Pétain en los Ayuntamientos. Por José Mª Arenzana

PÉTAIN EN LOS AYUNTAMIENTOS
Por José Mª ARENZANA

“Pido con humildad que se me escuche en esto. Mirad lo que sucede en el resto de Europa”, reclamaba Manuel Valls el otro día a los suyos a propósito de los posibles pactos en Barcelona. ¿Y qué es lo que sucede en el resto de Europa? ¿A qué se refería el candidato de C’s a la Alcaldía? Veamos.

Viniendo de un ex primer ministro socialista de Francia, bajo la Presidencia de François Hollande, “lo que sucede” es que en Italia, Grecia y ahora en Francia, los partidos socialistas han desaparecido del mapa. Similar a lo que ocurre, además, en otros varios países, como Holanda, Polonia, Bélgica o Hungría. Y hasta en Alemania, donde la etiqueta del SPD aglutina ya casi cualquier cosa que no les haya robado Merkel. Ese es el temor.

En España, la marca socialista resiste a duras penas sólo gracias al desbarajuste político y social independentista, pero, sobre todo, a la aritmética electoral, lo que equivale a decir que, si aguanta, no hay duda, es porque C’s vino a sumarse a un engañoso bloque de centro-derecha que ahora vemos que no es tal y que beneficia… al PSOE.

No es que los socialistas en Europa anden noqueados, sino que en Italia primero, luego en Grecia y ahora en Francia están extinguidos por completo. En Europa, Craxi, Papandreu y Mitterrand dejaron la marca “Socialista” asociada para siempre al estigma de la corrupción, como una chapa inconfundible de las que llevaban las chacinas nacionales. En Francia, la marca ya no le disputa ni siquiera la segunda vuelta a Marine Le Pen, que les ha ganado a todos en las recientes elecciones europeas.

No ha desaparecido el ideario, esto es cierto, pues la socialdemocracia inunda los programas políticos de casi todos los partidos en Europa, tanto en los parlamentos nacionales como en el seno de Bruselas y Estrasburgo. Pero la socialdemocracia ha fallecido de éxito, una vez incorporadas sus propuestas por todos los partidos liberales y conservadores del continente y hasta del Reino Unido.

Los diversos mandatos de Jacques Chirac (y hasta de Giscard d’Estaigne en la redacción de la Constitución europea) ejercieron como valedores necesarios en su día para la asunción completa del ideario socialdemócrata en Europa.

Fenecido el logotipo, lo que ocurre de interés, en las palabras de Valls, es que en Europa, pero en especial en Francia -¿última oportunidad?-, el socialismo se ha instalado en una estrategia de supervivencia e intenta travestirse con un disfraz político bajo una nueva marca blanca; o sea, un intento de reconversión.

¿Van a por Sánchez, entonces? No, en absoluto. Macron no es otra cosa, de facto, que un socialdemócrata 4.0 obligado a prescindir del nombre, y entre bomberos no se pisan la manguera. Pero sí temen que se repita, como ya le ha sucedido al resto, que la marca se desvanezca. Hay que estar preparados y han visto la oportunidad de ensayar la fórmula en España a través de C’s, partido que coincide con ellos en el jacobinismo -¡tan francés!- y en el europeísmo.

En mi modesta opinión, lo que se desprende de las palabras de Valls es ese deseo -quizás un tanto napoleónico- de colocar a Rivera de Pepe Botella de la situación, una especie de delegado regional en Europa para ensayar nuevas fórmulas que arropen a la marca desaparecida, aunque no necesariamente ligada en todo instante al socialismo. Que no se note.

En este sentido, a Rivera le quieren endosar el papel de ‘colaboracionista’ de la reserva espiritual del socialismo en Europa y convertir a España en tiempos de cambios, otra vez, en un conejillo de Indias o un banco de pruebas, como ya trataron de hacer las grandes ideologías -el comunismo, el socialismo, el anarquismo y el fascismo- en 1936 y durante toda la II República española.

En ese escenario, Valls quiere situar a Rivera como el mariscal Pétain de Macron en la misma medida que, en Andalucía, Juan Marín es el Pétain de Sánchez…, a la espera de que el socialista proceda al recambio de su candidata para Andalucía y mande a Susana Díaz a aparcarle el Falcon. Cuando ese día llegue, Marín obedecería la orden y tumbaría de inmediato el gobierno de Juanma Moreno. Vichy sí paga a sus colaboradores.

Todo esto, así como la llegada de significados cargos de las filas socialistas a C’s, explicaría los continuos giros tácticos de Rivera, pero nadie puede dudar de que presentarse a unas elecciones con un ex primer ministro socialista de un país como Francia deja poco margen de dudas sobre lo que alberga en su interior. ¿Liberales? No más de lo que pudieran serlo Gerhard Schröder en Alemania o Tony Blair en Reino Unido.

En el momento presente, C’s tiene margen amplio de maniobra sólo porque al PP le queda estrecho el traje electoral y no le sirve sólo con los votos de VOX. Ahora mismo pueden permitirse el lujo de pactar a uno u otro lado -¡donde puedan, ojo!-, pero, si se escoran hacia el PSOE, muchos electores se considerarán traicionados (el estacazo de Valls en Barcelona lo acredita) y ‘la invasión social-afrancesada’ quedaría al descubierto.

No se fíen, ni siquiera de los pactos. Pueden ser tan engañosos como la invasión de las tropas napoleónicas en 1808.

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