El chachachá no fue un invento para americanos. Por Nicolás Águila

Carlos Acosta ha afirmado rotundamente que el chachachá, un “ritmo muy simple… fue inventado para americanos, porque estos no sabían bailar otros bailes cubanos más complejos». Lo dijo desde La Habana por los días de la visita a Cuba de Barack Obama y hablando en inglés para la CNN, en entrevista* con Christiane Amanpour, donde además participaba alternativamente el politólogo mexicano Jorge Castañeda.

La superestrella del Royal Ballet no se tomó la molestia de darle el más mínimo crédito al maestro Enrique Jorrín, el aclamado creador del chachachá, quien componía e interpretaba su música para el pueblo cubano, no para el turista americano (lo cual tampoco hubiera sido una deshonra, pero no se corresponde con la verdad). La Cuba de antes no estaba tan al servicio del extranjero como supone el famoso bailarín cubano desde su ignorancia de la historia de la música popular cubana.

Jorrín lo mismo tocaba en una sociedad de medio pelo que en el batey de un ingenio y, si se hallaba por el lugar algún americano, seguramente podía entrar al baile pagando la entrada como los demás (el peso cubano ostentaba paridad con el dólar por entonces). No es de extrañar pues que algunos de los chachachás precursores, como fueron ‘Silver Star’ (“El Silver tiene lo que más yo quiero…») y ‘Central Constancia’ (“Bailemos en el Constancia hasta que se acabe el mundo…”), inmortalizaran respectivamente un salón de baile habanero y el ingenio azucarero situado en la actual provincia de Cienfuegos.

El chachachá tampoco fue inventado artificialmente, como sí lo fueron aquellos ritmos efímeros que proliferaron en los años sesenta, sin asidero firme con la tradición (pacá, mozambique o pilón, entre otros). El chachachá, al igual que el mambo, surgió por evolución natural del danzón, aunque a primera vista no lo parezca. El danzón posee una estructura fija y no es tan proteico o maleable como el son. Pertenece a una familia de géneros que, al modificarse demasiado, mutan y se transforman en un nuevo producto (contradanza > danza > danzón> mambo> chachachá). Lo cual explica que el maestro Jorrín no tuviera la menor idea de que había creado un nuevo ritmo que se haría muy popular en Cuba y en el mundo.

Su idea inicial era hallar un ritmo más fácil de bailar que el mambo. Por lo cual, en vez de seguir el camino trillado, cambió de rumbo y llevó más lejos la experimentación con el danzón-mambo en la Orquesta América. Le transformó radicalmente el montuno y el resultado fue toda una revolución musical. La innovación, acentuada por el coro de los músicos cantando al unísono, causó tal sensación que el maestro Jorrín decidió cortarle el cordón umbilical al montuno, separándolo totalmente del danzón. De ese modo nacía el chachachá, como se ha encargado de explicarnos el propio Jorrín:

«Casi al principio de empezar a componer observé los pasos de los bailadores del danzón-mambo. Noté la dificultad de la mayoría en los ritmos sincopados, debido a que los pasos de los bailadores se producen a contratiempo, o sea en la segunda y cuarta corchea del compás 2/4. Los bailadores a contratiempo y las melodías en forma de síncopa hacen en extremo difícil la colocación de los pasos con respecto a la música. Empecé a hacer melodías con las que se pudiera bailar sin necesidad del acompañamiento, procurando hacer las menos síncopas posibles. […..] Con melodías casi bailables por sí solas y el balance que surge entre melodías a tiempo y contratiempo es que nace el Cha-cha-chá».**

El chachachá surgía pues, hace más de sesenta años, por la interacción dinámica entre la orquesta y los bailadores, pero sin que su creador tuviera plena conciencia de su novedad ni sospechara toda su trascendencia. A tal punto que ‘La engañadora’, un chachachá tan emblemático, aparecía con el rótulo de mambo-rumba en la primera grabación con los estudios Panart en 1953.

El nuevo ritmo no contaba aún con un nombre por esas fechas y no existía ni siquiera una noción clara del chachachá como género, aunque desde ‘Silver Star’ (1949) y otros temas similares ya se había puesto de moda una manera de bailar que retumbaba en el salón como un golpe triple (cha-cha-cha) debido a la cadencia de tres pasos que seguían los bailadores. De ahí que Jorrín terminara llamándolo chachachá y con ese nombre onomatopéyico lo lanzó al mercado.

Afirmar lo contrario, suponiendo que el compositor se puso un día a “inventar” un ritmo fácil de bailar para los americanos, es algo más que una tontería o una falta de reconocimiento al destacado creador. Es una afrenta a la figura y la obra del maestro Enrique Jorrín. Un músico que llegó arriba tocando desde abajo y para los de abajo.

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** Helio Orovio, Diccionario de la Música Cubana, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, 1981.

Nicolás Águila.

Tomado de su Facebook.

4 respuestas para “El chachachá no fue un invento para americanos. Por Nicolás Águila”

  1. HAYPOLFABOLLLLL basta mirarle la cara a este Acosta que serà muy bailarin clasico pero ha demostrado una ignorancia a 360 grados hasta los mas ignorantes en Cuba saben que Enrique Jorrin fue una figura digna y un gran compositor de musica cubana que forma parte de nuestro patrimonio cultural y ahora viene este don mequetrefe hablando mierdita mierdita

  2. Acosta ademas de bruto es titere de Castro y sus amos en Boston, Washington, Nueva York, y Moscu

  3. Los comentarios de Chris y Alavezgalloso lo dicen todo.
    Gracias por el estupendo artículo de Nicolás Agila.

  4. Primero que diga que musica desde 1959 se ha popularizado mundialmente, porque no dice que partio de Inglaterra porque la nueva estrella es un colombianos.

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