La Habana, ciudad maravilla de los ciegos o de los que viven a costa de ella.

La Habana ha sido declarada ciudad maravilla. Nadie niega la belleza de antaño de una ciudad que sí fue una maravilla en el pasado, pero en la actualidad La Habana se cae a pedazos y la mayoría de sus habitantes sobreviven en las más horrendas condiciones.

Sólo los que viven de La Habana y no en ella, los que se han enriquecido haciendo carrera y dinero con ella pueden ver maravilla en una ciudad llena de gente pobre y de miserables mendigos que no tienen ni a dónde ir porque ni una mísera habitación en un hotel pueden pagar. Los otros son los ciegos de alma, los que quieren ver un brillante donde sólo hay mierda, ya sabemos ésos de qué pata cojean .

ZV.

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5 respuestas para “La Habana, ciudad maravilla de los ciegos o de los que viven a costa de ella.”

  1. Exácto el comentario de Zoé Valdés.
    Gracias.

  2. Cuánta razón tienes! Y qué maravilla de ciudad tiene que haber sido en el pasado! He visto videos de La Habana antes de 1959.

  3. Si que era bella!!!! y los cubanos como yo vinimos a EU en 1960, si podemos decir que perdimos una maravilla! Habian buenas escuelas para los niños, hospitales, medicos, Ud. mencione, nosotros en Cuba lo teniamos, y eso de que a los negros se les trataba mal, incierto, para nosotros no habia diferencia de raza, a mi me causo sorpresa cuando llegue a Miami y ver en una tienda el lugar donde se toma agua que decia, «para blancos» y otra que decia , «para negros» , yo en Cuba nunca vi eso y en los autobuses lo negros y los blancos se sentaban donde querian, aqui no, los negros detras….. fue un impacto ver eso. Por suerte todo acabo y hoy no vemos diferencia entre uo y otro.
    PERO SI REPITO NUESTRA CUBA DE AYER ERA DIVINA!!!!!

  4. Años ha, solía ir yo con mi abuela maternal a una fonda llamada La Maravilla, justo en la esquina de la iglesia del Cristo y muy cerca de un muy modesto monumento al poeta Plácido. Fonda atendida por españoles y donde servían unos platos exquisitos que yo disfrutaba aun a mi corta edad: jamón gallego, magras, queso manchego y otros embutidos. Mi abuela pedía siempre frituras de seso rebosadas, y recuerdo que pedía que las hicieran «menudas», es decir, en trozos pequeños. Las escanciaba con limón y un poco de sal y a veces las compartía conmigo. Solo pude probar semejante manjar muchos años después en una tasca de Sevilla. Contemplo en lo que ha quedado La Maravilla, un fantasma que ha sobrevivido a casi todos lo que lo recuerdan como fue.

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