Ela O’Farrill en mi vida. Por Tania Quintero

Una de las mayores recompensas para un periodista, es poder localizar y entrevistar a figuras que hicieron aportes a la cultura de su país y que por el paso del tiempo, la desidia o la desmemoria, han caído en el olvido. Es lo que tuve oportunidad de hacer con Ela O’Farrill, de quien publiqué dos trabajos: El regreso de Ela, el 3 de marzo de 2008, y Cosas de Ela, que el 31 de mayo de 2008 salió en Penúltimos Días y unos días después en mi blog.

En 2008, Ela tenía ya 78 años y no se manejaba bien con la computadora. La comunicación, vía email, fue posible gracias a una amiga suya residente en México. Reproduzco el correo que el 17 abril de 2008 Ela me envió y, a continución, mi respuesta:

Querida Tania: Después de la gran sorpresa por tu correo, y la emoción que me causó, vuelvo a comunicarme contigo. Pensé, con gran asombro, que tu mensaje venía de La Habana y me dejó perpleja tu valentía. Pero al conocer tu destino, también me sorprende que sigas tan bien informada y al tanto de lo que sucede en Cuba.

Vivo en Mexico D.F. desde 1969. Volví por primera vez a Cuba cuando se abrieron los vuelos para la comunidad en el exilio, pude llevar a mis padres, quienes habían venido a reunirse conmigo en 1974. El resto de mi familia sigue estando allá, he vuelto cada dos o tres años, y esta vez fue por petición de Omara Portuondo, que ha seguido atenta conmigo y coincidió con mi cumpleaños, el 28 de febrero, el mismo día de Elena Burke, mi gran amiga.

Tan pronto me sea posible y me tome un foto actualizada, te la enviaré con mucho gusto. Quiero aprovechar para aclararte que yo no busqué a Fidel, como dice Graciella Pogolotti en ese escrito: me lo encontré por pura casualidad en la esquina de O y 23. José Antonio Méndez era el más emocionado con aquel encuentro, él cantaba en el bar del Saint John y yo estaba haciendo el show Canciones en la Noche, en el Hotel Nacional, con Sonia Calero y un gran elenco, José Antonio también actuaba en los dos lugares. Toda una historia!

Yo sigo con el feeling. En Miami me dieron un homenaje, fue muy emocionante, una cantante amiga y habanera, Sonia Corp, fue la de la idea e interpretó mis temas, Roberto Lozano fue el pianista y un grupo de excelentes músicos, todos cubanos. Una vez más, gracias por tus palabras. Seguiremos en contacto. Abrazos, Ela.

Ese mismo día le respondí:

Querida Ela, gracias por su correo. Sería bueno poder escribir más de usted, porque mucha gente, joven y vieja, dentro y fuera de Cuba, quisieran saber más de su vida, su carrera, su familia.

También porque me parece tremendamente injusto que haya tan poca información sobre Ela O’Farrill en internet, como ya le dije, ni una foto. Hace poco, por un espirituano que escribió a mi blog, me enteré de la muerte en Francia de José Dolores Quiñones, autor de Los aretes de la luna y Vendabal sin rumbo, entre otras canciones. No se imagina, Ela, la movilización que varios amigos en distintos países hicieron para saber la fecha exacta de su muerte. Entre todos logramos hacer un dossier póstumo, algo triste, que de compositores, cantantes y artistas cubanos tan valiosos se sepa tan poco.

Cuando en 2007 en mi blog publiqué sobre la canción Matasiguaraya, me dolió mucho no haber podido poner suficientes datos de su autor, Lino Frías, durante muchos años pianista de la Sonora Matancera. Lino falleció en los 80 en Nueva York, no sé si dejó hijos ni familia, en Estados Unidos y en Cuba. La noticia del fallecimiento de Patato Valdés sí fue conocida, de él hay bastante fotos y datos, igual que de Cachao, que se nos fue hace poco. De haber vivido, en agosto Carlos Embale, para mí una de las grandes voces masculinas, hubiera cumplido 80 años, y no sé si sabe que terminó alcoholizado, deambulando por cafetines habaneros de mala muerte.

Disculpe que le haya puesto esos ejemplos extremos, pero hay que tratar de hacer los homenajes, libros, discos, documentales, mientras la persona esté viva y sana. Yo debo haberla visto alguna vez, porque a principios de los 60 iba con el hombre con quien después me casé y padre de mis dos hijos, al St. John’s, Gato Tuerto, Monseñor, Scherezada, Imágenes, La Red y otros clubes y cabarets.

Él era abogado, pero muy amigo de Felito Ayón y la gente del feeling, pues siempre vivió por esa zona de La Habana y era asiduo a las descargas en el Callejón de Hammel. Por él conocí a César Portillo de la Luz y al «ronco» José Antonio Méndez, y muchas veces vi cantar a La Lupe en La Red y a Elena en el Scherezada. Por Zoila Castellanos, la esposa de Lázaro Peña, artísticamente conocida como Tania Castellanos (con los dos trabajé en 1959-61, cuando fui mecanógrafa en el Partido Socialista Popular), conocí a Pacho Alonso, al Benny (lástima que mi padre nunca me dejó ir a verlo cantar al Alí Bar) y a Bola de Nieve, quien vivía en el mismo edificio de los Peña-Castellanos, el Areíto, en Infanta y Manglar.

Nueve meses después, el 4 de enero de 2009 recibí un inesperado correo, esta vez de Italia:

Querida Tania, me llamo Myriam Acevedo, soy actriz y cantante cubana. Me fui de la isla en 1968 y vivo en Roma desde hace muchos años. He leido en “Penúltimos días” los artículos donde usted habla de Ela O’ Farrill. Yo era grandísima amiga de Ela, pero desde hace años no tengo más sus señas. Me gustaría mucho ponerme en contacto con ella y tener su correo electronico. Podría usted enviármelo a este mismo email? Si usted quiere tener mis señas, se las puedo enviar. Muchas gracias! Myriam Acevedo.

No solo puse en contacto a Myriam con Ela, si no que aproveché y entrevisté a la Acevedo. En abril de 2009 la entrevista salió en mi blog. El 22 de julio de 2013 Myriam falleció en Roma. No quise que pasara inadvertido el primer aniversario de su muerte y le dediqué un post.

Charlie Bravo, amigo y colaborador del blog de Zoé Valdés y de mi blog, desde muy joven se dedica a la música, que hasta hoy sigue formando parte de su vida, en particular el rock, el jazz, el blues y el feeling. Charlie ha recordado así a Ela O’Farrill:

Durante mucho tiempo viví en la barriada habanera de La Víbora y nunca olvidaré que mi abuelo paterno decía que la calle O’Farrill fue nombrada así por la dinastía musical que dio hombres y mujeres adeptos al jazz y al feeling, que fue la música de La Habana de los 60, con tantos compositores e intérpretes de un calibre que, a pesar de la cerrazón oficial, sobrepasaba los confines de la isla.

Ela O’Farrill, maestra de profesión, le dedicó una de sus composiciones a Freddy, que uno no sabía si era a Freddy, la inmensa cantante, o a un hombre llamado Freddy, como llaman a los Alfredos. No estoy seguro que los O’Farrill del jazz en New York fueran parientes de ella, pero no me extrañaría.

Su más grande éxito, Adiós, felicidad, le valió que la interrogaran en el DTI (departamento de investigaciones de la policía), le cuestionaran su sexualidad, y la expulsaran de los «gremios estatales de la música» como entonces decían. Adiós, felicidad la cantaba mi madre y a veces se unía una vecina y el dúo resultaba interesante. A mi madre le dio por cantarla en la etapa más musical de su vida, en los 60.

En 1980, después de lo del Mariel, un amigo de la familia, un músico que mi padre había conocido una vez que estuvo castigado en la agricultura, trajo a Ela O’Farrill a nuestra casa. Había un piano, ella le dio una pasada y cantó un fragmento de Adios, felicidad.

Cuando ella compuso esa canción, en Cuba circulaba, de mano en mano, la novela francesa Bonjour tristesse, de Francoise Sagan, escrita por una juvenil autora de 18 años. Si mal no recuerdo, la novela debe ser de 1958 o 59, de cuando Cuba estaba más adelantada que muchos de los países europeos destruidos por la Segunda Guerra Mundial y que el Plan Marshall ayudó a reconstruir.

Aquel día, después que Ela terminó de cantar, mi madre le ofreció café y se sentaron en la cocina como si se conocieran de toda la vida y nunca antes se habían visto, a no ser de lejos en El Gato Tuerto o en El Escondite de Hernando.

Se está acabando la verdadera cultura de Cuba, con la cual me sentía identificado. Lo que va quedando es lo de los simuladores y los descarados. Nada más. Cada día me despierto pensando que leeré el obituario de otra persona anciana cuyo arte admiro. Y no solo cubanos, sino también por ejemplo BB King que no está bien, y el verdadero rey del rock de los 50 (más que Elvis a mi juicio), el loco de Jerry Lee Lewis.

Las canciones de Ela fueron interpretadas por Freddy, Elena Burke, Bola de Nieve y Meme Solís, entre otros grandes intérpretes de la década 1950-1960. Ya de la música cubana no va quedando nada. Una pena.

La autora de Adiós, felicidad se nos fue el 24 de octubre de 2014, un viernes del otoño mexicano, lejos de Santa Clara, la ciudad donde había nacido el 28 de febrero de 1930. Quienes hemos crecido escuchando lo mejor de la música popular cubana, siempre la recordaremos.

Desde Lucerna, Suiza, envío mi más sentido pésame a su familia, amigos y conocidos.

¡Descansa en paz, querida Ela!

Tania Quintero

Ela O´Farrill

Nota.- Esta foto, Ela O’Farrill me la envió a través de Minerva Salado, periodista y escritora cubana residente en México hace más de veinte años. La recibí en mi correo electrónico el 30 de mayo de 2008. Cubadebate, sitio oficial del régimen cubano, la puso en una información sobre la muerte de Ela. La copiaron de Cosas de Ela, no sé si de la entrevista publicada en Penúltimos Días o en mi blog. Da igual, no le dieron crédito. Algo ‘normal’ en un país donde la falta de respeto está a la orden del día y donde de ‘a pepe timbales’ se copia y piratea todo lo que se estime conveniente.

8 respuestas para “Ela O’Farrill en mi vida. Por Tania Quintero”

  1. Gracias Tania, por incluir mis palabras en ese homenaje. Me sacudió muy fuertemente lo de Ela, como me ha sacudido el desmembramiento de la música cubana de esa época, de la literatura y el cine, de la pintura y escultura que alcanzaron su nivel de madurez en los últimos años de la dedada del cincuenta. Claro, su desarrollo fue detenido, de un frenazo brusco, con la llegada del castrismo. El arte en Cuba solo comenzó a palidecer desde aquel momento, en medio de chantajes, prohibiciones, sanciones, prisiones y exilio. El arte del espectáculo se desmorono, y no fue solo el cabaret, fue tambien el arte del teatro. Todo se vino abajo. Pero se ensañaron principalmente contra la música, la literatura, y las artes plásticas. La censura fue tal que lo mejor tuvo que escapar, ante la alternativa de escapar o morir.
    Pensaba escribir sobre Ela y en eso lei la noticia de la muerte del bajista que cambio el panorama del rock, Jack Bruce. Estas dos muertes juntas me han provocado una sequia, para que digo una cosa por otra. No se como homenajear a un músico perdido mas que con el silencio. Y si son dos las estrellas que se elevan aun mas -porque nunca caen- el silencio debe ser entonces absoluto para dar mi homenaje. A ellos, que siguen inspirando a músicos, que nos traen recuerdos, y que desde la eternidad nos siguen dando lecciones. Por que en la música, cada día que pasa es un día de aprendizaje. Gracias a ti y a Zoe por estos homenajes a Ela.

  2. Gracias, Zoé, por desinteresadamente ofrecerme tu blog y darle link a trabajos míos o de Iván. Gracias también a Charlie, por sus excelente comentarios.

  3. Bobby Jimenez tambien cantaba canciones de ella,la primera vez que la vi fue en Amadeo Roldan in in espectaculo llamado: Los compositores y su musica,estaban José Antonio Mendes,Frank Dominguez,Cesar Portillo de LA luz,Ela O’Farril,Meme Solis y los interpreted: Ela Calvo,Elena Burque,Bobby Jimenez,Moraima Secada,Omara Portuondo y el cuarteto due Meme Solis.

  4. Jerzy, menciona ud gigantes, le envidio sanamente las experiencias.Elegante, de lujo el homenaje de Tania Quintero. Impresionantes por la sobriedad las palabras de Charlie Bravo. Gracias Zoe por El Blog.

  5. Gracias Tania,por este artículo,qué es un homenaje a ELA Ofarril,gran compositora de una época dorada en la música cubana.
    Lo comparto

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