Un paso atrás. Una reseña del último disco de Johnny Winter. Por Charlie Bravo

Me cae en las manos el disco póstumo de Johnny Winter, Step Back. Estilísticamente no es lo que esperaba de un artista que siempre me sorprendió con sus continuos virajes entre tradición e innovación. Abre con un blues en el que pide que su corazón sea liberado de sus cadenas, con un acompañamiento de metales que parece más el número de apertura de un show en un casino que el típico blues con el que abre un disco de un artista de este calibre. La voz y la guitarra de Winter se mantienen vivas, a pesar de su estado de salud en aquella época, y lo empujan a uno a ecualizar el tema en un modo tal que vengan al frente las guitarras, y la sección rítmica. Las voces acompañantes le dejan a uno con la pregunta de donde las ha escuchado antes. El próximo tema es usado por el artista para pedir que una mujer le hable y Ben Harper le acompaña en las guitarras y suena mucho más satisfactorio, como la banda de un bar de una carretera rural en Texas. Como se supone que suene el blues de verdad. La guitarra de Winter no traiciona, da todas las notas donde tiene que darlas y donde menos uno lo espera con el slide. Este tema da paso a un dúo con Clapton, que trae a los dos maestros prometiéndose uno a otro que no quieren que las mujeres les digan lo que tienen que hacer, típico del blues. Las guitarras y las voces memorables. Como era de esperar. Lástima que fue su ultimo dúo y no un disco completo a dúo.

Killing floor, un clásico del blues, viene con la participación de nada más y nada menos que Paul Nelson, un guitarrista desconocido fuera del ambiente del blues de la vieja escuela en el Sur americano. Las guitarras dialogan y cantan juntas, por lo que uno se alegra, y toma nota de este tema clásico, que ha sido versionado por tantos guitarristas desde Hendrix hasta los que esperan su turno frente al éxito, desde New Orleans y Nashville hasta Austin y Houston. Johnny Winter se queda solo con “who do you know” y toca con un placer y un ritmo alucinante. Su voz va de manos con su guitarra slide, y uno se da cuenta que este disco es un testamento del artista, como una despedida en lugar de un paso atrás. El tipo más duro del Rockabilly viene a hacer honores a Winter con el tema Okie Dokie Stomp. Brian Setzer nos recuerda porque fue un pionero del punk y el rockabilly fusionados, y su guitarra nos habla con un acento de los años cincuenta, dialecto que también toma la de Johnny Winter y demuestra que hasta el último día fue el amo de las seis cuerdas. El arreglo del tema no es mi preferido con unos metales que vienen solo en un puente, donde se hubiera agradecido por ejemplo un saxofón como interlocutor de los guitarristas, en lugar de ese big band feeling, que nos regresa a un show con mucho lamé y lentejuelas. El sabor y los olores de Texas regresan al disco de la mano de Billy Gibbons en un duo con su ídolo Winter, de modo tal que las guitarras suenan como si ambos guitarristas compartieran la misma guitarra, y se nota que ambos tienen una herencia común, el tema “donde puedes estar”. Si uno quiere tomar una lección de Texas blues tiene que escuchar este tema y diseccionarlo.

Con otro tipo de interpretación sigue “Sweet Sixteen” de manos de Joe Bonamassa como visitante. En casi ocho minutos los músicos pareciera que danzan uno con otro y que sus guitarras se cuentan su vida. Si, claro, me llevaron de vuelta a cuando tenia dieciséis años y a las adolescentes le gustaba ver a tipos que tocaban la guitarra. Como una premonición Winter toca sin invitados “la carta de la muerte”. En este tema su guitarra acústica tocada con slide nos lleva a lo mas tradicional del blues y las imágenes que evoca nos llevan también al cine americano de los directores más agudos de la época dorada de la cinematografía en blanco y negro de la postguerra. Suena de nuevo a testamento musical, este disco en este tema. Para el número diez en la cuenta, Johnny Winter interpreta “mi chica” con un tipo controversial. El único bluesman que es abiertamente homosexual, Jason Ricci, le acompaña en la armónica. Ricci es también hijo de un controversial hombre de negocios, fundador de la escuela Elan, donde se modificaba la conducta de adolescentes problemáticos a través de trabajos duros y la humillación. Casi casi como una escuela en el campo castrista, pero con abundancia de alimentos y camas mas cómodas. El tema fluye magníficamente, y la elección de talento acompañante es muy poco usual en este mundo del blues. Pero no puede ser mas acertada.

Otro clásico, Long Tall Sally, viene de las cuatro manos de Johnny Winter y Leslie West, guitarrista de la mítica banda Mountain. La música tiene un carácter salvaje, muy de los honky tonks de los cincuenta, donde todo estaba prohibido pero donde todo sucedía. Hay que escuchar este tema nota por nota en manos de estos dos grandes. En Mojo Hand, el músico se va a Louisiana. Y no pudo gastarse mejor acompañante que nada más y nada menos que Joe Perry, el guitarrista de ascendencia portuguesa que es uno de los Toxic Twins de Aerosmith. El sonido del tema trae los olores de Louisiana. Y uno tiene que saber cuáles son, que vienen muy bien pintados con cada nota.

Para el tema de cierre, Blue Monday, Johnny Winter escogió nada más y nada menos que a la leyenda viviente del voodoo y del piano, a Dr. John. Ambos nos llevan de paseo por New Orleans. Y los metales y maderas del tema, aparte del piano, nos recuerdan un poco los funerales de New Orleans. La guitarra tiene un tono muy especial, y una fuerza que niega el carácter de despedida de este álbum. Uno espera que el albino esté descargando en un bar celestial en este momento. Y ya sabes que los ángeles de esos bares tienen un buen ver, que para qué les cuento. Y que bailan alrededor de esos tubos metálicos como solo esos ángeles saben bailar.

Charlie Bravo.

Una respuesta para “Un paso atrás. Una reseña del último disco de Johnny Winter. Por Charlie Bravo”

  1. Elegante . íA buscarlo!
    Gracias.