Alain Delon. Por Zoé Valdés

En el día del cumpleaños de Alain Delon (hoy), una tipa sale acusándolo de haber acosado en el pasado a la actriz y cantante Maria Laforêt durante el rodaje de ‘A pleno sol’, cuando le espetó aquello de que si ella lo deseaba él podía ‘singársela’ (uso la palabra que usó su acusadora, ni más ni menos) hasta en un ascensor.

Primero: Maria Laforêt, que, oh casualidad, acaba de fallecer, que yo sepa jamás dijo nada al respecto de manera pública. O creo recordar que lo hizo, pero de forma jocosa y sin inquinas.

Segundo: Alain Delon es un hombre anciano y enfermo, de 84 años, que ya no puede defender su honor con los bríos que tuvo tiempo atrás. Me parece de muy mal gusto hacerle a su edad esta jugarreta tan inútilmente vengativa.

Tercero: Maria Laforêt fue una mujer bellísima, pero a mi juicio Alain Delon fue el hombre más bello incluso que cualquier mujer u hombre. O sea, la belleza misma. En la época de ‘A pleno sol’ estaba considerado el hombre más bello del mundo. No sé ustedes, pero si a mí Alain Delon me hubiera invitado a ‘singar’ (siempre empleando la palabra de su acusadora, aunque ella lo hizo en francés) en un ascensor en aquella época -y en cualquiera- habría accedido con los ojos cerrados y todo lo demás abierto. Es más, hubiéramos derribado el ascensor.

Bah.

Zoé Valdés.

3 Replies to “Alain Delon. Por Zoé Valdés”

  1. Eres genial!!!! como tu, hubiese aceptado TODOO LO QU EL PIDIERA!!!!! ERA UNA BELLEZA DE HOMBRE!!!!WOW!!!!

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  2. Lo leî, salí a pasear el perro y todavîa me hace reir éste comentario!!!! Muy bueno!!!

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  3. Zoé: Me hiciste recordar como en el elevador de la beca universitaria donde yo vivía, algunos estudiantes con la impaciencia característica de los ardores juveniles paraban de noche el elevador, recostando una silla a la puerta del elevador, en uno de los pisos altos, para satisfacer sus ardores. Los que estábamos abajo esperando el elevador al ver la tardanza e imaginándonos lo que sucedía, empezábamos a gritarles cosas no publicables… Al subir por las escaleras (el edificio tiene 20 pisos) nos encontrábamos, quizas como venganza por un coito interruptus, a la silla todavía recostada a la puerta del elevador…

    Juventud, divino tesoro,
    ¡ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro
    y a veces lloro sin querer

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