Diez niños muertos y cincuenta entre la vida y la muerte. Por Zoé Valdés

De las 84 víctimas del último ataque terrorista en Francia hay diez niños muertos y según las autoridades francesas quedan cincuenta niños entre la vida y la muerte, más la enorme cantidad de adultos heridos. Son vidas truncadas en plena infancia durante unas vacaciones. Algunos de esos niños fueron asesinados junto a sus padres. Numerosas familias han perdido más de un familiar. Para ellas no habrá consuelo.

Ochenta y cuatro personas asesinadas es una cruel pérdida física que por supuesto provocará graves secuelas psicológicas en los familiares y amigos. Pero los muertos están muertos y esa es la peor pérdida, la física, ya no están entre nosotros. Los heridos, veremos en qué estado físico y psíquico quedarán.

Como madre, como mujer, como cubana, como francesa, como ser humano y humanista, me siento profundamente dolida y avergonzada al leer expresiones tan siniestras como que el daño psíquico será más importante que la pérdida física. ¿Cómo es posible manifestar semejante idiotez?

También me siento avergonzada e indignada en contra de una «humanidad» que se conmueve masivamente en las redes sociales frente a la matanza de 30 adultos en una discoteca en Orlando, como también me conmoví yo, y sin embargo, responde tibiamente y diría que hasta de manera indiferente frente a la masacre de 60 niños durante sus vacaciones en Niza.

Mientras que las celebridades de Hollywood y del mundo tan presentes en Instagram colocaron fotos con los colores de la bandera gay por todas partes, lamentando el suceso en la discoteca de Orlando, como mismo diseminaron la foto de Aylán el niño sirio ahogado a orillas de una playa, por el contrario no he visto que la foto del niño o niña masacrado en Niza, tirado en la calle, tapado y con su juguete junto a ella o él haya surtido el mismo efecto masivo de condolencias y dolor.

Francamente, ¿en qué mundo vivimos?

Zoé Valdés.

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