Zoé Valdés – Otra vez muere Fidel – Libertad Digital

Zoé Valdés – Otra vez muere Fidel – Libertad Digital.

11 respuestas para “Zoé Valdés – Otra vez muere Fidel – Libertad Digital”

  1. Si se murio o no por si acaso ya puse una cruz una estaca y una ristra de ajos, solavaya llevatelo viento de agua

  2. Como lo he dicho en otras ocasiones, yo no quiero que Castro muera, lo que he deseado es lo que le está pasando, se está pudriendo en vida físicamente y políticamente como se ve en este «Bienvenido Mr Marshall» que estamos presenciando. No solo estas muertes anunciadas han gastado su muerte, con sus salidas para desmentirlas también ha gastado su imagen, esa es la que quedará, ese ser momificado babeante y respirando con dificultad.
    En cuanto a «la carta de papito» al pibe argentino que tanto recuerda «la carta de mamita» de Pototo lo único que demuestra que «El Comandante no tiene a quien escribirle».

  3. Senero Miriam Gomez me gusta su analisis voy a pensarlo bien porque hasta hubiera querido que recibiera el mismo trato que le inflinjio a otros, ojo por ojo y diente por diente, el que hace mal debe pagar y el nunca lo reconocere como a muchos otros como gobernante si no como asesino, pero nuevamente, es mas refrescante para uno pensar de esa forma y realmente con el se ha ido el mito. La carta al pibe seguramente este la leyo con los pies porque ahi es donde fue habil porque cerebro no tiene no solo por las imbecilidades que ha hecho si no por la cara de deficiente mental y la cara no es mas que el reflejo del alma, quien si no este individuo es que el baboso en jefe le puede escribir, quien va a leer sus cartes con las idioteces que escribe.

  4. Yo siempre pedi que no se muriera que viva muchos anos pero no en estado vegetal sino lucid para que sufra el que era la estrella principal in cada obra.todos los anos Alicia le daba una function y habia que it a palco a preguntarle la hora de comienzo.

  5. Estimado Juan Antonio, cuando se dio a conocer «el arreglito USA Cuba» me asombré de las cartas que enviaron sobre lo que escribí del asunto, nadie nombró la palabra odio, ira, furia, solo declaraban su dolor profundo, su desencanto, su enorme pena, su impotencia, sentirse traicionados, su inmensa tristeza por la mala suerte que nos ha tocado por ser cubanos y arrastrar a esta familia maléfica, nadie le dio el nombre a ese sentimiento que tantos cubanos sentimos dentro y fuera de Cuba, eso se llama roña, y ese sentimiento es el que expreso aquí, ROÑA que como en el HAN coreano «le deseo que ni siquiera camine diez li, sin que se le llaguen los pies».

  6. En un par de siglos los grandes historiadores sólo le dedicarán un párrafo y el énfasis será en su criminalidad vulgar.
    Gracias.

  7. Sera cuando a ellos le de la gana de anunciarlo. Que felicidad si primero partiera el Numero 2 seria nuestra mayor venganza!!!!!!!!!!!!!! ante tanto hijoeputa traicionero. Me imagino que esten velando al numero 2 y que el numero uno no pueda asistir.

  8. Fidel Castro: Dictador cubano que vivió en la época de los Van Van.

  9. Este ya apesta a podrido, caray, acaben de decirlo, si total, el no es semilla, el infierno lo esperaba hace rato

  10. Ya lo he dicho en este espacio y lo reitero: los cubanos de fe anticastrista más fundamentalista y recalcitrante, en especial aquellos familiares de los fusilados desde enero de 1959 hasta la fecha del último fusilamiento, de los deudos del Remolcador 13 de Marzo y de todos aquellos que se hundieron en el estrecho de la Florida intentando llegar en balsas a Miami, posiblemente devorados por tiburones hambrientos, quisieran para ambos Chacumbeles que terminaran sus días ahorcados y cabeza abajo o fusilados. Igual que el Duce y su amante en la Italia del fin de la segunda guerra mundial o que Nicolae Ceausescu y su mujer en la Rumania que siguió a la caída del Muro. Hoy agrego que quizás los contrarrevolucionarios menos extermistas y sanguinarios preferirían una colosal revuelta popular, una implosión de la Revolución, que cayeran el gobierno y todos sus adláteres, desde Ramiro Valdés hasta los generales multimillonarios que dirigen el país, y que todos fueran juzgados por sus crímenes en una suerte de Tribunal de Nuremberg caribeño. Por eso les revuelve el estómago y, a su turno, todas las demás tripas, el acercamiento Obama – Raúl Castro del 17 D. Advierten que este odioso acercamiento y sus consecuencias comerciales y financieras, además de engrosar aún más las abultadas arcas de la banda revolucionaria en paraísos fiscales, impedirá, a unos y a otros, ver el fin cinematográfico que desean, un fin que podría comenzar, por qué no, como el maleconazo del 5 de agosto de 1994. Uno que alimenta profundísimos (y comprensibles) resentimientos por parte de muchos cubanos, la inmensa mayoría de ellos habitantes fuera de la isla, que gozan de libertad de expresión para decir lo que quieren y publicarlo, y una minoría que aún está adentro y utiliza seudónimos para expresarse en la blogosfera anticastrista real, no la de «14 y Medio».

    Sin embargo, con ese fin de película o sin él, lo cierto, el conjunto de datos más palpable de la realidad, es que la revolución cubana (no sé por qué escribirlo con mayúsculas), con sus metas y objetivos reales, no aquellos declamados antes de bajar de la Sierra Maestra para ir ganando tiempo, ha fracasado elocuentemente. Cuba está hoy mucho peor, en todo sentido, que el 31 de diciembre de 1958, salvo que, quizás, creció un poco el índice de alfabetismo nacional, aunque casi sin libros, ni librerías, ni publicaciones para leer. Porque hasta la declamada «salud para todos» se encuentra en un estado de coma profundo si examinamos el estado de los hospitales y farmacias para los cubanos comunes y pedestres. Esa realidad es la que ha llevado, en buena medida aunque no sólo debido a ello, a que Obama encontrara terreno fértil para su acercamiento, cuando ya ni con el petróleo de Maduro pueden contar los Castro.

    Se comprende perfectamente que ese profundo resentimiento, poblado de mil razones y fundamentos, les impida a muchos abandonar la rabia, las lágrimas y la impotencia por lo que queda atrás, y decidirse a mirar para adelante. Es que hasta mirar para adelante cuesta, porque cuando el fin llegue, ya que llegará tarde o temprano de la manera que sea, la tarea de reconstruir a Cuba, de revivir la fe en el trabajo y el valor de la tolerancia, demandará el esfuerzo de la misma cantidad de generaciones que se perdieron en estos 56 años. O más.

    No será, ni mucho menos, al día siguiente de que Fidel o Raúl abandonen este mundo, ni inmediatamente después que el último revolucionario con algo de fuerzas en el gobierno abandone la nave ante lo imposible.

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