Una isla que flota a la deriva. Por Ernesto Díaz Rodríguez

UNA ISLA QUE FLOTA A LA DERIVA

Por Ernesto Díaz Rodríguez

Ex prisionero político cubano

Secretario General de Alpha 66

Cuba es una isla que flota a la deriva. Un país de ilusiones y de ensueños atrapados en una realidad devastadora y sombría. El asalto al poder por un caudillo carismático y diabólico, el 1ro. de enero de 1959, trajo consigo la desintegración de un sistema democrático que, aunque erosionado por las ambiciones de otro mal cubano que 7 años atrás ascendió al poder a través de un injustificable golpe de estado, mantenía su supervivencia como nación próspera e independiente, y una buena parte de las estructuras  económicas más sólidas dentro del conjunto de países de América Latina, y del mundo. Por entonces nuestra Cuba era una Isla abierta a la iniciativa privada, con todas las ventajas que la práctica de la libre empresa ofrece no sólo a las grandes naciones sino también a países pequeños como el nuestro, en vías de desarrollo, donde sus pueblos luchan por un futuro mejor.

Revisando las cifras sobre la estabilidad económica y el progreso de nuestra Isla, bendecida por Dios antes del sistema aniquilador de los Castro, encontramos que ya para el año 1958, cuando nuestro país contaba con una población de 6 millones de habitantes el ingreso nacional per cápita era de unos $1,200.00 pesos, equivalentes por entonces a esa misma suma de dólares norteamericanos, lo cual nos situaba en el tercer lugar del Hemisferio Occidental. Con un consumo diario de 2,800 calorías por persona que representaba el segundo lugar del hemisferio. El consumo alimenticio, entre otros nutrientes  ascendía a unas 75 libras de carne de res y 12 de pollo por persona al año. Ocupaba Cuba también el segundo lugar en el hemisferio en transmitir TV en colores, con 5 estaciones nacionales y alrededor de 66 televisores por cada 1,000 habitantes. 18 diarios de prensa nacionales ofrecían una amplia y valiosa información. El desempleo era de sólo 2.8 %. Y en la ganadería contábamos con 6 millones de reses (una por habitante). Nuestra joya de ingresos económicos era la producción de azúcar, con zafras azucareras establecidas entre 6 y 7 millones de toneladas cada año, que nos situaba entre los  primeros exportadores a nivel mundial. En fin, en la armónica Cuba de libertades y progresos, denominada justamente “la Suiza de América”, cada cubano era dueño de su propio destino y había música y alegría germinando en los surcos de la Patria. La Cuba donde no existían paredones de fusilamiento, ni prisiones y campos de concentración en cada esquina destinados a los que en nuestro país se atreven a pensar diferente de la harapienta doctrina comunista impuesta a base de terror por la jerarquía gobernante.

Aunque todavía contábamos con áreas  necesitadas de una asistencia médica adecuada, fundamentalmente en regiones rurales – justo es reconocerlo-, los servicios de atención a la salud eran uno de los mejores en el continente. Los servicios se prestaban a través de las denominadas Casas de Socorro, así como en  hospitales gratuitos del Estado,  independientemente de las clínicas privadas, donde por la modesta suma de $3.00 al mes que pagaban las familias incorporadas se brindaba una asistencia médica competente y completa, incluyendo todo tipo de intervenciones quirúrgicas de acuerdo a las necesidades de los pacientes asociados.

Esa era la Cuba feliz. La Cuba donde no existían Comités de Defensa, integrados por vulgares chivatos, ni libretas de racionamiento ni aniquiladoras Brigadas de Respuesta Rápida para reprimir a la indefensa población. Era esa la Cuba de la prosperidad y del amor, tergiversada hoy en su historia por la  maquinaria propagandística de la tiranía castrista, ignorados e irreconocidos sus logros de entonces por una buena  parte de esa indolente comunidad internacional que por intereses mezquinos continúa aún haciendo el juego al tirano de turno.

La situación actual, triste realidad que afrontamos los cubanos, es devastadora en agonías y en desesperanzas. Hay que golpear al enemigo en pleno rostro, con puño de acero. Ha llegado la hora de cambiarla. No es posible continuar bajo un régimen de odio y de rencor, donde se premia con viles privilegios la carencia de escrúpulos a los más altos personeros de la camarilla gobernante. Bribones de oficio que reciben en vergonzosa recompensa no sólo por su incondicionalidad, sino también por el grado de perversidad con que ejercen su oficio degradante de verdugos, de crueles gendarmes.

Es por eso que en Alpha 66 asumimos con honor el sagrado compromiso que el destino nos ha impuesto, firmemente decididos a continuar la lucha por la libertad de Cuba hasta el total derrocamiento de la tiranía comunista, generadora de espantosos sufrimientos y de todo tipo de miserias, impuesta en nuestro país hace más de 58 años.

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2 comentarios en “Una isla que flota a la deriva. Por Ernesto Díaz Rodríguez

  1. Breve y contundente articulo de un gran patriota cubano contra el Castroestalinismo. Batista no era un mal cubano. Comparado con los Castros es casi un angel. Lo que describe el articulista lo demuestra. Podriamos contar lospocos emigrados de nuestros pueblos en 1959. no hay persona que te diga que de Guines se fue la mitad del pueblo, de Artemisa, de Cienfuegos, de Pinar del Rio, de tantos y tantos lugares. Y ni hablar de La Habana. ?Seria una maldicion? La realidad demuestra que Batista perdono a ese Psicopata asesino por varias razones. Fue amigo de su padre. Padrino de Raul Castro. El Mtro Diaz Balart era cunado de Fidel Castro. Y el Pdte Batista fue extremadamente negligente al subestimar la naturaleza diabolica de Fidel Castro.

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  2. Estoy con Ernesto Díaz Rodríguez, difícil no estarlo si se ama la libertad. Pero hay que unirse, gente. Generar más consensos. Divididos y mirando siempre de reojo y con desconfianza a los anticastristas que no sintonizan exactamente la misma longitud de onda, sin admitir ningún tipo de modulaciones ni matices, no van a llegar nunca a ningún lado.

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