«A lo mejor para el año que nieve…» (Guamá por la goma).

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12 respuestas para “«A lo mejor para el año que nieve…» (Guamá por la goma).”

  1. DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, EN LA INAUGURACION DE LAS OBRAS DE SAN ANDRES DE CAIGUANABO, PINAR DEL RIO, EL 28 DE ENERO DE 1967.

    (DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS DEL
    GOBIERNO REVOLUCIONARIO)

    Compañeros del Partido y del Gobierno;
    Vecinos de San Andrés;
    Alumnos del primer internado de San Andrés:

    Con verdadera satisfacción nos reunimos esta noche en un acto que tiene para todos nosotros una gran importancia.
    Muchos pensarán que los vecinos de San Andrés tienen motivos para sentirse contentos en el día de hoy; pero no son solo los vecinos de San Andrés. Todos nosotros tenemos motivos para sentirnos esta noche tan contentos como cualquier vecino de San Andrés.
    Los de San Andrés ven en esta noche una etapa del vertiginoso desarrollo de esta región, pero nosotros vemos también en esta obra de San Andrés, en este desarrollo de San Andrés, la obra de la Revolución y la idea de lo que habrá de ser en el futuro nuestra patria.
    San Andrés es una avanzada. San Andrés será, aproximadamente dentro de un año —en lo que a la situación social se refiere, sobre todo en la educación—, lo que aspiramos que sea una gran parte del país, y si fuera posible todo el país, para 1975.
    San Andrés es el primero de los tres planes pilotos que se están llevando a cabo, es decir, el primero que ya puede presentar una parte del plan realizada. Porque aquí esta noche ya quedan inaugurados el primer internado de 300 alumnos y cinco círculos infantiles, aparte de otra serie de obras en el pueblo, de un programa que deberá comprender otra escuela igual que esta, tres escuelas más pequeñas que esta —de 150 alumnos—, y cinco círculos infantiles más.
    Si los compañeros del Ministerio de la Construcción mantienen durante este año de 1967 el magnífico ritmo de trabajo con que realizaron estas primeras obras, no tenemos dudas de que para fines de este año —ya en lo que a San Andrés se refiere— el plan estará completamente terminado. Por esto, es justo que se reconozca el esfuerzo que los compañeros del MICONS, y sobre todo los del MICONS de la provincia de Pinar del Río, han hecho (APLAUSOS), puesto que esta escuela se ha construido en seis meses solamente; hace seis meses aquí no había nada, hace seis meses aquí lo que había era manigua y un terreno bastante inundado. Tampoco había ningún círculo. Hace seis meses prácticamente estaban terminando de ubicarse cada uno de los sitios donde iban las distintas escuelas y los distintos círculos, y trabajaban afanosamente los compañeros, los arquitectos, haciendo los proyectos.
    Porque en este caso cada escuela se ha ido ubicando de acuerdo con la distribución de la población y buscando siempre los sitios más saludables, los sitios más adecuados, que a la vez quedasen próximos a las familias cuyos hijos van a ir a esos círculos o a esas escuelas. Y nuestros arquitectos y proyectistas vinieron a cada uno de los sitios. Junto con ellos trabajó también un equipo de compañeros que han estado responsabilizados, en general, con este plan.
    Pero hay que decir que todo el mundo ¡todo el mundo!, le ha prestado una gran cooperación al plan de San Andrés. La prestaron los compañeros del Partido en la provincia, la prestaron los compañeros del ejército, la prestaron los compañeros técnicos, la prestaron los compañeros del Ministerio de Educación. Es decir que este es un ejemplo de un plan en que se ha coordinado de una manera feliz y que ha podido contar con el entusiasmo de todo el mundo, ¡y por eso ha avanzado como ha avanzado!
    Este plan empezó a concebirse prácticamente hace un año. Y en un año se han hecho ya todas las plantaciones de café en terraza, hay más de un millón de matas de café sembradas con una técnica nueva en terraza para proteger la tierra de la erosión. El café marcha en magníficas condiciones, está limpio. En los viveros de café trabajaron cientos de mujeres de esta región, prepararon los viveros. En la plantación de este café trabajaron cientos de compañeros de la juventud comunista de la provincia y de distintas partes, trabajaron cientos de compañeros del ejército; en el esfuerzo de cumplir las metas en la fecha indicada se hicieron grandes movilizaciones. Y gracias a eso, pues, el plan de siembra de café se realizó cabalmente. Y el café está creciendo a enorme velocidad, sembrado con toda la técnica. Y no solo eso: se le van a hacer las aplicaciones óptimas de fertilizante; y algo más: se van a aplicar otras técnicas más nuevas todavía, que consiste en la aplicación de hormonas de crecimiento a ese café.
    Es decir que los vecinos de esta región y todos nosotros vamos a poder observar un fenómeno nuevo también, porque se suponía que una mata crecía cuando la sembraban, la cuidaban, la cultivaban, le limpiaban la hierba, la regaban o le llovía y se fertilizaba; pero hay una cosa nueva: vamos a acelerar el proceso de crecimiento de esas plantas. En ese sentido se va a convertir también en un plan piloto, y al millón y tantas matas de café se les van a aplicar hormonas de crecimiento, y posiblemente ya para el año que viene haya bastante café que recoger en esas plantaciones (APLAUSOS). Deberemos esperar por los resultados, como les decía anteriormente es de carácter experimental, pero los resultados que obtengamos aquí podrán ser aplicados a otras plantaciones e incluso a otros cultivos.
    Volviendo al tema de las escuelas, les decía que si se mantiene este ritmo y este entusiasmo con que se ha trabajado este año, ya para fines de este año deberán estar las instalaciones todas terminadas, de manera que toda la población infantil, todos los niños desde un mes de nacidos hasta el último año de secundaria básica tendrán sus instituciones correspondientes. Es decir que toda la población, todos los niños de esta región, que son aproximadamente 2 000, tendrán sus correspondientes círculos infantiles, sus correspondientes escuelas primarias de uno a tercer grados y sus correspondientes escuelas de un nivel más alto, es decir, desde cuarto grado hasta el último año de secundaria. Va a ser el primer lugar del país también. Le seguirán en orden: Gran Tierra, en la provincia de Oriente; y Banao, en la provincia de Las Villas. No llevan un ritmo todavía tan rápido como esta región, pero ya esta estará convertida en un verdadero plan piloto de un interés extraordinario.
    Es de un interés extraordinario, porque posiblemente —posiblemente— un plan de esta índole, de esta característica, no se haya puesto en práctica nunca en ningún otro país, y no se haya puesto en práctica con las características que va a tener este plan. Posiblemente seamos el primer país del mundo en llevar a cabo un programa de educación de esta magnitud, de esta calidad, y aspiramos a que lo que estamos haciendo aquí en San Andrés podamos hacerlo en todo el país.
    Las instalaciones son de magnífica calidad. Hay que felicitar a los compañeros arquitectos que trabajaron en estas instalaciones; con una gran cantidad de luz, con una gran cantidad de ventilación, no se pueden concebir instalaciones más saludables que esas instalaciones. Al igual que los círculos infantiles, donde tienen el área de los lactantes, el área de los que ya son un poquito mayores, áreas bajo techo y áreas al aire libre, donde podrán moverse con entera libertad.
    Se han escogido para dirigir esta escuela y para enseñar en esta escuela, jóvenes maestros y profesores formados enteramente en estos años de Revolución. Posiblemente el promedio de edad, sumando la edad de todos los compañeros que van a estar en la dirección, en la administración y en la enseñanza de esta escuela —que comprende profesores de secundaria básica, maestros de primaria, profesores de educación física y técnicos agrícolas—, sumando la edad de todos ellos no pase de 18 años el promedio.
    Es posible que nunca un plantel de enseñanza haya contado con un personal docente y de dirección tan joven como el personal que va a dirigir esta escuela; graduados de nuestros institutos pedagógicos; graduados de nuestros institutos tecnológicos, otros del Instituto de Educación Física y Deportes, otros.
    Es decir que hubo calidad en la selección y en la formación de ese personal docente. Hay juventud, hay entusiasmo, y tenemos por eso derecho a sentirnos optimistas acerca del éxito de la enseñanza que se va a impartir en esta escuela. Igualmente en los círculos infantiles van a trabajar compañeras de esta región, vecinas de esta región, que fueron preparadas en los correspondientes cursillos para atender a los niños. Y algo más: al frente de cada círculo estará una maestra graduada en el Instituto Pedagógico ”Makarenko”. También en los círculos infantiles, tanto las instalaciones como las condiciones ambientales, las condiciones higiénicas como el personal que atenderá a los niños, tendrá una gran calidad, y podemos esperar de ellos un trabajo óptimo con los niños.
    En estas escuelas lo más importante, sin embargo, no será la calidad de las instalaciones, sino la concepción de esta escuela. Sin dudas de ninguna clase que todos nosotros hemos visto muchas escuelas en nuestros campos; antes de la Revolución no había muchas, había algunas escuelas en los campos. Ciertamente que una gran parte de la población escolar infantil de los campos no tenía escuela o no tenía maestros; con la Revolución vinieron, en primer lugar, los maestros, y siempre que fue posible se construyó alguna escuelita. Pero, en definitiva, se llevó el maestro para todos los niños del campo. Cualquiera habría dicho que eso era un gran triunfo, cualquiera habría dicho que eso era un gran avance, porque siempre en nuestros campos estaba el clamor de las familias pidiendo escuelas, pidiendo maestros; y cuando llegaba un maestro había júbilo, cuando se organizaba una escuela había alegría. Y para cualquier país en este continente recibir un maestro, recibir una escuela habría sido siempre motivo de alegría.
    Nosotros hemos logrado eso, pero, sin embargo, ¿podemos satisfacernos con eso? ¿Qué es eso, si tenemos algo por lo cual suspiró nuestro pueblo: todos los lugares con escuela, todos los lugares con maestros? Pero, a pesar de tener eso, ¿qué es esa escuelita? ¡Cuántas veces no vemos las escuelitas aisladas, pobrecitas!; muchas veces no son escuelas, son bohíos, y llegan los muchachos, vienen de más distancia, de menos distancia, mejor alimentados o peor alimentados, y están en la escuela unas cuantas horas. Cuando había una sola jornada estaban cuatro o cinco horas. ¿Qué hacían los muchachos el resto del día? Ahora van a la escuela y regresan a la casa y almuerzan, y en algunas ocasiones regresan también por la tarde. Pero sin dudas que los muchachos disponían de mucho tiempo para andar por la libre sin que nadie fiscalizara qué hacían, dedicados a qué. Un muchacho con su imaginación inventa todas las cosas habidas y por haber: buenas y malas. Y muchas veces se le ocurren las malas primero que las buenas. Como una forma de entretenerse, de matar el tiempo, los muchachos —sin lugares donde hacer deportes, sin condiciones ni facilidades para sentarse a leer un libro, sin tener los libros al alcance de su mano porque supondría tener una biblioteca en cada casa, sin tener campos deportivos— emplean el tiempo como mejor les parece.
    Y es precisamente en esas horas extra-escolares donde se adquieren muchos malos hábitos, donde se adquieren muchos vicios, donde los muchachos se desvían, y donde en realidad no van a desarrollar ni su inteligencia, en definitiva ni sus facultades mentales, ni sus facultades físicas.
    Con este sistema y con esta concepción la vida de los niños desde que tienen un mes de edad, en dos palabras, desde que transcurre el período que en la Legislación Social se conoce como el período de la maternidad obrera, es decir, cuando ya la madre pueda reintegrarse al trabajo, ya desde ese momento, podrá ir el niño al círculo.
    Y la vida de todos los niños estará perfectamente organizada, estará perfectamente atendida. Irán a los círculos por la mañana —bien temprano— y regresarán a sus casas al atardecer. Y cuando ya tiene edad para ir al primer grado, entonces su vida entera estará organizada alrededor de la escuela. Allí tendrán los estudios, los campos deportivos, la alimentación. Irán los lunes y regresarán los viernes, y tal vez los sábados.
    Porque, naturalmente, podría también plantearse qué será mejor: que se vayan ya desde el viernes para la casa, o por el contrario se dedique el sábado a actividades deportivas en general en la escuela (APLAUSOS), y ya el sábado al mediodía van a la casa. Y significa que podrán disponer también los maestros y profesores de tiempo libre: la mitad del sábado y el domingo completo.
    Nosotros no tenemos la menor duda de que los muchachos van a estar ansiosos siempre de que llegue el lunes para ir a la escuela, porque en la escuela tendrán todas las facilidades, todas las instalaciones, tendrán su vida perfectamente organizada de una manera agradable, de una manera atractiva.
    Es decir que ya no habrá esas horas para matar el tiempo, ya no habrá esas oportunidades para que los muchachos se descarríen y adquieran malos hábitos de ningún tipo. Y constantemente, bajo la dirección de personal altamente calificado, serán educados mentalmente, físicamente, socialmente; irán adquiriendo los mejores hábitos que una sociedad le puede dar al ser humano, los mejores sentimientos, los mejores conceptos. Allí a esa escuela irán a ser preparados para la vida.
    Si nos preguntamos el por qué tantos conflictos en el ser humano, si nos preguntamos por qué tantas querellas, tantos sufrimientos, tantas mortificaciones, si nos preguntamos por qué tantos se dedican a amargarle la vida a tantos, la respuesta será sin dudas que el ser humano no ha sido preparado para vivir, que no se le ha enseñado a vivir socialmente, no se le ha enseñado a vivir con relación a los demás, no se le ha preparado para la vida, para su vida en la sociedad humana.
    Naturalmente que esto no podía ser de ninguna forma donde el modo de obtener el alimento, el modo de obtener los medios de vida era un modo aislado, primitivo y egoísta. Por eso ocurrían todas esas cosas, que aquí esta noche veíamos magníficamente acerca de la historia de los campesinos, de la historia de los mayorales, de los terratenientes, de los guardia-rurales; la historia del campesino con la mujer, kilómetros y kilómetros, sin saber además a qué hospital la llevaba, cuanto le costaba, con qué pagaba eso, sin comunicaciones de ninguna clase, a quién sabe cuántos kilómetros de distancia, sin dinero, pagando la tercera parte o la mitad de lo que cosechaba todos los años al terrateniente; de manera que miles de familias trabajaban para una familia.
    Es lógico que en aquellas condiciones no podía haber nada que se pareciera a esto; es lógico que en aquellas condiciones no se podía pensar siquiera en educar al hombre para vivir en la sociedad. Porque en aquellas condiciones los hombres trataban no de vivir sino de sobrevivir. Y no los enseñaba nadie a sobrevivir, sino que cada individuo trataba por sí mismo de sobrevivir a su manera, o de cualquier manera, porque se trataba sencillamente de sobrevivir. Y para sobrevivir hacían lo que les venía a su mente. Muchos sin haber podido ir a una escuela, sin haber aprendido a leer ni escribir, tenían que arreglárselas como pudieran en medio de las condiciones más desventajosas, más difíciles. Si un hombre va a vivir en una sociedad, es necesario saber primero para qué sociedad se va a preparar a ese hombre. Y lógicamente en una sociedad en que rija la ley del más fuerte, del más astuto, del más vivo; en una sociedad donde prevaleciera el individualismo, el egoísmo y cada hombre abandonado a su suerte, no se podía enseñar a nadie a vivir.
    Se puede aspirar a establecer una educación para la vida en una sociedad fundada en otras bases muy distintas, muy diferentes. No se podía predicar el sentido de la confraternidad humana donde condición indispensable para vivir era quitarle algo a los demás, fastidiar a los demás, reventar a los demás; se puede desarrollar el sentido de la fraternidad humana, de la solidaridad humana en su más vasto alcance, en una sociedad que tenga por base y solo pueda tener por base la solidaridad y la fraternidad entre los seres humanos, donde los seres humanos se ayudan unos a otros, donde los hombres juntan sus fuerzas para crear la riqueza, donde los hombres juntan sus fuerzas para explotar los recursos de la naturaleza: la tierra, el agua; donde los hombres juntan sus fuerzas para aplicar la técnica, para aplicar la inteligencia, para aplicar las máquinas, para lograr todo esto. Porque todo esto que luce hermoso, esa misma escuela, terminada, bellamente terminada, iluminada, ha requerido el esfuerzo de muchos hombres: el esfuerzo de los que producen el cemento en las fábricas de cemento, el esfuerzo de los que producen las cabillas, el esfuerzo de los que talan árboles en los bosques para producir madera, el esfuerzo de los obreros del transporte, el esfuerzo de los técnicos, el esfuerzo de los constructores de caminos, el esfuerzo de los obreros electricistas.
    Cosas bellas puede crear el hombre, pero hay que preguntarse cómo puede crearlas. Cosas bellas como esa escuela, como esos círculos, como esa carretera, como aquel parque, como aquel restaurante, como aquella tienda, aquel centro comercial, como ese almacén de tabaco, como las obras que se continuarán haciendo, como la obra hidráulica que habrá que hacer aquí para aprovechar el agua, para disponer de regadío, para obtener cosechas más altas. Obras como estas, muchas, de extraordinaria utilidad para todos, se pueden hacer; pero hay que preguntarse cómo pueden hacerse. Y no se podrían hacer sino en virtud del esfuerzo unido de los hombres.
    Busca la Revolución que el esfuerzo unido de los hombres pueda crear riquezas, pueda crear maravillas para el hombre; busca que los creadores de riqueza puedan crear esa riqueza para sí mismos; busca que el pueblo pueda crear maravillas, no para otros, sino para sí. Y aquí esta obra que tenemos delante es un buen ejemplo de cómo puede crear el pueblo maravillas para sí (APLAUSOS).
    Han creado nuestros obreros, con sus brazos, con sus energías, con su inteligencia, obras que habrán de servir para el bienestar y la felicidad de muchos, obras que habrán de servir para llevar la alegría y la satisfacción a todos. Porque no quedará una sola familia en este valle de San Andrés de Caiguanabo, no quedará una sola familia, sin recibir la alegría de ver algo que se ha hecho para todos (APLAUSOS); no quedará una sola familia sin tener la felicidad de ver a su hijo o a su hija, en alguno de estos centros, crecer felices y educados, pero educarse con un sentido de profunda solidaridad y confraternidad, educarse en ese nuevo concepto; no quedará una sola familia.
    Y esa es la Revolución. Y eso es lo que quiere decir Revolución, eso es lo que quiere decir nuestra Revolución: eso de que todos, todos absolutamente, puedan beneficiarse; que todos puedan recibir los frutos de su trabajo, es decir, todos, el fruto del trabajo de todos.
    Y cuando se cosechen los primeros granos de café, tendremos que pensar en las mujeres que llevaron la semillita al germinador, que trasplantaron las primeras semillitas a las bolsas, que las atendieron; habrá que pensar en los jóvenes comunistas y los soldados que lo plantaron; habrá que pensar en los obreros que han mantenido limpia esa plantación; habrá que pensar en el esfuerzo de muchos creando riquezas para muchos.
    Nuestra consigna en una sociedad nueva ha de ser la de crear cuantas riquezas sean capaces de crear los brazos del hombre y la inteligencia del hombre, para beneficio de todos. No preguntar siquiera si uno ha de tomar del café de aquella planta que sembró, sino que alguien habrá de tomar el café de esa planta y que tal vez tomemos el café de la planta que otro está sembrando; o cuando comamos el pan que ha sido producido con los brazos de otro… Trabajaremos para nosotros mismos, trabajaremos para todos, y podremos crear todo lo que tengamos voluntad de crear, todo lo que tengamos necesidad de crear.
    Y estos niños recibirán una cultura amplia, una instrucción amplia; recibirán una capacitación y aprenderán a amar el estudio y el trabajo. Estas escuelas no serán como las escuelas adonde iban en el pasado una minoría de hijos de familias ricas, sin el menor concepto del trabajo; porque, además, ¿para qué necesitaban conceptos del trabajo? Si en aquella sociedad el trabajo lo realizaban los pobres, si en aquella sociedad los ricos no conocían el trabajo; ni necesitaban conocer el trabajo, porque otros trabajaban para ellos. Se educarán los niños en el concepto del trabajo desde la más temprana edad. Y si están en primer grado y tienen seis años, aprenderán a cultivar aunque sea una lechuga, y aprenderán cómo se produce una lechuga, y aprenderán, además, qué hermoso es producir una lechuga. Aprenderán tal vez a regar una plantita, o aprenderán a regar el jardín, creando un ambiente más alegre. Harán lo que puedan, pero será necesario, desde que empiecen a tener uso de razón, que empiecen a tener idea también de cómo se producen los bienes materiales, cómo se aplica la técnica para producir muchos bienes materiales. Deberán empezar a tener una idea de que, además, los bienes materiales no caen del cielo, que hay que producirlos con el trabajo. Pero, además, adquirirán el concepto más digno del trabajo; no el trabajo como algo despreciable, no el trabajo como un sacrificio, sino el trabajo —incluso— como un placer, el trabajo como algo agradable, lo más agradable, lo más hermoso que el hombre puede y debe hacer; el concepto del trabajo ni siquiera como un deber, sino como una necesidad moral, como una forma de invertir el tiempo dignamente, útilmente.
    Y por lo demás, el hombre irá —con la ayuda de las máquinas y de la técnica— liberándose cada vez más del trabajo en su sentido de esfuerzo físico bruto. Y aquí mismo en San Andrés, donde hay o había más de 1 000 bueyes, toda la tierra se preparaba con yuntas de bueyes. ¿Qué significaba eso? Que todos los años había que roturar la tierra; que cientos de padres de familia tenían que enyugar los bueyes bien temprano, enganchar el arado y, yendo detrás de la yunta de buey, romper y preparar las tierras. Y realmente ese trabajo es duro. Cuando un hombre tiene que ir llevando el arado tras de una yunta de buey son no dos bueyes, sino tres bueyes arando la tierra (APLAUSOS), porque él tiene que ir haciendo tanto esfuerzo como cualquiera de los bueyes.
    Y así tenían nuestros campesinos en este valle —y todavía lo tienen que hacer así en muchos lugares— que romper todos los años la tierra de esa forma.
    Al llegar aquí no recuerdo si fueron 19 ó 20 tractores, inmediatamente desapareció esa necesidad de tener que romper la tierra con bueyes; desapareció incluso la necesidad de tener más de 1 000 bueyes. De todas maneras algún trabajito hay que hacer siempre con el buey, sobre todo en el tabaco; pero ya no es el trabajo de romper la tierra, es el trabajo de realizar algún cultivo en el tabaco con el buey, menos duro; y, además, una parte insignificante, comparado con todo el trabajo que había que hacer sin tractores. Sobrarán casi 1 000 bueyes porque podrán los campesinos con muchos menos bueyes hacer ese poco de trabajo que hacían anteriormente; y en vez de bueyes podrán tener vacas, vacas que producirán leche y que producirán carne, en la misma superficie donde antes pastaban los bueyes, que eran animales de trabajo que no podían sacrificarse y, por tanto, no podían producir carne, que no producían leche.
    Y por tanto al introducir la técnica, es decir, las máquinas, se liberan todos los trabajadores de ese esfuerzo físico tremendo que tenían que hacer todos los años y, además, liberan tierra donde pueden tener cientos de vacas para producir todos los días miles de litros de leche.
    Porque aquí todo este plan de desarrollo social, de desarrollo educacional, irá acompañado del desarrollo económico, irá acompañado del desarrollo técnico, del desarrollo agrícola, de manera que en este mismo valle en los años venideros se estará produciendo tres veces, cuatro veces o cinco veces más de lo que se estaba produciendo.
    No tenemos que tener ningún temor de que vaya a faltar alimento para los muchachos que van a estar en esas escuelas, porque aquí en esta misma región la producción agrícola será tres, o cuatro, o cinco veces mayor; pero no será así solo aquí: aspiramos a que sea así en todo el resto del país.
    Los niños y los jóvenes no solo recibirán una educación esmerada en instalaciones magníficas, sino que recibirán una alimentación óptima, recibirán una dieta balanceada, consumirán las cantidades máximas de alimentos que necesiten en frutas, en leche, en vegetales, en fin, en todos los alimentos. Nos interesa también ver cuáles son los efectos, en esos niños, de una vida higiénica, saludable, de la práctica de la educación física y el deporte, de una alimentación óptima; lo que significa que ya todos los niños recibirán en esas instituciones la ropa, los zapatos y la alimentación en la escuela, y la recibirán gratuitamente, gratuitamente (APLAUSOS).
    ¿Es esto acaso algo de poca importancia? ¿Es algo de poca trascendencia? No. Esto tiene que ver mucho con toda una serie de concepciones; tiene que ver mucho con la concepción general de la forma en que nosotros queremos edificar el socialismo y de la forma en que nosotros queremos edificar el comunismo.
    Antes los terratenientes, los Cortina, los mayorales, la guardia rural, le venían a decir al campesino: “¿Socialismo? ¡Eso es terrible! ¿Comunismo? ¡Más terrible todavía: te lo quieren comunizar todo!, incluso te quieren comunizar la mujer”, decían los guardias rurales, los esbirros, los mayorales y los terratenientes; y los que querían realmente “comunizar las mujeres” —como decía el Manifiesto de Carlos Marx— eran precisamente ellos, porque ellos, si podían, comunizaban las mujeres de los demás; comunizaban, si podían, a la hija de un campesino, y si podían arrebatarle la mujer se la arrebataban. Eran ellos, que querían traer a la mente de los campesinos esas cosas absurdas, esas mentiras, esas fantasías.
    El socialismo y el comunismo no tenían nada que ver con las mujeres como si fuesen una propiedad, como si fuesen un instrumento de trabajo —que en ese concepto la tenían los capitalistas. Lo que ha hecho el socialismo con la mujer es brindarle oportunidad de educar a sus hijos, brindarle oportunidad de trabajar, liberarlas para siempre de la terrible necesidad de tener un día que convertirse en una prostituta para vivir, o en la necesidad de tener que trabajar para los ricos en sus casas como un modo de vivir. Lo que ha hecho es dignificar a la mujer y darle un lugar de honor dentro de la sociedad. Lo que ha hecho es preocuparse de que sus hijos no se les mueran de enfermedad o de hambre, de que no permanezcan ignorantes sin aprender ni a escribir su nombre. Los terratenientes, los burgueses, los esbirros, los mayorales, los politiqueros, inventaban un fantasma.
    A la vuelta de pocos años cuánto ha podido aprender el pueblo para responder: “No. No era lo que tú decías. ¡Es esto que estamos viendo hoy con nuestros propios ojos! (APLAUSOS) ¡Son estas escuelas, estas carreteras, estos hospitales, son estos niños uniformados, con un magnífico porvenir por delante! ¡Es esta alegría, es esta posibilidad de poder incluso ver aquí a los campeones nacionales participando aquí en una competencia, en un campeonato!” —porque es que antes en los campos ni siquiera los peloteros podía el pueblo verlos en las competencias; todo concentrado en la capital.
    Hoy pueden tener esa visión, tienen la idea real. Pero, ¿cómo se marcha adelante? ¿Cómo se sigue avanzando por ese camino del socialismo y del comunismo, que es el camino que ofrece a la sociedad la mayor suma de felicidad, la mayor suma de satisfacciones, la mayor suma de bienes? Entonces hay los que piensan que si les damos gratis todos estos servicios ahora a los campesinos, los campesinos se volverán holgazanes, se volverán vagos, que no trabajarán. Hay quienes creen que para que el hombre tenga que trabajar y trabaje debe sentir el látigo de la tremenda necesidad, el látigo de la miseria, el látigo del temor, para trabajar.
    Las ideas revolucionarias se pondrán a prueba verdaderamente en este plan.
    Es cierto que el hombre en el pasado trabajaba instigado por la miseria, por la necesidad, por el temor. Si usted visitaba una casa de un campesino y le preguntaba qué pensaba hacer con aquel cochinito, lo más probable era que le respondiera: “Ese lo estoy cebando por si me enfermo o si se me enferma alguien de la familia, para pagar el médico o para comprar medicinas.” Porque en lo primero que pensaba cuando criaba un animal no era en consumirlo, sino en ese terrible momento en que la enfermedad toca a las puertas —y verdaderamente que tocaba a las puertas con bastante frecuencia—, para no pasar por la angustia de tener que ir loma abajo, como decían aquí, llevando a la mujer o al hijo en una parihuela, sin un centavo en el bolsillo, sin saber a qué médico ver ni con qué demonios pagar una medicina; luego trabajaba pensando en ese momento. Otros pensaban: “para comprarles un día unos zapatos a los hijos, o la ropa”. Y, sobre todo, trabajaban —como decían los campesinos y los obreros— ”para darles de comer a mis hijos”.
    ¿Qué significa esa respuesta que daban siempre todo obrero y todo campesino cuando les preguntaban para qué trabajaban? Ese obrero y ese campesino nunca decían: “Trabajo para mí, trabajo para vestirme, calzarme, para comer, para hartarme.” ¡No! No había uno solo que no respondiera: “Trabajo para dar de comer a mis hijos, para dar de comer a mi familia.” ¿Qué significa esto? —repito. Significa que históricamente, desde que el hombre es hombre hasta hoy, el hombre ha trabajado fundamentalmente para sostener a su familia, para evitar que sus hijos y sus seres queridos se murieran de hambre. Y esa ha sido tal vez la fuerza que más ha presionado al hombre a trabajar, porque había incluso a quienes podía importarles menos pasar hambre, pero que no podían soportar la idea de que sus hijos pasaran hambre. Y como los hijos dependían enteramente del trabajo del padre, ese sentimiento llevaba a los hombres a esforzarse a trabajar duramente, a veces haciendo inmensos sacrificios. ¡Cuántos casos no hemos conocido de mujeres que se quedaron viudas con tres o cuatro hijos, cinco hijos, y realizaron enormes esfuerzos lavando y planchando para alimentar y para educar a los hijos!
    Sin embargo, nos encontramos con que ahora todos los niños, todos, tendrán su círculo infantil, un alimento de primera calidad, su ropa, sus zapatos, y tendrán su escuela; de repente ya ningún trabajador, ningún campesino de esta región tiene sobre sus hombros la presión de que ha de trabajar para darles comida a sus hijos.
    Y yo les quiero preguntar a ustedes, les quiero preguntar a los campesinos, les quiero preguntar a Emilio y a todos los que son como Emilio, a Apolinar y a todos los que son como Apolinar —el caso de Apolinar que tiene 23 hijos, ¡veintitrés!, y dice que nueve van para estas escuelas; imagino que son nueve nada más porque los demás ya son hombres y mujeres—, les quiero preguntar de corazón si piensan ustedes, trabajadores, hombres acostumbrados al trabajo, hombres que aman el trabajo, si es cierto que al desaparecer esa necesidad —al desaparecer como desapareció la necesidad de criar el puerquito para pagarle al médico o para comprar la medicina—, al desaparecer la necesidad de tener dinero para pagarle un maestro, o mandar un día al muchacho a estudiar si puede al pueblecito, o que aprenda un oficio; al desaparecer la necesidad esa de tener que comprar la ropa y los zapatos y la necesidad de alimentarlo, si por esa razón los hombres y mujeres de San Andrés de Caiguanabo se volverán perezosos, se volverán holgazanes.
    ¿Será verdad acaso que la producción disminuya aquí en San Andrés de Caiguanabo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Ahora que el hombre ya no tiene esas cargas, que el hombre y la mujer ya no tienen esas angustias; ahora que no viven en esa incertidumbre, en ese sufrimiento, que tienen el médico allí y el transporte allí, y no tendrán que andar 28 kilómetros en camilla, y tienen la escuela y lo tienen todo; liberado el hombre de esos sufrimientos, de esos temores, de esas presiones, ¿se volverá por ello peor el hombre? ¿O no es acaso más razonable pensar que se volverá mejor? ¿Trabajará con más desgano? ¿O no es acaso razonable pensar que trabajará con más entusiasmo, con más alegría? ¿Trabajará menos, puesto que ya el dinero no tiene tanta importancia para él, puesto que el dinero le importaba, sobre todo, para que no se murieran de hambre los hijos, y ahora que está seguro de que no se les mueren de hambre los hijos, de que el dinero le puede servir para otras cosas, pero ya no para esas cosas que antes lo apremiaban tanto? ¿Por ello dejarán de producir los campesinos del Valle de San Andrés de Caiguanabo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
    ¿Cómo pensar que tendremos menos producción si, junto a las escuelas, junto a los círculos infantiles, vienen las máquinas, viene la técnica, viene la fertilización, viene el regadío, vienen las variedades de semillas mejores, las razas de ganado más adecuadas? ¿Cómo pensar que se va a producir menos cuando precisamente con las máquinas ya no habrá que hacer aquel esfuerzo tan rudo, tan riguroso, como el que se hacía antes? ¿Cómo vamos a producir menos si, trabajando la mitad en intensidad, podremos producir tres o cuatro veces más con las máquinas y con la técnica? ¿Es razonable pensar que San Andrés de Caiguanabo deje de producir, o vaya a producir menos riquezas, menos alimentos, menos productos; o que, por el contrario, es posible hacer todo esto, liberar al trabajador de esa carga que lo agobiaba, de esas presiones que lo obligaban en el pasado y, además, producir tres veces, cuatro veces más?
    ¿Qué creemos nosotros? Que con está concepción en San Andrés se producirá más, que con esta concepción y con la técnica se dispondrá incluso de más fuerza de trabajo. Porque si ya las mujeres no tienen que estar cocinando para atender cinco o seis hijos, si no tienen que estar en una batea lavándoles la ropa a todos esos muchachos… Porque ¿cuántas horas invierten las mujeres en la batea —saquen un día la cuenta— lavando la ropa de los niños? Y si es como en el caso de Apolinar, ¡imagínense! ¡Lavar la ropa de 15 en la casa, en una batea! Si han llegado unas máquinas eléctricas que lavan ellas solas, que planchan, ¡cuántas miles de horas de trabajo liberaremos a la mujer de la batea! Entonces podrá incorporarse, ayudar a su compañero en la recogida del tabaco, en la recogida del café, en cualquiera de las múltiples actividades que pueden realizar y realizan magníficamente bien las mujeres.
    Pero además, los alumnos mayores, los alumnos de los internados de 300, que ya estarán más fuertes, y cada día más fuertes como consecuencia de la educación física y de la alimentación, podrán participar de la recogida de café.
    Podrán también participar en la producción, al lavar las máquinas, al sustituir la batea por la máquina de lavar, al sustituir el calderito en la casa por las ollas esas que son capaces de cocinar para 100 ó 200. Liberaremos a las mujeres de miles y miles de horas de trabajo en eso, liberaremos mucha más fuerza de trabajo.
    Y con más fuerza de trabajo, y con más técnica, y con más entusiasmo —porque ahora todo el mundo tendrá una razón más para trabajar, todo el mundo tendrá un estimulo más para trabajar, todo el mundo sentirá una felicidad mayor para trabajar— nosotros creemos que ocurrirá no la reducción de la producción, nosotros creemos, nosotros nos atrevemos a asegurar que con el plan que se está llevando a cabo —el estudio parcela por parcela— lograremos tres veces, cuatro veces o cinco veces más producción de la que se lograba antes en San Andrés de Caiguanabo (APLAUSOS).
    Los reaccionarios desconfían del hombre, desconfían del ser humano; piensan que el ser humano es todavía algo así como una bestia, que solo se mueve azotado por el látigo; piensan que solo es capaz de hacer cosas nobles movido por un interés exclusivamente egoísta. El revolucionario tiene un concepto mucho más elevado del hombre, ve al hombre no como una bestia, considera al hombre capaz de formas superiores de vida, de formas superiores de conducta, formas superiores de estímulos; el revolucionario cree en el hombre, cree en los seres humanos. Y si no se cree en el ser humano no se es revolucionario.
    Y aquí, aquí se pondrán a prueba estas ideas; aquí en San Andrés, en Banao, en Gran Tierra, y en nuestra patria toda. Y en el mundo estas ideas se debaten, estas ideas que podemos llamar revolucionarias o reaccionarias, acerca de cómo se construye el socialismo, acerca de cómo se construye el comunismo. Y en muchas partes las ideas reaccionarias toman fuerza, las ideas reaccionarias ganan terreno; la fe en el hombre se pierde. En nuestra patria las ideas revolucionarias ganan fuerza, la fe en el ser humano se acrecienta.
    Nosotros, que nos consideramos revolucionarios y que esperamos confiados en que no seremos nosotros mismos quienes nos juzguemos, sino que el tiempo nos dará la razón, sabemos, estamos conscientes de que en un mundo donde muchas ideas reaccionarias ganan fuerza —entiéndase bien— aun bajo supuestas banderas revolucionarias, aun esgrimiendo la terminología marxista-leninista, nosotros nos adentramos enarbolando ideas revolucionarias. Pero no enarbolando sino creyendo profundamente en esas ideas, creyendo profundamente en el ser humano. Y nos lanzamos por este camino. Habrá en el mundo muchos que nos deseen el fracaso, habrá en el mundo muchos que prefieran el fracaso de los más revolucionarios antes que la confesión de que ellos no eran realmente revolucionarios (APLAUSOS).
    Nosotros aquí nos adentraremos profundamente en el estudio del hombre, nos adentraremos profundamente en la ciencia de la formación, de la educación del hombre.
    Estos centros serán, sin duda, los lugares del mundo donde incluso la pedagogía se pondrá a prueba. Y se pondrá a prueba si la pedagogía existe o no existe; se pondrá a prueba si la sociedad es capaz de educar o no a sus miembros, si es capaz de despertar en los hombres una conciencia superior, sentimientos superiores. Por eso aquí, todos los que se interesen por la pedagogía tendrán que venir a San Andrés para ver qué ocurre en San Andrés, cómo transcurren las cosas en San Andrés, cómo se forma la mente, la inteligencia, cómo se forma la conciencia, cómo se educa no solo recibiendo una cultura y una instrucción, sino una capacitación para la vida a esos jóvenes, a esos niños.
    Posiblemente nunca un grupo tan joven de profesores y maestros haya tenido sobre sus hombros una responsabilidad tan grande, un deber tan sagrado de esmerarse. Porque nunca como en estas circunstancias determinadas ideas se van a poner a prueba, nunca un grupo de militantes revolucionarios habrá tenido la responsabilidad que tienen los compañeros del Partido en San Andrés de Caiguanabo —porque aquí, en el campo de la producción, se van a poner a prueba ideas fundamentales—; nunca posiblemente una comunidad humana va a jugar en el campo de la teoría revolucionaria, de las ideas revolucionarias, de las concepciones revolucionarias, el papel que va a jugar esta población, los hombres y mujeres de este valle de San Andrés de Caiguanabo (APLAUSOS); porque se van a poner a prueba ideas fundamentales.
    Y lo primero cuando se quiere obtener el éxito, cuando se quiere alcanzar una meta, es tener una idea clara, una conciencia clara de esa meta. El método de masa, el lograr que toda la población se sienta ejército de esa idea; el lograr que cada hombre, y cada mujer, y cada maestro, y cada joven, y cada niño, se sienta guardián de esa idea, abanderado de esa idea, soldado de esa idea, es necesario cuando se quiere alcanzar un gran objetivo (APLAUSOS).
    Y los que defendemos esas ideas, los que creemos en esas ideas, los que creemos en el ser humano, no tenemos dudas del resultado, no tenemos dudas de que se probará la justicia de nuestros puntos de vista, y no esperamos ningún fracaso. Llevaremos a cabo este plan nuevo, revolucionario. Incontables beneficios recibirán todos los niños, y con ellos las familias. Desaparecerán de esta comunidad aquellos medios de presión que obligaban al hombre a ser buey y a trabajar como buey; y, sin embargo, el hombre, dejando de ser buey para ser hombre, humanizándose el trabajo, producirá aquí tres veces, cuatro veces o cinco veces más de lo que antes se producía.
    Y triunfar aquí significa que triunfaremos en los demás sitios del país. Triunfar en este valle significará triunfar en todos los valles de esta provincia, significará triunfar en todos los campos de nuestra patria. Porque hombres y mujeres como ustedes son los que viven en los demás sitios, hombres y mujeres como ustedes son los que viven en los campos de Las Villas, de Oriente, de Camagüey, de Matanzas, de La Habana. Y siguiendo métodos correctos, despertando el entusiasmo de las familias, trabajando con las masas, despertando su conciencia, su entusiasmo, si triunfamos aquí, triunfaremos a lo largo y ancho de la isla; si nuestras ideas salen victoriosas aquí, saldrán victoriosas a lo largo y ancho de la isla (APLAUSOS).
    Ustedes son hoy, en el más cabal sentido de la palabra, los abanderados. Serán la vanguardia, hombres y mujeres de San Andrés de Caiguanabo, jóvenes, niños.
    Este plan que aquí se inicia, este plan tiene esa importancia. En manos de ustedes está llevar a la victoria las ideas que este plan entraña. En manos de ustedes está la bandera. Ustedes son la vanguardia, y el resto de sus hermanos, trabajadores de nuestros campos, estarán atentos a lo que aquí ocurra. Todos estaremos atentos. Los que nos interesamos por el hombre, los que nos interesamos por el ser humano, los que creemos en el ser humano, los que nos interesamos por las ideas revolucionarias, los que queremos para el hombre una vida mejor, una sociedad mejor, una vida más feliz, estaremos atentos de lo que aquí ocurra. Y seguro absolutamente de que ustedes están conscientes de esto, no tengo ningún temor de afirmar que tendremos éxito, no tengo ningún temor de afirmar que nuestros conceptos, nuestras ideas triunfarán.
    ¡Patria o Muerte!
    ¡Venceremos!
    (OVACION)

  2. El Timbeke
    Un espacio para comentar y opinar de aquello que nos llama la atención en el ámbito que nos rodea y más allá. Curiosear con ánimo de conocer; divulgar con ánimo de compartir

    domingo, 15 de diciembre de 2013

    CERRADO POR TEMPORADA DE NAVIDAD
    El Timbeke le desea a todos sus lectores una Feliz Navidad y un mejor 2014.

    Regresa el próximo 2 de enero de 2014 al ciberespacio.

    Publicado por Pablo Alfonso en 10:31 No hay comentarios:
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    Etiquetas: Folcklore y Costumbres
    viernes, 13 de diciembre de 2013

    Fidel y Raúl…(IV) San Andrés de Caiguanabo
    Continuación del libro Fidel y Raúl, Delirios y Fantasías. Este capítulo narra una fantasía poco conocida del castrismo, en sus momentos de máximo delirio. La creación del primer pueblo comunista del mundo, con la abolición de la moneda y el trabajo por el amor de todos.

    San Andrés de Caiguanabo

    En un remoto rincón pinareño, de cuyo singular destino ya nadie se acuerda, está San Andrés de Caiguanabo.

    Tomo prestada la imagen literaria de Cervantes, parafraseando a su Don Quijote, porque este relato es toda una quijotada, aunque a diferencia del hidalgo manchego, ésta no es una invención literaria. Se trata de una quijotada real, digamos revolucionaria.
    Fidel lo imaginó de otra manera, pero San Andrés de Caiguanabo es todavía un humilde poblado del municipio La Palma, provincia de Pinar del Río, anclado en un bucólico rincón de la Cordillera de Guaniguanico.

    Por cierto, es la misma cadena montañosa donde se entrenaron en secreto los cubanos que acompañaron a Ernesto Che Guevara en su fracasada aventura guerrillera de Bolivia, a principios de la segunda mitad del siglo pasado. En esos apartados parajes, donde se encuentra la cueva de Los Portales, se prepararon -desde el 4 de junio hasta el 15 de octubre de 1966- los cubanos escogidos por el Che, quien había regresado a Cuba dos meses antes tras su también fallida incursión guerrillera en el Congo.

    Lo menciono solo como un referente porque esta historia no tiene nada que ver con eso.

    San Andrés de Caiguanabo, con poco más de dos mil habitantes, casi todos campesinos y trabajadores dedicados al cultivo del café, fue el lugar donde Fidel soñó construir la primera población comunista del mundo. Un experimento destinado a convertir la utopía comunista en una realidad para el resto de Cuba.

    ¿Por qué escogió ese lugar? Nadie lo sabe con certeza. Solo se conoce que no fue el único. Fidel destinó otros dos poblados montañoso para ampliar el experimento: Gran Tierra y Banao en las entonces provincias de Oriente y Las Villas, respectivamente, pero en ninguno destelló la utopía con tanto fulgor como en San Andrés de Caiguanabo.

    Los campesinos y trabajadores dispersos por la región fueron agrupados en una comunidad rural. Se construyeron instalaciones escolares, se proyectaron centros de salud, campos deportivos y todo lo imaginable para que sus habitantes tuvieran una vida confortable, con sus necesidades básicas garantizadas por Papá Estado.

    Desde la visión de Fidel, los hombres y mujeres del lugar aportarían felices a la sociedad el fruto de su trabajo. Ya no existiría más la responsabilidad de trabajar para la subsistencia personal o familiar. Nada de eso. El trabajo dejaría de ser una necesidad individual. Se convertiría en una responsabilidad social.

    El Génesis sentencia: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Una especie de castigo, de obligación personal para sobrevivir, impuesta al hombre cuando perdió el Paraíso. En esencia, Fidel quiso rescatar ese paraíso para el hombre nuevo que desempolvó de los manuales marxista-leninistas.

    Y al estilo de Dios, Fidel planificó la vida de los habitantes de su paraíso en San Andrés de Caiguanabo.

    Así programó la educación de los niños y jóvenes del lugar:

    “Y la vida de todos los niños estará perfectamente organizada, estará perfectamente atendida. Irán a los círculos por la mañana —bien temprano— y regresarán a sus casas al atardecer. Y cuando ya tengan edad para ir al primer grado, entonces su vida entera estará organizada alrededor de la escuela. Allí tendrán los estudios, los campos deportivos, la alimentación. Irán los lunes y regresarán los viernes y tal vez los sábados.

    Porque, naturalmente, podría también plantearse qué será mejor: que se vayan ya desde el viernes para casa, o, por el contrario, se dedique el sábado a actividades deportivas en general en la escuela (APLAUSOS), y ya el sábado al mediodía van a casa. Y significa que podrán disponer también los maestros y profesores de tiempo libre: la mitad del sábado y el domingo completo (…).[1]

    Así percibía los objetivos de su experimento:

    “Los niños y los jóvenes no solo recibirán una educación esmerada en instalaciones magníficas, sino que recibirán una alimentación óptima, recibirán una dieta equilibrada, consumirán las cantidades máximas de alimentos que necesiten en frutas, en leche, en vegetales, en fin, en todos los alimentos. Nos interesa también ver cuáles son los efectos, en esos niños, de una vida higiénica, saludable, de la práctica de la educación física y el deporte, de una alimentación óptima, lo que significa que ya todos los niños recibirán en esas instituciones la ropa, los zapatos y la alimentación en la escuela y la recibirán gratuitamente, gratuitamente (APLAUSOS).[2]

    ¿Es esto acaso algo de poca importancia? ¿Es algo de poca trascendencia? No. Esto tiene que ver mucho con toda una serie de concepciones, tiene que ver mucho con la concepción general de la forma en que nosotros queremos edificar el socialismo y de la forma en que nosotros queremos edificar el comunismo”.

    Y en el éxtasis de su alucinación describió cómo se transformaría la agricultura de la región, ejemplo para el resto de la isla:

    “Y por lo demás, el hombre irá —con la ayuda de las máquinas y de la técnica— liberándose cada vez más del trabajo en su sentido de esfuerzo físico bruto. Y aquí mismo, en San Andrés, donde hay o había más de 1000 bueyes, toda la tierra se preparaba con yuntas de bueyes. ¿Qué significaba eso? Que todos los años había que roturar la tierra, que cientos de padres de familia tenían que enyugar los bueyes bien temprano, enganchar el arado y, yendo detrás de la yunta de buey, romper y preparar las tierras. Y realmente ese trabajo es duro. Cuando un hombre tiene que ir llevando el arado detrás de una yunta de buey, son no dos bueyes, sino tres bueyes arando la tierra (APLAUSOS), porque él tiene que ir haciendo tanto esfuerzo como cualquiera de los bueyes. (…)

    Y el café está creciendo a enorme velocidad, sembrado con toda la técnica. Y no solo eso: se le van a hacer las aplicaciones óptimas de fertilizante y algo más: se van a aplicar otras técnicas más nuevas todavía, que consisten en la aplicación de hormonas de crecimiento a ese café.

    Es decir, que los vecinos de esta región y todos nosotros vamos a poder observar un fenómeno nuevo también, porque se suponía que una mata crecía cuando la sembraban, la cuidaban, la cultivaban, le limpiaban la hierba, la regaban o le llovía y se fertilizaba, pero hay una cosa nueva: vamos a acelerar el proceso de crecimiento de esas plantas. En ese sentido se va a convertir también en un plan piloto. Al millón y tantas matas de café se les van a aplicar hormonas de crecimiento y posiblemente para el año que viene haya bastante café que recoger en esas plantaciones”. (APLAUSOS)[3]

    Eso dijo Fidel hace 43 años. Sus alucinaciones incluían otros tantos millones de cafetos sembrados en las montañas del centro y del oriente de Cuba que producirían suficiente café para abastecer a la población de la isla y exportarlo más allá de sus fronteras.
    La realidad dictó otro rumbo. El 28 de julio de 2010, la Asamblea Nacional del Poder Popular propuso realizar inversiones para reactivar el cultivo de café, que se derrumbó en un 90% en menos de medio siglo, afectado por el deterioro de las plantaciones y el éxodo de los productores según autoridades del sector.
    Cuba llegó a producir unas 60.000 toneladas en la década de los sesenta, pero actualmente cosecha 6.000 toneladas, citó un informe presentado en la Asamblea.[4]

    Apunto un dato curioso sobre el discurso de Fidel el día que inauguró la comuna de San Andrés. Era el 28 de enero, fecha del natalicio de José Martí, artífice de la Independencia de Cuba, pero Fidel no hizo ninguna referencia a quien, según él, fue “el autor intelectual del Moncada”.

    Quizás por entonces el Comandante en Jefe consideraba al nacionalismo independentista como “una manifestación pequeño burguesa”. Estaba en boga el marxismo-leninismo y faltaba mucho para que desapareciera del mapa político la madre patria soviética que lo amamantaba.

    Nadie sabe, ni se sabrá nunca, cuántos millones de dólares se derrocharon en el intento, cuántas infundadas esperanzas se sembraron, ni cuántas ilusiones se esfumaron. Quizás ni los mismos habitantes que hoy viven en el llamado Pueblo Nuevo de San Andrés de Caiguanabo conozcan ese paréntesis de su historia.

    En un país donde la ineficiencia es la regla generalizada lo único eficiente es la mala memoria. Mejor diría la historia olvidada de los fracasos y fantasías alucinantes de Fidel, que es sepultada por el silencio, desterrada al olvido por la versión oficial de la historia revolucionaria.

    Para conocer los detalles de la utopía hay que hurgar con suerte, paciencia y discreción en los archivos de prensa y adentrarse en los abrumadores discursos pronunciados por el Máximo Líder.

    En algún lugar de los archivos fílmicos de Cuba, por ejemplo, está enterrado el documental de Lucía Corona, San Andrés de Caiguanabo, cuya música estuvo confiada a las guitarras de los cantautores de la Nueva Trova, Pablo Milanés y Noel Nicola. Una oda fílmica a los empeños de construir el hombre nuevo en el paraíso castrista.

    No faltó tampoco la presencia de los intelectuales de la izquierda europea, algunos de cuyos exponentes de la época visitaron el laboratorio humano de San Andrés. Hasta allí llegó en 1968 el cineasta francés Jean-Luc Godard. El destacado director francés había viajado a Nueva York y a Berkeley, California, para filmar la secuencia de Una Película Americana, un proyecto que nunca completó y más tarde a Canadá para otra ronda de grabaciones del documental Comunicaciones, que tampoco concluyó. Desde ahí se dio un saltico a la Cuba Socialista, antes de retornar a Francia.

    El diario Granma reseñó el viaje como si se tratara de un especial interés de Godard en filmar la experiencia comunista de San Andrés.[5]

    No hace mucho el académico cubano Rafael Hernández abordó el alucinante proyecto de Fidel en una publicación de la Universidad de Harvard. Hernández, quien dirige en La Habana la revista Temas, le ha querido dar al asunto un tinte ideológico, con un alcance teórico inscrito en el conflicto de la entonces Unión Soviética y la China de Mao Tse-Tung.

    “El desafío de construir un socialismo distinto y distante de los modelos soviético y chino, ponía al máximo el espíritu de defensa de la nación en su camino independiente, la vista fija en el ideal de una sociedad superior.
    Aquel encaminamiento en solitario se mantenía sobre la dramática certidumbre de que Cuba sería la primera sociedad en experimentar formas comunistas de organización y convivencia social. (…).

    Aquella utopía desafiante era algo más que un simple acto de voluntarismo o extremismo jacobinista -como podría juzgarse desde hoy-, era parte de toda una concepción del socialismo, opuesta a la de los manuales soviéticos. San Andrés de Caiguanabo no era así un mero falansterio utópico, sino un argumento en una intensa polémica de ideas y teorías sobre la revolución socialista, en la que se involucraban no solo la vanguardia política y los intelectuales orgánicos, sino numerosos ciudadanos”.[6]

    No creo que haya que ponerse tan serios. El asunto es más simple. La envoltura ideológica con la que Hernández cubre tamaña megalomanía fidelista, no sirve para explicar otros proyectos, tan grandiosos como impracticables, convertidos en rotundos fracasos.

    Poco o nada tenía que ver el conflicto ideológico chino-soviético con la obsesión genética de Fidel, la inseminación artificial del Manjuarí, las siembras de fresas y otros tantos proyectos que revisaremos más adelante.

    El 16 de julio de 2008 se celebró en San Andrés de Caiguanabo el cincuenta aniversario de la creación del Frente Guerrillero en Pinar del Río. De ello dio cuenta la televisión provincial TelePinar. Ninguno de los presentes se refirió al proyecto comunista que soñó Fidel para ese lomerío.[7]

    De aquellos sueños no queda nada, como dice una popular canción. Quien visite hoy el lugar, escogido por Fidel como cuna de la sociedad comunista soñada para Cuba, encontrará un mísero caserío que no se diferencia en nada del resto del país: falta agua, transporte, recursos de salud, educación y comida.

    San Andrés de Caiguanabo volvió a ser noticia nacional a fines del verano de 2008. Por el olvidado caserío cruzaron, en pocas semanas de diferencia, los huracanes Gustav y Ike destrozando los ranchos del poblado y aumentando la miseria en la que todavía viven sus pobladores.

    [1] Fidel Castro. Discurso. San Andrés de Caiguanabo. 28 de enero de 1967.
    [2] Ibid..
    [3] Ibid..
    [4] Debaten diputados asuntos socioeconómicos del país. Granma. 29 de julio de 2010. Pág. 1

    [5] Filma Jean-Luc Godard en San Andrés. Granma. 10 de febrero de 1968. Pág. 2
    [6] Hernández, Rafael, “The Red Year” ReVista, the Harvard Review of Latin America. Volume VIII, Number 11. pp. 21-24. Winter 2009.
    [7] Acto por el aniversario del Frente Guerrillero de Pinar del Río. Presidido por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y el General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintras Frías, en el acto oradores patentizaron la disposición del pueblo de continuar la lucha al lado de la Revolución. María del Carmen Concepción González, integrante del Secretariado del Comité Central del Partido, destacó cómo tras su constitución, el Frente en breve alcanzó prestigio, un mando único y el apoyo de los pobladores.

    Publicado por Pablo Alfonso en 19:42 No hay comentarios:

  3. Dónde están los más de mil bueyes?

    » Y aquí mismo en San Andrés, donde hay o había más de 1 000 bueyes, toda la tierra se preparaba con yuntas de bueyes. ¿Qué significaba eso? Que todos los años había que roturar la tierra; que cientos de padres de familia tenían que enyugar los bueyes bien temprano, enganchar el arado y, yendo detrás de la yunta de buey, romper y preparar las tierras. Y realmente ese trabajo es duro. Cuando un hombre tiene que ir llevando el arado tras de una yunta de buey son no dos bueyes, sino tres bueyes arando la tierra (APLAUSOS), porque él tiene que ir haciendo tanto esfuerzo como cualquiera de los bueyes.»

  4. COMPLETO CAMAGÜEY

    Nota del Bloguista

    Por muy que fuera uno de los 9 capitanes de Hubert Matos, Severino Martín no tenía porqué estar al lado de Hubert Matos y de Camilo Cienfuegos mientras ellos dos intercambiaban opiniones e informaciones; ni tampoco cuando Camilo habló con Fidel estando Hubert Matos enfrente.

    Yo leí varias veces un librito del año 1959 con la discusión de Hubert Matos con Fidel Castro durante el juicio: el librito tenía el título de ¨Y la luz se hizo ¨ y tenía por portada una careta de la cara de Hubert Matos caida en el suelo. Puedo asegurar que todavía no he conocido una posición más valiente en ningún juicio que la mostrada por Hubert Matos en esa discusión cara a cara con el tirano Fidel Castro. Si Hubert Matos lloró, no fue por cobardía.

    Desde la misma detención y encarcelamiento de Hubert Matos, siempre se hablaba entre las personas no revolucionarias ( ese era mi ambiente dada ¨mi extracción de clase ¨ jejeje) de que eso había pasado porque Hubert Matos se había opuesto al rumbo comunista; paradójicamente , la versión de los revolucionarios era muy parecida: que Hubert Matos se había hecho eco de las campañas y calumnias contrarrevolucionarias que acusaba injustamente de que la Revolución estaba tomado un rumbo comunista. Ahí están los archivos.

    ********************
    Tomado de http://varela1.blogspot.com

    COMPLETO CAMAGÜEY

    Severino Martín, uno de los 9 capitanes del comandante Huber Matos, condenado a 15 años de prisión de los cuales cumplió 9, ahora con 86 de edad viviendo en Boyton Beach, Florida, es mi suegro, del que estoy orgulloso (por su hija, mi esposa por 22 años, madre de mis dos hijos; y por su historia) y tuvo la gentileza de narrarme esto que grabé por teléfono para el blog. Toda vez que Cuba ha publicado en Granma la versión oficial del gobierno de los sucesos de Camagüey en octubre de 1959 y acá en Miami el Herald ha publicado la versión de Huber Matos (sin consultarla con los oficiales de Matos que hay en el exilio, muchos de ellos separados ideológicamente de él desde hace años y eso deja mucho que desear de la llamada prensa libre) pues he decidido darle voz a los subalternos, testigos vivos y sinceros de la historia – los que propiciaron la fuerza que sacudió la mata – porque ellos sí que no tienen nada que ganarle a la mentira.

    Varela Blog:
    ¿Cuántos fusiló Huber Matos en Camagüey?

    Severino Martín:
    Bajo las órdenes de él se fusilarían menos de 100, Pepe. Alguna exageración allá. Otros sin contar acá.

    VB:
    Dame un número más exacto.

    SM:
    Como 80, vaya. Según un teniente que lo computaba pero me reservo el nombre. Después de la noche del 14 de enero del 59 donde tuvo lugar la Noche Negra de Guanabaquilla donde fusilaron 19, Huber quiso ir a cuenta gotas porque la gente en Camagüey era muy conservadora y se aterró con aquello. Corrió como pólvora. Acuérdate que estamos hablando de la provincia más gusana de Cuba. Fíjate que cuando el Che y Camilo pasaron con la invasión fueron por los pantanos del sur y no se les pegó nadie… y nadie los apoyó hasta que no llegaron a Las Villas.

    VB:
    ¿Cómo empezó todo?

    SM:
    Chico, mira, primero déjame decirte que lo de Camagüey fue una operación militar, no política como quiere hacerla ver la historia porque le conviene a ambos bandos. Todo comienza por los fusilamientos realmente. La gente en Camagüey empezó a aterrorizarse, la prensa tenía mucho poder y era muy independiente de La Habana y empezaron las críticas, los editoriales. Camagüey era un país dentro de un país. Era gente altanera e incluso despreciaban La Habana. Y Huber, inteligentemente, le pidió el cese a Fidel…

    VB:
    ¿El cese de los fusilamientos?

    SM:
    Sí, pero desde La Habana le dijeron que no.

    VB:
    ¿Quién se lo dijo?

    SM:
    Fidel, a través de Aragonés creo. Fidel se empezó a empingar con Camagüey y ya no hablaba con Huber, usaba intermediarios. Entonces Huber tuvo un gesto de valentía y desacató la orden. Es decir se insubordinó. Y dijo que renunciaba pal carajo y ni un muerto más. Eso lo mantuvo durante sus 20 años de cárcel (yo cumplí 9 con él) pero resulta que al salir cambió el cuento. Silenció los fusilamientos y se buscó la teoría de su descontento con el comunismo, por supuesto que más vendible en el exterior, y aparentemente probada por su carta de renuncia. Porque esa carta él la hace cuando sabe que lo van a arrestar por insubordinación y entonces escribe su renuncia de que no está de acuerdo como va la Revolución y así politiza la cosa y no pone a Fidel de asesino ni verdugo porque decir que renunciaba por los fusilamientos era una explosión atómica en aquella época. De todas formas Fidel – muy astuto – le subió la parada y creó la teoría de la sublevación en Camagüey para ni una ni otra, es decir, lo de Huber no fue por los fusilados ni por el rumbo de la revolución sino por contrarevolución para quitarle el poder en contuvernio con el exterior.

    VB:
    Muy interesante, porque eso de los fusilamientos no lo saca ninguna de las partes involucradas en este incidente, ni el gobierno de Cuba ni Huber Matos.

    SM:
    Exacto. Ambas partes se callan eso. Por miedo a la historia. Es mierda pura. Bajeza humana. Una parte saca el cuento de la conspiración y la otra el fantasma del comunismo.

    VB:
    ¿Entonces qué pasa cuando llega Camilo?

    SM:
    Fidel no le compra la carta de renuncia a Huber y le dice que Camilo va a Camagüey a ventilar eso. Entonces ahí hay gente calenturienta que dice que lo que hay es que fajarse a los tiros cuando llegue Camilo pero Huber dice que no, que nos van a masacrar. Se suicidan par de oficiales y así las cosas aparece Camilo sólo con dos nada más (que nos sacó de paso) y tirando cojones y diciendo que estábamos muertos, tan buenos que éramos, por comemierdas. Pero enseguida nos dice que va a ver lo puede hacer por nosotros porque Fidel quiere achacarnos traición y él va a convencerlo de que es un desacato a la orden de justicia revolucionaria (los fusilamientos) que de paso, está siendo impopular en la provincia. Ahí es donde Huber se le echa a llorar y le da las gracias. Camilo asegura que con la carta todo se resuelve y que seguro Fidel va a leer la carta en televisión y nos pide seguirlo a distancia para que la gente vea que allí no ha pasado nada. No nos dimos cuenta, pero que lo que estaba haciendo Camilo era tranquilizando al pueblo de Camagüey. Porque mira ésto: Camilo nos embarca para La Habana y el día 23 aparece Camilo en el Canal 11 de la televisión de Camagüey para informar sobre el arresto de Huber. La conferencia de prensa la conduce el periodista y publicista Cebrián de Quesada, con la participación de los periodistas Frank Prendes, Abelito Adán y Manolo de la Torre. Y allí cambia la cosa totalmente y nos quedamos congelados al enterarnos porque Camilo suelta al aire la teoría de Fidel. Dice que Huber estaba conspirando y que eso es traición, y como prueba sólo saca unas fotos de la revista «Cuba Nueva» del regimiento de Camagüey, en la que aparecen unos niños en condición famélica.

    VB:
    ¿Y eso qué tenía que ver?

    SM:
    Pregúntale tú a él. Luego informa que ya Matos ha sido escoltado hasta La Habana para ser juzgado por un tribunal de la Revolución. Que entre los hombres más valiosos de la Revolución se encontraban marxistas, restándole importancia a la carta de Matos y de hecho ya supimos que Fidel no la iba a leer ni un carajo. Con la misma califica de prensa amarilla y como enemigo del pueblo a los medios camagüeyanos que estaban denunciando los fusilamientos; defendió las ejecuciones y negó que se estuviera fusilando a gente inocente sino a criminales de guerra. Ahí se selló todo. El cuento chino de Huber de que Camilo llamó a Fidel delante de él para decirle que no había revuelta y que estaba metiendo la pata es mentira, si de lleno se sabía que no había revuelta y si la carta de renuncia de Huber era un tape para los fusilamientos. Ahí todo fue tape, diversión o «decoy» como se llama en el argot militar norteamericano. Juego de espejismos.

    VB:
    Es decir, Camilo no llama a Fidel para discutirle nada.

    SM:
    No, hijo. Camilo nos da la vuelta. Nos vajea. Lo hizo muy bien. Y cojonudo que fue porque se apareció solito el muy cabrón y desarmó a un regimiento. Pero además de cojones, cerebro.

    VB:
    Entonces según tú, Camilo y Fidel estaban de acuerdo. Camilo los engaña, calma a Camagüey y luego en la TV provincial suelta la teoría de Fidel. ¿Y no crees que Fidel mata a Camilo?

    SM:
    Mira. No creo en la desaparición de Camilo así como así como dicen los americanos en «tin air» sin que se encontraran restos de nada y más con la búsqueda que hubo por ambas costas. Creo que Camilo fue muerto por uno de los dos bandos en disputa: Fidel o la gente de Díaz Lanz.

    VB:
    ¿Por qué Díaz Lanz?

    SM:
    Díaz Lanz era muy popular todavía dentro de los aviadores. Y bien pudieron haber derribado el Cessna alguna gente suya en la isla. Lo mismo lo pudo tumbar el hijoputa de Félix Torres sobre Las Villas, por orden de La Habana. El Che se llevaba con Torres pero Camilo no. Recuerda que Torres era del Partido Socialista Nacional [PSP: Partido Socialista Popular] y Camilo había pujado para que le dieran Las Villas a Faure o a Menoyo, a la gente del directorio [Directorio Estudiantil Universitario, Segundo Frente del Escambray], no a los socialistas. Camilo se faja con Torres desde lo de Yaguajay, donde Camilo toma el mando. Porque Camilo se consideraba un verdadero socialista y decía que Torres eran un chulo de mierda con un manual. Que yo mismo se lo oí decir.

    VB:
    Bueno. ¿Algo que agregar?

    SM:
    Sí. Que lo que hizo Huber Matos con estas historietas que ha narrado en sus libros y sus entrevistas es poner a su favor la imagen de Camilo, que nunca estuvo a su favor sino a favor de Fidel, y de paso quitarse los fusilamientos de encima y decir que la causa del incidente de Camagüey fue porque vio venir el comunismo. Eso es falso y criminal de su parte e inclusive falla con los que murieron por él. Huber en la cárcel cambió y se volvió altivo, soberbio y elitista. Puso jerarquías hasta para hablar con él. Se clava el sello de Preso Político #1 de Cuba y con él vive hasta que sale para Costa Rica. Ya en Miami lo voy a ver una vez pero hay tanta comedura de mierda en su mansión, que parece un fortín con cámaras, perros, muros y mucha guataquería y matones con pistola al cinto alrededor que no fui más y lo mandé al carajo. Tanto aspaviento si total, siempre me he preguntado: ¿Por qué matar a Camilo y dejarlo vivo a él? Se hubiera echado al pico a los dos. Simple razonamiento de mafioso. ¿Si saliste del más duro por qué dejas vivo al más flojo?
    ©varela

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    Última actualización: 30 Dic 2013 – 6:29 pm

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    BALLET
    Alicia y las UMAP

    Una hilera de Giselles. De izq. a der., Christiane Vlassi, Liane Daydé, Lycette Darsonval, Josette Amiel, Alicia Alonso, Yvette Chauviré, Nina Vyroubova, Claude Bessy, Janine Charrat. París, 1966.
    ISIS WIRTH | París | 31 Mar 2013 – 9:55 pm. | 21
    Archivado en: Alicia Alonso Ballet Cuba Fidel Castro París Raúl Castro UMAP
    Alicia Alonso tuvo que salvar a varios de sus bailarines de los campos de trabajo forzado, y la primera presentación de su compañía en París estuvo marcada por la amenaza de esos campos.

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    Alicia Alonso velaba por sus bailarines como por la niña de sus ojos. La compañía era su bien, su capital —aun cuando nunca lo haya admitido públicamente—, y era necesario protegerla de lo que podría ponerla en peligro. Para lo cual estaba lista a emplear a fondo toda su influencia, y podía poner en la balanza un argumento decisivo: la amistad de Fidel Castro, y la de su hermano Raúl, jefe de las fuerzas armadas. Todo lo cual hacía del Ballet Nacional, de cierta manera, una especie de burbuja protegida de los rigores del régimen.

    El viento del Este del que Alicia quería preservar al ballet no soplaba solamente en lo estético. Era también una forma de control de la sociedad que podía comprometer sus propios proyectos. En 1963, Fidel Castro había instituido el servicio militar obligatorio, con una duración de tres años. Todos los jóvenes cuya edad se comprendía entre los 16 y los 27 años deberían inscribirse, y eran convocados a interrogatorios y exámenes médicos. El primer llamado tuvo lugar en 1964. Alicia Alonso intervino para que sus bailarines fuesen eximidos, explicando que tenían algo mejor que hacer que estar uniformados, ya que se encontraban en la edad idónea para bailar. Hubiese sido lamentable el arruinar, durante esos años de «servicio», los frutos de la larga y difícil formación de los bailarines clásicos. Lo obtuvo. El Ballet de Cuba fue en esto, también, la excepción de la regla.

    Pero Fidel Castro tenía otra cosa en la cabeza: en un discurso sobre el servicio militar obligatorio había amenazado con enviar a trabajar a todos los que habían obtenido una visa para Estados Unidos y una autorización de salida del país que todavía no hubieran utilizado, y «no en empleos cómodos sino en la agricultura». Se trataba de encontrar los medios para re-incorporar a los «desviados» en el camino recto del socialismo.

    En un viaje a Bulgaria, a principios de 1965, su hermano Raúl, ministro de Defensa, quedó particularmente impresionado por el hecho de que Sofía y otras ciudades del país estuvieran limpias de «esos desechos sociales» cuya presencia en las calles de La Habana constituían una ofensa a la revolución. En esa época, el régimen búlgaro era reputado por sus «experimentos» destinados a reconducir a los homosexuales a un comportamiento «normal». Además, un grupo de especialistas soviéticos en el control de la prostitución y la homosexualidad arribó un poco más tarde a Cuba, para que se conocieran los métodos en vigor en la patria de Lenin.

    La revolución pretendía ser «moral» y puritana. ¿Habría que ver en ello los resultados de la formación jesuita de los hermanos Castro y los vestigios de su educación católica? Es posible, pero no ha sido demostrado. El poder no soportaba el inconformismo comprendido en la cuestión de la moral. Y encontraba en este punto un modo más de desmarcarse de la «depravación» del imperialismo que denunciaba.

    Cuba tuvo así sus campos de reeducación por medio del trabajo pero, a diferencia del Gulag soviético, estos fueron colocados bajo el control del ejército, es decir, de Raúl Castro. En 1965 fueron creadas las Unidades de Ayuda Militar a la Producción (UMAP). Eran en estas donde debían ser regenerados, corregidos y convertidos a la norma ideológica castrista los diversos parásitos que ultrajaban a la revolución. Y eran muchos los que entraban en esta categoría. Llevar el cabello demasiado largo o un vestuario que no se ajustara al gusto del poder, escuchar la música de los Beatles, haber querido salir del país debido a razones «sospechosas»… todo esto podía indicar que se había cedido a la «penetración ideológica» del imperialismo. Lo cual era suficiente para ser conducido a las UMAP, lo mismo que el mostrar de manera más clara una hostilidad respecto a la revolución.

    Dos «grupos» estaban particularmente contemplados: los «creyentes» de todo tipo —curas o seminaristas católicos, protestantes, testigos de Jehová, adeptos de la santería e incluso masones— y los homosexuales.

    El hombre nuevo, el bailarín nuevo

    Los campos se instalaron en la provincia de Camagüey, una región de vastas llanuras, lejos de todas las miradas. Las condiciones de vida eran lamentables; a la promiscuidad se agregaban el hambre, la sed, los maltratos. Los que rompían el reglamento o no cumplían las normas de producción eran sometidos a castigos y torturas diversos. No hubo ninguna tentativa de revuelta, ya que la represión era despiadada, y no habría que descontar la memoria aún fresca de las ejecuciones tras la caída de Batista.

    Toda tentativa de evasión estaba condenada al fracaso. Los detenidos eran contados en varias ocasiones, y si alguno lograba escapar a la vigilancia de los guardianes, enseguida era perseguido por los milicianos de la «Lucha contra Bandidos». Como no podían fugarse, algunos se mutilaban con tal de encontrar en el hospital condiciones de vida más clementes. Allí, un médico simpático podía aceptarlos por un día o dos, antes de reenviarlos al trabajo. Los detenidos buscaban entonces prolongar su estancia en el hospital, provocándose infecciones o agravando sus propias heridas.

    La primera recogida ocurrió en 1965. La mayoría de los elementos «antisociales» fueron agrupados en Villa Marista. En junio de 1966, tuvo lugar un segunda «convocatoria». Quienes continuaban frecuentando las iglesias, los templos y otros sitios de culto, los marginales y los homosexuales, fueron llamados a llenar formularios militares que los presentaban oficialmente como soldados del ejército. En un Estado militarizado como lo era el cubano —sobre todo después de la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias—, ello podía parecer banal.

    Inevitablemente, algunos bailarines se arriesgaban a ser contemplados en esas convocatorias. Cuando Alicia Alonso intervino para obtener que fuesen dispensados del servicio militar no solo había argumentado que existían pocos bailarines clásicos en la Isla y que no era fácil reemplazarlos, dado que una nueva generación estaba aún formándose en la Escuela Nacional de Ballet. También había insistido en el hecho de que esa escuela les inculcaba a sus alumnos los «nuevos valores» para crear no solamente el «hombre nuevo» sino también el «bailarín nuevo», viril y liberado de las «plagas del pasado». Dicho de otra manera, un bailarín heterosexual y machista.

    Sin embargo, esto no fue suficiente para resguardar a dos bailarines de las redadas que conducía el régimen contra aquellos que muchos llamaban despectivamente «pájaros». Uno de ellos fue Julio Medina. Cuando vinieron a buscarlo a su apartamento, a las tres de la mañana, el amigo con quien estaba se despertó bruscamente y se escondió en un armario. Conminaron a Medina a vestirse y seguirlos. El bailarín les pidió permiso para ir al baño. Al pasar por el armario, logró introducir un trozo de papel con el número telefónico de la persona a quien el amigo debía llamar en caso de urgencia: Alicia Alonso.

    Medina no se hacía ilusiones, sabía que lo habían prendido para conducirlo a las UMAP. Lo hicieron montar en un carro de la policía. El vehículo no se dirigió, sin embargo, a la estación de policía. Se tomaron el tiempo de recoger a otros «clientes», drogadictos y ladrones entre ellos.

    Arribaron finalmente a una vieja casona colonial, donde ya se encontraban encerradas centenares de personas. Se disponían a traer camiones para transportarlos a los campos. Medina tuvo suerte: era domingo y los camiones debían esperar hasta el lunes para poder partir. Mientras tanto, su amigo había conseguido avisar a Alicia Alonso.

    Ella vino tan pronto pudo, en un gran carro acompañada por su marido, contó luego Julio Medina en el documental Conducta impropia (1984) de Néstor Almendros y Orlando Jiménez-Leal. Alicia no podía ver a Medina, pero él sí a ella: discutía con los oficiales. Sus argumentos debieron tener el peso suficiente, pues le respondieron que el bailarín sería liberado, pero, no obstante, debía presentarse frente a una «comisión» interrogadora.

    Alicia también pudo arrebatar de las garras de las UMAP a Lorenzo Monreal, quien había sido durante un tiempo, a pesar de su homosexualidad, el segundo marido de su hija Laura, con quien tuvo, en 1959, un hijo nombrado Iván.

    Durante su arresto, Monreal y Medina fueron rapados. Una vez de vuelta al ballet, tuvieron que ponerse una peluca para bailar en escena. Lo cual provocó risas entre el público. La crueldad era todavía mayor cuando, entre los que reían, se encontraban con probabilidad homosexuales y sabían que también ellos podían ser arrestados en cualquier momento y enviados a los campos de Camagüey.

    Al final, ningún miembro del Ballet conoció la reeducación por medio del trabajo, lo que no fue el caso de muchas otras personalidades artísticas, como el teatrista Armando Suárez del Villar, el dramaturgo Héctor Santiago, o el poeta José Mario, por solo mencionarlos a algunos de ellos.

    La policía no había venido, ciertamente, a arrestar a los «desviados» en los locales de la compañía. Alicia lo había dicho con claridad: «Mis bailarines están hechos para bailar y no para cortar caña». Pero lo que motivaba a la prima ballerina assoluta no era una especial compasión por las víctimas de un régimen machista. Desde luego, la homofobia no era su asunto predilecto. Su estancia en los Estados Unidos, y notablemente la frecuentación de un cierto Jerome Robbins, la había persuadido de la inanidad de ese tipo de prejuicios. En Ballet Theatre, había visto vivir en pareja a Antony Tudor y Hugh Laing. Pero ella pensaba, antes que todo, en el interés de su compañía. Su actitud estaba guiada por un pragmatismo sólido.

    Bailarines en fuga y segurosos a escena

    Lo sucedido a Julio Medina y Lorenzo Monreal conmocionó a varios de los miembros de la compañía. Como contó más tarde Jorge García, si Alicia había obtenido su liberación en el espacio de veinticuatro horas, incluso antes de que pudiesen ser confinados en los campos, los homosexuales del Ballet notaron que esa no fue la suerte de los actores de Teatro Estudio, ni de los bailarines de Ramiro Guerra o del Teatro Lírico. La protección que podía ofrecerles la bailarina les parecía bastante frágil, sino aleatoria, a pesar de los lazos personales que ella tenía con Fidel y Raúl, así como con Alfredo Guevara, quien entonces reinaba en el cine cubano, y con Antonio Núñez Jiménez, presidente entonces de la Academia de Ciencias. Lo que había hecho por dos, ¿podía volver a hacerlo por otros? Y si no hubiese sido prevenida a tiempo, ¿qué habría ocurrido?

    Se instaló entre ellos el miedo. «Todos nosotros, que no entrábamos en los cánones del Partido, podíamos ser enviados a las UMAP. Esta máquina siniestra continuaba proyectando su sombra amenazante sobre nosotros», explicaría Jorge García. «El único medio que teníamos de salvarnos para no finalizar en los campos, era irnos de Cuba». Lo que determinó a varios bailarines de la compañía a aprovechar la primera ocasión para darse a la fuga.

    En octubre de 1966, el Ballet Nacional fue invitado al Festival de Danza de París, creado por Jean Robin en 1963, según la voluntad del primer ministro Georges Pompidou, y su ministro de Cultura, André Malraux. Los cubanos debían abrir el festival, que tenía lugar en el teatro de los Campos Elíseos. Presentarían dos espectáculos, Giselle, con Alicia Alonso, y Espacio y movimiento, de Alberto Alonso sobre música de Igor Stravinsky.

    Esta invitación revestía una gran importancia para Alicia. No se la había vuelto a ver después de varios años en las más grandes escenarios occidentales, y algunos se preguntaban si no estaba «enterrada» en Cuba. Se sabía, sí, que el Ballet se presentaba con frecuencia en las «democracias populares», pero su venida a París, que era todavía la capital de las artes, permitiría eliminar toda duda acerca de la permanencia del talento de la prima ballerina assoluta.

    La solicitud hecha a los cubanos se inscribía en la voluntad del general De Gaulle de mostrar que él estaba por encima de la lógica de los «bloques». Poco tiempo antes, había visitado la URSS. En cada una de las etapas de su viaje —Moscú, Leningrado, Novossibirsk— había visto espectáculos de ballet, lo que le posibilitó al Ballet de Novossibirsk, menos conocido que los del Bolshoi o el Kírov, presentarse el año siguiente en París. Y el presidente francés también quería reanudar el contacto con La Habana, tras la larga tensión que había seguido a la crisis de los misiles de 1962.

    Diez bailarines del Ballet Nacional de Cuba, todos homosexuales, estaban resueltos a liberarse definitivamente de la amenaza de ser enviados a los temidos campos de trabajo forzado. Toda la voluntad de Alicia Alonso de protegerlos no les parecía garantía suficiente, y el viento podía cambiar. Estimaban que lanzarse a una aventura penosa e inusitada era mucho mejor que regresar a la Isla.

    El Ballet había venido fuertemente «enmarcado» por agentes de Seguridad del Estado, cuya función era justamente prevenir e impedir cualquier tentativa de fuga. Los bailarines se sabían vigilados. Como «acompañantes» del Ballet figuraban «administradores» y «organizadores», contaría Julio Medina, que en realidad estaban pagados por el Gobierno para controlar a los miembros de la compañía.

    Dos franceses estaban al corriente del plan de los bailarines. Uno de ellos vivía en la rue de Lille, no lejos del hotel de Orsay donde se alojaba el Ballet. Según Jorge García, el plan inicial era esperar a la última función para proceder a la estampida. Mientras tanto, transferían poco a poco sus guardarropas al apartamento de la rue de Lille. Con el pretexto de que el frío había llegado a París, salían del hotel enfundados en varias capas de ropa, y regresaban al hotel más ligeros. Parecía que el plan iba a funcionar cuando uno de ellos sorprendió a todos: Eduardo Recalt no quiso arriesgarse a esperar, y el día de la primera función de Giselle pidió asilo político en la embajada norteamericana.

    Los de la Seguridad se pusieron en alerta. A Medina se le ocurrió entonces llenar una maleta con sus efectos personales y lanzarla por la ventana de su habitación del hotel. Dos «secuaces» la esperarían en los bajos. El ruido de la maleta lanzada fue tal que los policías cubanos fueron a tocar a las puertas de los cuartos de los bailarines para preguntar qué había pasado. Medina tuvo el reflejo de meterse, completamente vestido, bajo las frazadas de la cama para aparentar que el ruido lo había despertado. Le dijo al agente que había oído un ruido terrible, pero no sabía de qué se trataba. El otro no insistió más.

    Los bailarines que habían decidido escapar comprendieron que no podían demorar la fuga. No importaba si a la función del 4 de noviembre debían asistir Georges Pompidou y el ministro de Defensa, Pierre Mesmer. Ninguno de ellos se presentó en la tarde al ensayo general. En ese momento, se encontraban en un buró del Ministerio del Interior, depositando un pedido de asilo. Su caso era peliagudo, ya que Cuba no era parte de la lista de países que podían dar lugar a esa demanda. Los funcionarios franceses necesitaban luz verde. En la espera, los nueve fugitivos se decían que si París los abandonaba a su suerte, tratarían de entrar por la fuerza en la embajada norteamericana. Finalmente, su demanda fue aceptada, pero su situación no se regularizó sino el 15 de diciembre, con la publicación de una circular oficial que resolvió definitivamente el asunto.

    Los agentes cubanos trataban desesperadamente de atrapar a los tránsfugas. Alicia Alonso se había derrumbado. Lorenzo Monreal, el padre de su único nieto, Iván, formaba parte de los traidores a la revolución. Junto a él, Julio Medina, Jorge García, Jaime Gil, Ricardo Nunes, Héctor Núñez, Maximiliano Ramos, Jorge Luis Lago y Manuel Nasco. La bailarina y su marido, Fernando, el director del Ballet, tenían que apurarse para encontrar soluciones. Había que modificar el reparto de los roles, adaptar la coreografía para llenar los huecos. El mismo Fernando Alonso volvió a bailar, así como el director de escena. Y en el colmo del ridículo, dos agentes de la Seguridad fueron alistados como figurantes.

    Como pudo leerse al día siguiente en un artículo firmado por el corresponsal en París del periódico conservador español ABC, otro ballet, aún más extraño, se desplegó en los pasillos, las escaleras y los bastidores del teatro de los Campos Elíseos: a pesar de todos los esfuerzos de los organizadores por salvar las apariencias, como si nada hubiese ocurrido, los agentes de la Seguridad cubana se posicionaban por todas partes, para evitar que otros miembros del Ballet siguieran el ejemplo de los «Diez».

    Alicia y Fernando lo encararon del mejor modo. Habían aprendido en Estados Unidos que, en cualquier circunstancia, the show must go on. A lo que se agregaba una buena dosis de «espíritu combativo y revolucionario» para enfrentar las dificultades causadas por los «traidores» a la revolución. El Ballet, de alguna manera, mantuvo su nivel. El público se mostró encantado, la crítica fue más que clemente, y Alicia Alonso obtuvo a título personal el Grand Prix de la Ville de París, así como el premio Anna Pavlova concedido por la Universidad de la Danza.

    Al día siguiente, el Ballet partió de la Ciudad Luz para continuar una gira por países —Hungría, Polonia y Rumania— en los que nadie se arriesgaría a fugarse. En definitiva, el choque provocado por la huída de los «Diez» no eclipsaba el éxito de la primera estrella del Ballet Nacional de Cuba y de su compañía. Esta extraña paradoja revelaba que el objetivo buscado por Fidel Castro, cuando le propuso a Fernando y a Alicia el reorganizar la compañía en 1959, se había alcanzado en parte: esta, incluso cuando era herida en su mismo corazón, podía restaurar el prestigio de una revolución que, sin embargo, resultaba bastante repugnante.

    Antes de abandonar París, Alicia Alonso posó para una foto en la explanada de Trocadero, rodeada por las intérpretes francesas más célebres de Giselle. Hacía frío y había hecho recoger con una cinta su viejo abrigo de piel, para que pareciera a la moda. Se imponía disimular la pobreza comunista y honrar su estatus de diva «glamour». Pero el detalle más fino no era este: se esmeraba sobre todo para que no se notaran sus ojos aún hinchados por las lágrimas de la noche anterior, por el golpe de haber sido abandonada por sus bailarines.

    Este artículo es versión de un capítulo del libro de Isis Wirth (en colaboración con Jean-François Bouthors) La Ballerine et El Comandante. L’ histoire secrète du Ballet de Cuba (François Bourin Éditeur, París, 2013).

  6. Zoé, no se por qué se me ha metido en la cabeza la idea de que la frase «Completo Camagüey» tiene que ver con la UMAP, tu sabes algo al repecto?

    http://www.diariodecuba.com/cultura/1364763335_2560.html

    «Cuba tuvo así sus campos de reeducación por medio del trabajo pero, a diferencia del Gulag soviético, estos fueron colocados bajo el control del ejército, es decir, de Raúl Castro. En 1965 fueron creadas las Unidades de Ayuda Militar a la Producción (UMAP). Eran en estas donde debían ser regenerados, corregidos y convertidos a la norma ideológica castrista los diversos parásitos que ultrajaban a la revolución. Y eran muchos los que entraban en esta categoría. Llevar el cabello demasiado largo o un vestuario que no se ajustara al gusto del poder, escuchar la música de los Beatles, haber querido salir del país debido a razones «sospechosas»… todo esto podía indicar que se había cedido a la «penetración ideológica» del imperialismo. Lo cual era suficiente para ser conducido a las UMAP, lo mismo que el mostrar de manera más clara una hostilidad respecto a la revolución.

    Dos «grupos» estaban particularmente contemplados: los «creyentes» de todo tipo —curas o seminaristas católicos, protestantes, testigos de Jehová, adeptos de la santería e incluso masones— y los homosexuales.

    El hombre nuevo, el bailarín nuevo

    Los campos se instalaron en la provincia de Camagüey, una región de vastas llanuras, lejos de todas las miradas. Las condiciones de vida eran lamentables; a la promiscuidad se agregaban el hambre, la sed, los maltratos. Los que rompían el reglamento o no cumplían las normas de producción eran sometidos a castigos y torturas diversos. No hubo ninguna tentativa de revuelta, ya que la represión era despiadada, y no habría que descontar la memoria aún fresca de las ejecuciones tras la caída de Batista.

    Toda tentativa de evasión estaba condenada al fracaso. Los detenidos eran contados en varias ocasiones, y si alguno lograba escapar a la vigilancia de los guardianes, enseguida era perseguido por los milicianos de la «Lucha contra Bandidos». Como no podían fugarse, algunos se mutilaban con tal de encontrar en el hospital condiciones de vida más clementes. Allí, un médico simpático podía aceptarlos por un día o dos, antes de reenviarlos al trabajo. Los detenidos buscaban entonces prolongar su estancia en el hospital, provocándose infecciones o agravando sus propias heridas.

    La primera recogida ocurrió en 1965. La mayoría de los elementos «antisociales» fueron agrupados en Villa Marista. En junio de 1966, tuvo lugar un segunda «convocatoria». Quienes continuaban frecuentando las iglesias, los templos y otros sitios de culto, los marginales y los homosexuales, fueron llamados a llenar formularios militares que los presentaban oficialmente como soldados del ejército. En un Estado militarizado como lo era el cubano —sobre todo después de la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias—, ello podía parecer banal.»

  7. Hay esperanza!!!!

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    Última actualización: 30 Dic 2013 – 7:26 pm

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    FÚTBOL
    Un gol independiente

    Organizadores de la LFP.
    NICO CERVANTES | La Habana | 19 Nov 2013 – 10:34 am. | 27
    Archivado en: Deportes Fútbol Sociedad Civil
    Veinte equipos uniformados, 500 jugadores, boletín propio, árbitros, copa y medallas: la Liga de Fútbol de Playa, en La Habana, crece al margen de las instituciones.

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    Empezaron con cuatro equipos hace seis años. Hoy son veinte, cada uno con su escudo, su uniforme y su plantilla de 25 jugadores. La mejor liga municipal de fútbol en La Habana crece cada vez más, al margen del apoyo institucional.

    Atlético AZ, Comodoro FC, Robles, Almendares FC, Sur de Oregón FC, Giraldillos, Real FC… «Estos torneos son del barrio, con los recursos de las personas», dice Darién Díaz, entrenador de Primera División. «Es fútbol de corazón, del que quiere hacer fútbol.»

    Estamos en el Complejo Deportivo Eduardo Saborit, en el municipio de Playa, al oeste de la ciudad. Es domingo y empieza la Liga de Fútbol de Playa (LFP), que agrupa a los doce mejores equipos afiliados. Previamente se jugó la Liga de Desarrollo —una suerte de segunda división—, también con doce equipos y cuatro ascensos para la división élite.

    Trescientos jóvenes en función del deporte cada fin de semana. Sin embargo, no se ve a ningún funcionario del Instituto Nacional de Deportes y Recreación (INDER) en su instancia municipal. Tampoco hay periodistas de medios locales. Los muchachos del Comité Organizador han conseguido un audio y un data-show. Con eso y una laptop proyectan imágenes de ligas anteriores sobre una pared, mientras preparan todo para la inauguración.

    Les pregunto qué instituciones patrocinan este proyecto, y casi no me dejan terminar de hablar:

    «¡Ninguna! Queremos que esto sea una cosa de los jóvenes, que vengan aquí a invertir su tiempo en el fútbol.»

    Explican que la única ayuda que reciben del INDER es dejarles usar el campo de juego, algo con lo que tuvieron problemas en el pasado, a pesar de los permisos solicitados previamente. Los funcionarios parecían más interesados en promover competencias caninas y los juegos de cricket y rugby de las embajadas cercanas.

    «Llegábamos, había otras actividades y teníamos que irnos para la casa», se queja Osvaldo González, jugador de los Reyes de PetroVietnam.

    «No hay apoyo institucional ninguno. Si las cosas no funcionan a mayor escala, ¿qué vamos a esperar del INDER del municipio?», afirma Darién Fernández, Presidente del Comité Organizador.

    Darién es contador de profesión y jugador del Querejeta FC, uno de los equipos duros del torneo. Cuando logró organizar la primera Liga, se dio cuenta de que tenía algo que ofrecer a los jóvenes de su comunidad. Con la ayuda de amigos, se concentró en hacer crecer el proyecto e imprimirle una dimensión inclusiva, pero sin hacer concesiones a la marginalidad, al «mal ambiente».

    Y es que Playa, con sus mansiones, repartos residenciales y embajadas, se considera una zona privilegiada de La Habana, pero no escapa a los fuertes contrastes socioeconómicos que han aflorado en todo el país. Darién explica que la Liga involucra a muchachos de estratos sociales muy diversos y por tanto, es importante alentar el buen comportamiento dentro y fuera de la cancha.

    «Aquí están prohibidas las malas palabras y las indisciplinas sociales. Por eso hemos tenido tanta aceptación», afirma el también organizador Ernesto Díaz.

    Incluso se han coordinado con promotores de otros eventos similares, para hacer valer las sanciones disciplinarias en toda la ciudad. Además insertan mensajes profilácticos en el boletín de la Liga, que imprimen y distribuyen cada semana, con esfuerzo propio.

    Sí se puede

    Para formar un equipo, al menos el 60 porciento de los integrantes debe residir en Playa. Una norma flexible que rescata de manera natural el enfoque del asociacionismo espontáneo, ultimado por el Gobierno desde los años 60. A diferencia de las competencias oficiales a todos los niveles, con sus equipos municipales y provinciales, en la LFP el factor geográfico no siempre es lo que prima a la hora de crear un club, y así lo demuestran denominaciones como Habana United, Corpus Christy, Universitarios…

    El resto es diseñar un escudo, conseguir el uniforme —al menos la camiseta—, y pagar una cuota de inscripción de 25 cuc, o sea, 1 cuc por cada jugador.

    «Todo destinado a la premiación y a gastos organizativos como pelotas, mayas y acondicionamiento del terreno —dice Darién—. En el boletín publicamos un informe sobre cómo empleamos el dinero.»

    Los uniformes los resuelve cada equipo. Vale todo: desde costureras particulares hasta familiares en el extranjero de algún jugador, porque si bien corren tiempos relajados en cuanto al patrocinio por parte de empresas y negocios privados, el Gobierno todavía restringe fuertemente el tema de la publicidad, lo cual frena a posibles sponsors.

    Aun así, algunos conjuntos han logrado favorecerse con acciones de mecenazgo: a los Reyes de PetroVietnam los apadrina la empresa de igual nombre; hay una tienda de la zona y una empresa informática ayudando a otros dos clubes…

    «Sería muy bueno si las embajadas cercanas y las firmas comerciales se implicaran. Hasta desde el punto de vista de sus declaraciones juradas podría ser factible —explica Darién, y le da rienda suelta a sus sueños—. Quisiera que todos los equipos estuvieran uniformados al 100 % y que tuvieran una bandera; una fiesta de inauguración o al menos para los campeones; mayor tirada y un diseñador para los periódicos…»

    El boletín La Premier y los escudos de los equipos, son dos de las señas de identidad más fuertes de la Liga, y la sitúan en un peldaño superior al mismísimo Campeonato Nacional, que no cuenta con ninguna de las dos cosas. Sobre el boletín dice Abel Piñón, organizador:

    «Lo hacemos nosotros mismos, a la forma que creemos mejor. Que al espectador le llegue la información.»

    «A la hora de la impresión… un poco uno, un poco el otro… en el trabajo, con algún amigo que nos hace el favor…», añaden Osvaldo y Ernesto.

    Hay una frase que llama la atención, pues aparece obsesivamente en La Premier: «Una liga para desarrollar el fútbol de barrio». ¿Simple slogan, o estrategia preventiva ante una oficialidad paranoica e irritable?

    Responde Darién:

    «Hace tres años tuvimos un careo con el INDER, que quería definir la Liga como unos juegos interbarrios. No aceptamos, porque entonces ellos se anotarían un resultado de trabajo que en realidad estamos haciendo nosotros. Si sucede algo vamos a estar preparados, porque aquí no hay nada raro. Simplemente estamos desarrollando el deporte en nuestro territorio.»

    Otro aspecto complicado es el de los árbitros, pero las alternativas fueron apareciendo: desde regalarles uniformes, medallas, silbatos… hasta pagarles un cuc por partido y gestionarles el almuerzo, mediante la introducción de un sistema de multas a los clubes por cada tarjeta recibida durante el juego: las amarillas cuestan cinco pesos y las rojas diez.

    Inventiva cubana para resolver los problemas y seguir creciendo. Quienes se acercan a la Liga no paran de asombrarse con el potencial organizativo de Darién y compañía. Así lo corrobora el estelar mediocampista Marcel Hernández, jugador de Primera División y ex de la Selección Nacional: «Realmente me quedé impresionado con la organización y la cantidad de personas que hala este torneo, (…) y quería felicitarlos por este mensaje que les están transmitiendo [a los jóvenes]: los hacen salir de muchas cosas malas que realmente se hacen.»

    Champions Habana: el futuro es hoy

    Tal avalancha de «fútbol independiente» ya desborda los límites del territorio y toma proporciones provinciales, gracias a la gestión de promotores que saben lo que está en juego para el futuro inmediato de este deporte en la Isla:

    «La LFP ya es parte de mi vida, pero el proyecto que hay que consolidar a toda costa es la Champions Habana, y un proyecto escolar que involucre a todas las escuelas secundarias de la ciudad», dice Darién.

    La idea de una copa de campeones municipales surgió entre él y el ex internacional Miguel «Miki» Gándara. Ya tuvo su primera edición en 2012, y planean repetirlo a corto plazo. La LFP da cuatro plazas para la Champions Habana, un incentivo adicional para los jugadores: más partidos y mayores posibilidades de mostrar su calidad al seleccionador provincial, Darién Díaz, quien tiene plena conciencia de lo que significan estos proyectos:

    «Este es el momento del fútbol en Cuba, y soñar con poner a Cuba en un Campeonato Mundial no es solamente decirlo: todos tenemos que subirnos las mangas y trabajar mancomunadamente, desde las instituciones que tienen que hacerlo hasta nosotros en el barrio.»

    En 2012 Cuba ganó por primera vez la Copa del Caribe, y durante el año en curso logró avanzar a los cuartos de final de la Copa de Oro, evento élite en la región de Norte, Centroamérica y el Caribe. Ahora, la reciente aprobación del Gobierno a las contrataciones de deportistas por clubes extranjeros, acerca un poco más el sueño del Mundial. Así lo ve Darién Díaz:

    «Estoy muy contento con esta medida. Todo el mundo está ahora en los mismos derechos que los demás jugadores del mundo. Vamos a tener jugadores a mayor nivel, y van a venir a las convocatorias de la Selección nacional.»

    Una opinión que los demás entrevistados comparten con ilusión. Todos los presentes en el estadio se reúnen alrededor de dos mesas donde se exhiben la Copa que se entregará al ganador, y las medallas que recibirá cada integrante de los tres mejores equipos al final del torneo. El acto de inauguración es más bien íntimo, sin funcionarios aterrizados a última hora ni esas tablas gimnásticas que dan tristeza en los eventos «oficiales». A pocos pasos de la bandera de la LFP y la nacional, la árbitro Yuneisis Rodríguez lee una breve exhortación y los jugadores de Habana United y Reyes de PetroVietnam saltan a la cancha para el partido inaugural. Comienza la Liga…

    Liga de Fútbol de Playa, en La Habana
    DDC | 19 Nov 2013 – 10:34 am. | 0
    Archivado en: Cuba Deporte Fútbol

    http://www.diariodecuba.com/deportes/1384771774_5965.html

  8. Cono esta muela podrida se merece un premio Cervantes y mucho mas.

  9. Gracias Sr Perez……refrescando la MEMORIA , historia el A~O comenzando……GOOD !!!!

  10. Se la debo a chcolatico P pero yo no me meto un discurso mas nunca en mi vida. Lo siento, es promesa.