La historia de la isla Marabú como jamás ha sido contada (IV). Por Carlos Payá Sardiñas

La historia de la isla Marabú como jamás ha sido contada.

Capitulo IV.

No somos Zetahablantes,  aquí decimos “sapatos”.

Llegó el siglo en que todo el continente, menos Marabú y la otra ala del pájaro, “Coquí Island”, dijo, “ nos piramos“,  o mejor dicho, “os pirais de aquí”.

Pero Marabú era la perla de la corona y en vez de cuidarla  para  no perderla, los peninsulares hicieron todo lo posible para perderla,  por gusto, porque  los marabúes  no le tenían tanta inquina a la Península  como el resto de Hispano-latino-ibero-encuentro de dos culturas- etc—- américanos ( pa que nadie se ofenda).

A pesar de ser el segundo país con ferrocarril (más rápido que el de hoy en  día allí), y otras ventajas , llegó un momento en  que que los que ya no hablaban con zeta pensaron:

“Y por qué no  hacemos el negocio nosotros solitos“ (así pasó en otros sitios) y como en otros sitios, como  era muy directo decir “esto es por bisne”, ya sabes a inventarse, himno, bandera,  patria, etc.

Y empezaron10 años de guerra, al final pactaron.

¿Y ahora a quien matamos?

“Pues matamos el tiempo”.

El tiempo pasó,  pero  la península estaba manga por hombro  (¿cuándo no?) y seguía sin entender. Así que se lió parda otra vez.

Por un lado, los que querían que todo siguiera igual, ayudados por unos de uniforme de rayas, precursores de los milicianos como ellos, HP al  cuadrado.

Del otro lado, los “disidentes”,  con algún que otro problema entre ellos ( ¿ os suena?).

Un día el mejor de todos, harto de escuchar bravuconadas de otro,  se montó en un caballo…

Para no dejarle descansar en paz le pusieron ciento y pico  de años después un enorme mojón con cenizas al lado de su tumba, (pero no adelantemos acontecimientos).

Otro disidente, que desde joven ya era viejito y por eso era sabio y además era de otra isla, sabía de qué pie cojeaban los marabú  y  por eso sobrevivió.

Mientras , un desgracia’o decidió reconcentrar a los campesinos  para que no ayudaran a los que se rebelaron.  Pero ni aun así  consiguió que en Marabú se odiara a la Península,  pues la familia, familia es.

He ahí que  unos  hijos de… la Gran Bretaña, perdón, los descendiente de los hijos de la Gran Bretaña que ya habían establecido su propia franquicia en el norte un siglo antes, vieron que  había una especie de ‘standby” en que ni unos perdían ni otros ganaban y dijeron:

“Ni pa unos ni pa los otros , esta isla es pa nosotros“.

¿Y la isla Coquí, la otra ala del pájaro?

“Pues en el  lote también, (junto con Pinar del Rio lógicamente).

De paso también unas islas que están  por ahí, un poquito, lejos, en el Pacifico, a mano derecha.

“¿Cómo salimos, Almirante?“

“En fila india”.

“Pues nos van a dejar como a los indios el séptimo de caballería”.

Entonces un cantinero yuma (ya  por fin eran  yumas  aunque el tren de las 3:10 no había pasado todavía) inventó el daiquirí y además hicieron obras y otras cosas importantes y se quedaron unos años.

Los cantineros  en cuestión  pusieron un Presidente, y crearon una Plasta de Enmienda para  poder seguir poniendo Presidentes. (El Presidente es un cóctel a base de ron blanco, curaçao de naranja, vermouth seco y unas gotitas de granadina).

Carlos Payá Sardiñas.

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