Neologismos que no hacen falta, y que sí. Por Emilio Bernal Labrada

Nuestro idioma de cada día

 

NEOLOGISMOS QUE NO HACEN FALTA, Y QUE SÍ

Emilio Bernal Labrada

de la Academia Norteamericana de la Lengua Española

 

Si el menos pensado puede echar a rodar un espanglicismo cualquiera —digamos, viene al caso espanglish, o peor, Spanglish con S mayúscula— ¿por qué alguien con cierta vocación por el idioma no puede proponer uno concebido según normas y principios establecidos? ¿No será más bien una responsabilidad?

En caso de tener valor práctico y afianzarse, contribuyendo así a mejorar la calidad y flexibilidad de la lengua, se evitarían los yerros y deterioros que entorpecen su buena salud y florecimiento general.

Conste que no estamos en contra de que se reconozca la existencia de engendros de la esa especie, sino a favor de que se dé cabida a la posibilidad de suplantarlos (o al menos darles competencia) con voces más coherentes con nuestra lengua, como espanglés, que permite pluralización y derivados como espánglico, espanglero, espanglería.

Como sabemos, nada de nuevo tiene el principio de la formación de vocablos mediante la fusión de dos o más (cabeciduro, boquiabierto, cambiacasaca) o, análogamente, a través de la colocación de prefijos, infijos y sufijos que hacen de la lengua un instrumento dúctil capaz de lubricar su sintaxis y expresividad.

Aunque estamos conscientes, claro, de que los esperpentos disfrutan de más aceptación por el simple atractivo de la xenofilia o de la rebelión y revolución (¡Dios nos libre de más!), banderines que aprovechan los instigadores agazapados, supérstites del tumulto, enarbolándolos en nombre de las clases populares —o de principios falsamente democráticos— para escalar posiciones y luego, apuntalando su poder con la maldad, pisotear aún más a todo y a todos. Ya conocemos suficientes casos existentes y persistentes sin necesidad de precisarlos.

La superficial atracción de lo exógeno, malévolo y pícaro induce a los incautos a creer que forman parte de la conspiración para dar al traste con el sistema establecido y hacer tábula rasa de lo que la experiencia nos ha enseñado. O sea, borrón y cuenta nueva. Buena idea si los antecedentes son totalmente inútiles u obstruyentes, pero no si, como suele suceder, la mayor parte de lo ya adelantado tiene buena cantidad de facetas positivas.

Todo neologismo debiera fundarse en una serie de principios, a saber:

  1. ser útil, lógico y práctico;
  2. ser preferiblemente univerbal (de una sola palabra);
  3. ser consecuente con el genio del idioma, amoldándose a su sistema ortográfico, morfológico y fónico, y
  4. permitir (o al menos no obstruir) la atribución de género y número y la    formación de derivados (incluso aumentativos y diminutivos).

Sobra decir que de las normas anteriores la mayoría no se aplican, por ejemplo, a espanglish (no hay una sola voz castellana que termine en SH) ni a e-mail (préstamo sin pies ni cabeza).

En fin, que de reunir estas mínimas condiciones la validez y curso de la voz estarán bien fundados y ella presuntamente debiera cobrar su merecida vigencia. Por consiguiente, podríamos aprovechar para proponer otros neologismos útiles, adelantándonos a la creación al desgaire que ya se nos viene encima sin ton ni son; es decir, copiando o tomando en préstamo las voces exógenas con que a diario chocamos.

Como ya hace mucha falta una pareja de voces univerbales para designar al libro electrónico (e-book) y al lector electrónico (e-reader), vamos a proponerlas usando la plantilla de correl (combinación de corre-o + electrónico), vocablo que ya se está propagando a fin de suplantar el incómodo email/e-mail/imeil/emilio. No es censurable usar la sola voz correo, pero adviértase que puede también ser de carácter postal, aparte de que no permite derivados. En cambio, la claridad y lógica de correl es tanta que no hay razón válida para rechazarla, salvo el hecho de ser de poco uso. Sin embargo, su fuerza expresiva y evidente significado hacen prácticamente innecesaria, en contexto, su definición o explicación. Su significado es tan obvio que ninguna persona medianamente culta es capaz de exclamar: ¿y eso qué significa?

Cabe advertir, de paso, que los términos pluriverbales son, por su propia naturaleza y en contraste con los univerbales, inflexibles e incapaces de prestarse a la formación de derivados, contando entre ellos los aumentativos y diminutivos. Desventaja manifiesta. En este sentido, las frases correo electrónico, libro electrónico y lector electrónico están, por su propia naturaleza, en la parálisis total.

Ya habrán adivinado ustedes que la propuesta en el primero caso es sencillamente librel, voz formada a partir de libr-o + electrónico. Posibles derivados: librélico, librelero, librelería, etc.

Y la contraparte, el aparatito portátil que permite leer los libreles, no sería otra cosa que lectorel, compuesta de lector + electrónico. Posibles derivados: lectorelista, lectorelismo.

Nada más sencillo, útil, práctico, coherente con el genio del idioma y puramente castellano en todas sus características. En su debido contexto, pocos dudarían de su significado.

Estimo que las voces se caen de su peso y ni falta hace decir media palabra más. Ahora la palabra la tienen ustedes, lectores amigos. Úsenla..

 

Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana, es autor de Asesinatos Impunes y Crímenes de Costra en la Vida Pública de EE.UU., de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma, y otras obras. Pedidos a emiliolabrada@msn.com o a amazon.com.

                    

 

 

 

 

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