Editorial: Polvo y piedra de la misma colina. Por Charlie Bravo

Como en una de esas historias del Oeste americano, érase una vez un par de hermanos, Dusty el menor y Rocky el mayor, de apellido Hill, que tocaban en una banda de rock de adolescentes. Nada de particular, en una historia de una familia de la clase media de Dallas. Hasta que esos adolescentes forman una banda llamada American Blues, conocida por su interpretación psicodélica del género, y que llegaría a ser la banda acompañante de estrellas negras cuya aceptación iba en declive pero su calidad en ascenso. Esas estrellas fueron los guitarristas y cantantes texanos Jimmy Reed (Jimmy Reed – Ain’t That Lovin’ You) y Freddie King (Freddie King – Have You Ever Loved A Woman) Rocky –que nace en 1946 y muere en el 2009 de cirrosis hepática.

Pero lo mas interesante de la banda no son esos acompañamientos a estos músicos y cantantes prodigiosos, sino el disco “Is Here” que producen justo antes de su separación en 1970 y que deja sentada las bases para la música de Texas de esa fecha a esta parte. Hay un sonido que recuerda a The Doors en este disco, pero las guitarras grabadas una y otra vez por Rocky Hill son mucho más elaboradas. Las voces las grabó todas Rocky Hill en una sola tirada. (American Blues – Is here (1970).

Los hermanos y el baterista de la banda, Frank Beard, aburridos de la escena musical de Dallas, deciden marcharse a Houston, donde vivian músicos como Lightnin’ Hopkins y temporalmente John Lee Hooker, con fama de curandero voodoo este último. (ZZ Top & John Lee Hooker-Boom boom boom)

Ya en Houston, Rocky dice a sus músicos que él dejaría la banda, porque le interesaba más el blues puro y duro que el rock. Y además, no le interesaba ganar dinero. Le interesaba solo tener para una buena tanda de cervezas y whisky, día a día. Dusty Hill y Frank Beard se unen a Billy Gibbons, que recientemente había formado y disuelto ZZ Top en espacio de un par de meses, y ZZ Top renace con la alineación que ha hecho historia.

Se preguntarán de donde conozco a American Blues. Afortunadamente para mi, lo único que me salvaba de una depresión tropical sin remedio era la radio pirata texana y el rock que transmitían, mientras maldecía mi suerte cada noche después de un día de trabajo en el campo. Pero esa historia ya se las he contado antes. Entre las bandas que se podían escuchar estaba American Blues, y lo más interesante, para mi, en aquella época, eran sus guitarras limpias de efectos, tocadas con una precisión maldita.

No sabía nada en aquel momento de Rocky Hill. Solo había escuchado su nombre y conocía que su hermano era el bajista. Ignoraba, por ejemplo, que una tarde mientras acompañaban a Freddie King en un bar de mala muerte se habían enterado por una revista que Eric Clapton quería ser como Freddie King “cuando fuera grande”. Los muchachos de American Blues que ya habían escuchado que Clapton “is God” como rezaba el famoso graffiti londinense y que atesoraban el primer trabajo discográfico de Clapton con John Mayall & the Bluesbreakers, el increíble álbum Beano, no pudieron más que asombrarse.

A partir de ese momento Rocky Hill se declaró a si mismo el Anticlapton, una suerte de anticristo del blues rock. Y como tiene que estudiar uno las leyendas y también las leyendas negras, llevo años escuchando la música y el estilo de Rocky Hill. Es como la historia de Mozart y Salieri, no había tal envidia en blanco y negro, solo una rivalidad entre genios, no había tampoco una historia en blanco y negro como la que cuenta el film.

Hill y Clapton nunca se conocieron, según tengo entendido. Hill tenía problemas de drogadicción y alcoholismo que le hicieron perder amigos, tuvo una relación digamos que rocosa y empolvada con su hermano Dusty, y también tuvo una carrera musical que no despegó jamás, a pesar de la tremenda calidad de su trabajo como volcalista y guitarrista. No pisó los estudios desde 1970 a 1977, y después solo en 1982, 1988, y 1988 para sus trabajos en solitario, que fueron:

Lone Star Legend, grabado en 1977 y publicado póstumamente en el 2012, luego de una cuidadosa edición por John Lomax III su productor con el cual tuvo una relación muy difícil. (Rocky Hill – Waitin’ Around To Die).

Texas Shufffle, grabado y editado en 1982, con las leyendas Johnny Winter a la guitarra y Dr. John al piano. (Rocky Hill : Young Man).

Rocky Hill, grabado y editado en 1988, con arreglos muy ochenteros y una portada también muy típica de la época. (Rocky Hill – HPD – (ZZ Top Related)).

Y Midnight Creepers, del 1994, que fue su ultima grabación, (Rocky Hill Bad Girls Blues) que es a mi juicio su testamento artístico por la tremenda calidad que tiene.

Hill eventualmente deja Houston por la ciudad de Austin, donde coincide con músicos de la talla de Doyle Bramhall, (Rocky Hill feat. Doyhall Bramhall Sr. – Hoodoo Eyes) un baterista extraordinario, pero también productor discográfico que fue muy apreciado en la escena del blues texano. Era íntimo amigo de los hermanos Vaughan, y padre del también guitarrista texano Doyle Bramhall II. Rocky Hill dejo una herencia musical en Austin en la manera de tocar de Stevie Ray Vaughan primero, y después de Doyle Bramhall II, sobre los cuales ejerció una influencia impresionante.

El cubano americano Eric Sardinas también se considera muy influido por él, y Johnny Winter y Billy Gibbons lo han celebrado en vida y póstumamente. Por su parte Hill, consciente de su calibre, tenía una actitud que no era más que el reflejo de su personalidad de bromista excéntrico. En la época de American Blues, ordenó que los tres integrantes de la banda se tiñeran el pelo de azul, pues serían tres americanos azules, ni blancos ni negros. Se dice también que fue la respuesta a la imagen de una banda que se teñía el pelo de verde, por lo de Green Goes (The Grass) respondiendo al origen de la palabra gringo y al pelo verde con su propio retruécano y recurso visual.

Al escuchar a Hill uno se sorprende que este artista sea desconocido y que se ignoren su música y su historia. Según Billy Gibbons, este es un guitarrista de guitarristas, y todos los guitarristas del blues texano lo consideran el enfant terrible de ese estilo musical. Pero Rocky Hill solo quería tocar blues. Nada más que blues.

Y por eso, siendo un recién llegado en Houston dejó la guitarra por varias noches a la semana para tocar el bajo con nada más y nada menos que Lightnin’ Hopkins (Lightnin’ Hopkins Live Austin City Limits 1979) , a cambio de cinco dólares por noche. Entre sus deberes estaba el cargar la caja con la guitarra de Hopkins, alcanzarle la cerveza, probar el bourbon y encenderle la marihuana. Cosa que hacía con bastante placer, según se dice. Y esa fue la historia del guitarrista desconocido de hoy, Rocky Hill, una leyenda del Oeste.

Charlie Bravo.

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4 Replies to “Editorial: Polvo y piedra de la misma colina. Por Charlie Bravo”

  1. La Depresión Tropical ayudó a formar a uno de los más eruditos historiadores de música moderna actuales. La impotencia y la tristeza acunan el arte según dicen. Lo que si sé es que esta vieja roquera que no es lo mismo que roquera vieja no conocia a Rocky Hill, pero mucho al grupo American Blues algo que se remedió esta mañana.
    Gracias Charlie Bravo por el interesantisimo articulo, kudos una vez más.
    Gracias Zoé Valdés.

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  2. Gracias Zoe, gracias Frida. Me alegra que estos artículos sean de interés, y dar a conocer a personas que viven y mueren en la oscuridad, aunque ellos -en su fuero interno, quizás en su fuero interno solamente- están muy claros. También me interesa mucho que se estudien las facetas opuestas del ser humano, y a los seres humanos opuestos entre si. El arte esta formado de combinaciones infinitas de palabras, luces, sonidos, colores, imágenes, que son puestas en su sitio correcto por un ser humano. Y a veces, el mismo artista no esta consciente de ser un artista. Lo ve como un oficio, por el que recibe un pago quizás mínimo.

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  3. Preciosa la musica clasica que son los blues. Charlie Bravo transporta al lector. Muy bueno su trabajo, me encantaria escuchar su música.
    Leer este espacio es un privilegio señora Valdes.Muchas gracias por su esfuerzo que debe ser enorme, traer tanto talento a su sitio, algo que la distingue estimada escritora.

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