‘Uncle Charlie’s’. Por Zoé Valdés

‘UNCLE CHARLIE’S’.

Nunca me arrebaté más como en aquella brevísima época new-yorkina, yo que siempre he sido una «tranquila aburrida», como que me desaguacaté, desenfrenada. Ayudaba la compañía y la fumatera. Tenía dos excelentes cómplices, todo hay que decirlo, mi hermano y el cocinero francés del ‘Priscilla Delicatessen’. Salíamos todas las noches, explorábamos el Village y también algunas azoteas de ese Soho de antaño. Azoteas, por cierto, con muchísimo más misterio que las de La Habana.

Una noche mi hermano me anunció que iría al ‘Uncle Charlie’s’, al que enseguida le cambié el nombre por ‘Unclocharlie’, club exclusivo para ‘gays’. No sé si existe todavía.

-Ah, no podré ir contigo -lamenté entristecida.

-Cómo que no. Tú te ves muy maricona, más que yo -respondió resuelto, y tenía razón.

Me vistió con uno de sus trajes, corbata incluida con motivos de un cuadro de Picasso, zapatos varoniles, y su impermeable que me quedaba zangandongo, tenía que darle varias vueltas a las mangas. Probamos a recogerme el pelo. Pero me veía más como una pájara indecisa con el pelo disimulado, y yo lo que necesitaba era verme como una pájara confirmada.

-La cosa es que parezcas un mariconcito, con lo que no tendrás que esforzarte demasiado. Pero de ahí a aparentar una parguita arrepentida, ahí sí que no -soltó Brad, un amigo de la época.

Entonces me fui así, tal como en la foto, con las greñas sueltecitas.

‘Uncle Charlie’s’ estaba repleto, era su época de mayor furor. En la entrada pasé sin problemas por un ‘gay’ debilucho, bohemio y medio ‘intello’.

No podía ni imaginar lo que me esperaba en el interior. Nunca vi a tanto ‘gay’ musculoso como allí. Yo desentonaba, así, como ‘gay’ esmirriado y vestido de traje, chaleco, y cuello y corbata. Entonces me adosé a una mesa en una esquina en penumbras.

Sin embargo, de buenas a primeras -esas cosas de la Milagrosa que siempre me acompaña-, de manera inesperada empecé a recibir miradas melosas y guiños sonsacadores.

Descubrí entonces que podía tener mucho éxito como pájaro, incluso mucho más que como mujer. Nunca en mi vida he ligado más en una noche. Como pájaro, reitero, y no como mujer.

Por supuesto, evité que toda «atracción» se aproximara demasiado y se convirtiera en «fatal», y me negué al contacto directo invocando, no las reglas (las menstruales que las tenía), sino una gripe mal cuidada. También por primera vez las reglas no me salvaban de dar un paso en falso. Evité los enredos más que nada porque me divertía seguir allí, y también por el aquello de sentirme yo la más pájara de todas. Además de conseguir ser «el más deseado», lo que nunca en mi vida de hetera me había ocurrido.

Si observan la foto con una lupa verán el cartel lumínico de ‘Uncle Charlie’s’ o ‘Charlie’, a mis espaldas. Definitivamente aquella noche sacié sin remilgos a la gran maricona que vivía en mi.

Zoé Valdés.

Foto tomada por Brad.

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