El espejito. Por Zoé Valdés

EL ESPEJITO.

Leo que a un tipo en España lo han ‘encanado’ porque filmaba el culo de las mujeres, digo, los blúmers o bragas, en el metro. Al parecer posteaba los vídeos anónimos en internet. Todavía estoy averiguando qué tipo de violación es esta, pues la mayoría de los «miedos» de comunicación tildan al sujeto de violador.

Lo cierto es que se trata, más o menos, de lo del «espejito» de toda la vida allá en Cuba. Sí, en Cuba (cuando todavía era Cuba), en mi época, los varones, en las escuelas u otros sitios, llevaban espejitos y se colocaban estratégicamente detrás de las muchachas en las filas o colas, y cuando menos lo imaginabas, estaban vacilándote el culo a través de espejitos que situaban debajo de tu falda. Si eso significa violar pues a mí me han violado la mar de veces. No lo posteaban en internet porque no existía internet ni toda esta berracá, pero peor, iban por todo el barrio o pueblo contando a Malanga y su puesto e’vianda que tu blúmer estaba lleno de huecos o de remiendos.

Si se fuera a denunciar y a condenar a los hombres en Cuba por el famoso recurso del «espejito» más de media población estaría tras las rejas. He dicho «tras las rejas», porque en la cárcel se encuentra la población entera.

Cuentan además que desde hace algún tiempo el último grito de la moda son los pajeros. Dicen que a pleno sol y sin esconderse, cualquier cagonio se saca el manda’o de la portañuela y se mata a paja limpia a pocas pulgadas de cualquier mujer. Pero, eso allá, las ‘femilistas’ europeas, faltae’morronga, lo encontrarán folclórico y hasta de entretenimiento social revolucionario, vaya, como un Plan de la calle onanista.

Bah.

Zoé Valdés.

Una respuesta para “El espejito. Por Zoé Valdés”

  1. Estoy de acuerdo en todo y hasta habia mas porque existia el rascabucheo, sobretodo en el cine. Un dia un tipo me tenia tan cansada que tome mi cuchillita de afeitar para sacar punta a los lapices y le corte los dedos y salio gritando, y en el cementerio de Colon (que yo atravesaba a diario para ir al ICAIC) los onanistas o pajeros se contaban por docenas.

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