París le rinde tributo a un asesino. Por Luis Leonel León  

No solo es un acto lamentable, patético, embustero. Es además muy peligroso que en el destino turístico más popular del mundo, con total desfachatez, se le rinda tributo a un asesino. Y peor aún, a un asesino al que la izquierda más infantil, y muchas veces prosaica, sigue intentando trastocar, como demuestran las palabras de la alcaldesa de esa ciudad, Anne Hidalgo, en “un ícono militante y romántico”, como lo definiera la funcionaria en un tuit.Con esta típica tropología de la izquierdosidad (y da igual si es consciente o inconsciente) la alcaldesa hispano-francesa, del Partido Socialista, se mofa de los parisinos con una exposición en el ayuntamiento de la capital francesa dedicada al guerrillero comunista Ernesto Che Guevara. Pues es con la supuesta venia, la ingenuidad y el dinero de los contribuyentes, que le ha organizado esta reverencia ideológica y seudocultural a tamaño criminal, cuyas víctimas, una vez más gracias a los caminos resbalosos de la izquierda, suelen entrar en la categoría técnica y vulgar de “bajas” en nombre del supuesto progreso de la humanidad y sus luchas sociales. Ensangrentadas falacias de los progres.  Así que en París, al parecer hasta el 17 de febrero, a pesar de descontentos y protestas, se mantendrá esta exhibición que es todo un cumplido a uno de los símbolos y mitos del castrismo y de buena parte de la izquierda.Curada con mucho más desvergüenza que rigor (si es que alguno tiene), la exposición propone a un Guevara muy distinto a lo que en realidad fue. No se muestran sus injusticias, falsedades y crímenes, ni sus múltiples contribuciones a la ruina y envilecimiento de los cubanos y de no pocos latinoamericanos con el llamado socialismo del siglo XXI, sino que, como si su historia fuera otra, se le presenta como un soñador del “hombre nuevo”. Claro está, sin explicar en qué consiste ese hombre nuevo, que no es otra cosa que una ciega, empobrecida y atormentada manada de hombres tristes, un ejército de autómatas, censurados y autocensurados, que mienten por temor a expresar su verdad, que presos de la asfixia cotidiana repiten consignas revolucionarias mientras anhelan poder huir de las miserias del comunismo al que han sido condenados, que han perdido, encubierto o exterminado su capacidad de pensar y soñar. Una sociedad como únicamente puede sostener un sistema comunista. Eso es el castrismo. La eterna rumba hacia la pérdida, la mueca de la degradación, la mentira del fracaso, una frase desgastada en un muro corroído de La Habana.El Che Guevara, nacido en Argentina en 1928, convertido en comandante de la guerrilla de Fidel Castro en los años cincuenta y ejecutado por militares bolivianos cuando intentaba subvertir la democracia en ese país en 1967, jamás se movió por ideales de aventura, como pretenden hacer ver películas insulsas y la propaganda izquierdosa. Sus ideales fueron impulsados por las oscuras redes del comunismo. Esa fue su ideología. Su historia, no su mito, lo confirma.Es una gran irresponsabilidad, y un contubernio con la criminalidad, vender como “ícono militante y romántico” a alguien que por hacer realidad su supuesta aventura no en balde fue apodado como “el carnicero de La Cabaña”. Mientras Guevara fue jefe de La Cabaña, la antigua fortaleza se convirtió, más que en una unidad militar, en uno de los lugares más siniestros de la isla. Allí sentenció a muchos cubanos a ser fusilados sin previo juicio, tal como había hecho, experimentando placer, en la Sierra Maestra. A otros los condenó a los campos de concentración. Son conocidas sus frases de desprecio hacia los negros, indios americanos, religiosos, homosexuales. Con esto basta para echar por tierra el mito y catalogarlo como uno de los criminales más detestables que haya manchado el siglo XX. La izquierda, lejos de defender su imagen, debería sentir vergüenza. Pero no sé si eso será posible.El mundo debería saber que este comunista, lleno de odio y de psiquiátricas ideas, por ser uno de los brazos de Fidel Castro (quien, por cierto, y como suelen hacer los comunistas, finalmente lo abandonó a la muerte en la selva boliviana) ocupó otras posiciones claves en la naciente dictadura caribeña. Fue director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria, ministro de Industria, presidente del Banco Nacional, representó al gobierno castrista en foros internacionales como la Organización de Naciones Unidas y negoció acuerdos militares y comerciales con su principal socio y asesor: el régimen de la Unión Soviética. En todos

Origen: París le rinde tributo a un asesino  

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6 comentarios en “París le rinde tributo a un asesino. Por Luis Leonel León  

  1. Excelente. La verdad es que ya todo lo relacionado al castrismo apesta a podredumbre, y la alcaldesa de una de las pricipales ciudades del mundo debió tener mayor respeto por esa ciudad y por sí misma, porque este asunto es un penoso papelazo en el mejor de los casos. Sugiere que la tipa es bastante escasa, a no ser que se trate de un acto de fe como el de un fanático religioso.

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