cuando lo que nos hace exiliarnos son apenas razones de trabajo, con fecha de regreso a nuestro hogar donde vivimos felices, o la decisión de irnos a cuidar un familiar lejano y enfermo durante los últimos años de su vida, o el gusto de estudiar fuera o de tomarnos unos años sabáticos, en ninguno de ellos la posibilidad del exilio obedece a un sabor mucho más amargo. Me refiero al que provoca, por ejemplo, la política totalitaria que cercena todas las libertades. Es ese el gusto acre que nos va causando en la boca y en la garganta la intolerancia, la opresión, la persecución por ser distintos y hasta la posibilidad de la cárcel por pensar distinto o por destacarnos en lo que sea y así escapar a esa obsesiva, ridícula igualdad absoluta pretendida por un líder perverso de la cual, no obstante, escapan libre y voluntariamente los allegados al líder, cómodamente ubicados como él en una burbuja de placer y de abundancia. Imagino, ya que no puedo relatarla en primera persona porque no la he vivido, que cuando esa clase de exilio tiene lugar, se hace presente una nostalgia más dura, más profunda de sobrellevar. Supongo que la del exiliado en soledad, sin familia, será, en este caso, más difícil y dolorosa de tolerar aunque, dependiendo de su fortaleza, procure decir a los demás y a sí mismo, con pretendida suficiencia, que va a poder, que ya está pudiendo, que la suerte de su país de origen, aquel que lo vio nacer y donde aún quedan afectos y familia, ya no le importa y al que ya no regresará jamás. Es en esos casos, en los refugios de estos exiliados en soledad en los que quizá, con más llanto que en otras, «lloran las almohadas que duermen solas, cuando el mundo se afeita la tristeza». Por todo ello no dudo que ‘no hay locura más locura que la que se aferra a la soledad, ni hay soledad más solitaria que la que define la palabra exilio’. Dedico este modesto pero sentido comentario, con sincero afecto, a mis entrañables amigos cubanos del exilio.

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