Noche de circo. Por Vicente P. Escobal

NOCHE DE CIRCO

Por Vicente P. Escobal

 

Hay un nuevo títere en el escenario. El circo reunió a sus malabaristas, encantadores de serpientes, trapecistas, domadores de fieras y, sobre todo – no podían faltar – los payasos.

Y empezó el espectáculo.

El nuevo fantoche responde al nombre de “Miguelito cucharita”. El titiritero – un viejo mañoso y libertino – es conocido por todos como “La china” aunque genéricamente es varón. “Cucharita”, sentado en la pierna izquierda de “La China”, saluda a la multitud y todos aplauden.

En las inmediaciones del circo, en el interior de una jaula, un león de nombre “democracia” ruge infatigablemente. Sus ojos miran hacia la carpa cercana.

“La China” es la heredera del propietario de la instalación circense, un viejo denominado “comandante”, que en el paroxismo de su decrepites llegó a proclamar que aquel circo seria el más famoso del mundo, el más visitado, el más popular, el más elogiado por la crítica, donde todos los payasos aspirarían a trabajar y serian felices. Y como buen heredero “La China” juró solemnemente dar continuidad a los deseos de su amo.

Pero “La China” no resultó ser un buen administrador. Las cosas se le escapaban de las manos, los payasos hacían lo que les daba la gana y no se ajustaban a su guion. Los rugidos de “democracia” lo atormentaban.

Un día “La China” descubrió que sentía una cierta y bien disimulada desazón ante la presencia de las danzarinas y en la soledad de su alcoba comenzó a ensayar unos ridículos movimientos inspirados en una bailarina ya retirada al que todos llamaban “Doble A” cuyo verdadero nombre es Alicia Alonso.

Una tarde de agosto, cuando se conmemoraba un aniversario del nacimiento de “comandante”, “La China” tuvo una sorprendente revelación. No está claro si la voz que escuchó provenía del antiguo propietario del circo o de algún espíritu burlón de los muchos que deambulan por las áreas circenses. “No puedes con esto, Pajarón. Es demasiado para ti. Has acabado con todo. Eres un cobarde, un inepto y un borrachín de pacotilla”.

A unos escasos pies del circo había una piedra gigantesca, un monolito enorme, muy parecido a un horno donde se cuecen las deliciosas pizzas. Dicen las malas lenguas que en el interior de aquella piedra habían depositado los restos de “comandante”. Hasta allí llegaba “La China” en sus largas noches de insomnio y frustración, especialmente cuando no lograba conectar con los volátiles movimientos de “Doble A”.

Un grupo de monitos llamados “segurosos” tenían a su cargo la protección del circo. A pesar de su escasa estatura aquellos primates poseían una ferocidad increíble, sobre todo cuando actuaban en manada. “Segurosos” se movían entre las ramas, vigilaban constantemente al personal e informaban a “La China” cualquier conducta que pusiera en peligro la estabilidad del circo. Todos odiaban a “segurosos” pero les temían porque frecuentemente se lanzaban ferozmente contra la yugular de aquel que creían un traidor a la causa del circo.

Pero hoy es un día grande. “La China” ha convocado a una tertulia con carácter urgente. A pesar del misterio ya todo el mundo tenia bien claro que un nuevo títere se estaba diseñando muy cerca del horno donde yacía “comandante”.

“Democracia” se movía dentro de la jaula. Su refinado olfato olía podredumbre. Estaba inquieto, literalmente enojado, meditando como salir de su encierro y despellejar a aquel rebaño de imbéciles.

“Segurosos”, desconfiados por naturaleza y ruines por definición, no estaban muy contentos. “Miguelito cucharita” era de otra raza, de otra especie. No era de ellos, pero por disciplina y acato a las decisiones de “La China” también participaban de la cita.

Unos meses antes “Miguelito cucharita” organizó un ensayo ordenado por “La china”. Ante un auditórium receloso, el nuevo títere dijo que seria fiel al legado de “comandante”, que mantendría vivo el guion trazado por él y que pondría todo su empeño en mantener contento a “La china” y al público que cada noche abarrotaba el circo. Y advirtió con la tembleque vocecita típica de los títeres: “Seremos como ‘el che’”. ¿Quién es “el che”? – preguntó un monito recién estrenado en la manada de los “segurosos”. “Cállate”, fue la respuesta del líder de la manada.

Y hoy, temprano en la mañana, los lectores de “El bote”, un periodicucho que se edita en Gugulandia, el pueblito contiguo al circo, publicó en primera plana la gran noticia: “El circo tiene un nuevo administrador. “Miguelito cucharita” ha sido designado por “La China” su nueva atracción. Todos vibran de felicidad. “La China” no se retira totalmente de sus funciones, ahora pasará a dirigir la sala de control, el lugar donde se rige toda la actividad del circo”.

En su jaula “democracia” asume una actitud típica de los leones cuando se disponen al ataque. Los barrotes de la jaula donde lo han tenido encerrado empiezan a dar muestras de oxidación y justo a un costado de la jaula se aprecia una pequeña, leve, fisura.

“Por ahí saldré – reflexiona democracia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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