“VICEPERSPECTIVAS” PRESIDENCIALES. Por Emilio Bernal Labrada   

A juzgar por el debate, es evidente que los candidatos secundarios, es decir vicepresidenciales, son mucho más atractivos que los primarios. Menos exagerantes y mentirosos —ya es mucho para políticos—, son más mesurados, inteligentes y menos maculados por un historial lleno de fallos, desaciertos y delitos enjuiciables pero pasados por alto. Por tanto, los votantes deberemos invertirlos a la hora de votar: o sea, presidenciar al secundario y viceversa. (Es posible, inscribiéndolo en “la columna en blanco”.)

El Trumpón, cándido inconsecuente, sufre de un complejo de “supremidad” que no admite medias tintas. Piensa que sus ocurrencias, tal cual son, tienen validez por el hecho de haber surgido de su inigualable conciencia.

Ya lo dice su respuesta “Me consulto a mí mismo”, ante la pregunta “¿A quién consulta usted sobre tal tema?” Cuando uno tiene suprema confianza en sí, no necesita interpelar a Juan Pérez, aunque sea el más sabihondo Premio Nobel en cualquier segmento del conocimiento humano. ¿Cómo va uno a perder su tiempo en consultas, cuando ya se lo sabe todo?       Señoras y señores: estamos ante un caso de veras enigmático. ¿Cómo es posible acumular una millardaria fortuna con tan poco cacumen?

De la alternativa, la pareja presidencial cuya corrupción llegó al extremo de haber desvalijado la Casa Blanca al final de su previo inquilinato, no hay nada nuevo —ni bueno— que decir. Son los sucesores de un sospechoso personaje de cuya verdadera historia mucho permanece oculto. En cuanto a la inmoral pareja* el lado masculino se salvó por un pelo de ser depuesto por sus delitos y desvergüenzas, en tanto que ella, la cerebral pero igualmente delincuente (correlería pirateable, con peligro para secretos de estado, negocios turbios), reclama ahora su tajada de poder. Ya sabemos que son farsantes habituales, fieles solo a su ambición de señorial poderío y dispuestos a pisotear a todo estorbante (vienen haciéndolo impunemente hace treinta y pico de años).

Así que identificar al candidato que menos dañino parezca, tarea de titanes, tiene como única solución la de invertir 1) el orden de los candidatos, o 2) el popular adagio: “Más vale malo desconocido que malo requeteconocido.”

Ah, ¡si tuviéramos la ventaja del sistema británico! Es decir, cambiar de primer ministro cada vez que se produjera una crisis de confianza en su desempeño. Acá, hay que esperar cuatro años para tal cambio, o conociendo cómo funcionan las trampas políticas, lo más probable es que sean ocho.

Que Dios nos libre de tal período de oscurantismo.

* Mi libro Top Secret Coverups (octubre 15, en amazon.com) contiene un capítulo entero sobre sus fechorías.

Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana y la Real Academia Española, es autor de la novela histórica  Getting Away with Murder / Asesinatos Impunes, así como de La prensa liEbre o Los crímenes del idiomaPedidos a emiliolabrada@msn.com.

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