Castro II habló “idioma enemigo” con “el enemigo”. ¡¿Por qué no lo arrestan?!

Al parecer Castro II al estrechar la mano de Obama en los funerales de Mandela dijo unas palabras nada más y nada menos que en inglés: “Hello, Mr. President. I am Castro”, o alguna guanajería parecida. No tuve el placer, digo, el asco de oírlo, pero otros sí lo oyeron y lo contaron en varios periódicos.

No lo oí, pero enseguida que leí la anécdota recordé que en el año 1980 me encontraba en la Plaza de la Catedral, en La Habana Vieja, haciendo una visita guiada a unos invitados extranjeros. Yo realizaba mi trabajo social en el Museo de la Ciudad de La Habana, desentrañando y transcribiendo paleográficamente los Diarios de Carlos Manuel de Céspedes, cuando el historiador, Eusebio Leal, me pidió que lo reemplazara en esa visita dirigida por la parte vieja de la ciudad, puesto que él estaría ocupado en una reunión y sus colaboradores allegados también.

Me dirigí a la Plaza de la Catedral donde me esperaban los invitados, que en realidad eran editores: el editor  de Alfaguara Jaime Salinas, hijo del poeta Pedro Salinas, Ugnés Karvelis (editora de Gallimard, de origen lituano pero hablaba perfectamente francés y español), la escritora catalana Montserrat Roig, entre otros. Mientras explicaba el lado izquierdo de la Catedral habanera, un policía empezó a llamarnos como si fuéramos gatos: “Psssss, pssssss, psssss… Oyé tú”. Con la última frase me di cuenta que se dirigía a mí, pero como yo no lo conocía de nada y generalmente no le respondo a nadie que me llame de “tú” sin conocerme, me hice la chiva loca. Al instante se acercó, me pidió carnet de identidad, y sin dar más explicaciones me dobló violentamente el brazo detrás de la espalda y me introdujo en la patrulla a la fuerza. La maniobra duró segundos. El viaje hacia la Estación lo hice resignada, sin conocer del todo por qué me habían detenido, en ningún momento el esbirro me lo informó, sospechaba que me habían confundido con una jinetera (oficio que comenzaba a proliferar en aquella época con la autorización de viajes de turistas a la isla) y que aprovecharían la situación para amedrentarme.

En la 1ra Unidad de la calle Egido me levantaron un acta donde se me acusaba de “hablar idioma enemigo: el inglés, con turistas extranjeros”. Traté de hacerles comprender que las personas que acompañaba no eran turistas, eran invitados, y que ninguno había hablado inglés conmigo ni yo con ellos, pero no hubo manera. Minutos más tarde me encerraron en una celda junto a varios detenidos, entre ellos una mujer completamente ebria y desahuciada que no cesaba de repetir, soltándome su vaho etílico en la cara: “Tú, mejor te callas, aquí lo que hay es que estar callado…” Y así toda la noche, que se convirtieron en dos noches largas y extenuantes.

Finalmente me permitieron hacer una llamada a la Oficina del Historiador, pero tampoco eso los convenció, y el historiador debió de presentarse con Alfredo Guevara en la Estación para que liberaran, no a una prófuga de la justicia ni a una delincuente, sino  a una estudiante que solamente cumplía con su servicio social. El policía que me había detenido incluso se envalentonó frente a Leal y a Guevara, pero de ahí no pasó, enseguida entendió que era mejor “no jugar con candela”.

De modo que me pregunto por qué razón Castro II puede ahora hablar lo que para la policía castrista era considerado, bajo sus propias órdenes, “idioma enemigo”, nada más y nada menos que con “el enemigo” mismo: el presidente de los Estados Unidos; lo que acaba de confirmar en su más reciente discurso al afirmar que lo que acaba de confirmar en su más reciente discurso al afirmar que no cederá ni un ápice ni aceptará condiciones impuestas por Estados Unidos” no cederá ni un ápice ni aceptará condiciones impuestas por Estados Unidos. ¿Por qué en una época nos reprimieron y nos detuvieron por supuestamente hablar ese “idioma enemigo”: el inglés y ahora el mismísimo Tirano Segundo se despepita por chapurrearlo?

Ellos habrán olvidado, pero yo no. No se olvidan fácilmente las detenciones policiales castristas.

¿El final feliz de la historia? Montserrat Roig, Jaime Salinas y yo nos hicimos amigos para siempre, creo que ellos sí comprendieron finalmente el horror de todo aquello que trajo el barco.

Zoé Valdés.

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6 Replies to “Castro II habló “idioma enemigo” con “el enemigo”. ¡¿Por qué no lo arrestan?!”

  1. En América del Sur, hay un dictado popular, transformado en ley no escrita,que es la ley del embudo.Del lado de arriba, tiene un diámetro infinito,del lado de abajo,es estrecha como( ass) de ratón, ( guess u understand the dangerous language)

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  2. EL PODER ES POLIGLOTA. A MI ME DIO ASCO PORQUE ES UN BABOSO, SIEMPRE LO HA SIDO Y YA SE SABE QUE CUANTO MAS VIEJO SE ES, MAS PEOR O MEJOR: RESPONDEMOS A NUESTRA “esencia”. LA DE LOS CASTRO, DEFINITIVAMENTE PUTRIDA Y PESTILENTE. recontrapuaffffffffffffffffff!!!!

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  3. Zoe: ya contigo son dos, al Eusebio Leal tambien lo detuvieron los boinas negras a finales de los 90 por ” jinetear con turistas”, aquellos “agentes del orden” campesinos serranos que te pedian- “su carn’e de ida'” por andar caminando por la calle 42 “entrecincota’ y sietema'” Cosas del pais “como cualquier otro”.

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