Murió Carilda. Por Zoé Valdés

MURIÓ CARILDA.

Además de ser una figura representativa de la literatura cubana de los años 50, Carilda Oliver Labra fue la esposa del tío de mi segundo marido, Hugo Ania Mercier. Quien se suicidó por desamor. En innumerables ocasiones la visité en su casa de la calle Tirry 81, donde escribió toda su obra, y aquel poemario reciente, siempre tan reciente, ‘Desnuda y para siempre’.

La familia de Carilda se fue de Cuba al inicio del desastre, ella escribió otro poema echándoselo en cara. Yo seguía visitándola cuando todavía nadie la visitaba y en la época en la que vivía enamorada del lanzador de cuchillos. Tuve y sigo teniendo mucho afecto por su obra. Nunca la marginaron de manera explícita. Pero la olvidaron, la borraron durante bastante tiempo.

Recuerdo varios paseos por Matanzas en el auto ‘desconchinflao’ que conducía Pepe Antonio, hasta la casa de Sara, mi suegra, y su risa, y los ojazos saltarines tan azules, tan risueños y deseosos. A Carilda le encantaba la tacita de café con una cucharita de helado dentro, que yo había inventado, o al menos eso creía, y que había bautizado como “café glacé”.

Ya muy anciana intentaron rescatarla y ella con la vista bastante perdida se dejó, empezó a refrenarse y a retratarse con el tirano. Y eso que en los años ochenta, a finales, hubo un acto de represión en Matanzas, donde también Carilda leía, eso ocurrió durante la inauguración de una editorial independiente de poesía, y se armó una tan grande que hasta la poeta cogió patadas en el vientre, por parte de la policía; pero ya ven, semejante experiencia no le bastó…

Una tarde nos sentamos frente al mar matancero, junto a Pepe Antonio, cerca o en el mismo sitio desde donde se lanzó Hugo Ania Mercier. Y ella declamó entero el poema, sin pestañear, sin titubear:

“HUGO ANIA MERCIER: YO TE QUERÍA

I

Hugo Ania Mercier: yo te quería.
A tu cuerpo de hombre agonizante
que irradiaba dolor como un diamante,
a tu paso que insiste todavía,

a tu lengua -clavel de la ironía-
que aún esconde callada sed punzante;
a tu mano, nerviosa, azul, de amante
cuya noche del tiempo siempre es mía;

a tu verso que llora aunque me cante,
a tu pila de huesos, insultante,
a tu alma cayéndose de fría

que compuso la muerte en un instante:
¿qué les puedo decir, cicatrizante
de esa augusta verdad que te envolvía?

II

Entre libros te guardo casi seco,
mi animal luminoso, mi demente,
y tu voz que está viva sigue ausente,
mi juguete sin cuerda, mi tareco.

En la paz misteriosa de unos nichos
sin querer ya zafarme de tu frente,
alelada de amor pero impotente,
te he dejado otra vez entre los bichos.

Ah, mi niño de trapo, lis siniestro,
no te puedo rezar ni el padrenuestro.
Ah, ternura que el diablo siempre arranca,

si tenías la luz que maravilla:
¿por qué huiste de nuevo a la semilla,
por qué mataste esa paloma blanca?

III

Nos veremos -dijiste- y tu recado
de poeta infeliz, tonto profundo,
me condena a buscar en otro mundo
ese sueño de ayer que no ha pasado.

¿Fue una cita final o fue un aroma
que me sigue cuidando las entrañas?
¿Fue este poco de fe con que me bañas;
fue, mi hermano de todo, alguna broma?

Ya no tienes la fístula terrible,
ya no tienes soriasis ni enfisema
ni neurosis ni polio ni agonía.

Ya eres lejos, memoria, no, imposible.
estás sano en la gloria del poema.
Hugo Ania Mercier: yo te quería.”

 

Carilda Oliver Labra, yo te quería…

Zoé Valdés

A mi regreso a París publicaré las fotos de cuando Carilda presentó mi primer poemario en el Palacio del Segundo Cabo, y leímos juntas. En La Habana, dónde si no… Ahora no las encuentro en internet donde las he publicado antes.

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7 Replies to “Murió Carilda. Por Zoé Valdés”

  1. QEPD. Que maravillosos sonetos a Hugo; la envidia de cualquier hombre. Ironias punzantes contra ese amor espinado. Metaforas originales como esa de “animal luminoso”. Vivir bajo el cerco siniestro de una dictadura estalinista fomenta un miedo que debe esconderse cautelosamnte o huir de el. Ella amaba a su Matanzas.

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  2. Bueno, todo el mundo no es la Loynaz o Lezama o Virgilio Piñera, porque serlo puede costar bastante caro.

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  3. En su libro “Fe de vida” la Loynaz desnuda sutilmente la gran desgracia cubana; luego de estar como 30 anos bajo las sombras de los castroasesinos en flor. Ninguneada. Luego la comenzaron a halagar publicando sus libros. Y recibio el Premio Nac. de Literatura. No entiendo eso de que todo el mundo no es la Loynaz.

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  4. Después y solo después que España le dio el Cervantes fue que el régimen empezó a mencionar la y le dieron el Premio Nacional de literatura ( que remedio), pero no lo recibió, una cosa es dar y otra recibir.

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  5. La Loynaz, Sr. Rubiano, siempre fue una gran dama muy consciente de lo que exige la dignidad, y aunque no hubiera recibido el Cervantes y se hubiera (o la hubieran) mantenido ignorada y marginada, nunca hubiera claudicado.

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